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domingo, 19 de enero de 2014

El Madrid vence al Gipuzkoa Basket y firma el mejor inicio de la historia de la ACB


El Real Madrid cosechó un nuevo récord al vencer por 65-76 al Gipuzkoa Basket: las 16 victorias ligueras (y ninguna derrota) suponen el mejor inicio en la historia de la era ACB. Su última víctima nunca se rindió pese a un mal comienzo que le lastró durante todo el partido. El conjunto donostiarra no pudo asegurar la clasificación para la Copa del Rey, pero tendrá otra oportunidad en el próximo encuentro frente al Tuenti Móvil Estudiantes. El triunfo del Madrid certificó el honorífico título de campeón de inverno de la Liga Endesa a falta de una jornada para el final de la primera vuelta. Sergio Llull (18 puntos) tomó el mando exterior en ausencia de Carroll con cuatro triples y lideró la victoria blanca número 31 de la temporada, todas ellas conseguidas de forma consecutiva.

El primer cuarto declinó la balanza del partido. El Gizpukua Basket no hizo gala a su fama defensiva y concedió muchas facilidades al Madrid. Llull penetraba y tiraba solo; el equipo merengue, dirigido por el hoy titular Draper, jugaba fluido y cómodo; se sucedían los tiros sin oposición. Todos los integrantes del quinteto inicial anotaron; demasiado fácil para el mejor ataque de la Liga, incomprensible para la segunda mejor defensa. “No nos podemos permitir acabar el primer cuarto con una falta. Salid a por ellos”, clamaba Sito Alonso a sus jugadores en un tiempo muerto. Tampoco el ataque guipuzcoano estaba siendo fértil. Los triples no entraban y el Donostia Arena echaba de menos a su tirador, Jason Robinson, baja por lesión. El Real Madrid abría brecha con 12-23 en diez minutos.

Reaccionó el Gipuzkoa Basket y salió en el segundo cuarto decidido a frenar el avance madridista. La agresividad que exigía Sito se transformó en dos faltas en dos minutos; en menos de cinco minutos el Madrid se colocó en bonus. El juego se obstruía, los ataques se atrofiaron y el marcador aminoró su velocidad. El Gizpukua lograba uno de sus propósitos, pero faltaba el otro: anotar. El Madrid no se despegaba, pero tampoco se acercaba el equipo vasco. Solo Neto encontró ideas, ayudado en la pintura por David Doblas, pero ambos chocaron ante la respuesta de Sergio Rodríguez que, fiel a su cita con el segundo cuarto, destrozó la defensa guipuzcoana con 8 puntos y mantuvo al Real Madrid a más de diez puntos: 28-37 al descanso.

Sergio Llull entró de nuevo en escena tras la reanudación con dos canastas y una asistencia. En el otro lado, Doblas se adueñaba de los tableros. No hubo manera de contener al bravo capitán cántabro, que concluyó el encuentro con 16 puntos y 10 rebotes. Fue la única hendidura blanca, donde el Gizpukua le hizo daño. Se aproximó a siete puntos, pero un rebote en ataque de Mirotic, un triple lejano de Rudy y un contragolpe dirigido por el mariscal Llull y liquidado con un mate de Rudy desactivaron todo intento de acercamiento guipuzcoano. Tres acciones consecutivas y el Madrid obtenía la máxima distancia: 36-52. Otra vez amenazaba el Real Madrid con despachar el choque y otra vez Sito se vía obligado a pedir tiempo para recomponer a los suyos. Doblas no cedió en su empeño por perforar la zona madridista, Bourousis se cargó con cuatro faltas y el Gipuzkoa llegó vivo al último cuarto, todavía con esperanzas: 49-58.

La hinchada del Donostia Arena apretó entusiasmada cuando su equipo se puso otra vez a siete puntos y con siete minutos por jugar. Aparecieron Winchester y Hanley, inéditos durante casi todo el encuentro, y resistía el pulso el Gipuzkoa, pero fue una vana ilusión. Como si lo tuviera planificado, como si esperara paciente a su presa, como tantas veces ha hecho a lo largo de la temporada, el Madrid desplegó su artillería en el momento justo y zanjó el duelo. Esta vez ejecutó a su rival mediante Rudy Fernández: encestó tras cargar un rebote ofensivo para situar al Madrid a nueve puntos de diferencia y después masacró la zona vasca con un triple cuando restaban cuatro minutos para el pitido final. Y Reyes convirtió dos tiros libres. El Madrid había matado el partido para desolación de la afición local. El récord había caído. No hubo más incidencia más allá de maquillar el resultado en vista del pase de Copa. Octavo clasificado y con un 'basket average' de +55, el Gipuzkoa Basket depende de sí mismo para estar en Málaga.

domingo, 27 de enero de 2013

El Elche aplasta al Hércules

                               Edu Bedia se lamenta mientras los futbolistas del Elche festejan el primer tanto del partido
                                                                               FOTO DIARIO INFORMACIÓN

No goleó porque no quiso. El Elche doblegó ayer al Hércules con una demostración aplastante de velocidad e intensidad. El conjunto blanquiazul capituló sin oponer resistencia ante la incontestable superioridad del líder de la Segunda División. Xumetra se erigió en el mejor del partido con un tanto y una asistencia a Corominas. La victoria ilicitana en el derbi es otra muesca más de una temporada feliz y exitosa de un equipo y una ciudad que ya divisa el ascenso a Primera División.

Elche era ayer una fiesta. Horas antes del pitido inicial, los aledaños del estadio Martínez Valero recibían la estruendosa y alegre llegada de los aficionados ilicitanos. El ambiente respiraba un día especial para una ciudad que vive un año de ensueño. Rostros sonrientes, cánticos y alguna que otra burla al rival, la hinchada acudía al clásico provincial más optimista de los últimos años.

El estadio no se llenó, pero registró la mejor entrada del año. 17.827 espectadores, según fuentes oficiales, propiciaron que el Martínez Valero luciera su mejor aspecto. En el anillo superior de la grada noroeste se situó la afición del Hércules. Más de 1.500 seguidores blanquiazules animaron sin cesar a su equipo durante todo el partido, incluso en los peores momentos. El comportamiento de las dos aficiones, en un encuentro declarado de alto riesgo, fue ejemplar. No hubo incidentes.

Los pronósticos esperados se cumplieron pese a las dudas que surgieron por los últimos resultados de los equipos contendientes. El Elche se asomó al derbi con dos empates mientras el Hércules lo hizo con dos triunfos consecutivos que supieron a gloria en un año nefasto, embarrado en la penúltima posición de la tabla. Pero el derbi resultó ser un reflejo de la temporada que están realizando. El conjunto franjiverde ejerció de líder indiscutible y los 33 puntos que le separan de su rival quedaron plasmados ayer en el terreno de juego.

Acierta Fran Escribà
Apoyado en los últimos encuentros, Quique Hernández, técnico herculano, repitió alineación y optó por alejar la defensa de su área y por buscar la posesión de la pelota como principales armas contra el líder de la categoría. En cambio, el técnico ilicitano, Fran Escribà, modificó su once habitual e incluyó al centrocampista Aarón Ñíguez en detrimento del nueve del Elche, Berry Powel. El Elche apostaba por un ataque veloz y dinámico para evitar que los centrales rivales tuvieran una referencia definida.

Muy pronto se comprobó que la batalla táctica se declinaría hacia el lado local. El Elche presionaba con fuerza a un Hércules que tocaba la pelota sin peligro. El equipo local dotó de una vehemente intensidad a todas sus acciones y Aarón se apropió de las primeras ocasiones. Un tiro lejano desde la media luna en el minuto 17 y otro, en el 22, y que requirió la intervención de Falcón, portero herculano, mostraron la incipiente supremacía del Elche. La movilidad y rapidez de los jugadores franjiverdes estaba haciendo daño al Hércules.

El Hércules poco a poco perdía el control del partido. El centro del centro del campo blanquiazul no encontraba el modo de conectar con sus atacantes. Fue el día en que Rivas y Mario Rosas nunca supieron qué hacer con la pelota, asfixiados por la presión ilicitana. El Elche empujaba, robaba y abría la pelota a las bandas, ocupadas por Xumetra y Fidel, que perforaban como puñales con sus internadas a la defensa herculana.

Aparece Xumetra
De nuevo en otro ataque ilicitano, en el minuto 35, Corominas buscó la pared en corto con Generelo, que ve el aclarado y le devuelve la pelota con un exquisito pase. Pero quien aparece no es Corominas, sino Xumetra, que rompe a la defensa herculana volando a velocidad de crucero, se planta solo ante el portero y define con elegancia. El gol recompensaba los méritos del Elche, claro dominador del partido.

Si la respuesta del Hércules pasaba por cambiar el rumbo tras el descanso, esta nunca tuvo oportunidad de manifestarse porque a los pocos minutos de la reanudación de la segunda parte el Elche sentenció el partido. Xumetra, el héroe de la noche, condujo un contragolpe de vértigo y cedió a placer a Corominas. El ayer nueve del Elche controló mal, pero su rapidez le permitió armar de nuevo y disparó antes de que los defensas pudieran arrebatarle la pelota. El tanto propició el atronador delirio la grada.

La clemencia del Elche
El gol dejó al Hércules contra las cuerdas. Otro galopada iniciada por Corominas puso en bandeja a Aarón el tercer tanto, pero Falcón detuvo. Y, sin embargo, el Elche paró. Aun con un Hércules rendido y abatido, el líder levantó el pie y no quiso hacer sangre. Decidió ahorrar fuerzas para futuras batallas y gestionó la media hora final con un fútbol control y prudente. En su noche perfecta de su impecable temporada y ante su odiado rival, el Elche tuvo piedad.

La compasión ilicitana no pareció molestarle a su afición, que coreaba y festejaba la victoria. Se trata del undécimo triunfo seguido en el Martínez Valero, un feudo inabordable durante todo el curso para sus rivales y que ayer tronaba de alegría con sus vítores. Sobre todo irradiaba felicidad absoluta. Queda todavía una vuelta entera, pero ya se sienten en Primera.

lunes, 12 de abril de 2010

Certezas que se (re)confirman


A todas luces el clásico en el Bernabéu de la presente temporada resultaba trascendental para los intereses de los dos equipos que disputan por la Liga. La victoria de uno sobre el otro, añadido de la diferencia de goles particular -existiendo traducción, desterremos, por favor, el término gol average-, conllevaba sentenciar el campeonato nacional liguero. Como así fue: aunque enfermizos optimistas o maliciosos engañabobos -como prefieran- se nieguen a admitir tan tajante aseveración, aludiendo al supuestamente desfavorable calendario culé, lo cierto es que el Barça, salvo catástrofe, conseguirá su vigésima Liga española. Sin embargo, el encuentro entre el Real y el Barça no mostró tan sólo quién sería el vencedor del clásico y consecuentemente del título; sino mucho más, el partido del sábado solventó a la perfección la auténtica realidad de ambos clubes.

Por un lado, por los de blanco, se vio a un equipo compuesto de excelsos jugadores, de celebridad y fama sobradamente reconocida, con calidad y talento a raudales y del que se subyace un amplio potencial; pero también se discierne una escuadra joven, recién nacida y conjuntada esta misma temporada, sin antecedentes, sin pasado y casi sin presente y agravada, por tanto, por tales inconvenientes y todo lo que ello suscita. Por otro lado, por los azulgrana, se vio a un conjunto brillante en su forma y su fondo, de igual o mayor notoriedad que su rival; sin embargo, en su contenido se descubre un equipo compacto y brillante, del que sin duda todo su deslumbrante virtuosismo trasluce un trabajo laborioso y largo como respuesta a sus célebres resultados.

El Real Madrid realizó un buen planteamiento, estudió al Barça; le presionó arriba y bien, juntó líneas y confió el ataque a su poderosa pegada. Pero si bien el Madrid se tomó en serio el partido, más aún si cabe se preparó a consciencia el Barça: sabedor de que cómo le iba a hacer daño el Madrid, se fraguó en altos niveles de competitividad. En el centro del campo estuvo la clave, quien lo dominase controlaba el partido. Y fue ahí, en la reñida y combatida batalla por el dominio del juego donde se demostró quién lleva más tablas: el Barça hizo valer su fútbol contrastado, tantas veces practicado y tan bien ejecutado; así como se notó la experiencia de quien ha jugado finales y partidos importantísimos. Conquistado el centro del campo y el balón pues, sólo había que esperar el despiste merengue. No era un partido para tomar riesgos innecesarios. Minuto treinta y dos, falta que saca rápido y en corto que descoloca la formación del Real, Messi, pared mediante, recibe un pase magistral de Xavi que el argentino no perdona. Primera ocasión, primer gol.

En la segunda parte el dominio culé se acentuó aún más. Con firme determinación en su idea y paciencia llegó el segundo y definitivo gol barcelonista. La indecisión de Arbeloa se pagó cara: Pedrito anota solo ante Casillas tras otra genial asistencia de Xavi. Con el cero dos en contra, el Madrid intentó desarbolarse y fruto de ello ocasiones tuvo, pero muy tímidas, sin generar un peligro constante y real. El Barça mantuvo el orden y el equilibrio, la autoridad culé no se rebajó en ningún momento, no perdieron jamás el control del encuentro, tal y como ellos plantearon: seriedad y seguridad, sin descuidos, sin errores. Piqué y Puyol estuvieron francamente bien ante las acometidas madridistas. Sólo hubo un error culé: en un fallido intento de tirar el fuera de juego, Van de Vaart se quedó solo ante Valdés, una ocasión clarísima, inapelable, que sin embargó el cancerbero culé consiguió arrebatar. No seré yo quien diga a Del Bosque cómo hacer su trabajo -error que cometí en el pasado-, pero realmente la internacionalidad sería un justísimo reconocimiento por su excelente campaña.

Al final bastó con eso, con sólo dos ocasiones finalizadas. Fue, por tanto, una victoria trabajada, luchada y peleada; desde el punto de vista del espectador puede que pareciera demasiado fácil, sin ir más lejos, al diario catalán y culé Mundo Deportivo le pareció un baño (!), sin embargo fue todo lo contrario. El Barça tuvo que imprimir un mayor repertorio de juego, ajustarse al rival. Eso habla del empaque del Real; pero también muestra que el fútbol del Barça es a ciencia exacta el mejor realizado de todo el mundo -sobre la belleza y el arte que su fútbol pueda desprender se lo dejo a los cursis-, el más eficaz, el que mejor compite hoy en día. El peleón y correoso pero imberbe Madrid perdió ante el curtido y maduro Barça.

Un clásico radicalmente distinto al disputado hace menos de un año, al dos seis. El Real nada se parece al del año pasado: jugó un partido digno, con holgura, para nada regaló a su adversario la victoria. Asimismo, este equipo es infinamente mejor que el de Juande Ramos, y no sólo jugador por jugador -caso que resulta evidente-, sino que juega mejor y que progresa conforme pasan los partidos y con una plantilla bien diseñada que llama al optimismo de cara al futuro. ¿El problema? Que aun con todas las mejoras, sigue estando por debajo del Barça. A fin de cuentas, el Real Madrid no ganó por una razón muy sencilla: el Barça es superior. ¿Por qué? Porque le saca seis años de trabajo al Real Madrid. Esto es así de fácil. Mientras el Real está en el primer año de su proyecto -y dios quiera que no se lo carguen: Pellegrini debe seguir-, el Barça está en su máximo esplendor de juego y resultados. Ésa es la realidad.

Por consiguiente, el FC Barcelona encarrila un título que difícilmente se le escapará; mantiene así el nivel competitivo y el carácter ganador y centra sus objetivos en la competición más prestigiosa del fútbol profesional: la Copa de Europa. Porque, sin duda, está en el mejor momento de su historia. Por más que determinados aficionados culés y cierta prensa perfectamente reconocible tengan tan pobres y cortas miras, siempre ancladas en su archienemigo de la meseta, lo cierto es que tutean a la historia: el Barça está en camino de dictar una hegemonía mundial -palabras mayores-. Mientras que la élite del fútbol, los Manchesteres, Ínteres, Chelseas y demás pelean por los títulos y el reconocimiento del presente, el Barça lo hace por inscribir su nombre con letras de oro en la historia, alcanzar, así pues, la gloria eterna que se le otorga a los pocos que han conseguido marca una época en el fútbol. Si se confirma la consecución de la Copa de Europa por parte del Barça, no habrá sino realizar un punto y aparte a la hora de clasificar a esta mitad de final de década que ya finaliza, mencionarla y registrarla como la época imperial del Fútbol Club Barcelona, toda suya. Tres Copas de Europa en cinco años sería una proeza digna de los grandes de la historia.

domingo, 4 de octubre de 2009

Algunos apuntes del Sevilla - Real Madrid


Estoy descuidando mucho últimamente el blog. Así que aprovecho el rato que tengo tras ver, animar, sufrir y mencionar a la madre de muchos en el partido del Plus para exponer mis impresiones. Por supuesto que esto no es una crónica, esto es, seré intencionadamente subjetivo. Aunque bien pensado: ¡que alguien me muestre una crónica objetiva en la prensa! ¡Pagaría por ellas!
Hemos perdido. Y sin excusas. A todos los pensadores, analistas y demás sabiondos del deporte que proclaman que la derrota a veces viene bien, les diré de manera rotunda que no son madridistas. Así que desconfíen de ellos, ignórenles. El Real Madrid jamás debe perder, nunca se debería de dar semejante circunstancia en nuestra rutinaria y tranquila vida. Jameis, never, nie. Aquí, en este equipo, los debates y coloquios, las discusiones, los intercambios de opiniones; así como las críticas, los reproches y las mentadas de madre correspondientes se hacen siempre partiendo de la victoria. Al que no entienda eso le rogaría que se hiciera de otro equipo, si no es mucha molestia.
Vaya por delante un aviso: esta entrada puede pecar de alarmista y demagoga. Por ello, les indico que, en el caso de observar dicho tono, lo focalicen en detalles y puntos concretos. De ningún modo en el fondo y contenido. Quiero decir con esto que confío plenamente en este equipo, en Pellegrini y en Valdano. Creo en el proyecto. Y por supuesto, aunque tal vez la entrada muestre lo contrario, que soy de los que piden paciencia y tiempo. Por coherencia y sentido común, nada más.
Primero y lo más importante de todo: Maldito sea Raúl. Otra vez con lo mismo. Se continúa cometiendo la más grande y gorda equivocación del Real Madrid en su último lustro; error que debería entrar con mayúscula en la historia negra del Madrid. Ni leyenda negra ni Franco ni leches. Uno de los grandes puntos oscuros de la gloriosa historia del Madrid ha sido el inexplicable empeño de colocar en la titularidad a un futbolista literalmente acabado.
Primer partido serio y otra vez con el caduco Raúl en el once. En otras palabras, nos enfrentamos a un rival duro y nosotros le otorgamos la singular ventaja de jugar con uno menos. ¿No querían emoción? Pues nada, ahí la tienen.
¿No se podía haber quedado en Copenhague?
Realmente, el asunto Raúl es muy cansino. Y desesperante.
Segundo: Qué bueno es el negro; qué grande que es Diarrá. El partido de Mahamadu Diarrá ante el Sevilla, considerando algunos detalles sin importancia como la dureza y competitividad del rival, como que el propio futbolista lleva tiempo sin ritmo de competición, como que está en un equipo en construcción, como... Qué coño. Sin matices ni tonterías: Diarrá ha estado de puta madre. Inconmensurable.
Tercero: I believe in Pellegrini. Creo en el chileno, como decía líneas atrás. Me parece un señor inteligente y cabal, al margen de que es un buen entrenador. Por ello y por innumerables motivos más, estoy dispuesto a darle todo el crédito del mundo. Lo defenderé a capa y espada; hasta que la razón y/o la lógica me lo impida. Pero tal hecho no quita que esté un poco mosca con determinadas decisiones suyas. Para empezar: debería ser más pragmático con Raúl. Al banquillo sí o sí. Sin medias tintas. Creo, además, y esto lo digo con humildad, que el método y la forma de jugar al fútbol que está implantando al Real Madrid, trabajo arduo y complejo y que llevará meses -dicho sea de paso-, tendría una progresión más rápida y productiva si apostara por un centrocampista -volante- en detrimento de un delantero. Y, finalmente, hoy creo que no ha estado fino con los cambios.
Cuarto: Una vez me dijeron que no tenía ni puta idea de fútbol por afirmar que prefería en el puesto del lateral izquierdo a Heinze antes que a Marcelo. Que para mí, añadí, rendía mejor de extremo. Tal vez tuvieran razón, pero Marcelo no mejora en labores defensivas. Todos los esfuerzos del brasileño se van al garete en cuanto se enfrenta a un digno adversario. Hoy ha estado horrible. Y ya debería de saber manejárselas él solito. Que el bueno de Diarrá no va a estar siempre para ayudarle.
Quinto: ya leo y escucho críticas hacia Xabi Alonso. Efectivamente hoy no ha jugado bien, no se lo voy a negar a ustedes. Pero lo veo como algo normal y totalmente comprensible. El rendimiento del vasco irá en función del juego del Madrid. Si Alonso juega bien, el Real Madrid también. Lo mismo ocurre con el Xavi catalán: es imposible que el Barça juegue bien con un Xavi nefasto. Sus roles, sus labores, su juego en definitiva, van de la mano del juego del equipo. Y viceversa. Así lo exime su posición. Todo lo contrario que en otras desmarcaciones, como la de un delantero.
Naturalmente, el Madrid no ha jugado bien en el Sánchez Pizjúan. He ahí una de las razones de la derrota.
Sexto: Tenía pensada una larga entrada sobre Casillas. Y no hablaba precisamente bien del mostoleño. Sin embargo, por su partido de hoy la aplazaré. Bien Casillas, bien. Sigue cerrando mi boca, no pares.
Séptimo y breve: A Higuaín se lo están cargando. Benzemá será un crack, no duden. El partido de hoy no era para Guti; al menos de titular no, de revulsivo la cosa hubiera sido bien distinta. ¡Qué! ¿Es bueno Cristiano Ronaldo o no? Cómo me gusta ver a Florentino en el palco: no merece sufrir, ¡por todo lo que ha hecho el Madrid debería de ganar todos los partidos del año y por goleadas!
Y por último les doy un consejo, que nunca viene mal. Ni se les ocurra mañana -por hoy cuando lean esto- leer un maldito periódico. Con la derrota del Madrid, salen de sus cavernas las garrapatas de siempre. No abran un diario deportivo, no pongan la tele, quítenles las pilas al transistor. Busquen y lean, en cambio, por la blogosfera. DRJ, Luisi, Chechu, Blanco Doble, Wolllen y demás les explicarán todo lo que necesitan saber.

jueves, 26 de febrero de 2009

El Liverpool y una pardillada

Puntualizo. Antes de todo, quiero dejar claro que este texto es una modesta opinión de un joven aficionado. No tengo los conocimientos mínimos ni he visto el fútbol suficiente para plasmar aquí el porqué de la derrota del Madrid ayer. Digo esto porque tal vez esta entrada pueda sonar oportunista y muy ventajista. Expongo aquí mi particular punto de vista del partido de ayer, con mis críticas y mis reproches. Podría también rajar y lanzar impropios a los jugadores y técnicos del Madrid sin piedad alguna, pero me voy a calmar. Porque creo que todo esto ha sido muy simple. El análisis y conclusión del encuentro está claramente condicionado por la derrota. De no perder, se pensaría y se comentaría de otra forma. Sinceramente, cómo escuecen las derrotas en el Madrid.

La crónica. El partido de ayer lo perdió el Madrid por dos cosas: porque enfrente estaba el Liverpool y por una pardillada de un futbolista blanco. Equipos como el Liverpool no los hay en España desde los tiempos del Valencia y el Depor. Los actuales clubes españoles son buenos técnicamente pero inferiores, por ejemplo, a los equipos italianos -incluidas medianías- desde el punto de vista táctico. Así pues, el Madrid se enfrentó a lo desconocido, a lo inédito en la competición casera, a una auténtica tela de araña roja: imposible de romper, difícil de arañar. A ello hay que sumar el trabajo y la experiencia del Liverpool, que sigue un método, un plan desde hace 5 años; por el contrario, el Madrid presentó un ¿estilo? de 2 meses. Por ahí perdió el Madrid. Y perdió también por una inútil falta cometida por Heinze, la cual fue mal defendida y significó la victoria inglesa.

El Liverpool no engañó a nadie. El Liverpool entregó la pelota al equipo local y rápidamente enseñó sus cartas al Madrid: en defensa, no entraréis, no podréis hacernos daño, sois niños jugando con mayores; en ataque, estamos mermados, colega, no tenemos ni a Gerrard ni a Torres, así que iremos al contragolpe y a las jugadas a balón parado; eso haremos, Madrid. Y así fue. El Madrid no tiene soluciones ofensivas reales contra este Liverpool: Robben se dio cuenta que no es lo mismo regatear a jugadores del Sporting o del Mallorca que intentar irse de jugadores de alto nivel. Mascherano estuvo inmenso ayer en las ayudas y coberturas a los laterales. Higuaín estuvo demasiado solo, mucha responsabilidad para su edad y rendimiento tuvo ayer. Raúl volvió a ser un cero a la izquierda y Marcelo, simplemente no desentonó. Ni ayudó ni erró. El Liverpool, a lomos de su imperial centro del campo, con Mascherano y Xabi Alonso como mariscales, manejó todo el partido. En el ataque rojo, efectivamente, no tenían su día. Torres estaba cojo y la ausencia de Gerrard se notó. El contragolpe no fue su arma ayer; Pepe, Cannavaro y Lass estuvieron bien. Su única posibilidad residía en un fallo del rival o una jugada a balón parado. Como así ocurrió.

Juande leyó mal. Ante esto, el Madrid necesitaba, junto a Robben y Ramos, a Cristiano Ronaldo y a Roberto Carlos. Intentar desactivar con calidad y velocidad al Liverpool por fuera, nunca por dentro, pues era imposible. ¡Ah, no! Que no tenemos esos jugadores. Una lástima. No obstante, a falta de recursos técnicos y físicos, es decir, a falta de plantilla de alto nivel, el Madrid tenía que haber sido más listo. Sacar o, por lo menos, intentar obtener petróleo de su limitada plantilla. Dar por bueno el 0-0 era una posibilidad lógica. No permitir nunca el gol rival e intentar por otros medios el gol madridista, aunque éste no era prioritario. Más urgente era mantener la portería a cero. ¿Por qué no buscamos nosotros el gol a través del contragolpe y jugadas estratégicas? Juande apostó por Guti. Error. Por el centro del campo no iba a conseguir nada el Madrid. Nada. Y menos con Guti. Hubiera sido más preferible Sneider: habríamos ganado en verticalidad y en opciones a balón parado. Pero Juande ni lo intentó. Se equivocó.

Se lo hemos puesto en bandeja. Visto lo visto y viendo lo que hay, que el Madrid fuera a Anfield con un empate sin goles era un excelente resultado. El Liverpool se vería obligado a abrirse y generar espacios, tendría que ir a buscar el gol local, esto es, el Madrid -ya que no es malo su defensa ni su centro del campo en labores defensivas- podría esperarle con comodidad para matarlo a la contra. Un solo gol podía bastar. Pues no, resulta que no. Un jugador de la experiencia de Heinze no puede cometer en forma alguna -Rey dixit- una falta como la que inexplicablemente cometió: sin motivo aparante, sin necesidad alguna. Como tampoco se puede permitir que Benayoun, 1.73 m de estatura, remate solo y fácil. Y el portero a verlas venir. Por culpa de esto hemos sentenciado casi la eliminatoria. Ahora la pelota está en el tejado del Liverpool. Seremos nosotros los obligados a buscar el gol, con ellos arropados atrás, cómodos y en su salsa, con Gerrard y Torres-esta vez sí- en forma y con la grandiosa afición del Liverpool tronando.