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martes, 21 de abril de 2009

Van Gaal, un gran entrenador


Ya tenemos campeón de la Liga holandesa. Y no es el Ajax de Amsterdam ni el PSV Eindhoven. Ni siquiera el Feyenoord. Ha sido el humilde conjunto tulipán AZ Alkmaar de Louis Van Gaal. Así que hoy permítanme que le dedique una entrada a uno de los personajes más infravalorados y despreciados del mundo del fútbol. Un tipo etiquetado como non grato, de esos que no caen bien aquí. Es mentar al holandés como un buen entrenador y ya te tildan de loco o de graciosete; o qué sabrás tú de fútbol, o uno que me gustó, de cabrón, cómo se nota que eres madridista. Pues no. Déjenme que les explique que me parece un grandísimo entrenador.

Van Gaal probablemente es el único entrenador en activo que ha logrado conjuntar y combinar con éxito el arduo arte de jugar bien, de un modo ofensivo y bonito al fútbol en sus equipos. Tres calificativos peculiares, con una definición concreta y propia y difícilmente complementarios; nunca sinónimos, como erróneamente se cree. Y con resultados. No como otros vendeburras que yo me sé, dígase Víctor Fernández o similares. Lo suyo sí es tiki-taka. Los equipos de Van Gaal han practicado un fútbol muy vertical, con mucha velocidad y con mucha facilidad para crear ocasiones; pero sin descuidar otros detalles que muchos artistas se saltan: sus jugadores siempre han estado muy bien posicionados en el campo, sus equipos suelen lograr perfectamente el complicado equilibrio. Y a diferencia de los dogmáticos españoles -DRJ dixit- del joga bonito y tal, trabaja muy bien el aspecto táctico y físico, factores imprescindibles hoy día para la alta competición. Que no es sólo talento y dejarles jugar al fúrbo como dice Manolo Lama.

Conseguir esa simbiosis de fútbol ofensivo, alegre y efectivo es tremendamente complicado. Por mucho que diga MARCA y AS, muy pocos lo han hecho; de ahí el mérito que le doy a Van Gaal. Aquel Ajax de mediados de los noventa poseía todas esas cualidades. Hizo historia. Recuerden sus éxitos con el equipo más laureado de Holanda: dos finales consecutivas de la Copa de Europa -la primera ganada- y campeón de la Supercopa europea e Interconiental; con jugadores de mucha calidad pero muy jóvenes y que realizaron un futbol totalmente opuesto a la moda de la época -Milán de Sacchi y Capello, Juventus de Lippi-. Y los del Barça hasta que le dejaron: bicampeón y de forma arrolladora en la Liga Española tras tres años en blanco, más Copa del Rey y Supercopa europea. Tela. Y en un breve período de 5 años (94-96, Ajax; 97-99, Barça). Posteriormente el entorno culé hizo mella y no le dejaron trabajar. La prensa le hizo tanto daño que mancilló su nombre para la posteridad. Nadie volvió a contar con sus servicios. Sólo el AZ se atrevió. Y ahí lo tienen: en cuatro años lo ha hecho campeón. Casi nada.

Sin embargo, Van Gaal, genio como ninguno, no ha sido un santo. No es mi intención convertirle en un mártir. Su particular personalidad le ha provacado errores y numerosos enfrentamientos. La poderosa prensa blaugrana y/o el citado entorno culé hizo el resto: le hicieron la vida imposible. En mi opinión, Van Gaal posee dos graves defectos que se han convertido en una lacra para toda su vida. El primero es que no ha sabido venderse. En esta vida no sólo hay que saber hacer las cosas bien hechas sino, además, saber explicarlas. El técnico holandés expone un trabajo y un método casi perfecto que, sin embargo, no tiene idea o discurso. Van Gaal no ha sabido vender su producto. Y lo que es peor: nadie se lo ha vendido. Un relaciones públicas le hubiera venido de perlas. Si Van Gaal tuviera la retórica de Valdano hubiera entrenado a equipos grandes y ganado copas de Europa sin despeinarse.

El segundo es su carácter huraño y arisco que le ha causado dos frentes enemigos a la vez. Por un lado, con la prensa, y más la culé y española. Nunca fue su amigo ni lo intentó. Pagó factura. Los medios, que como cualquier ser humano medianamente lúcido comprende, tienen un tremendo poder. No caer simpático a tal puede costar toda una carrera deportiva. Y por otro lado, con los propios jugadores. Van Gaal es un tío de día a día. Muy detallista, no deja nada al azar. Es, en otras palabras, un pelmazo para el futbolista. Eso es muy importante para el futbolista del siglo XXI. Miren al Liverpool de Benítez. Pero sólo funciona en casos muy singulares como, por ejemplo, con gente joven, con talento y con hambre; jugadores que no han ganado nada aún y que aspiran al máximo. Futbolistas que no tienen motivos para la soberbia. Así ocurrió en la brillante generación del Ajax del 95. Pero eso no suele funcionar con futbolistas consagrados. No, ese tipo de futbolistas, con su historial, detestan que un entrenador sea tan minucioso y exigente. Que ellos prefieren la vida fácil, que para eso se lo han ganado. Así lo reconoció Figo hace poco en una entrevista en EL PAÍS.

No lo niego ni tengo vergüenza en reconocerlo. Si fuera presidente de un club de fútbol, apostaría por Van Gaal. Si fuera Florentino y me interesaría no sólo que el equipo gane sino que además dé espectáculo para dejar contentos a los palmeros de turno, llamaría a Van Gaal. Pero me temo que eso sólo puede pasar en mi remota imaginación. Y que incluso sería saludable para todos que Van Gaal no volviera a España. Me entra pavor pensar en la que se montaría. En lo jodida que le harían la vida al holandés; en las fuertes presiones que recibirían aquellos que le contrataron. Si es que ya me lo veo: dos partidos malos y portada del As a toda plana "Van Gaal en la frontera" y el editorial de Relaño, cual traidor y cínico periodista, que no falte. Así que, fíjense, prefiero seguir soñando: no es mi estilo putear a la gente que me cae bien.