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jueves, 5 de agosto de 2021

Messi

Leo Messi. Foto: DIARIO OLÉ

Muchos disfrutaron de su inmenso talento. Yo no. No pude ni supe: explíquenme cómo se disfruta de semejante bestia que vestía de azul y grana y cuyas hazañas castigaban al Real. Lo respeté y lo valoré, sí; aprecié el privilegio de contemplar a uno de los más grandes del Olimpo, consciente de presenciar en directo al talento más sublime que ha visto el fútbol español desde Maradona. Pero sobre todo lo temí y lo sufrí. Cada genialidad, cada brillante acción repetida con una asombrosa regularidad, era una puñalada para el madridista, para goce y deleite del culé. El desafío del Madrid fue mayúsculo: competir en la era de Messi. Y el corolario dejó sangre y lágrimas: el dolor de ceder el trono de la Liga durante diez años y la desazón de que la Orejona viajara a Barcelona cuatro veces. Por no hablar de la cuchillada casi persistente de los clásicos. Fue una pesadilla, un tormento que duró demasiados años. Se marcha el rival más temible que ha soportado y soportará el Real. Su leyenda elevó al fútbol español, enalteció a su club como ningún otro futbolista consiguió en su historia y propició que las victorias blancas tuvieran más mérito. No, no se derrotaba al Barça: se lograba la heroicidad de ganarle al Barça de Messi, otra cosa bien distinta.

Fue un honor, Messi.

domingo, 30 de abril de 2017

Superando el clásico

Leo Messi, tras marcar el gol decisivo. Foto de Marca.

En los años de gloria, cuando el fútbol y la fidelidad a unos colores lo eran todo, perder ante el eterno rival suponía la herida más grave que un hincha podía sufrir. El día siguiente se soportaba con un preceptivo apagón informativo: tras la derrota, no se ponía la tele, ni se leían periódicos ni se hablaba con el vecino. Hay tragos que se superan mejor en silencio. Con el 2-6, por ejemplo, juro que tardé más de cinco años en ver el resumen. Por eso, me sorprendo a mí mismo cuando, de nuevo en un revés, ahora me atrevo a hojear algunas páginas, leyendo a unos, escuchando a otros. Incluso intento comprender, cuando antes ahogaba penas olvidando. Ese maldito gol de Messi escoció como sólo puede doler una derrota en el último instante de un clásico. Pero se entierra como se cicatrizan las heridas de las viejas batallas. Uno recuerda, por ejemplo, que en la misma temporada de la Décima se perdieron ambos duelos de Liga; y la Undécima se logró en el mismo curso en el que se perdió 0-4. Tal vez sea la única lección que haya aprendido con los años: la revancha –la oportunidad de redimirse- en el fútbol siempre vuelve. Y los madridistas todavía estamos a tiempo en la 16/17.

*Artículo de opinión publicado en el diario La Opinión de Murcia.

viernes, 29 de mayo de 2009

La consagración de Leo Messi

Llevaba ya más de un lustro en la cima del fútbol: era la estrella número uno, el orgullo de toda una nación sufrida; era la imagen del fútbol mundial. Pero Menotti, su técnico en el Barça, desestimó tajantamente una verdad para muchos indiscutible: "Maradona sólo será el mejor del mundo cuando gane títulos". Y así ocurrió. No fue hasta su llegada al Napoles y su triunfo en el Mundial 86, cuando Maradona gozó de tal distinción. Caso parecido, por no decir idéntico, es el de Lionel Messi, jugador que desde su primer partido -en el Gámper, contra la Juve de Capello- estaba destinado también a ser el mejor del mundo.

Jugador singular, de técnica y velocidad envidiable, se ganó la admiración de sus aficionados vertiginosamente. La maquinaria propagandística del Barça le echó el ojo como futura estrella culé y del planeta fútbol. Sin embargo, el revelo llegó más temprano de lo que creían. Los primeros indicios de decadencia de Ronaldinho tardaron lo mismo que su hundimiento absoluto. Es decir, a ritmo de vértigo, de la noche a la mañana, Ronaldinho desapareció. Así pues, en la temporada 06-07, necesitados de cubrir el inminente vacío del Gaucho, señalaron a Messi. Regates antológicos, golazos increíbles y la adoración de su público, eran motivos suficientes y clarificientes para optar a los premios que oficializan la etiqueta del mejor jugador del mundo.

Desaparecido ya Ronaldinho y afianzado el argentino como líder de su club, la propanga culé, fiel a su intachable tradición, realizó un trabajo de diez. Ni los resultados insuficientes del Barça, el cual no logró nada e hizo una temporada ridícula, ni la intromisión de la Eurocopa y lo que ello conlleva, ni siquiera el hecho de que Messi se tirara tres meses lesionado fueron argumentos para que no optase al Balón de Oro. Al contrario, futbolista genuino como él, no merece otra distinción que el trofeo dorado del revista France Football. Aunque eso conlleve destrozar el trabajo impecable de todo un año de un portugués.

El sentido común se impuso. Cristiano Ronaldo, máximo goleador del planeta, referente de su club, ganador de Copa de Europa y Liga, fue el ganador. Porque para ser eso, el mejor del mundo, no sólo tienes que tener cualidades extraordinarias y únicas, no sólo tienes que ser un futbolista distinto del resto, sino que además tienes que ser el líder y referencia de un club ganador. El fútbol se explica fácil: sólamente los equipos campeones serán los mejores; por tanto, sus futbolistas más resplandecientes serán los mejores. Tal explicación se corresponde con el Manchester de Cristiano de la pasada temporada, con el Milán de Kaká de la temporada 06-07. Y hoy, en el presente, con el Barça de Messi.

Porque hoy no necesito ni necesitamos al entorno culé para comprender la realidad de Messi. La temporada de Messi y de su club, el Barça, ha sido cuasi perfecta en todos los sentidos. Individualmente, Messi ha rendido a un altísimo nivel, ha cosechado unos registros estratosféricos; además, ha sido decisivo e influyente en los no menos excelsos resultados del Barça. Campeón de Copa, Liga y Champions; el triplete del Barça de Messi. Con ello, Messi se consagra de modo definitivo y unánime como uno de los grandes futbolistas del mundo. El debate -ahora sí y no antaño, como nos ha querido colar la prensa culé- tiene pies y cabeza. Es Messi, la estrella del flamante campeón, es el Barça de Messi, ¿A que no suena igual que hace un año?

Por cierto; esta entrada me ha llevado a una curiosa paradoja. El Barça tiene a Messi: campeón de España y de Europa. El Manchester tiene a Ronaldo: bicampeón de la Liga inglesa y subcampeón de Europa. ¿Y nosotros? A Raúl...

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Apuntes, varios y breves, sobre la final de la Copa de Europa.



-Felicito, otra vez, al Barça y a sus aficionados. Conseguir el triplete no es ninguna trivialidad.

-El Barça fue el mejor. Por tanto, ganó con indiscutible merecimiento.

-Me decepcionó el Manchester. Me esperaba más.

-Ferguson se equivocó. Su planteamiento fue erróneo.

-Guardiola acertó. Xavi, Busquest e Iniesta, es decir, un centro del campo ofensivo, fue la clave del éxito.

-Ciertos jugadores reds no dieron la talla. Van der Sar, dubitativo; Vidic y Ferdinand fallaron en el primer y segundo gol, respectivamente; Anderson y Giggs no estuvieron en el partido, no debieron jugar (error de Ferguson); Rooney y Ronaldo muy separados, muy solos en ataque.

-Ronaldo fue el único que dio la cara.

- El Barça no acusó sus bajas. Más mérito todavía.

-Iniesta es el mejor futbolista español que ha salido desde Raúl.

-¡Raúl, jubílate! (ya sé que no viene a cuento, pero no puedo evitarlo).

-Me hubiera gustado hacerlo por nuestra cuenta, pero, de momento, agradezco al Barça que le haya ganado a Ferguson. Sí, viejo borracho; no me caes bien. Jódete.

-La mejor noticia es que se ha acabado el año. El triplete ya es historia. Ya sólo vale junio en adelante.

jueves, 2 de abril de 2009

Flases (VII)

Declaraciones de Lionel Messi tras la aplastante derrota de Argentina en Bolivia:

"Es imposible jugar en la Paz"

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Niñato. Menudo bocazas. Ya dijo unas parecidas declaraciones en la derrota contra el Espanyol: los árbitros no pueden venir al Camp Nou a hacer lo que quieran. Y ayer volvió a llorar.

Me da igual que acto seguido dijera que no lo decía como excusa. Eso no lo puede decir un tío que juega en una de las mejores selecciones del mundo. Y menos cuando el rival es el penúltimo.

Pide perdón a la afición; raja de tu equipo. Lo que quieras. Pero no infravalores al rival ni digas tonterías. Es impropio de un jugador de su nivel.

La altitud, efectivamente, puede que sea un factor importante. Pero no justifica goleadas. ¿O es que todas las selecciones que juegan en Bolivia salen humilladas?

Seamos justos: es muy bueno, probablemente el mejor, pero es un llorón.