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martes, 2 de abril de 2013

La virtud del mito nunca se toca


Ha vuelto a ocurrir. "Lo que sucede con Iker Casillas es humillante y una desgracia para el Real Madrid", afirmó ayer rotundamente Santiago Segurola en su charla digital en 'marca.com'. Se repite la historia. Nuestro periodismo deportivo, esta vez mediante su estandarte más ilustre, vuelve a cubrir las espaldas al ídolo nacional cuando sufre su primer aviso de vulnerabilidad. Así sucedió exactamente durante todo el ocaso de Raúl, a quien se le defendió hasta las últimas consecuencias, aun cuando su estado -futbolístico, se entiende- distaba a años luz de la élite.

Seré claro: señalo -denuncio- la semejanza en el tratamiento dado a los dos mitos en esta etapa especial de su carrera. No quiero, para nada, establecer una comparación directa entre Casillas con Raúl, pues no procede todavía. Mientras el delantero tuvo cinco años horribles, Casillas sólo ha mostrado cinco meses de rendimiento discutible. Mourinho reaccionó y le envió al banquillo. Un mensaje contundente; opinable en las formas, verificado en razones. El resto es la embaucadora historia que ustedes conocen: Adán no fue titular porque estaba en mejor estado de forma que Iker, sino por demérito de este. El objetivo era llamar la atención al portero titular y buscar una respuesta; Adán, pese a su titularidad, no cambiaba su estatus de suplente. La desdicha tuvo que aparecer: Adán fue expulsado, Casillas regresó al once obligado por las circunstancias y, la ironía se retorció aún más, se lesionó. Pero Adán no pudo ser titular ante Diego López porque simplemente nunca existió esa posibilidad.

Alfredo Relaño atacaba a los instintos primarios del lector madridista. Imagine que el Madrid se queda sin Cristiano Ronaldo durante dos meses. Imagine que Callejón ocupa su puesto. Imagine que el canterano juega fenomenal. ¿Tendrían ustedes dudas de la reaparición de Cristiano en la alineación?, remata. Lo cierto es que su tesis, absolutamente tendenciosa, se desmonta sola. En primer término, por incompatibilidad, porque no se sitúan en igualdad de condiciones. La posición de jugador de campo de Cristiano ofrece mil variantes por la irremediable y única decisión de seleccionar a un portero. Se inventaría una fórmula que aunara a los dos futbolistas y que beneficiase al grupo. Y segundo, porque el director de 'As' obvia, o quiere obviar, que la lesión de Casillas coincidió con un flojo rédito deportivo. Si Casillas cayera en desgracia rindiendo a un nivel estratosférico (Relaño lo ha comparado con Cristiano, subrayemos eso), por supuesto que habría que preservar el derecho a recuperar la titularidad. Es más, el debate podría parecer razonable.

La oposición de la prensa deportiva española causa vergonzante estupor. 'Marca' y 'As', juntos en la misma batalla. Como en los viejos tiempos. Actúan con desmedida vehemencia y mezquino fundamentalismo; como -muy- temerosos de perder un bien preciado, como si la virtud de sus mitos fuera inviolable e imperecedera. Pero lo cierto es que el periodismo deportivo gestiona funestamente el declive de los grandes. Ese no es el camino. No se trata de minusvalorar la intachable hoja de servicios de Casillas al madridismo. Al contrario: titular o suplente, sigue siendo una leyenda del club. Nadie duda del talento, de su calidad y de su vigor. Ni siquiera de su voluntad y fe (murmuran sobre presuntos topos y sobre camas al entrenador, que no creo personalmente). Sino del nivel competitivo actual, de su estado de forma y su rendimiento. En el verbo deportivo, siempre conjugado en presente, está la diferencia: no se trata de ser el mejor, sino de estar mejor. Es el prisma en el que se basa la meritocracia, instaurado por Mourinho. El Madrid no debería permitir que sus viejas glorias se conviertan en rémoras. Verbigracia, Bernabéu no renovó a DiStéfano y a los dos años se consiguió la sexta Copa de Europa. 

jueves, 28 de junio de 2012

España: talento, estilo y competitividad


España disputará la final de la Eurocopa 2012. La selección se coloca a un paso de ser el primer equipo en la historia en ganar tres entorchados internacionales de manera consecutiva. La victoria ante Portugal certifica el excelente estado de salud del fútbol español, que tendrá el domingo la oportunidad de alargar su indiscutible hegemonía mundial. Quién nos lo iba a decir, a nosotros, que durante años padecimos el dolor de la derrota y la losa del fracaso. ¿Qué ha cambiado? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Es esta una reflexión muy personal y que en tiempos donde todo se analiza y opina, me resisto a no ser menos, que para algo el blog es mío. Al fin y al cabo todos los españoles tenemos un tertuliano dentro -y, por traslación, somos seleccionadores también-.

Conviene, para ello, echar un vistazo con perspectiva a nuestro pasado: conocer la historia para comprender el presente. Históricamente, las prematuras eliminaciones en Eurocopas y Mundiales se achacaron a detalles muy concretos, estereotipados en el siempre recurso fácil de la 'mala suerte'. Un penalti, un árbitro, una cantada. Un fatalismo, tan simple, tan impreciso y tan español, que ha ocultado durante toda una vida las causas reales de los fracasos españoles. Me niego a aceptar que el éxito sea fruto única y exclusivamente de la suerte que nunca que tuvimos. Esta España no gana sólo porque esta vez un futbolista sí mete el penalti, el árbitro no le perjudica y los astros no conspiran contra nosotros. Talento, estilo y competitividad; esas son las mías.

El primer factor es la abundancia de talento en los jugadores. España goza hoy de los mejores jugadores del mundo; el once titular está compuesto por futbolistas que dominan todos los registros en su posición. Casillas, Puyol, Piqué, Ramos, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Villa y Torres son los mejores en sus demarcaciones. Antaño, seamos serios y con la salvedad del combinado de Chile 62, los equipos españoles apenas contaban con un par de jugadores de talla mundial. El resto eran futbolistas de perfil medio-alto, sobrevalorados por la prensa, medianos y vulgares en su conjunto. Hace diez años, España jugaba con un Raúl y diez Capdevilas. Hoy lo hace con diez Raúles y un Capdevila. El empeño de nuestra selección a lo largo de la historia es muy loable, pero los mediocres no triunfan. España nunca tuvo una generación brillante. Hoy es una fábrica incombustible de jugadores dotados para el más alto nivel.

Pero no basta con tener futbolistas excepcionales. En Chile 62, España reunió a un elenco de estrellas que cayó en cuartos de final (Di Stéfano, Puskas, Gento y Luis Suárez, entre otros). Un estilo de juego definido es la clave del éxito en el deporte colectivo. Un plan de juego cohesionado y bien ejecutado supone la principal razón del triunfo final en el fútbol. En una liga, el factor competitivo se reduce a partidos puntuales, un Madrid-Barça, un partido complicado fuera de casa, pero la dinámica ganadora la otorga el estilo. Sin una idea clara de juego, es imposible ganar. En España hemos conjugado el pundonor y la raza de la 'furia' española de los setenta con el preciosista pero frágil y efímera de la España de Muñoz de los ochenta, pasando por el cerrojazo de Clemente de los noventa y terminando en el anacrónico fútbol de Camacho, bandas y extremos puros, con Urzaiz al remate. Los bandazos históricos en el juego español impidieron la estabilidad de un estilo: una lacra que parecía interminable. Hasta que llegó Aragonés, a quien nunca se le valorará como se merece, denostado todavía por muchos, paradigma moderno del clásico héroe español.

Luis Aragonés lo vio claro. Con suma inteligencia optó por el fútbol que mejor se adaptaba a las cualidades de los mejores futbolistas españoles. Nuestra virtud, nuestra diferencia con el resto del mundo, estaba en el fútbol de toque y posesión. Aquello de que "España no tiene condición física de base" no era ninguna tontería. Nuestra materia prima estaba en el juego combinativo y asociativo. El mérito de Aragonés es aún mayor si observamos que nunca había entrenado equipos con estas características -recuerden: el 'Sabio de Hortaleza' era famoso por su fútbol de contragolpe-. Aragonés confeccionó el equipo para ello, lo llenó de mediocentros y desterró las bandas. Erigió a un entonces intrascendente Xavi como piedra angular del proyecto. Pero aquello requería tiempo y paciencia; los equipos no se construyen en dos meses, máxime en el ámbito internacional, donde no existe el entrenamiento diario. Y, sobre todo, requería foguearse en la alta competición. La primera gran prueba de fuego llegó en Alemania 06, donde la selección dio una exhibición de buen fútbol en la primera fase, pero en octavos bastó una selección ordenada y seria como Francia para volver a pisar la lona.

Aquella eliminatoria ante los galos supuso un punto de inflexión para Luis Aragonés. Había llegado el primer examen y, por tanto, tocaba el momento del balance. Reforzó lo que funcionaba y desterró las debilidades. Futbolistas como Xavi y Villa se hicieron intocables; Raúl y Albelda no volvieron a jugar con la selección. Sin embargo, todo ello se dio en el peor de los escenarios: en una España cainita y ruin, siempre impaciente y dada a los extremos, que no perdonó el fiasco en el Mundial. Las duras críticas y fuertes presiones complicaron más aún si cabe la tarea de Aragonés. Nadie creía en él: ni aficionados, ni prensa ni siquiera la federación. Aragonés se refugió en sus jugadores, fieles y a muerte con él, en especial Casillas y Puyol, nuevos líderes del vestuario. Con portadas pidiendo la cabeza del seleccionador, con las tertulias incendiando y con una afición desilusionada y perdida en debates estériles -"Raúl, selección"-, el equipo empezó a desarrollar automatismos, a mecanizar movimientos. España tenía cada vez más claro a qué quería jugar. La culminación de todo un estilo trabajado, cuatro años de rodaje, llegó en la Eurocopa de 2008. España por fin se presentaba a una cita internacional con un idea de juego definida y mecanizada. El resto ya lo conocemos: dominio y victoria; superioridad futbolística.

Del Bosque encontró un equipo hecho al que solo debía otorgar continuidad. En un intento altivo por dejar su sello -sí, Vicente el Humilde-, el técnico salmantino casi manda al traste la herencia que recogió con aquella esperpéntica idea de jugar -otra vez- con bandas, Riera y Navas poniendo balones a la nada. Supo rectificar: la fórmula ganadora era la de Aragonés. Dejó a los extremos como recursos alternativos, volvió al plan A y ganamos el Mundial. Y con la misma idea estaremos el domingo en la final. El estilo sigue, pues, intacto hoy en día. Cambian los matices: más centrocampistas, menos delanteros; más posesión, menos profundidad. Pero España gira en torno al control y el dominio del partido a través de la pelota y la rápida recuperación del balón en defensa. Desde esta premisa podemos entender la hegemonía española en el fútbol internacional.

Sin embargo, el estilo no lo es todo. El fútbol también está sujeto a la determinación de sus futbolistas y a los caprichos del azar. Cualquier nimio detalle puede variar el signo de un partido. El factor competitivo; o el otro fútbol, que diría Camacho. Si en una Liga -decía antes- esto se reduce a dos o tres partidos concretos, en una competición internacional este factor cobra una magnitud mucho más relevante, debido al sistema de eliminatoria pura y dura. Un mal día es determinante en un Mundial. Esta era una de las asignatura pendientes. Y es aquí donde interviene la tempestividad de los españoles. La mejor generación de la historia supo aprovechar la oportunidad: estaban en el lugar y en el momento exacto. No fallaron. Sin un Casillas inspirado en una tanda de penalti, jamás hubiéramos superado los cuartos del Europeo. Sin un Torres decisivo en su primer oportunidad clara, nunca hubiéramos ganado la final a Alemania. Sin un Villa resolutivo y ultacompetitivo habríamos fallado en las fases previas. Y sin un genial Iniesta no habríamos ganado un Mundial. Ya lo dice la Historia sagrada del fútbol: las grandes selecciones de todos los tiempos contaban con espléndidos equipos, eran futbolísticamente superiores a sus rivales y tenían auténticas leyendas del fútbol.

martes, 17 de mayo de 2011

Reflexiones finales a vuelapluma

La temporada alcanza a su fin y toca la hora de los balances finales. De todo ha pasado este año y de mucho quería escribir, pero no ha sido así. No ha sido por falta de tiempo, precisamente. Otros motivos. Por ello, he aquí en pequeños renglones ciertas reflexiones merengues de un servidor en vista de esta temporada 10/11 futbolera que finaliza:

  • En perspectiva, tomando todas las circunstancias que han rodeado al Madrid, el año es de notable, satisfactorio. Se han cumplido los objetivos reales: se ha peleado una Liga con un ritmo de puntos muy alto (en cualquier otro país seríamos campeones), se ha logrado la Copa y se ha vuelto a la élite del fútbol continental, las semifinales de la Champions.

  • Los ilusos y engañabobos dirán que no se puede dar por bueno un año en el que se gana un título menor. Pienso que sostener tal teoría es vivir ajeno a la realidad. No olvidemos: entrenador nuevo, jugadores jóvenes en su mayoría, proyecto re-empezado. Lo que viene a ser el año I. Y ante un rival fortísimo en la Liga, como es el Barça, dominador del último lustro europeo junto con el Manchester United.

  • Sí, hay una gran inversión detrás del proyecto, jugadores de primer nivel, una gran plantilla y uno de los mejores técnicos -si no el mejor- del mundo. Pero eso no garantiza nada: se requiere trabajo y paciencia, amén de una correcta dirección del mismo. El resto es demagogia barata y palabras huecas.

  • Hemos avanzado mucho respecto del Barça. Por vez primera en tres largos años, se ha tuteado al Barça. El título de Copa da fe de ello. Sigue estando por arriba, cierto; pero ya no nos saca dos peldaños como antaño.

  • En su día dije NO al cambio de entrenador, dije sí a la continuidad de Pellegrini. No me retracto. Lo creí únicamente por razones de estabilidad y continuidad, porque consideraba que construir de nuevo era perder el tiempo, retroceder. La labor de Pellegrini se quedó inacabada; aún me faltó un año más para juzgar con propiedad. En su haber no olvidaré que fue el primer entrenador que sentó a Raúl.

  • Dicho esto, y visto el primer año de Mourinho, debo rendirme a la evidencia: ha mejorado a Pellegrini. No hemos perdido el año. Meritazo del técnico portugués. En todo caso, lamento que no se hubiera contratado hace dos años, en el primer año.

  • Decir que estoy contento con Mourinho es poco. Mourinho es una de las mejores cosas que le han ocurrido al Real Madrid desde hace mucho tiempo. No hablo sólo de su labor deportiva como técnico. Ha cambiado el club por dentro. Y lo que le queda. La estructura del Real Madrid es hoy día acorde a un club de élite.

  • Florentino Pérez ha logrado lo difícil. Ahora toca lo fácil: apoyo incondicional al técnico.

  • Por primera vez en mi vida creo que se están haciendo bien las cosas desde todos los ámbitos. Sólo falta que la pelotita entre. Y eso, reitero, es cuestión de dar tiempo; mantener lo que funciona y corregir lo que falle (que es poco, por fortuna).

  • Primer año sin Raúl: bueno para el Real. No estábamos locos quienes criticábamos el rendimiento y el estatus que tenía el siete en el Madrid. Su marcha, necesaria desde hace mucho tiempo, ha sido buena para las dos partes: para el equipo y para el futbolista. A los dos nos ha ido mejor separados.

  • No entiendo los reproches a Valdano. Es Director General, no Director Deportivo. El matiz es muy importante. Su labor es representar a la directiva en los aspectos deportivos del club (fútbol y baloncesto). El primer nexo entre directivos generales y la parcela deportiva: delegar es su trabajo y no planear y ejecutar como erróneamente se cree. Si alguna vez se entrometió en el fútbol, ya se encargó Mourinho de señalarlo. Y la reacción del argentino fue impecable.

  • Pardeza es el responsable de la dirección deportiva de la sección de fútbol. Muy poco se habla de él. Y es una pena: es el principal culpable de los fichajes de DiMaría y Ozil. O si no es así, que alguien me diga quién ficha a estos tipos. Los tiempos presidencialistas ya pasaron: de todos los fichajes (quince) que se han realizado en estas dos últimas temporadas, francamente sólo veo la mano de Florentino Pérez en Kaká. Cristiano no lo fichó él.

  • Me gusta la política de fichajes actual del Madrid. Hace años, lo normal es que Ozil hubiese triunfado en un equipo rival. Hoy no ocurre así. Con Sahin se mantiene la línea. Y me gusta. Puede que salga mal (como Canales, de momento), o puede que salga un crack (Ozil), pero joven potencial que se vislumbra en Europa, jugador que acaba en el Madrid.

  • Hablemos de futbolistas. Cristiano es un jugador brutal. Estamos ante un futbolista irrepetible. Y me temo que el madridismo no lo valora en su justa medida. Ozil me ha fascinado, como a todos. De DiMaría tenía una concepción negativa de su etapa en el Benfica y en la selección argentina, y sin embargo su temporada ha sido muy buena. Supongo que algo tendrá que ver ahí Mourinho. Y Marcelo, un lujo.

  • Benzemá está demostrando su tremendo potencial. De Higuaín y su valía no hay dudas. Adebayor fue un acierto de Mourinho. Sí: tenía razón, hacía falta otro delantero. Era necesario. Por otro lado, muchos han matado a Kaká ya, pero yo no lo traspasaría. Quiero verlo bien físicamente y con regularidad. Aún no lo he visto, es por ello que aún le espero.

  • Mahamadou Diarrá erra irrecuperable para el máximo nivel. Lass es un caos como mediocentro, así como poco fiable. Khedira es un jugador infravalorado y no sé por qué pero me lo esperaba. Yo, que no tengo ni puta idea de fútbol, sé valorar que no es mediocentro (interior puro y duro), y es ahí donde se las ha visto el alemán durante todo el año. Su trabajo y empeño es muy loable. Y su importancia en el equipo, vital: su mal partido en el Nou Camp de noviembre, explica bastante el 5-0; del mismo modo, su gran rendimiento en Copa explica la victoria madridista. De Xabi Alonso no tengo palabras. Asistimos a uno de los mejores centrocampistas del mundo.

  • Sexta temporada en el Real Madrid de Sergio Ramos y sexta temporada que no cumple con las expectativas. La irregularidad de este futbolista se me antoja alarmante, máxime cuando se le presupone un alto potencial. El Barça tiene en Alves un privilegio único en el mundo. Es el plus del Barça. Como lo fue Roberto Carlos en el Real durante años. Con Ramos no es así. El Madrid tiene en su banda derecha un jugador que no marca diferencias en ataque ni se caracteriza por su constancia en la fase defensiva. Se hace urgente una reflexión. Y la respuesta tal vez esté en que no es lateral sino central.

  • Casillas sigue teniendo lagunas inadmisibles en un portero de su nivel. Pero jamás vi un portero tan determinante como él. Otro año sin mejorar, pero fue decisivo en la Copa. Como en el Mundial. Como en la Eurocopa. Como en la Novena. Para lo bueno y la malo, Casillas apenas ha cambiado en diez años de carrera deportiva.

Al año que viene no tengo ninguna duda de que estaremos mejor. Tomo como dogma y referencia una sentencia de José Mourinho: "Mis equipos son mejores en mis segundas temporadas."

¡Hala Madrid!

miércoles, 28 de julio de 2010

¿No lo notan diferente?


¿No les da la sensación de que está limpio, puro, completamente rejuvenecido? Como si se hubiera quitado una enorme losa de encima.

Comienza una nueva era en el Real Madrid.

¡Hala Madrid!

jueves, 14 de enero de 2010

Raúl, por última vez

Puede que a la mayoría le resultase una cuestión inadvertida: les parecería un detalle sin importancia, una simple anécdota. Sin embargo, en la tarde del domingo, en el encuentro disputado en el Santiago Bernabéu, se produjo un hecho sin precedentes, nunca visto con anterioridad y cuya relevancia merece que se señale: Raúl no jugó ni un solo minuto. Y todo debido a razones únicamente deportivas; no se presentan lesiones reconocidas ni sanciones atribuidas. Esto es, no disputó ningún minuto porque el entrenador no lo consideró oportuno. Dicho de un modo más sutil: no jugó porque a Pellegrini no le salió de las pelotas. Tal hecho, asimismo, tampoco tiene un carácter excepcional o anómalo: las funciones atribuidas a Raúl en este nuevo y joven proyecto son cada vez menores y escasas y conforman toda una certera realidad, a la vista de los últimos resultados.

Ante ello, no puedo negar ni ocultar una placentera felicidad. Me satisface gratamente comprobar que el Real Madrid vuelve a ser un club serio e inteligente. El rol y estatus que tiene ahora el siete se corresponde exactamente a sus actuales condiciones y facultades. Es decir: es el cuarto delantero del equipo; en consecuencia: pocos minutos y partidos intrascendentes. Un hecho increíble visto con perspectiva. Lejos quedan por fin los tiempos del indecoroso Calderón y su tropa, liderados en cuerpo y alma por el otrora indiscutible Raúl. Una etapa dura, feroz, terriblemente oscura; susceptible al malestar y a la desazonada crítica del aficionado merengue. Y de la que, sin embargo, el único halo de luz, inviolable e intocable para todos, era Raúl. Ya no es así. Hoy día, la lógica, la cordura, como digo, se impone en el Real. Y el mayor ejemplo de esa significación es el lugar que ocupa Raúl en la plantilla.

Porque estoy totalmente convencido de que ahora sí: se puede afirmar, a casi todos los efectos prácticos y sin miedo al error, que Raúl es historia. Memoria. Pasado. Ayer. Mito o leyenda negra. Como quieran. Pero historia al fin y al cabo. Su presencia hoy día es meramente testimonial, suplentísimo. Ya no lucha por el presente, sino que está en la etapa final: en su último ciclo. Y, como tal, se sitúa a expensas de la historia del fútbol, de la leyenda del Real Madrid, su club, y de la memoria del aficionado.

Queda, así por tanto, un futbolista grandioso, legendario, que sin duda marcó época; un futbolista sin excesivos virtuosismos ni fastuosas cualidades a priori, pero amparado en un talento descomunal que le hizo triunfar al máximo nivel; un feroz competidor, inagotable luchador, que supo ocultar magistralmente sus defectos en por de una cualidad que hizo un arma valiosísima y patrimonio suyo: el gol. Un ganador con todas las letras. Y cuya eficaz contribución se manifiesta rotundamente en los éxitos del Real Madrid a finales del siglo XX y del comienzo del presente. Las tres últimas Copas de Europa del Real se deben en gran medida a Raúl. Parte de la gloriosa historia del Real se explica mediante Raúl. En definitiva, Raúl ha sido uno de las mayores figuras que dado el fútbol. Un grande sin discusión.

Pero también queda en el recuerdo, a mi pesar, una vez finiquitado su endeble y limitado físico, la figura de un futbolista mediocre, falaz, absolutamente repulsivo, y que se arrastró por todos los campos; resignado a no perder ni una cuota de la realidad deportiva. Obstinado a la ignominia futbolística; con sus goles potreros, con sus demagógicas carreritas, con su incuestionable e inexplicable titularidad perpetua. Raúl condenó al Real Madrid de los últimos cinco años: un enorme lastre futbolístico. Un futbolista que nunca supo, o no quiso, o no le dejaron -un misterio, sinceramente-, reconocer su evidente decadencia, móvil de su desastrosos últimos años. Una mentira irrefutable.

Para la posteridad quedará la cuestión de si sabrán los madridistas olvidar su ignominioso ocaso. O expuesto de un modo más ecuánime, puesto que una inmensa mayoría no percibe tan terrible etapa final, los archiconocidos raulistas: para aquellos madridistas que amaron y detestaron a Raúl en su carrera deportiva quedará la duda de si sabrán olvidarlo. ¿Qué diremos cuando nos pregunten por Raúl en el futuro? ¿Le citaremos con orgullo? ¿O torceremos el gesto? Soy pesimista. Por más que lo intento no soy capaz de pronosticar un favorable augurio. Porque como habrán comprobado, aún mantengo intactas todas mis pésimas sensaciones. Y no es ésa mi intención. Sin embargo, sí tengo una cosa clara; ésta es mi última entrada sobre Raúl González Blanco. Mi última reflexión sobre tan peculiar personaje y que finalizo con una incisoria petición: que el tiempo haga su efecto para bien; que la Historia ponga a Raúl y a su recuerdo como se merece.

martes, 3 de noviembre de 2009

La gran oportunidad


Estoy totalmente convencido de que no peco de sabihondo ni de ingenuo si me atrevo a afirmar que lo más doloroso y lastimoso para el aficionado madridista en este último lustro, por encima de ordinarios equipos y efímeros y mediocres resultados, de penosos e indignos dirigentes y sus calumnias e injurias correspondientes, ha sido sin duda la pérdida de prestigio en Europa. Dicho también de otro modo: la sangrante mancillación del vetusto y legendario orgullo madridista, forjado en gloriosas hazañas por el viejo continente a lo largo de su historia. Así pues, hoy, martes 3 de noviembre, se le presenta una oportunidad única, irrechazable, tanto que sería imperdonable dejarla escapar.

Probablemente, a efectos prácticos y razonables, el resultado del encuentro de hoy apenas conclusiones generales conllevará. El camino hacia la cima se presupone aún lejano y arduo. Pero no es menoscabo si manifiesto que en el envite de hoy traza otros caminos y sendas. Es un encuentro de sensaciones e impresiones, todo un partido descrito en clave emotiva. Es el momento de empezar a recuperar la gloria olvidada; el momento de resarcirse de dolorosas y humillantes derrotas pasadas. De verse reconocido en los jugadores, en los tipos de blanco; de recuperar ese viejo sentimiento ganador e imperial, que sólo un madridista siente. De sentir que el equipo que durante largo tiempo dominó con mano de hierro el fútbol europeo todavía sigue vivo y con plena intención de recuperar la hegemonía abandonada. De volver a causar en Europa esa sensación de temor y respeto en los rivales. De recuperar el orgullo madridista; tan intrínseco, tan único, tan diferente, tan nuestro. Es, en definitiva, la hora del Real Madrid.

Y qué mejor que ante el Milan, el auténtico y eterno rival blanco, otra leyenda, aún acomplejado por la alargada sombra del Real, y en inmejorable escenario, San Siro, otrora Giuseppe Meazza, para cerrar de un portazo una época tormentosa y drástica, dañada y herida en su honor por rotundos fracasos europeos con Liverpool, Juve, Roma, Bayern, Arsenal, así como otros equipos, mediocres y sin nombre, que tuvieron su momento de épica ante el Real. Nos ahora toca a nosotros. Tenemos la oportunidad de demostrar a los ojos del mundo que el Real ha vuelto.

Tal vez alguno de ustedes me diga que la oportunidad en verdad la tenemos todos los años, que éste es el cuento mil veces repetido, la misma cantinela de siempre, nada nuevo bajo el sol por tanto; cierto, no negaré la evidencia. Sin embargo, sí recuerdo que las últimas refrendas no se correspondían con la realidad del presente. Una ilusión creada por la sencilla y simple consecuencia de ser aficionado a este equipo y que indirectamente ocultaba la verdaderas posibilidades. Todo lo contrario ocurre hoy. Ahora sí existe una realidad imperante que respalde el sentimiento blanco, que dignifique con holgura el escudo y la camiseta: si se confirma la baja de Raúl, el once que jugará hoy ofrece verdaderas garantías. Sin Raúl y sin Guti, sin los dos grandes lastres del equipo, el Madrid jugará con once tipos de alto nivel, jóvenes y con mucha calidad, y con el hambre intacto. Y, sobre todo, con una delantera poseedora de una cualidad a destacar: rapidez; Benzemá e Higuaín son futbolistas muy veloces, que tal vez marquen la diferencia ante el lento Milan.

Es, por ahí, donde se encuentra otra gran oportunidad: sentenciar a Raúl. De este modo pues, una victoria rotunda significaría el comienzo del fin de Raúl y el raulismo. Cuestión que no es baladí. Además de renovar confianza y fe en el proyecto de Florentino Pérez y alejar el alarmismo y pesimismo instaurado en el madridismo, así como callar bocas y críticas maliciosas, procedentes en su mayoría de uno de los máximos oponentes del club, la hostil y ruin prensa deportiva. Como ven, es un ahora o nunca, vencer o morir. Hay mucho en juego. Nosotros, incondicionales seguidores, madridistas todos, apoyemos a muerte. Con la cabeza bien alta, el corazón blanco y la bufanda al cuello, animemos y aupemos al Madrid:
.
¡¡Hala Madrid!! ¡¡Siempre!!

domingo, 4 de octubre de 2009

Algunos apuntes del Sevilla - Real Madrid


Estoy descuidando mucho últimamente el blog. Así que aprovecho el rato que tengo tras ver, animar, sufrir y mencionar a la madre de muchos en el partido del Plus para exponer mis impresiones. Por supuesto que esto no es una crónica, esto es, seré intencionadamente subjetivo. Aunque bien pensado: ¡que alguien me muestre una crónica objetiva en la prensa! ¡Pagaría por ellas!
Hemos perdido. Y sin excusas. A todos los pensadores, analistas y demás sabiondos del deporte que proclaman que la derrota a veces viene bien, les diré de manera rotunda que no son madridistas. Así que desconfíen de ellos, ignórenles. El Real Madrid jamás debe perder, nunca se debería de dar semejante circunstancia en nuestra rutinaria y tranquila vida. Jameis, never, nie. Aquí, en este equipo, los debates y coloquios, las discusiones, los intercambios de opiniones; así como las críticas, los reproches y las mentadas de madre correspondientes se hacen siempre partiendo de la victoria. Al que no entienda eso le rogaría que se hiciera de otro equipo, si no es mucha molestia.
Vaya por delante un aviso: esta entrada puede pecar de alarmista y demagoga. Por ello, les indico que, en el caso de observar dicho tono, lo focalicen en detalles y puntos concretos. De ningún modo en el fondo y contenido. Quiero decir con esto que confío plenamente en este equipo, en Pellegrini y en Valdano. Creo en el proyecto. Y por supuesto, aunque tal vez la entrada muestre lo contrario, que soy de los que piden paciencia y tiempo. Por coherencia y sentido común, nada más.
Primero y lo más importante de todo: Maldito sea Raúl. Otra vez con lo mismo. Se continúa cometiendo la más grande y gorda equivocación del Real Madrid en su último lustro; error que debería entrar con mayúscula en la historia negra del Madrid. Ni leyenda negra ni Franco ni leches. Uno de los grandes puntos oscuros de la gloriosa historia del Madrid ha sido el inexplicable empeño de colocar en la titularidad a un futbolista literalmente acabado.
Primer partido serio y otra vez con el caduco Raúl en el once. En otras palabras, nos enfrentamos a un rival duro y nosotros le otorgamos la singular ventaja de jugar con uno menos. ¿No querían emoción? Pues nada, ahí la tienen.
¿No se podía haber quedado en Copenhague?
Realmente, el asunto Raúl es muy cansino. Y desesperante.
Segundo: Qué bueno es el negro; qué grande que es Diarrá. El partido de Mahamadu Diarrá ante el Sevilla, considerando algunos detalles sin importancia como la dureza y competitividad del rival, como que el propio futbolista lleva tiempo sin ritmo de competición, como que está en un equipo en construcción, como... Qué coño. Sin matices ni tonterías: Diarrá ha estado de puta madre. Inconmensurable.
Tercero: I believe in Pellegrini. Creo en el chileno, como decía líneas atrás. Me parece un señor inteligente y cabal, al margen de que es un buen entrenador. Por ello y por innumerables motivos más, estoy dispuesto a darle todo el crédito del mundo. Lo defenderé a capa y espada; hasta que la razón y/o la lógica me lo impida. Pero tal hecho no quita que esté un poco mosca con determinadas decisiones suyas. Para empezar: debería ser más pragmático con Raúl. Al banquillo sí o sí. Sin medias tintas. Creo, además, y esto lo digo con humildad, que el método y la forma de jugar al fútbol que está implantando al Real Madrid, trabajo arduo y complejo y que llevará meses -dicho sea de paso-, tendría una progresión más rápida y productiva si apostara por un centrocampista -volante- en detrimento de un delantero. Y, finalmente, hoy creo que no ha estado fino con los cambios.
Cuarto: Una vez me dijeron que no tenía ni puta idea de fútbol por afirmar que prefería en el puesto del lateral izquierdo a Heinze antes que a Marcelo. Que para mí, añadí, rendía mejor de extremo. Tal vez tuvieran razón, pero Marcelo no mejora en labores defensivas. Todos los esfuerzos del brasileño se van al garete en cuanto se enfrenta a un digno adversario. Hoy ha estado horrible. Y ya debería de saber manejárselas él solito. Que el bueno de Diarrá no va a estar siempre para ayudarle.
Quinto: ya leo y escucho críticas hacia Xabi Alonso. Efectivamente hoy no ha jugado bien, no se lo voy a negar a ustedes. Pero lo veo como algo normal y totalmente comprensible. El rendimiento del vasco irá en función del juego del Madrid. Si Alonso juega bien, el Real Madrid también. Lo mismo ocurre con el Xavi catalán: es imposible que el Barça juegue bien con un Xavi nefasto. Sus roles, sus labores, su juego en definitiva, van de la mano del juego del equipo. Y viceversa. Así lo exime su posición. Todo lo contrario que en otras desmarcaciones, como la de un delantero.
Naturalmente, el Madrid no ha jugado bien en el Sánchez Pizjúan. He ahí una de las razones de la derrota.
Sexto: Tenía pensada una larga entrada sobre Casillas. Y no hablaba precisamente bien del mostoleño. Sin embargo, por su partido de hoy la aplazaré. Bien Casillas, bien. Sigue cerrando mi boca, no pares.
Séptimo y breve: A Higuaín se lo están cargando. Benzemá será un crack, no duden. El partido de hoy no era para Guti; al menos de titular no, de revulsivo la cosa hubiera sido bien distinta. ¡Qué! ¿Es bueno Cristiano Ronaldo o no? Cómo me gusta ver a Florentino en el palco: no merece sufrir, ¡por todo lo que ha hecho el Madrid debería de ganar todos los partidos del año y por goleadas!
Y por último les doy un consejo, que nunca viene mal. Ni se les ocurra mañana -por hoy cuando lean esto- leer un maldito periódico. Con la derrota del Madrid, salen de sus cavernas las garrapatas de siempre. No abran un diario deportivo, no pongan la tele, quítenles las pilas al transistor. Busquen y lean, en cambio, por la blogosfera. DRJ, Luisi, Chechu, Blanco Doble, Wolllen y demás les explicarán todo lo que necesitan saber.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Portadas infames


'Ironam Raúl'. Y porque jugó España; si no, igual se hubiese publicado a doble página y todo, a modo sábana. Evidentemente me refiero a la última y brillantísima ocurrencia de Marca en su cruzada pro Raúl: Iron Man.

Un insulto en toda regla a la inteligencia humana. Qué pena me produce aquellos que se lo creen, que desgraciadamente serán muchos.

Lo lamentable de todo esto es que se trata de un medio con una gran influencia en el mundo del fútbol, no en vano es el periódico más leído de toda España, por encima de diarios generalistas como EL PAÍS y EL MUNDO. Si fuese un diario que no leyesen pocos tendría su gracia. Y yo no perdería el tiempo escribiendo. Pero no es así: este periódico es considerado por una gran parte de la afición futbolera como la referencia intelectual del fútbol.

¿Pero saben lo que pienso? Que tan idiotas y tan estúpidos los juntaletras no pueden ser; yo creo que son unos artistas de la ironía. Que en verdad son antiraulistas y todo.

Iron Man. Hay que joderse. Y yo que creía que ya estaba todo inventado...

martes, 18 de agosto de 2009

Insisto: Raúl, ya no, gracias

Lo lamento, seré la mosca cojonera y cabezona de este magnífico e ilusionante verano madridista. Poco se puede pedir para mejorar este grandioso y brillante proyecto de Florentino Pérez. No obstante, yo sigo en mis creces: Raúl no debe ser titular en este equipo. Si este proyecto quiere ser ganador no debe sino derrocar al emblema y estandarte del Madrid perdedor del último lustro. Es decir, desprenderse de Raúl.

Mi lucha con los raulistas está perdiendo el sentido de la realidad. El enfervorizado e insistente -y muy pesado, todo sea dicho- empeño en colocar a toda costa y como sea a su alma máter en el once titular roza los límites del ridículo. ¿Por qué no admiten que la carrera de este grandioso futbolista se acabó hace un tiempo? O si lo prefieren, ¿por qué no aceptan que Raúl apenas puede aportar al fútbol de alto nivel? ¿Por qué, coño?

Y sí, por supuesto, ya sé que algunos críticos de Raúl, pero más razonables y cautos que yo, me dirán que aún es pronto, que Pellegrini es nuevo, que hay galones y méritos que repartir, que me espere a septiembre. De acuerdo. Me espero a septiembre, pero por si acaso aquí estoy yo, recordando al personal que no, que la broma ya ha acabado. No sea que una carrerita demagoga les parta el corazón. Ya está bien. No más Raúl, por favor.

Quiero tener un Real Madrid serio.

martes, 4 de agosto de 2009

Uno menos; ¡que pase el siguiente!


¡Qué verano me está dando usted, don Florentino!

lunes, 4 de mayo de 2009

Un puñetero lapsus

Me cago en Raúl. Me cago en todo.

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Por error, y gordo, publiqué algo que no tenía que publicar. Lo escrito aquí no era una entrada.

No obstante, mantengo la entrada por respeto a aquellos que han pasado por aquí.

Eso sí, me guardo el derecho a retirar el texto. Aunque Luisi ya lo sepa, xD.

jueves, 12 de marzo de 2009

Fracasos incuestionables

Enésimo fracaso europeo del Madrid; enésimo ridículo del Madrid. Intolerable para el aficionado madridista. El Madrid siguió con la tónica decadente del Madrid en los últimos años: el prestigio está por los suelos, la camiseta mancillada y apenas respeto nos queda en Europa ya. Sin embargo, lo peor es que ya ni siquiera creamos ilusión. ¿Cuántos niños en el mundo se hicieron el martes del Liverpool?

El motivo de la derrota es sencillo: enfrente hubo una plantilla superior a la nuestra; presenta un modelo, un plan que se sigue desde hace cinco años, unos jugadores hechos y derechos y sabedores de su trabajo, expertos y ganadores. Los jugadores del Liverpool saben qué hacer, cuándo y dónde, y cómo hacerlo. El Real Madrid, en cambio, es un equipo cogido con pinzas, no existe plan, su política de fichajes contempla tanto fracasos como éxitos a su vez, ni tampoco son expertos ni ganadores, al menos en Europa.

El Liverpol buscó la victoria en su desarrollado método, en el trabajo racional, en la continuidad, en la coherencia a lo practicado y entrenado durante años; sabían cómo lograr el éxito porque simplemente ya lo habían hecho en anterioridad. Su victoria tenía motivos y razones. Todo lo contrario que el Madrid, que la buscó en la sorpresa, en un trabajo incorrecto e intermitente, en la inspiración de determinados jugadores y el pinchazo del rival; el posible éxito del Madrid hubiera sido inédito, nunca antes visto. De ganar, dudo de la existencia de motivos lógicos.

Fue el fracaso de dos grandes bloques. Por un lado, el de los dirigentes madridistas, los cuales son responsables de la permanente inestabilidad institucional, de su nula gestión deportiva, con sus escándalos y despropósitos acompañados de salidas de tonos inapropiadas, todo condenado y resuelto a la autogestión de los propios jugadores. Y por otro lado, fue el fracaso del raulismo. Jugador alabado hasta cotas inimaginables, señalado estrella y líder desde el hundimiento de los galácticos que, sin embargo, no ha cosechado ningún resultado en Europa. Son cinco años ya. El raulismo no sirve, no funciona; ha sido una mentira que ha perjudicado a todos. La eliminación del Madrid es también el fin del raulismo.

Ya sólo queda a los madridista refugiarse en la Liga. Un título menor que casi nunca sabe a nada; cada vez que se logra, se recuerda que nuestra mirada es más alta, que nuestra grandeza no está aquí en España, sino en Europa, donde hasta hace poco éramos los más grandes.

martes, 10 de febrero de 2009

Los mitos

Definitivamente el calificativo de mito debería otorgarse a personas jubiladas o fallecidas. Cuando ya no exista posibilidad alguna de cometer un fallo, un error. De este modo, serán tipos con el historial limpio, inmaculado, auténticos mitos inquebrantables al paso del tiempo. De los que enorgullecerse sin miedo a su sombra. Ni una sola mancha que señalar, ni un solo pero que añadir. Así que seré prudente cuando alabe a Nadal, me calmaré cuando oiga Gasoft, no endiosaré a Messi; y orgulloso hablaré del sentimiento madridista de Juanito, del talento de Fernando Martín y de las hazañas del extraterrestre Indurain.

Y por supuesto criticaré a los ciegos creyentes de falsos mitos. Hablo, evidentemente, de la fe rauliana. Numerosa donde los haya, que ha producido que un tipo de cualidades mediocres sea ensalzado y admirado hasta cotas inimaginables, aun en sus peores momentos. No logro comprender como tanta gente sin escrúpulo alguno haya pasado la línea que diferencia de un gran futbolista a un genio. La distinción de mito se presupone a seres únicos e irrepetibles en su particular genialidad. Sinceramente, no veo nada de eso en Raúl.