Mostrando entradas con la etiqueta Liga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liga. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de noviembre de 2017

Las Ligas que el Madrid no gana

Alirón Liga 87/88. Foto de Defensa Central.

No hay manera, oiga, de vivir Ligas tranquilas como madridista. Uno creía que había llegado ese culmen deportivo en el que la inercia de los triunfos conduciría a un periodo de calma y estabilidad, pero de nuevo estaba en una ilusión: los puntos se esfuman en las primeras jornadas, el liderato se aleja y el equipo se ve en otra temporada obligado a remar a contracorriente. Tal vez sea un vicio endémico, adquirido en los últimos años, pero no siempre fue así.


La gran diferencia entre el madridista moderno –el que nace y crece, pongamos, en los noventa y el siglo XXI y el madridista clásico –aquel que vivió los ochenta, setenta e incluso los sesenta– es la forma en que afronta la Liga. El estado de ánimo ha variado de un madridismo plácido, cómodo en su rutina de triunfos, propia de una época en la que el Real disputaba como el equipo hegemónico de la competición nacional (el Madrid ganó 19 Ligas desde 1961 hasta 1990), a un madridismo exaltado, inmerso en una era de sobresaltos, y más habituado a dejar escapar Ligas que a conseguirlas.


Alirón Liga 60/61. Foto de Cihefe.

En las pocas veces de la era moderna en las que el Madrid conseguía esa serenidad deseada, esa aburrida tranquilidad que el madridista reclama para sus domingos, el efecto se dilapidó con rapidez. Ocurrió, por ejemplo, con el Madrid de Capello de la 96/97 y con el de Mourinho de la 11/12. Incluso en la etapa de Del Bosque, la última dorada hasta el nuevo reinado de Zidane, el equipo alternaba éxitos con decepciones –sí, se anotó siete títulos, pero también se dejó una Intercontinental y un Centenariazo en casa–.

La irregularidad es la irremediable condena contemporánea, pero a cambio ha gozado de un gen único para las grandes noches. El madridista del nuevo tiempo presenció desastres como los de Tenerife y ridículos como el Alcorconazo, pero también disfrutó de momentos únicos como la Séptima o la Décima y ha sobrevivido –y con éxito- a rivales liderados por Leo Messi –tres Copas de Europas coincidiendo con Messi; no olviden, valórenlo–. 

Así que, pese a que uno anhela tardes soporíferas de victorias, Ligas ganadas en el salón de casa, los tropiezos ligueros sitúan ahora al equipo y al hincha en un escenario que todos conocen muy bien: el Madrid suele funcionar cuando se le entierra en otoño. Hay una sola realidad inalterable a lo largo de la historia, que saben y -temen- sus rivales: el Real siempre vuelve

jueves, 28 de septiembre de 2017

Aquel alirón de la Liga de las remontadas



Un servidor, que estuvo aquella tarde en el Bernabéu y fue testigo de la coronación de la Liga más increíble de todas las que celebró el madridismo en su historia, nunca había visto por televisión aquel partido. Diez años después, aquel inolvidable Madrid-Mallorca reapareció de casualidad gracias a YouTube, con el encuentro completo y narrado por el equipo de Canal Plus. Fue imposible resistirse al morbo de confrontar, una década después, los recuerdos con el visionado preciso de los 90 minutos de aquel duelo. Porque sobre aquel día uno conserva intactas las sensaciones, así como las anécdotas contadas tantas veces para rememorar la cita y también las imágenes icónicas que la tele ha ido repitiendo a lo largo de estos años. Pero la memoria apenas custodió el lance del juego: el fútbol y sus circunstancias. No recordaba, por ejemplo, que Ramos (entonces se le nombraba como Sergio Ramos) jugó como central; ni recordaba tampoco la exhibición que derrochó Arango en el Bernabéu.

Me acuerdo -disculpen, pero sólo puedo usar la primera persona- del gol del Mallorca como un escalofrío; mantengo muy presente qué sentí cuando Ruud van Nistelrooy abandonaba el campo lesionado en la primera parte y con el marcador ya adverso; no olvido que dos veces pregunté por el resultado del Barça a mi desconocido vecino de asiento: sin despojarse el auricular de la radio, primero respondió 0-1 y después 0-3. Nunca más volví a preguntarle. Todavía sonrío cuando evoco las palabras que aquel grupo de hinchas gallegos le espetaban a Roberto Carlos desde la grada cuando el lateral defendía a Jonás: "Dale, Roberto, dale". Recuerdo cómo temblaba el estadio con el gol del empate. A fuego quedó grabado el abrazo con el que nos fundimos mi otro vecino de bancada -también desconocido- y yo tras el segundo del Real. Y aún permanece fresco mi estupor al comprobar en el marcador quién había anotado el tanto, cuyo goleador, con el estruendo de la celebración, no dio tiempo a discernir en directo. “¡Diarrá, Diarrá!”, gritábamos incrédulos y sonrientes. Y jamás se borrará el instante del pitido final, las manos en alto, el alivio y el júbilo por un título que se resistió cuatro años y que se consiguió de la manera más inverosímil: a contracorriente, remontando y desafiando cualquier ley de la lógica futbolística. Esos sentimientos son patrimonio sagrado de mi memoria como madridista.

Ante todo, si una sensación perdura es la tensión con la que se vivió el transcurso de los minutos. La Décima fue una agonía hasta el gol de Ramos; la Undécima fue un mar de nervios y la Duodécima, sexo en el paraíso; pero aquel alirón de la trigésima Liga, aquella final liguera en la que el Real ponía fin a cuatro temporadas de fracasos y decepciones, si una impresión predominó en el ambiente fue la tensión.

Preso de ese estado que congela el ánimo, siempre cuento como anécdota que olvidé echar fotos durante el partido. Por supuesto, era un madridista fervoroso que vivía sus años más intensos de militancia madridista, consciente de la importancia del duelo para el club, y la idea de captar imágenes era secundaria; pero también resultaba la segunda vez en mi vida que veía al Real Madrid en directo, en un estadio de fútbol. Y era joven. Compréndanme. Por eso, hipnotizado por todo cuando contemplaba, mi propósito inicial pasaba por fotografiar cualquier detalle que sucedía delante de mis ojos: la llegada al estadio, los hinchas en la Castellana, algún aficionado del Mallorca, el calentamiento de los futbolistas, el trío arbitral, una falta en los primeros minutos… Hasta que Varela heló el Bernabéu con su gol. Sólo cuando terminó el partido y los jugadores, inmersos en la celebración, se acercaron hacia nuestra zona pude caer en la cuenta de que no había fotografiado nada más. Ninguna instantánea más. Pese a mis propósitos iniciales, en ningún momento me acordé de la cámara. Desde entonces tengo claro que las cámaras de fotografías, ahora móviles, en los campos no son cosa de hinchas sino de turistas o de primerizos.

El fútbol recuerda al Real Madrid de la 06-07 como un equipo que se proclamó campeón jugando mal. Y, ciertamente, aquel Madrid tenía muchos problemas. Con una plantilla extrañamente diseñada (cohabitaban veteranos cerca de la decadencia con noveles sin caché; lidiaban futbolistas seleccionados por Capello con otros a los que el entrenador nunca pidió), sin estilo tras una temporada abrupta, salpicada por las derrotas ante rivales menores y las prematuras eliminaciones europeas y coperas, por las críticas furibundas y por un ambiente enrarecido en el club, y abocado a los impulsos de orgullo herido del final del curso; el Madrid se plantó en la jornada 38 sin un fútbol definido. Su juego ofensivo era disperso y efervescente, casi improvisado, confiado al talento de sus jugadores y su instinto competitivo. No, no fue el bloque rocoso que deseaba Capello, y que intentó cimentar con aquel doble pivote Emerson-Diarrá; pero sí exhibió el espíritu ganador que anhelaba el técnico italiano.

Y, claro, aquella tarde no iba a disimular las carencias de todo un año. Y para colmo el Madrid empezó nervioso. El Mallorca, en cambio, sin agobios, se desenvolvía cómodo en el campo madridista, con Jonás perforando por su banda y sobre todo con Arango, que entre líneas hacía daño a la defensa blanca. En una de sus escaramuzas, el venezolano asistió y Varela finalizó. Gol del Mallorca. La tensión, el marcador en contra y un estadio mudo no ayudaban a ubicarse al equipo blanco en el partido. El Madrid palidecía para generar oportunidades y recurría a menudo a los balones largos. No había manera de enlazar con los delanteros. Van Nistelrooy, desconectado; Raúl, desaparecido, dominados ambos por Ballesteros -una leyenda del fútbol secundario-. Diarrá perdió dos balones en sendas conducciones y se lo recriminó el Bernabéu, que poco después coreaba el nombre de Guti, suplente aquella jornada.

La única luz en el juego era Robinho. El brasileño se ofrecía constantemente, pedía la pelota, la buscaba. Y con ella en sus botas, Robinho encaraba, desequilibraba e intentaba asociarse. El juego se desatascaba con sus acciones. También puso el peligro, sorprendentemente, Míchel Salgado (titular por lesión de Miguel Torres), con dos internadas por su banda, caño al rival incluido. E igualmente Beckham, con sus centros y sus faltas, siempre amenazantes. El inglés, una ocasión más -y esta era la última-, se mostró generoso en el esfuerzo y valiente en la actitud. Entre tanto el Barcelona ganaba 0-3 en el minuto 37, según indicaba Carlos Martínez. No hubo más ocasiones y el duelo se marchó al descanso con el madridismo en estado de shock.

Entró Guti por Emerson en la reanudación, pero la balanza no se invirtió. Al menos durante los primeros 20 minutos: ni el Mallorca sufría ni el Madrid encontraba ideas. De nuevo Varela dispuso de una clamorosa oportunidad tras un excelente pase de Aganzo. Tan cómodo discurría el Mallorca que incluso se permitió el lujo de hacer un rondo en una jugada. Los minutos pasaban y el Madrid sólo era capaz de alcanzar la portería rival con dos acciones de Beckham: un centro que Ramos no remató por poco y una falta que se estrelló en el larguero. El inglés, para más inri, se retiraba lesionado. Pero, caprichos del destino, detalles del fútbol, esta desdicha marcó el duelo. Su sustituto, Reyes, cambió el devenir del partido precisamente en el segundo balón que tocó: en el enésimo intento de Robinho por la banda, el brasileño conecta en el área con Higuaín, quien con un espléndido movimiento se deshace de Ballesteros y se la coloca a Reyes. El andaluz chuta al primer palo y marca el empate.

Ya nada fue igual. Todo lo que el Madrid no había logrado con el juego, lo consiguió con la fe y el empuje, que también forman parte del fútbol -dicho sea de paso-. La grada se reactivó y el Real se volcaba. Guti, que casi se autoexpulsa tras un calentón (“El Madrid necesita once jugadores para remontar”, decía Robinson), se adueñó de los mandos y el duelo entró en un trance frenético. Robinho deja en el suelo a Héctor y su disparo roza el palo. El brasileño tira una doble pared con Diarrá, que cae en el área. No hay penalti. Entregado el Madrid en ataque, el Mallorca aprovecha una contra por medio del exculé Maxi López para dar el último susto, desbaratado por Casillas. El conjunto blanco, desatado, mete la quinta marcha. Y otra vez Robinho prueba desde fuera del área, pero Moyá despeja a córner. Fue el momento. Ese saque de esquina acabó en diana. Diarrá remató uno de los goles más importantes -¿y olvidados?- de la historia moderna del madridismo. Por cierto, quien lanzó el córner fue el Pipa, doble asistente, protagonista cuando entonces gozaba de buena estrella (el gol definitivo de la remontada ante el Espanyol, el tanto del alirón que marcaría en Pamplona un año después… El Lyon embrujó a un jugador que se vació sin éxito para triunfar en el Real).

Al poco, Reyes anotaba el tercero y el madridismo se desahogaba al fin: la Liga de las remontadas era suya, era nuestra.






viernes, 16 de septiembre de 2011

Una visión de la Liga


F.C. Barcelona. Mismos jugadores, mismo entrenador, mismo estilo de juego; misma dinámica ganadora. A ello se le añade la presencia de dos buenos incentivos, Cesc y Alexis, que otorgarán profundidad y desequilibrio respectivamente al juego culé. Dos futbolistas muy bien fichados a mi juicio: más recursos y salidas para un sistema imbatible a día de hoy, por mucho que los rivales sepan cómo juega el Barça. Y si todo falla, siempre quedará Messi. Por otro lado, se comenta que el punto débil se sitúa en la defensa, en el banquillo de ésta, más preciso. Minucias. Salvo posiblemente ante el Real Madrid, el Barça no perderá la Liga por no tener a Piqué y/o Puyol en el once. La superioridad sigue siendo incontestable para cualquier equipo de España, incluidos los presuntos equipos champions. El Real Madrid y nada más que el Real Madrid es su gran rival, el único que puede hacerle daño. La temporada se resumirá por tanto en mantener la regularidad de antaño y en vencer a los blancos en el enfrentamiento directo.

Real Madrid. Aunque ninguno de los cincos fichajes de este año sea finalmente titular, este Madrid es doblemente más fuerte que el del año pasado. Por vez primera en ocho años, repite el técnico y todo lo que ello implica: se refuerza el juego, con mejores y más automatismos, con más fluidez, con más compenetración entre los jugadores, más expertos ellos. Lo que todo partió con una reunión de enormes jugadores, sumando una plantilla inigualable en el mundo, tiene hoy lo que necesita todo equipo: tiempo. Aunque objetivamente para mí el favorito es el Barça, si yo tuviera que apostar mi dinero por el campeón de liga de este año lo haría por el Madrid. La receta para esta temporada ya la tienen asimilada: escaso regalo de puntos y sumar cuatro puntos como mínimo en los duelos directos ante el Barça. Rival al que cada vez le juega mejor, cada vez le supone más factible y al que -importante- ya le hizo daño: final de la Copa. ¿Algún pero, alguna duda futbolística? El acompañante de Xabi. ¿Khedira, otrora interior todoterreno y ahora alumno aplicado del cursillo acelerado de mediocentro? ¿El caos perfecto de Lass? ¿El imberbe Granero? ¿La incógnita Sahin? Coentrao es un extremo vistoso, un buen lateral, un gran jugador polivalente pero no un centrocampista.

Valencia. Le he empezado a coger manía a Unay Émery. Y no sólo por la poca empatía que desprende el tipo, con esos cambios de humor tan histéricos, con esos tics tan raros: parece el informático loco de la tienda de ordenadores de la esquina. La persona que jamás vería llevando un grupo de futbolistas, sino como el rey del pecé fútbol. No, no sólo por eso. En lo referido al fútbol, Émery me está dejando dudas. Valoro, no obstante, muchas cosas del técnico; como por ejemplo sus dos grandes años en el Almería (ascenso y permanencia); como también que ha mantenido al Valencia en posiciones dignas, primero, en un equipo lleno de gallitos para un técnico novel (un horror enfrentarse a Albelda en un vestuario) y, después, con el desmantelamiento de sus mejores jugadores. Pero las dudas van por otro lado. No comprendo cómo, aun siendo finalmente tercero, el Valencia es tan irregular en su juego, dejándose puntos inexplicables en campos de nadie, goleadas humillantes anexas; como también, del mismo modo, aún no he visto al Valencia de Émery destacar ante los grandes (aún no ha rascado un punto ante Barça y Madrid) ni en Europa. No se puede pasar siempre desapercibido, hay que brillar, aunque sea esporádicamente. Este año tiene la oportunidad de cerrar mi enorme bocaza... o de ser un mediocre para siempre.

Villareal. Todos los que no somos Maldinis podemos concluir fácilmente que el Villareal es de los pocos equipos en el mundo, junto a Barça y Madrid -y el City ahora, ¡ojo!-, que ofrece un fútbol atractivo. No diré el siempre mal utilizado y de patente de exclusividad barcelonista término jugar bien, acción que engloba a más equipos (¿acaso ha habido un campeón de una liga europea que haya jugado mal?), sino atrayente en su concepción del fútbol ofensivo y atacante; por ello, el Villareal es de esos escasos equipos que vale la pena perder el tiempo viendo fútbol. Garrido sabe. Asimismo, y ya podría aprender el susodicho Émery, el Villareal nos tiene acostumbrados con alguna gesta, tal como ganar en Europa al Bayer Leverkusen y al Nápoles (le faltó el Oporto), por citar las recientes. Así pues, lo extraño sería que este año no llegara a octavos en la Copa de Europa aun en el grupo de la muerte. Sin embargo, y es curioso, este Villareal, ejemplo de eficaz gestión de la última década, tiene en su haber una singular paradoja: nunca empala dos temporadas consecutivas en Liga con suficiencia. Altibajos anuales, se podría decir. Mi apuesta es clara, pues: bien en Europa, mal en España.

*lo escribí antes del Bayern Munnich y lo mantengo todavía.

Sevilla. El conjunto andaluz quiere resarcirse de los tiempos convulsos de los últimos años, resaca floreciente de la mejor etapa de su historia. Y nada mejor que la contratación de un entrenador competente como es Marcelino -pan y vino- para recuperar la estabilidad deportiva. El asturiano (Marcelino) retoma su prometedora carrera después de esa enorme equivocación que fue entrenar a un segunda (Zaragoza) por un vaya usted a saber por qué. La plantilla es un tanto más manejable, más sana, ya desterrados los Fabianos de turnos y con gente joven como puntales (Negredo). También ayudaría que Monchi recobrase sus habilidades de vidente tan admiradas en su día, van ya un par de años con sonoros fiascos; sus últimas incorporaciones son un tal Trochowski y Spahic. Efectivamente, no los conoce ni el propio Monchi ni se espera nada rutilante de ellos. Pero lo mismo se creyó de Alves y de Baptista, entre otros, creánme.

Atlético de Madrid. Los designios divinos del Atlético de Madrid son inescrutables. Un auténtico enigma indescifrable; nunca se sabe por dónde va a salir el Atleti. Igual confecciona una plantilla notoria y acaba deambulando por la competición, que lo mismo el año que casi desciende a segunda -otra vez- gana dos títulos coperos. Aventurarse a predecir su andadura es toda una osadía. Sin embargo, y esto es noticia, es la primera vez desde que volvió a primera división (2002, o sea, diez temporadas) que yo tengo buenas sensaciones con el equipo rojiblanco. Sí, me gusta lo que veo. Me gustan los fichajes. Sí, veo criterio y sentido común en la elaboración del nuevo Atleti. A riesgo de caer en pecado mortal, auguro una buena campaña atlética. Y eso que Manzano no es santo de mi devoción. Claro que todas las buenas intenciones mostradas por Caminero en la enésima reinserción colchonera en la élite se enfrentan a un cúmulo de contrariedades tan ridículamente atléticas. A saber: una afición caprichosa, impaciente e ignorante, que pide la cabeza de sus entrenadores al primer traspié. Unos directivos torpes e inútiles -Gil Marín, directivo del año 2010 (?)-. Un presidente cazurro y populista. Un entorno irascible y fatalista que resta más que suma, en resumen. Torear al Atleti no es faena fácil. Pero esta vez les deseo lo mejor. Me encantaría que esta historia saliera bien.

Eso sí: volverán a dejarse seis puntos con el Madrid. Ley de vida.

Athletic de Bilbao. Los leones vienen de un estío electoral. Unas elecciones que han dejado una conclusión rotunda que a mi parecer es totalmente sorprendente. Y paradójica. Porque resulta que el tipo que ha ganado los comicios a la presidencia ha basado su programa en la contratación de Marcelo Bielsa. Es decir, han cambiado a García Macua por Josu Urrutia debido única y exclusivamente a Bielsa. Y yo me pregunto, mente pensante tal vez ingenua la mía. ¿Cómo es posible que el equipo más limitado del planeta fútbol, que vive de los tres millones de euskal herritarrak (gentilicio de Euskal Herria) existentes en el mundo y de la rápida nacionalización de los apátridas, vaya y coloque a uno de los técnicos más exquisitos del fútbol? Paréntesis aclaratorio: Bielsa apuesta por jugar al ataque, posesión mediante. De la casa de Pep, Lillo y cía (le caerá súper bien a Segurola, ya verán). Es decir, ese fútbol requiere de una serie de futbolistas escrupulosamente aptos para la tarea. ¿De dónde piensa sacar el Athletic las exigencias del argentino? ¿Qué jugadores va a usar? ¿A los que no saben, les va a enseñar ahora? ¿Por qué supeditar los pocos efectivos existente a un sólo hombre? ¿No es más lógico al revés? Francamente, pienso que si yo fuera aficionado bilbaíno (y doy gracias por no serlo, y ellos a mí) viviría más tranquilo con entrenadores supervivientes, tipo Caparrós, que jamás será top (gracias, Mou, por el palabro) de su profesión pero cuyos equipos son siempre dignos.

Eso es todo hoy.

martes, 17 de mayo de 2011

Reflexiones finales a vuelapluma

La temporada alcanza a su fin y toca la hora de los balances finales. De todo ha pasado este año y de mucho quería escribir, pero no ha sido así. No ha sido por falta de tiempo, precisamente. Otros motivos. Por ello, he aquí en pequeños renglones ciertas reflexiones merengues de un servidor en vista de esta temporada 10/11 futbolera que finaliza:

  • En perspectiva, tomando todas las circunstancias que han rodeado al Madrid, el año es de notable, satisfactorio. Se han cumplido los objetivos reales: se ha peleado una Liga con un ritmo de puntos muy alto (en cualquier otro país seríamos campeones), se ha logrado la Copa y se ha vuelto a la élite del fútbol continental, las semifinales de la Champions.

  • Los ilusos y engañabobos dirán que no se puede dar por bueno un año en el que se gana un título menor. Pienso que sostener tal teoría es vivir ajeno a la realidad. No olvidemos: entrenador nuevo, jugadores jóvenes en su mayoría, proyecto re-empezado. Lo que viene a ser el año I. Y ante un rival fortísimo en la Liga, como es el Barça, dominador del último lustro europeo junto con el Manchester United.

  • Sí, hay una gran inversión detrás del proyecto, jugadores de primer nivel, una gran plantilla y uno de los mejores técnicos -si no el mejor- del mundo. Pero eso no garantiza nada: se requiere trabajo y paciencia, amén de una correcta dirección del mismo. El resto es demagogia barata y palabras huecas.

  • Hemos avanzado mucho respecto del Barça. Por vez primera en tres largos años, se ha tuteado al Barça. El título de Copa da fe de ello. Sigue estando por arriba, cierto; pero ya no nos saca dos peldaños como antaño.

  • En su día dije NO al cambio de entrenador, dije sí a la continuidad de Pellegrini. No me retracto. Lo creí únicamente por razones de estabilidad y continuidad, porque consideraba que construir de nuevo era perder el tiempo, retroceder. La labor de Pellegrini se quedó inacabada; aún me faltó un año más para juzgar con propiedad. En su haber no olvidaré que fue el primer entrenador que sentó a Raúl.

  • Dicho esto, y visto el primer año de Mourinho, debo rendirme a la evidencia: ha mejorado a Pellegrini. No hemos perdido el año. Meritazo del técnico portugués. En todo caso, lamento que no se hubiera contratado hace dos años, en el primer año.

  • Decir que estoy contento con Mourinho es poco. Mourinho es una de las mejores cosas que le han ocurrido al Real Madrid desde hace mucho tiempo. No hablo sólo de su labor deportiva como técnico. Ha cambiado el club por dentro. Y lo que le queda. La estructura del Real Madrid es hoy día acorde a un club de élite.

  • Florentino Pérez ha logrado lo difícil. Ahora toca lo fácil: apoyo incondicional al técnico.

  • Por primera vez en mi vida creo que se están haciendo bien las cosas desde todos los ámbitos. Sólo falta que la pelotita entre. Y eso, reitero, es cuestión de dar tiempo; mantener lo que funciona y corregir lo que falle (que es poco, por fortuna).

  • Primer año sin Raúl: bueno para el Real. No estábamos locos quienes criticábamos el rendimiento y el estatus que tenía el siete en el Madrid. Su marcha, necesaria desde hace mucho tiempo, ha sido buena para las dos partes: para el equipo y para el futbolista. A los dos nos ha ido mejor separados.

  • No entiendo los reproches a Valdano. Es Director General, no Director Deportivo. El matiz es muy importante. Su labor es representar a la directiva en los aspectos deportivos del club (fútbol y baloncesto). El primer nexo entre directivos generales y la parcela deportiva: delegar es su trabajo y no planear y ejecutar como erróneamente se cree. Si alguna vez se entrometió en el fútbol, ya se encargó Mourinho de señalarlo. Y la reacción del argentino fue impecable.

  • Pardeza es el responsable de la dirección deportiva de la sección de fútbol. Muy poco se habla de él. Y es una pena: es el principal culpable de los fichajes de DiMaría y Ozil. O si no es así, que alguien me diga quién ficha a estos tipos. Los tiempos presidencialistas ya pasaron: de todos los fichajes (quince) que se han realizado en estas dos últimas temporadas, francamente sólo veo la mano de Florentino Pérez en Kaká. Cristiano no lo fichó él.

  • Me gusta la política de fichajes actual del Madrid. Hace años, lo normal es que Ozil hubiese triunfado en un equipo rival. Hoy no ocurre así. Con Sahin se mantiene la línea. Y me gusta. Puede que salga mal (como Canales, de momento), o puede que salga un crack (Ozil), pero joven potencial que se vislumbra en Europa, jugador que acaba en el Madrid.

  • Hablemos de futbolistas. Cristiano es un jugador brutal. Estamos ante un futbolista irrepetible. Y me temo que el madridismo no lo valora en su justa medida. Ozil me ha fascinado, como a todos. De DiMaría tenía una concepción negativa de su etapa en el Benfica y en la selección argentina, y sin embargo su temporada ha sido muy buena. Supongo que algo tendrá que ver ahí Mourinho. Y Marcelo, un lujo.

  • Benzemá está demostrando su tremendo potencial. De Higuaín y su valía no hay dudas. Adebayor fue un acierto de Mourinho. Sí: tenía razón, hacía falta otro delantero. Era necesario. Por otro lado, muchos han matado a Kaká ya, pero yo no lo traspasaría. Quiero verlo bien físicamente y con regularidad. Aún no lo he visto, es por ello que aún le espero.

  • Mahamadou Diarrá erra irrecuperable para el máximo nivel. Lass es un caos como mediocentro, así como poco fiable. Khedira es un jugador infravalorado y no sé por qué pero me lo esperaba. Yo, que no tengo ni puta idea de fútbol, sé valorar que no es mediocentro (interior puro y duro), y es ahí donde se las ha visto el alemán durante todo el año. Su trabajo y empeño es muy loable. Y su importancia en el equipo, vital: su mal partido en el Nou Camp de noviembre, explica bastante el 5-0; del mismo modo, su gran rendimiento en Copa explica la victoria madridista. De Xabi Alonso no tengo palabras. Asistimos a uno de los mejores centrocampistas del mundo.

  • Sexta temporada en el Real Madrid de Sergio Ramos y sexta temporada que no cumple con las expectativas. La irregularidad de este futbolista se me antoja alarmante, máxime cuando se le presupone un alto potencial. El Barça tiene en Alves un privilegio único en el mundo. Es el plus del Barça. Como lo fue Roberto Carlos en el Real durante años. Con Ramos no es así. El Madrid tiene en su banda derecha un jugador que no marca diferencias en ataque ni se caracteriza por su constancia en la fase defensiva. Se hace urgente una reflexión. Y la respuesta tal vez esté en que no es lateral sino central.

  • Casillas sigue teniendo lagunas inadmisibles en un portero de su nivel. Pero jamás vi un portero tan determinante como él. Otro año sin mejorar, pero fue decisivo en la Copa. Como en el Mundial. Como en la Eurocopa. Como en la Novena. Para lo bueno y la malo, Casillas apenas ha cambiado en diez años de carrera deportiva.

Al año que viene no tengo ninguna duda de que estaremos mejor. Tomo como dogma y referencia una sentencia de José Mourinho: "Mis equipos son mejores en mis segundas temporadas."

¡Hala Madrid!

lunes, 12 de abril de 2010

Certezas que se (re)confirman


A todas luces el clásico en el Bernabéu de la presente temporada resultaba trascendental para los intereses de los dos equipos que disputan por la Liga. La victoria de uno sobre el otro, añadido de la diferencia de goles particular -existiendo traducción, desterremos, por favor, el término gol average-, conllevaba sentenciar el campeonato nacional liguero. Como así fue: aunque enfermizos optimistas o maliciosos engañabobos -como prefieran- se nieguen a admitir tan tajante aseveración, aludiendo al supuestamente desfavorable calendario culé, lo cierto es que el Barça, salvo catástrofe, conseguirá su vigésima Liga española. Sin embargo, el encuentro entre el Real y el Barça no mostró tan sólo quién sería el vencedor del clásico y consecuentemente del título; sino mucho más, el partido del sábado solventó a la perfección la auténtica realidad de ambos clubes.

Por un lado, por los de blanco, se vio a un equipo compuesto de excelsos jugadores, de celebridad y fama sobradamente reconocida, con calidad y talento a raudales y del que se subyace un amplio potencial; pero también se discierne una escuadra joven, recién nacida y conjuntada esta misma temporada, sin antecedentes, sin pasado y casi sin presente y agravada, por tanto, por tales inconvenientes y todo lo que ello suscita. Por otro lado, por los azulgrana, se vio a un conjunto brillante en su forma y su fondo, de igual o mayor notoriedad que su rival; sin embargo, en su contenido se descubre un equipo compacto y brillante, del que sin duda todo su deslumbrante virtuosismo trasluce un trabajo laborioso y largo como respuesta a sus célebres resultados.

El Real Madrid realizó un buen planteamiento, estudió al Barça; le presionó arriba y bien, juntó líneas y confió el ataque a su poderosa pegada. Pero si bien el Madrid se tomó en serio el partido, más aún si cabe se preparó a consciencia el Barça: sabedor de que cómo le iba a hacer daño el Madrid, se fraguó en altos niveles de competitividad. En el centro del campo estuvo la clave, quien lo dominase controlaba el partido. Y fue ahí, en la reñida y combatida batalla por el dominio del juego donde se demostró quién lleva más tablas: el Barça hizo valer su fútbol contrastado, tantas veces practicado y tan bien ejecutado; así como se notó la experiencia de quien ha jugado finales y partidos importantísimos. Conquistado el centro del campo y el balón pues, sólo había que esperar el despiste merengue. No era un partido para tomar riesgos innecesarios. Minuto treinta y dos, falta que saca rápido y en corto que descoloca la formación del Real, Messi, pared mediante, recibe un pase magistral de Xavi que el argentino no perdona. Primera ocasión, primer gol.

En la segunda parte el dominio culé se acentuó aún más. Con firme determinación en su idea y paciencia llegó el segundo y definitivo gol barcelonista. La indecisión de Arbeloa se pagó cara: Pedrito anota solo ante Casillas tras otra genial asistencia de Xavi. Con el cero dos en contra, el Madrid intentó desarbolarse y fruto de ello ocasiones tuvo, pero muy tímidas, sin generar un peligro constante y real. El Barça mantuvo el orden y el equilibrio, la autoridad culé no se rebajó en ningún momento, no perdieron jamás el control del encuentro, tal y como ellos plantearon: seriedad y seguridad, sin descuidos, sin errores. Piqué y Puyol estuvieron francamente bien ante las acometidas madridistas. Sólo hubo un error culé: en un fallido intento de tirar el fuera de juego, Van de Vaart se quedó solo ante Valdés, una ocasión clarísima, inapelable, que sin embargó el cancerbero culé consiguió arrebatar. No seré yo quien diga a Del Bosque cómo hacer su trabajo -error que cometí en el pasado-, pero realmente la internacionalidad sería un justísimo reconocimiento por su excelente campaña.

Al final bastó con eso, con sólo dos ocasiones finalizadas. Fue, por tanto, una victoria trabajada, luchada y peleada; desde el punto de vista del espectador puede que pareciera demasiado fácil, sin ir más lejos, al diario catalán y culé Mundo Deportivo le pareció un baño (!), sin embargo fue todo lo contrario. El Barça tuvo que imprimir un mayor repertorio de juego, ajustarse al rival. Eso habla del empaque del Real; pero también muestra que el fútbol del Barça es a ciencia exacta el mejor realizado de todo el mundo -sobre la belleza y el arte que su fútbol pueda desprender se lo dejo a los cursis-, el más eficaz, el que mejor compite hoy en día. El peleón y correoso pero imberbe Madrid perdió ante el curtido y maduro Barça.

Un clásico radicalmente distinto al disputado hace menos de un año, al dos seis. El Real nada se parece al del año pasado: jugó un partido digno, con holgura, para nada regaló a su adversario la victoria. Asimismo, este equipo es infinamente mejor que el de Juande Ramos, y no sólo jugador por jugador -caso que resulta evidente-, sino que juega mejor y que progresa conforme pasan los partidos y con una plantilla bien diseñada que llama al optimismo de cara al futuro. ¿El problema? Que aun con todas las mejoras, sigue estando por debajo del Barça. A fin de cuentas, el Real Madrid no ganó por una razón muy sencilla: el Barça es superior. ¿Por qué? Porque le saca seis años de trabajo al Real Madrid. Esto es así de fácil. Mientras el Real está en el primer año de su proyecto -y dios quiera que no se lo carguen: Pellegrini debe seguir-, el Barça está en su máximo esplendor de juego y resultados. Ésa es la realidad.

Por consiguiente, el FC Barcelona encarrila un título que difícilmente se le escapará; mantiene así el nivel competitivo y el carácter ganador y centra sus objetivos en la competición más prestigiosa del fútbol profesional: la Copa de Europa. Porque, sin duda, está en el mejor momento de su historia. Por más que determinados aficionados culés y cierta prensa perfectamente reconocible tengan tan pobres y cortas miras, siempre ancladas en su archienemigo de la meseta, lo cierto es que tutean a la historia: el Barça está en camino de dictar una hegemonía mundial -palabras mayores-. Mientras que la élite del fútbol, los Manchesteres, Ínteres, Chelseas y demás pelean por los títulos y el reconocimiento del presente, el Barça lo hace por inscribir su nombre con letras de oro en la historia, alcanzar, así pues, la gloria eterna que se le otorga a los pocos que han conseguido marca una época en el fútbol. Si se confirma la consecución de la Copa de Europa por parte del Barça, no habrá sino realizar un punto y aparte a la hora de clasificar a esta mitad de final de década que ya finaliza, mencionarla y registrarla como la época imperial del Fútbol Club Barcelona, toda suya. Tres Copas de Europa en cinco años sería una proeza digna de los grandes de la historia.

domingo, 4 de octubre de 2009

Algunos apuntes del Sevilla - Real Madrid


Estoy descuidando mucho últimamente el blog. Así que aprovecho el rato que tengo tras ver, animar, sufrir y mencionar a la madre de muchos en el partido del Plus para exponer mis impresiones. Por supuesto que esto no es una crónica, esto es, seré intencionadamente subjetivo. Aunque bien pensado: ¡que alguien me muestre una crónica objetiva en la prensa! ¡Pagaría por ellas!
Hemos perdido. Y sin excusas. A todos los pensadores, analistas y demás sabiondos del deporte que proclaman que la derrota a veces viene bien, les diré de manera rotunda que no son madridistas. Así que desconfíen de ellos, ignórenles. El Real Madrid jamás debe perder, nunca se debería de dar semejante circunstancia en nuestra rutinaria y tranquila vida. Jameis, never, nie. Aquí, en este equipo, los debates y coloquios, las discusiones, los intercambios de opiniones; así como las críticas, los reproches y las mentadas de madre correspondientes se hacen siempre partiendo de la victoria. Al que no entienda eso le rogaría que se hiciera de otro equipo, si no es mucha molestia.
Vaya por delante un aviso: esta entrada puede pecar de alarmista y demagoga. Por ello, les indico que, en el caso de observar dicho tono, lo focalicen en detalles y puntos concretos. De ningún modo en el fondo y contenido. Quiero decir con esto que confío plenamente en este equipo, en Pellegrini y en Valdano. Creo en el proyecto. Y por supuesto, aunque tal vez la entrada muestre lo contrario, que soy de los que piden paciencia y tiempo. Por coherencia y sentido común, nada más.
Primero y lo más importante de todo: Maldito sea Raúl. Otra vez con lo mismo. Se continúa cometiendo la más grande y gorda equivocación del Real Madrid en su último lustro; error que debería entrar con mayúscula en la historia negra del Madrid. Ni leyenda negra ni Franco ni leches. Uno de los grandes puntos oscuros de la gloriosa historia del Madrid ha sido el inexplicable empeño de colocar en la titularidad a un futbolista literalmente acabado.
Primer partido serio y otra vez con el caduco Raúl en el once. En otras palabras, nos enfrentamos a un rival duro y nosotros le otorgamos la singular ventaja de jugar con uno menos. ¿No querían emoción? Pues nada, ahí la tienen.
¿No se podía haber quedado en Copenhague?
Realmente, el asunto Raúl es muy cansino. Y desesperante.
Segundo: Qué bueno es el negro; qué grande que es Diarrá. El partido de Mahamadu Diarrá ante el Sevilla, considerando algunos detalles sin importancia como la dureza y competitividad del rival, como que el propio futbolista lleva tiempo sin ritmo de competición, como que está en un equipo en construcción, como... Qué coño. Sin matices ni tonterías: Diarrá ha estado de puta madre. Inconmensurable.
Tercero: I believe in Pellegrini. Creo en el chileno, como decía líneas atrás. Me parece un señor inteligente y cabal, al margen de que es un buen entrenador. Por ello y por innumerables motivos más, estoy dispuesto a darle todo el crédito del mundo. Lo defenderé a capa y espada; hasta que la razón y/o la lógica me lo impida. Pero tal hecho no quita que esté un poco mosca con determinadas decisiones suyas. Para empezar: debería ser más pragmático con Raúl. Al banquillo sí o sí. Sin medias tintas. Creo, además, y esto lo digo con humildad, que el método y la forma de jugar al fútbol que está implantando al Real Madrid, trabajo arduo y complejo y que llevará meses -dicho sea de paso-, tendría una progresión más rápida y productiva si apostara por un centrocampista -volante- en detrimento de un delantero. Y, finalmente, hoy creo que no ha estado fino con los cambios.
Cuarto: Una vez me dijeron que no tenía ni puta idea de fútbol por afirmar que prefería en el puesto del lateral izquierdo a Heinze antes que a Marcelo. Que para mí, añadí, rendía mejor de extremo. Tal vez tuvieran razón, pero Marcelo no mejora en labores defensivas. Todos los esfuerzos del brasileño se van al garete en cuanto se enfrenta a un digno adversario. Hoy ha estado horrible. Y ya debería de saber manejárselas él solito. Que el bueno de Diarrá no va a estar siempre para ayudarle.
Quinto: ya leo y escucho críticas hacia Xabi Alonso. Efectivamente hoy no ha jugado bien, no se lo voy a negar a ustedes. Pero lo veo como algo normal y totalmente comprensible. El rendimiento del vasco irá en función del juego del Madrid. Si Alonso juega bien, el Real Madrid también. Lo mismo ocurre con el Xavi catalán: es imposible que el Barça juegue bien con un Xavi nefasto. Sus roles, sus labores, su juego en definitiva, van de la mano del juego del equipo. Y viceversa. Así lo exime su posición. Todo lo contrario que en otras desmarcaciones, como la de un delantero.
Naturalmente, el Madrid no ha jugado bien en el Sánchez Pizjúan. He ahí una de las razones de la derrota.
Sexto: Tenía pensada una larga entrada sobre Casillas. Y no hablaba precisamente bien del mostoleño. Sin embargo, por su partido de hoy la aplazaré. Bien Casillas, bien. Sigue cerrando mi boca, no pares.
Séptimo y breve: A Higuaín se lo están cargando. Benzemá será un crack, no duden. El partido de hoy no era para Guti; al menos de titular no, de revulsivo la cosa hubiera sido bien distinta. ¡Qué! ¿Es bueno Cristiano Ronaldo o no? Cómo me gusta ver a Florentino en el palco: no merece sufrir, ¡por todo lo que ha hecho el Madrid debería de ganar todos los partidos del año y por goleadas!
Y por último les doy un consejo, que nunca viene mal. Ni se les ocurra mañana -por hoy cuando lean esto- leer un maldito periódico. Con la derrota del Madrid, salen de sus cavernas las garrapatas de siempre. No abran un diario deportivo, no pongan la tele, quítenles las pilas al transistor. Busquen y lean, en cambio, por la blogosfera. DRJ, Luisi, Chechu, Blanco Doble, Wolllen y demás les explicarán todo lo que necesitan saber.

lunes, 6 de julio de 2009

Flases (VIII)

Declaraciones de Cristiano Ronaldo en su entrevista a MARCA:

"¿Ganar 2-6 en el Camp Nou? Firmo ganar 0-1 y los tres puntos".

---------------------------------------------------

¡Anda! ¿Pero no se suponía que era chulo y arrogante?

lunes, 18 de mayo de 2009

Felicitando al Barça

Ahora que la temporada ha finalizado, ahora que es el momento del reparto de títulos, ahora que es el momento de las conclusiones finales es cuando se debe calificar y adjetivar al Barça.Y felicitar, claro. No a mitad de temporada, cuando no había logrado nada.

Empiezo por Guardiola. Entrenador al que se le atribuye mucho mérito de la gran temporada del Barça. Para muchos su gran baza es el fútbol que su equipo ha practicado y su afinidad hacia la cantera, es decir, a lo superficial y artificial. Yo, sin embargo, me quedo con otros aspectos, los que nadie ve ni valora. A mi juicio, más que por abogar un fútbol bonito, alegre y espectacular, su gran labor reside en haber actuado como un verdadero entrenador. Es decir, ha resuelto con nota lo que se requiere para el ejercicio del entrenador de fútbol en el siglo XXI. Este año los jugadores del Barça se han encontrado con la paradoja de que había que ganarse el puesto si querían jugar domingo a domingo. Cosa que no ocurría en la era Rijkard. Eso significa ser la autoridad máxima en un vestuario, que decide y manda sin ataduras ni amiguismos. El ejemplo más claro es el de Eto'o.

Guardiola ha impuesto el orden y la disciplina; el trabajo diario y no el nombre como mérito ha hecho de los jugadores del Barça altamente competitivos durante todo el año, con muy pocas lagunas. Normalmente, los equipos campeones suelen tener bajones de juego y resultados. Miren al Madrid de Schúster en febrero y marzo del curso pasado. Este año el Barça apenas ha tenido un mal momento. De este modo, se establece una clara jerarquía vertical en el vestuario, la cual no hace sino producir grandes beneficios al club. Formenta la competitividad dentro del propio equipo lo cual equivale a un aumento del nivel de los jugadores en partido oficial; los jugadores no piensan, sino trabajan y actúan; elude que se creen grupúsculos en el vestuario. Todos van a una, todos van con Guardiola. O estás con él y su método, o estás fuera. Los que no trabajan, los desganados quedan retratados. Señalados. Ya no hay sitio para ovejas negras. Guardiola es el jefe; nadie cuestiona su autoridad.

En segundo lugar, Guardiola ha dotado de sentido táctico al equipo. Eso, en equipos que practican un fútbol ofensivo, es una rareza. Esto es clave para comprender el éxito del Barça en los momentos más importantes del año. No ceñirse y encabezonarse al sistema, dotarlo de más verticalidad le ha hecho ser un equipo menos previsible, más poderoso. El Madrid, mi Real Madrid, lo ha sufrido en sus carnes. Otro punto es el aspecto físico. Gran suspenso del antecesor de Guardiola. La mayoría de los jugadores han llegado frescos a mayo, que es cuando se da el todo por el todo. No obstante, está la excepción de Eto'o, al que creo que llega quemado a la final de Roma. Estas dos facetas del fútbol son importantísimas e imprescindibles en el fútbol de hoy en día. Y Guardiola las ha manejado muy bien. Sin ellas, no habría opción al triplete.

Así pues, son en los cimientos y creación de este equipo y no en el resultado final y la visualización del producto donde encontramos el gran mérito de Guardiola. La estructura del majestuoso edificio es suya; la pintura y la estética, es de los jugadores. Los resultados: la sincronización de ambos.

No obstante, en esta entrada también quiero dejar paso a la crítica particular. Es decir, a título mío. Y lo hago concretamente en un tema que no hago amigos, precisamente; de esos etiquetados por la realidad imperante como políticamente incorrectos. Mucho se habla del agradecimiento a Cruyff por traer esa filosofía del fútbol, ofensivo y, especialmente, bonito; el fútbol de toque con el que han disfrutado de tantos elogios y piropos. Personalmente, me es una forma de jugar al fútbol tan legítima como cualquier otra. No me hace de más mérito, de más justicia poética las victorias de los equipos que juegan de ese modo. Se está convirtiendo lo que era hasta ahora una teoría o manera de ver e interpretar el fútbol en un fundamentalismo radical. Es más, creo que en esta campaña se ha echado en falta equipos que sí valgan como vara de medir al fútbol del Barça. La única y verdadera prueba de fuego la han tenido en semifinales de la Copa de Europa. Y aunque el resultado diga lo contrario, no salió como se esperaba. Su excelso juego ofensivo no superó al brillante juego defensivo que planteó el Chelsea. Podemos decir, sin ambages, que el fútbol ofensivo no ha vencido al fútbol defensivo con contundencia.

Por último, señalar que este Barça, por mucho triplete y mucho récord que haya logrado esta temporada, no ha tocado techo. Ni muchísimo menos. Esto no ha hecho más que empezar. El Barça aún tiene un largo camino que recorrer.

Durante toda la vida, o mejor dicho, desde que Santiago Bernabéu cogió las riendas del Real Madrid, el Barcelona ha sido un equipo perdedor. El segundón de España. Siempre a la deriva de los éxitos del club blanco, con pretensiones y aspiraciones de menor calibre. Con la llegada de Cruyff, la historia azulgrana empezó a variar. Consiguió acabar con el monopolio blanco en España. Ya no hay un grande, sino dos, el Barça y el Madrid. Ellos son los amos y señores del campeonato de Liga. Poco a poco va cambiando la dinámica y la historia de este club. Cada vez es menor el pensamiento perderdor de antaño "con ganar al Madrid en el derbi nos sobra". Su camino debe acercarse al de las letras de oro de la historia del fútbol . Éste es el objetivo primordial del Barça del futuro próximo. El de Guardiola y sus futbolistas.

Esto es, les queda lo que nunca jamás -perdonen el pleonasmo- han hecho en más de cien años de existencia. Su gran laguna, su gran lunar, su gran diferencia con el Milan, el Liverpool, el Bayern, el Ajax y, sobre todo, el Real Madrid; les falta lo mismo que intenta ahora el Manchester United: plantar una hegemonía en Europa. Ganar, dominar y marcar una época en el viejo continente. He ahí la mayor grandeza del fútbol. Y no jugar como los ángeles.

jueves, 7 de mayo de 2009

Seis goles directos al corazón blanco


Seis goles nos colaron el sábado. Seis nos coló el Barça. Y en nuestra casa. Nunca un partido de fútbol resultó tan doloroso para un servidor. Creo que ha sido la mayor humillación que he recibido desde que soy madridista. Y no es porque yo haya visto precisamente pocas derrotas blancas. Ni las eliminatorias europeas perdidas durante el último lustro, ni la goleada del Valencia en la Copa del 99, ni la del Zaragoza hace tres años; ni aun el 0-3 que el Barça nos endosó en noviembre del 2005 ha sido tan doloroso como el partido del sábado. Uno contemplaba la posibilidad de un partido duro y arduo, hasta era consciente de la posibilidad de perder, pero no me esperaba esto. Nos la metieron doblada: derrota, baño y goleada. Y encima el equipo que más nos odia, el que más se alegra de nuestras miserias y cuyos aficionados soporto a diario.


Gran parte de la culpa de todo esto lo tiene el propio Madrid. Las nefastas políticas deportivas e ineptitudes de los dirigentes blancos, la demagogia y las falsas ilusiones creadas por la prensa blanca, el conformismo de una afición indolente y profundamente ignorante han propiciado la cruda realidad de este Madrid: un equipo de aspiraciones paupérrimas. No da para más. El adjetivo ridículo es constante en sus noches por Europa. Un equipo que, con su mediocre y lastimoso presente, maltrata a su glorioso pasado y a su futuro. Porque no es capaz ni de generar ilusión. Y, para remate de las penurias, tiene la desgracia de convertir a toda una leyenda viva en un auténtico lastre (Raúl). Sin todo esto, el Barça jamás se hubiera permitido el lujo de humillarnos.

No obstante, no voy a restar ningún mérito a los culés. Admito su superioridad en el clásico. Guardiola pareció aprender muy rápido la lección del Chelsea. En el partido de ida, el Barça, con el técnico culé a la cabeza, se quejó de que les pusieran el autobús. Ay, mamá, que fulano no me deja, clamaron. El catennaccio en estado puro es una forma totalmente legítima de ganar partidos de igual modo que practicar un fútbol ofensivo. Es trabajo del Barça conseguir sus objetivos por iniciativa propia, y no porque el rival se lo ponga en bandeja. Así, el Madrid de Juande supongo que intentaría jugar como los ingleses -lo supongo porque no lo vi- pero el Barça se adelantó. Fue listo Guardiola: estudió al Madrid, aprovechó sus puntos débiles e, incluso, varió el sistema para poder jugar y ganar al Real. Fue el 4-3-3 menos rígido de toda la temporada. No sé si se fijaron, pero el Barça jugó en casi la totalidad del partido sin un nueve definido y con Messi por el centro. Así sí, señor Guardiola. Así sí tienen mérito las victorias. A mayor dificultad, mayor grandeza. Felicito su victoria en el Bernabéu y mi parabién les daré cuando les toque la hora de celebrar sus títulos.

Confieso una cosa: el Barça, personalmente, me ha hecho daño. Y eso es difícil. Que el Barça me traiga dolores de cabeza es complicado. Por la sencilla razón de que no me importa sus andaduras. No me interesan ni celebro sus miserias como tampoco me enrabian sus victorias. No es mi estilo. Simplemente no me caen simpáticos, nada más. O dicho de otro modo: soy madridista, no antibarcelonista. Pero por esta vez voy a hacer una excepción. Ésta derrota no se puede pasar por alto. No se olvidará jamás. La escandalosa goleada es un ultraje en toda regla al honor madridista. No podemos tener esa mancha en nuestra historia. Quiero venganza, pido revancha. Quiero lo mismo que ocurrió hace 14 años, cuando le devolvimos la manita que ellos mismos nos endosaron. Necesito tener la conciencia tranquila.

Pero eso, la vindicta culé, no deber ser más que una batalla particular. O un capricho mío. Sólo eso. Porque nuestra gran batalla, nuestra verdadera guerra es recuperar nuestra identidad. A ver si los futuribles dirigentes blancos nos devuelven la grandeza perdida. Por ello, espero y deseo el Florentino del 2000. El mismo que cambió el rumbo del club. El mismo con el que fuimos grandes en todos los aspectos, que no todo son resultados. Y que sea cuanto antes, pues, al ritmo que vamos, me estoy convirtiendo en un jodido nostálgico. No es mi intención pasarme el resto de mi vida contando batallitas. Quiero volver a revivirlas; quiero que mi equipo recupere el lugar que históricamente le corresponde. El cetro del fútbol mundial debe ser siempre blanco.

___________________________________________________


Actualizo la entrada:


Hoy media España futbolera celebra el pase a la final del FC Barcelona. La otra mitad refuña y maldice la potra culé y los fallos arbitrales.
.
Todos lo vimos ayer. El arbitraje de ayer fue horroroso, hasta tres penaltis no pitó el árbitro ayer. El Chelsea tuvo sus ocasiones para llevarse la eliminatoria; todo lo contrario que el Barça que tan sólo tuvo una y en tiempo de descuento. Le bastó con eso. Iniesta, el futbolista con más talento del Barça -es opinable, y yo opino- la metió por toda la escuadra. Golazo. Sin embargo, realmente, la victoria del Barça fue injusta e inmerecida, porque el Chelsea dominó el encuentro.

Pero quisiera hacer una breve reflexión. No somos nadie para poder quejarnos. Lo mejor es mantener la boca cerrada. Imaginen si en en vez del Barça fuese ayer el Madrid. Todos lo hubiéramos celebrado como locos. A ningún madridista le hubiera importado si el arbitro influyó o no en su contra; como tampoco nos habría molestado que su equipo fuera inferior en el juego. Porque estos partidos son los que se ganan por lo civil o por lo criminal.

Así que, madridistas, menos quejas fútiles y más mirarse el ombligo. Que tenemos muchas cosas por hacer. Aunque nos fastidie, dejemos en paz a la gente que hace las cosas bien.

miércoles, 29 de abril de 2009

Hablemos del Barça

Dejemos las cosas claras. Y desde el principio. El Barça es un buen equipo. Posee grandes jugadores y realiza un fútbol ofensivo y bien hecho. Es, además, un equipo que expone un mínimo trabajo táctico y físico. Su entrenador, a pesar de su condición de novato, presenta como principal argumento su ejercicio de la profesión como tal. O sea. No es un colega de los jugadores, ni es un monitor ni su psicólogo. Es un entrenador de fútbol que decide y ordena sobre sus jugadores: su autoridad en el vestuario es patente. Esto es fundamental para, por un lado, facilitar el trabajo entre cuerpo técnico y jugadores y, por otro lado, para evitar posibles roturas de vestuario. Añádesele la ferviente disposición de este año de los jugadores para comprender el gran año del Fútbol Club Barcelona.

Ésa es la realidad del equipo. Que, por cierto, no digo yo que no sea nada mala. Pero no es la que nos han querido vender todos. Ni por asomo este equipo es el mejor de la historia, ni da lecciones de fútbol ni es el equipo más guay y cool del globo terráqueo. A este bueno equipo nos lo han metido como algo que, de momento, no lo es. A este Barça todavía le falta. Para empezar, no ha ganado ningún título aún. Y van tres años en blanco. Segundo, su excelso y admirado sistema de juego tiene errores. Errores asumibles a Guardiola, por supuesto. Como por ejemplo, la malinterpretación de que los rivales le van a dejar. Eso provoca que, cuando equipos como el Madrid del Nou Camp, el Getafe de la primera vuelta, el Valencia del sábado o el Chelsea de ayer mismo, el Barça en vez de buscar soluciones y enfrentar a ello se atasca y se encasquilla. Es más, retoman su papel de victimista de toda la vida acusando al rival de equipo pequeño, de antifútbol y demás sinónimos. Y no es eso. No. Los grandes equipos que han practicado un fútbol ofensivo se han sobrepuesto a los que practicaban el opuesto sistema. He ahí el mérito y la grandeza. Dígase el Ajax del setenta, que barrió al Bayern de Beckenbauer. Dígase el Brasil del setenta contra Italia. Dígase también la España de Luís Aragonés.

Así que menos lobos, caperucitas. Menos llorar y más mirarse el ombligo. Sois buenos, no lo discute nadie, pero no sois invencibles. Vuestro sistema es perfectamente válido y lo utilizáis bien. Pero no es suficiente con eso. Los elogios recibidos durante todo el año no sé si os afectarán, pero tengo muy claro que han sido desmesurados. Y demasiado baratos. Será al final de la temporada cuando se ha de valorar a este equipo. Hasta el momento y en mi opinión, lo único que sois es un buen equipo pero sobrevaloradísimo. Sin embargo, en vuestra mano está que un humilde servidor se arrepienta de esta entrada.

lunes, 23 de marzo de 2009

Recta final

Ya sólo quedan diez jornadas para conocer el flamante campeón de Liga. Llega el momento de la verdad. Y se presenta, sinceramente, apasionante. Aunque tengo mis propias sospechas, no sé -ni yo ni nadie- el final de esta película. Todo puede ocurrir. Por poner ejemplos dispares, desde que el Madrid gane esta liga hasta que el Athletic baje a Segunda. Nada, o casi, importa lo hecho durante los últimos meses. Sólo vale ya lo que hagas en estas jornadas. El pasado poco tiene que ver; es el duro presente quien marcará y condicionará el porvenir de los veinte clubes españoles. Ya lo dijo hace un tiempo Luis Aragonés: "Poco importa lo que haga antes, lo que vale de verdad son las diez últimas jornadas".

El Barça es el que mejor tiene que interpretar la sentencia de Aragonés. Muchos dicen que este equipo quedará para el recuerdo. Déjenme que les diga que estoy en desacuerdo total. Si este equipo sólo gana la Copa del Rey no lo recordará ni su padre. Todo culé sabe de sobra que los títulos es lo único importante. Todo se reduce a eso. Como también es igual de cierto que ningún culé lo reconocerá: de perder esta Liga mentará la excusa de su brillantísimo y excelentísimo juego y a la potra del rival. Pero en el fondo, en su soledad, estarán jodidos. Así que, considerando que la Copa de Europa la tienen difícil y la Copa del Rey no cuenta, por el bien de los culés, mas le vale que no tiren esta Liga.

Por otro lado, está el Real Madrid, vivo y coleando, para inri de otros. A diferencia del Barça, no hizo nada en verano. Se han hecho las cosas rematadamente mal. Tiene menos mimbres que el Barça, menos argumentos que ofrecer. De hecho, en comparación, no tiene casi nada. La rutina de este curso ha estado marcado por los escándalos y los despropósitos. Ha superado la dimisión de un presidente, ha salvado la destitución de su entrenador y se ha rehecho de una plaga de lesiones; ahí lo tienen, a seis puntos del Barça. Es el Real Madrid, amigo. La competividad de este equipo está fuera de dudas. Muchísimo mérito tiene que la liga aún no esté acabada. Y de elogio será, se pongan como se pongan algunos, si consiguen esta Liga.

Sin embargo, para mí la temporada ha sido un fracaso absoluto. Está en su obligación pelear por este título, pero no compensará nada. De ganar, que no haya dudas: lo celebraré; me voy a reír de lo lindo este estío y a alguno que yo me sé le voy a hacer un merecido corte de mangas. Pero, en frío, reflexionando, cigarro en mano y en este blog, seguiré maldiciendo las penurias de este Madrid que me toca vivir.

lunes, 12 de enero de 2009

Análisis deportivo del Real Madrid

Tras por un instante creer anoche que Osasuna le iba a incar el diente al Barça me puse a pensar fríamente en las posibilidades del Real Madrid de salvar la temporada. La conclusión final es clara: sólo la Copa de Europa tapará el desastroso curso 08-09 deportivo, porque instuticionalmente es un fracaso sin paliativos. La Liga es bastante difícil pero no imposible. Pero un título es posible. Y ni estoy ebrio ni leo a Tomás Roncero a diario. Me explico.

El primer punto es olvidar por completo al Barça. Será un error gravísimo por parte del Real Madrid si se fija en el Barça, al menos a día de hoy. El Madrid sólo puede pensar en sí mismo. Partido a partido y sin perder ninguno, tiene que ir creciendo como conjunto. El equipo tiene que ir cogiendo solidez e ir poco a poco tapando y arreglando agujeros. Empezar con un orden defensivo es un buen comienzo. El doble pivote es todo un acierto por parte de Juande. Debe seguir una línea ascendente con el fin de plantearse un doble objetivo de aquí a mediados de febrero:

-Defender y mantener con holgura la segunda plaza.
-Presentar un equipo de garantías para la eliminatoria europea.

En primer lugar, el Madrid tiene que quitarse toda la mierda que tiene por detrás. Sería idóneo jugar contra el Liverpool teniendo al Sevilla a más de un partido de diferencia. Ahora se presenta un calendario favorable. Tenemos los encuentros cada semana, los rivales son muy asequibles y la mayoría de los partidos son en casa. Hasta el día del Liverpool, a saber: Osasuna (C), Deportivo (C), Numancia (F), Racing (C), Sporting (F) y Betis (C). Entre la ida y la vuelta, también tenemos rivales cómodos: Espanyol (F) y Atleti (C).

El Barça tiene el calendario muy parecido -ya saben, su rival es el próximo del Madrid- y, como se está viendo, es mucho más fiable que el Madrid. Conseguirá los próximos 18 puntos. No obstante, estoy convencido de que tendrá algún pinchazo. Me baso en que ellos tienen que disputar la Copa del Rey. Como su pase a cuartos es casi seguro, tendrán que jugar los cuartos, los cuales se juegan entre semana. Si el Madrid tiene seis partidos hasta la Copa de Europa, el Barça tendrá nueve. El desgaste de partidos, la posible relajación o confianza y las rotaciones que pueda hacer Guardiola si quiere que su equipo llegue entero a mayo pueden hacer mella. A mí, me basta con un sólo pinchazo. Lo justo para no tener una diferencia abismal ni humillante, y lo justo para no tenernos que hacernos pajas mentales ni soportar a la cofradía de Roncero y Toñín.

En segundo lugar, el Madrid tiene este año -en realidad, la tiene todos los años- la oportunidad histórica de hacer añicos todos los récords, portadas y mariconadas que se han dicho este año del Barça ganando la Copa de Europa. En el mejor año de su historia del Barça, el Madrid gana la Décima. ¿Se imaginan? Si el Madrid pasa contra el Liverpool, estaría ya a cinco noches -dos mágicas más final, concretamente- de ganar la Champions. Teniendo la segunda plaza consolidada, podría poner toda la carne en el asador en Europa. De ahí la importancia de ser segundos en Liga y con suficiente diferencia.

Sin embargo, si el Madrid no pasa, lamentablemente el Madrid dependerá del resultado europeo del Barça. Si el Barça pasa, la liga podría ser factible. El Barça lo tendrá complicado con tantos flancos abiertos: Liga, Copa y Europa. Creo yo que el Barça una temporada perfecta no puede tener, en algún momento le tocará fallar. Nosotros ya tuvimos nuestra mala racha. Les tocaría a ellos tenerla. Además, si nosotros hacemos las cosas bien -o sea, ganar, ganar y volver a ganar- les entrará el acongoje histórico culé: madriditis. Pero si el Barça cae en Europa, olvidémonos de la Liga. Sería misión imposible, me costaría bastante creer que el Barça eche a perder esta temporada. Si queremos salvar la temporada, más nos vale ganarle al Liverpool por si Benzemá la arma en Can Barça.