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viernes, 1 de noviembre de 2013

El reto de Lebron


Cuando Jordan ganó en 1993 las finales a los Suns de Barkley creó que ya le no quedaba nada que hacer en el baloncesto. Había ganado su tercer anillo consecutivo y era el mejor jugador del mundo. Los míticos equipos de los ochenta claudicaron ante los Bulls y tampoco perdonó a los nuevos ricos de los incipientes noventa. Los había derrotados a todos; lo había ganado todo. Jordan estaba hastiado y desmotivado. La controvertida muerte de su padre fue un pretexto para anunciar su -primera- retirada. Lo necesitaba. El mejor jugador del mundo escribía el epílogo a una brillante carrera de nueve temporadas en la NBA. Se retiró del baloncesto, desconectó y decidió embarcarse en un proyecto diferente. Sin embargo, aquel breve periplo por el béisbol le hizo comprender que su misión estaba inacabada. Todavía le faltaba por cumplir su último designio entre los mortales: debía sellar su legado en la historia. Así que regresó dos años después con el colmillo entre los dientes, se echó a su espalda una de las mejores escuadras de la historia y jugó el mejor baloncesto de su vida. Obtuvo tres anillos más, su segundo three peat y su nombre quedó inmortalizado para siempre como el mejor jugador de todos los tiempos.

Lebron sonríe ante el inicio de la temporada 2013/2014. Hace dos años que se liberó de los tormentos con el triunfo de su primer anillo. La victoria ante los Thunder de su rival Durant marcó un punto de inflexión para Lebron. Zanjó años de frustraciones, un trauma propagado con finales perdidas (2007 y 2011), las feroces críticas de la opinión pública y el estigma de perdedor. Aquella losa ha desaparecido y Lebron disfruta con su mejor juego. La pasada temporada arrasó con los Heat y se alzó con su cuarto MVP con unos números abrumadores: 26.8 - 8 - 7.3 y en las que destaca un increíble 56% en tiros de campo. San Antonio plantó una admirable batalla en las finales, que llegaron al séptimo partido; sin embargo, James, más seguro en sí mismo que nunca, impuso su autoridad en el decisivo encuentro: 37 puntos y 12 rebotes para vencer a los Spurs. Fue su segundo anillo y el mundo comprendió que es estúpido discutir que Lebron James es el mejor.

James tiene muy claro cuál su es meta: "Quiero ser el mejor baloncestista de todos los tiempos. Así de simple", asevera rotundo. Y sabe cómo lograrlo. Su principal argumento es su innata facilidad para dominar todas las estadísticas, una cualidad comparable históricamente a Oscar Robertson. Su influencia en el juego repercute en el premio individual más importante: solamente Kareem Adbul Jabbar (6), Bill Russel (5) y Michael Jordan (5) han logrado más MVP que él. Posiblemente los supere. Pero el mayor e irrefutable dictamen lo marcará su palmarés colectivo. La colección de títulos es la mejor tesis para mostrar su supremacía. Y en esta temporada se le presenta una oportunidad única: Miami Heat puede ser el cuarto equipo en conseguir tres títulos de forma consecutiva. Hasta la fecha, sólo Celtics (1959-66: el único que pasó la barrera de los tres hasta llegar a ochos entorchados seguidos, un hito insólito), Lakers (por partida doble: 1952-54 cuando la franquicia estaba en Minneápolis y 2000-02 con O'neal y Bryant al frente) y Bulls (también en dos ocasiones: 1991-93 y 1996-98). Es el three peat, el mayúsculo reto de Lebron James.

martes, 19 de marzo de 2013

El reinado de James



Lebron James volvió a exhibir su aplastante hegemonía en el baloncesto mundial. Ayer aniquiló a los Celtics en el TD Garden con una demostración de superioridad incontestable, con canasta ganadora incluida. Boston dominó gran parte del duelo, siempre competitivo y orgulloso, pero cayó ante un soberbio último cuarto de Miami, que remontó una renta de 13 puntos a falta de 8 minutos. No hubo solución ante Lebron, que lideró a su equipo con 37 puntos, 12 asistencias, 7 rebotes, 2 robos y 2 tapones. El triunfo catapulta, además, a los Heat como la segunda mejor racha de la historia de la NBA: 23 victorias consecutivas, un hito que no pudo aspirar en su día Michael Jordan.

Se trata de otra muesca para su excelsa temporada regular y que pone de manifiesto la constatación real de la supremacía absoluta de Lebron James, profetizada y anhelada durante muchos años. Desde que el mundo le contempló en su segundo año en el high school, Lebron James ha estado predestinado a ser el rey de la NBA. Una presión brutal con la que ha convivido toda su carrera, insoportable para el resto de los mortales. Nunca se achantó. Asumió su destino y él mismo se proclamó como the choosen one (el elegido). A los 17 años firmó un contrato publicitario multimillonario con Nike (90 millones de dólares) y saltó directamente desde el instituto a la gran liga. Muy pronto demostró su valía, se ganó el hueco entre los mejores y batió todos los récords de precocidad existentes. Consiguió el MVP a los 24 años, el galardón individual más importante. Se obstinó en conseguir la grandeza para Cleveland, la ciudad maldita del deporte de Estados Unidos (el último título profesional se logró en 1964), y se plantó en las finales de 2007 con uno de los peores conjuntos finalistas que se recuerdan. 


Pero la brillante hoja de ruta hacia la gloria se trastabilló. El camino hacia el anillo resultó ser más duro de lo que él pudo prever. Peleó contra todos y contra todo, especialmente ante él, su peor juez. Perdió las finales y aguantó reproches despiadados, algunos humillantes. Optó por concluir el capítulo con los Cavs, que se replantearán eternamente su ineptitud para dotar a Lebron un equipo de garantías, y se lanzó al proyecto de su vida. Su decisión acarreó críticas feroces que le auguraron el desprestigio de su historial y la infravaloración de sus futuras hazañas. "Yo no llamé a Larry ni a Magic para jugar con ellos; trataba de ganarles en la cancha", sentenció Jordan. Sin embargo, James se había ganado el derecho a decidir y obró bien. Los Heat le ofrecieron un equipo confeccionado para el éxito. Y la franquicia voló durante su primer año pero el sueño se truncó en las Finales. Lebron volvía a perder.

Levantarse no era una novedad para Lebron James. La heroica capacidad de superación, tan apreciada en Estados Unidos, es otra de sus señas de identidad. Hijo de una joven madre soltera, forjó su carácter en los barrios marginales de Acron (Ohio) e hizo de la lucha una constante en su vida. Un hombre hecho a sí mismo que no cesaría jamás su empeño en alcanzar el anillo. La derrota ante los Mavs supuso un punto de inflexión en su vida. Encabritado como Jordan en el 96, Lebron realizó en 2012 el mejor baloncesto de su carrera. La estrotésferica exhibición en el sexto partido de las Finales de Conferencia (45-15-5) mostró al mundo su terrible hambre de gloria. Y los Thunder palidecieron en la gran final ante el vendaval imparable. La NBA coronaba, al fin, a su rey.

Aún hay quien le discute. Desconfíe: quien asegure tal aseveración lleva años sin ver un partido de NBA. Lebron James reina con mano de hierro. Durant le reta, pero de momento es sólo un digno rival. Igual que Kobe, ilustres adversarios que engrandecen pero no discuten la supremacía de Lebron. Sin duda, el anillo le ha liberado. Sólo hay que observar su mirada, que sigue arrogante y decidida, muy jordanesca, muy americana, pero que ha encontrado la paz. Ha domado el juego, ha mejorado sus porcentajes; toma mejores decisiones, domina los partidos. Es mejor jugador de lo que ya lo era. No hay quien le pare. Y tiene 28 años. A esa edad, Jordan ganaba su primer campeonato. Ahora es el tiempo de King James.

viernes, 3 de febrero de 2012

Flases (X): Injurias contra la Corona.

Isaac Cuenca renovó por el Barça y portará el dorsal número veintitrés. Estas fueron sus declaraciones:

"No llegaré al talento de Jordan, pero prometo igualar su profesionalidad"

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Discúlpeme, pero no le entendí bien:

Con su breve testimonio dado ante este tribunal, ¿manifiesta usted, pues, que la vida que usted ha llevado hasta ahora desaparecerá? ¿Enuncia, ergo, que modificará radicalmente todos sus hábitos cotidianos? ¿Dice usted, por tanto, que piensa olvidar a sus amigos y a su familia y que dedicará las veinticuatro horas del día, trescientos sesenta y cinco días al año, al ejercicio del fútbol?

¿Proclama que saltará más que el resto, que correrá más que nadie? ¿Asegura usted que dominará todos los fundamentos del juego? ¿Ratifica que no dejará ningún recóndito detalle al azar? ¿Afirma usted que no dormirá, no descansará, no parará hasta ser el mejor jugador del mundo?

¿Se compromete, así pues, a mostrar odio eterno a todos sus adversarios? ¿Promete que no sonreirá en su vida hasta alcanzar la victoria eterna? ¿Garantiza que su fin único y primordial será el exterminio del rival, la aniquilación total?

¿He oído mal o usted jura, en definitiva, aquí y para todos los presentes, que se convertirá en el mayor profesional de la historia del deporte?

Sabe qué, señoría, pienso que al acusado Cuenca le sería más fácil acercarse al talento de Su Majestad.