Isaac Cuenca renovó por el Barça y portará el dorsal número veintitrés. Estas fueron sus declaraciones:
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Discúlpeme, pero no le entendí bien:
Con su breve testimonio dado ante este tribunal, ¿manifiesta usted, pues, que la vida que usted ha llevado hasta ahora desaparecerá? ¿Enuncia, ergo, que modificará radicalmente todos sus hábitos cotidianos? ¿Dice usted, por tanto, que piensa olvidar a sus amigos y a su familia y que dedicará las veinticuatro horas del día, trescientos sesenta y cinco días al año, al ejercicio del fútbol?
¿Proclama que saltará más que el resto, que correrá más que nadie? ¿Asegura usted que dominará todos los fundamentos del juego? ¿Ratifica que no dejará ningún recóndito detalle al azar? ¿Afirma usted que no dormirá, no descansará, no parará hasta ser el mejor jugador del mundo?
¿Se compromete, así pues, a mostrar odio eterno a todos sus adversarios? ¿Promete que no sonreirá en su vida hasta alcanzar la victoria eterna? ¿Garantiza que su fin único y primordial será el exterminio del rival, la aniquilación total?
¿He oído mal o usted jura, en definitiva, aquí y para todos los presentes, que se convertirá en el mayor profesional de la historia del deporte?
Sabe qué, señoría, pienso que al acusado Cuenca le sería más fácil acercarse al talento de Su Majestad.

