jueves, 7 de mayo de 2009

Seis goles directos al corazón blanco


Seis goles nos colaron el sábado. Seis nos coló el Barça. Y en nuestra casa. Nunca un partido de fútbol resultó tan doloroso para un servidor. Creo que ha sido la mayor humillación que he recibido desde que soy madridista. Y no es porque yo haya visto precisamente pocas derrotas blancas. Ni las eliminatorias europeas perdidas durante el último lustro, ni la goleada del Valencia en la Copa del 99, ni la del Zaragoza hace tres años; ni aun el 0-3 que el Barça nos endosó en noviembre del 2005 ha sido tan doloroso como el partido del sábado. Uno contemplaba la posibilidad de un partido duro y arduo, hasta era consciente de la posibilidad de perder, pero no me esperaba esto. Nos la metieron doblada: derrota, baño y goleada. Y encima el equipo que más nos odia, el que más se alegra de nuestras miserias y cuyos aficionados soporto a diario.


Gran parte de la culpa de todo esto lo tiene el propio Madrid. Las nefastas políticas deportivas e ineptitudes de los dirigentes blancos, la demagogia y las falsas ilusiones creadas por la prensa blanca, el conformismo de una afición indolente y profundamente ignorante han propiciado la cruda realidad de este Madrid: un equipo de aspiraciones paupérrimas. No da para más. El adjetivo ridículo es constante en sus noches por Europa. Un equipo que, con su mediocre y lastimoso presente, maltrata a su glorioso pasado y a su futuro. Porque no es capaz ni de generar ilusión. Y, para remate de las penurias, tiene la desgracia de convertir a toda una leyenda viva en un auténtico lastre (Raúl). Sin todo esto, el Barça jamás se hubiera permitido el lujo de humillarnos.

No obstante, no voy a restar ningún mérito a los culés. Admito su superioridad en el clásico. Guardiola pareció aprender muy rápido la lección del Chelsea. En el partido de ida, el Barça, con el técnico culé a la cabeza, se quejó de que les pusieran el autobús. Ay, mamá, que fulano no me deja, clamaron. El catennaccio en estado puro es una forma totalmente legítima de ganar partidos de igual modo que practicar un fútbol ofensivo. Es trabajo del Barça conseguir sus objetivos por iniciativa propia, y no porque el rival se lo ponga en bandeja. Así, el Madrid de Juande supongo que intentaría jugar como los ingleses -lo supongo porque no lo vi- pero el Barça se adelantó. Fue listo Guardiola: estudió al Madrid, aprovechó sus puntos débiles e, incluso, varió el sistema para poder jugar y ganar al Real. Fue el 4-3-3 menos rígido de toda la temporada. No sé si se fijaron, pero el Barça jugó en casi la totalidad del partido sin un nueve definido y con Messi por el centro. Así sí, señor Guardiola. Así sí tienen mérito las victorias. A mayor dificultad, mayor grandeza. Felicito su victoria en el Bernabéu y mi parabién les daré cuando les toque la hora de celebrar sus títulos.

Confieso una cosa: el Barça, personalmente, me ha hecho daño. Y eso es difícil. Que el Barça me traiga dolores de cabeza es complicado. Por la sencilla razón de que no me importa sus andaduras. No me interesan ni celebro sus miserias como tampoco me enrabian sus victorias. No es mi estilo. Simplemente no me caen simpáticos, nada más. O dicho de otro modo: soy madridista, no antibarcelonista. Pero por esta vez voy a hacer una excepción. Ésta derrota no se puede pasar por alto. No se olvidará jamás. La escandalosa goleada es un ultraje en toda regla al honor madridista. No podemos tener esa mancha en nuestra historia. Quiero venganza, pido revancha. Quiero lo mismo que ocurrió hace 14 años, cuando le devolvimos la manita que ellos mismos nos endosaron. Necesito tener la conciencia tranquila.

Pero eso, la vindicta culé, no deber ser más que una batalla particular. O un capricho mío. Sólo eso. Porque nuestra gran batalla, nuestra verdadera guerra es recuperar nuestra identidad. A ver si los futuribles dirigentes blancos nos devuelven la grandeza perdida. Por ello, espero y deseo el Florentino del 2000. El mismo que cambió el rumbo del club. El mismo con el que fuimos grandes en todos los aspectos, que no todo son resultados. Y que sea cuanto antes, pues, al ritmo que vamos, me estoy convirtiendo en un jodido nostálgico. No es mi intención pasarme el resto de mi vida contando batallitas. Quiero volver a revivirlas; quiero que mi equipo recupere el lugar que históricamente le corresponde. El cetro del fútbol mundial debe ser siempre blanco.

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Actualizo la entrada:


Hoy media España futbolera celebra el pase a la final del FC Barcelona. La otra mitad refuña y maldice la potra culé y los fallos arbitrales.
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Todos lo vimos ayer. El arbitraje de ayer fue horroroso, hasta tres penaltis no pitó el árbitro ayer. El Chelsea tuvo sus ocasiones para llevarse la eliminatoria; todo lo contrario que el Barça que tan sólo tuvo una y en tiempo de descuento. Le bastó con eso. Iniesta, el futbolista con más talento del Barça -es opinable, y yo opino- la metió por toda la escuadra. Golazo. Sin embargo, realmente, la victoria del Barça fue injusta e inmerecida, porque el Chelsea dominó el encuentro.

Pero quisiera hacer una breve reflexión. No somos nadie para poder quejarnos. Lo mejor es mantener la boca cerrada. Imaginen si en en vez del Barça fuese ayer el Madrid. Todos lo hubiéramos celebrado como locos. A ningún madridista le hubiera importado si el arbitro influyó o no en su contra; como tampoco nos habría molestado que su equipo fuera inferior en el juego. Porque estos partidos son los que se ganan por lo civil o por lo criminal.

Así que, madridistas, menos quejas fútiles y más mirarse el ombligo. Que tenemos muchas cosas por hacer. Aunque nos fastidie, dejemos en paz a la gente que hace las cosas bien.

lunes, 4 de mayo de 2009

Un puñetero lapsus

Me cago en Raúl. Me cago en todo.

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Por error, y gordo, publiqué algo que no tenía que publicar. Lo escrito aquí no era una entrada.

No obstante, mantengo la entrada por respeto a aquellos que han pasado por aquí.

Eso sí, me guardo el derecho a retirar el texto. Aunque Luisi ya lo sepa, xD.

miércoles, 29 de abril de 2009

Hablemos del Barça

Dejemos las cosas claras. Y desde el principio. El Barça es un buen equipo. Posee grandes jugadores y realiza un fútbol ofensivo y bien hecho. Es, además, un equipo que expone un mínimo trabajo táctico y físico. Su entrenador, a pesar de su condición de novato, presenta como principal argumento su ejercicio de la profesión como tal. O sea. No es un colega de los jugadores, ni es un monitor ni su psicólogo. Es un entrenador de fútbol que decide y ordena sobre sus jugadores: su autoridad en el vestuario es patente. Esto es fundamental para, por un lado, facilitar el trabajo entre cuerpo técnico y jugadores y, por otro lado, para evitar posibles roturas de vestuario. Añádesele la ferviente disposición de este año de los jugadores para comprender el gran año del Fútbol Club Barcelona.

Ésa es la realidad del equipo. Que, por cierto, no digo yo que no sea nada mala. Pero no es la que nos han querido vender todos. Ni por asomo este equipo es el mejor de la historia, ni da lecciones de fútbol ni es el equipo más guay y cool del globo terráqueo. A este bueno equipo nos lo han metido como algo que, de momento, no lo es. A este Barça todavía le falta. Para empezar, no ha ganado ningún título aún. Y van tres años en blanco. Segundo, su excelso y admirado sistema de juego tiene errores. Errores asumibles a Guardiola, por supuesto. Como por ejemplo, la malinterpretación de que los rivales le van a dejar. Eso provoca que, cuando equipos como el Madrid del Nou Camp, el Getafe de la primera vuelta, el Valencia del sábado o el Chelsea de ayer mismo, el Barça en vez de buscar soluciones y enfrentar a ello se atasca y se encasquilla. Es más, retoman su papel de victimista de toda la vida acusando al rival de equipo pequeño, de antifútbol y demás sinónimos. Y no es eso. No. Los grandes equipos que han practicado un fútbol ofensivo se han sobrepuesto a los que practicaban el opuesto sistema. He ahí el mérito y la grandeza. Dígase el Ajax del setenta, que barrió al Bayern de Beckenbauer. Dígase el Brasil del setenta contra Italia. Dígase también la España de Luís Aragonés.

Así que menos lobos, caperucitas. Menos llorar y más mirarse el ombligo. Sois buenos, no lo discute nadie, pero no sois invencibles. Vuestro sistema es perfectamente válido y lo utilizáis bien. Pero no es suficiente con eso. Los elogios recibidos durante todo el año no sé si os afectarán, pero tengo muy claro que han sido desmesurados. Y demasiado baratos. Será al final de la temporada cuando se ha de valorar a este equipo. Hasta el momento y en mi opinión, lo único que sois es un buen equipo pero sobrevaloradísimo. Sin embargo, en vuestra mano está que un humilde servidor se arrepienta de esta entrada.

martes, 21 de abril de 2009

Van Gaal, un gran entrenador


Ya tenemos campeón de la Liga holandesa. Y no es el Ajax de Amsterdam ni el PSV Eindhoven. Ni siquiera el Feyenoord. Ha sido el humilde conjunto tulipán AZ Alkmaar de Louis Van Gaal. Así que hoy permítanme que le dedique una entrada a uno de los personajes más infravalorados y despreciados del mundo del fútbol. Un tipo etiquetado como non grato, de esos que no caen bien aquí. Es mentar al holandés como un buen entrenador y ya te tildan de loco o de graciosete; o qué sabrás tú de fútbol, o uno que me gustó, de cabrón, cómo se nota que eres madridista. Pues no. Déjenme que les explique que me parece un grandísimo entrenador.

Van Gaal probablemente es el único entrenador en activo que ha logrado conjuntar y combinar con éxito el arduo arte de jugar bien, de un modo ofensivo y bonito al fútbol en sus equipos. Tres calificativos peculiares, con una definición concreta y propia y difícilmente complementarios; nunca sinónimos, como erróneamente se cree. Y con resultados. No como otros vendeburras que yo me sé, dígase Víctor Fernández o similares. Lo suyo sí es tiki-taka. Los equipos de Van Gaal han practicado un fútbol muy vertical, con mucha velocidad y con mucha facilidad para crear ocasiones; pero sin descuidar otros detalles que muchos artistas se saltan: sus jugadores siempre han estado muy bien posicionados en el campo, sus equipos suelen lograr perfectamente el complicado equilibrio. Y a diferencia de los dogmáticos españoles -DRJ dixit- del joga bonito y tal, trabaja muy bien el aspecto táctico y físico, factores imprescindibles hoy día para la alta competición. Que no es sólo talento y dejarles jugar al fúrbo como dice Manolo Lama.

Conseguir esa simbiosis de fútbol ofensivo, alegre y efectivo es tremendamente complicado. Por mucho que diga MARCA y AS, muy pocos lo han hecho; de ahí el mérito que le doy a Van Gaal. Aquel Ajax de mediados de los noventa poseía todas esas cualidades. Hizo historia. Recuerden sus éxitos con el equipo más laureado de Holanda: dos finales consecutivas de la Copa de Europa -la primera ganada- y campeón de la Supercopa europea e Interconiental; con jugadores de mucha calidad pero muy jóvenes y que realizaron un futbol totalmente opuesto a la moda de la época -Milán de Sacchi y Capello, Juventus de Lippi-. Y los del Barça hasta que le dejaron: bicampeón y de forma arrolladora en la Liga Española tras tres años en blanco, más Copa del Rey y Supercopa europea. Tela. Y en un breve período de 5 años (94-96, Ajax; 97-99, Barça). Posteriormente el entorno culé hizo mella y no le dejaron trabajar. La prensa le hizo tanto daño que mancilló su nombre para la posteridad. Nadie volvió a contar con sus servicios. Sólo el AZ se atrevió. Y ahí lo tienen: en cuatro años lo ha hecho campeón. Casi nada.

Sin embargo, Van Gaal, genio como ninguno, no ha sido un santo. No es mi intención convertirle en un mártir. Su particular personalidad le ha provacado errores y numerosos enfrentamientos. La poderosa prensa blaugrana y/o el citado entorno culé hizo el resto: le hicieron la vida imposible. En mi opinión, Van Gaal posee dos graves defectos que se han convertido en una lacra para toda su vida. El primero es que no ha sabido venderse. En esta vida no sólo hay que saber hacer las cosas bien hechas sino, además, saber explicarlas. El técnico holandés expone un trabajo y un método casi perfecto que, sin embargo, no tiene idea o discurso. Van Gaal no ha sabido vender su producto. Y lo que es peor: nadie se lo ha vendido. Un relaciones públicas le hubiera venido de perlas. Si Van Gaal tuviera la retórica de Valdano hubiera entrenado a equipos grandes y ganado copas de Europa sin despeinarse.

El segundo es su carácter huraño y arisco que le ha causado dos frentes enemigos a la vez. Por un lado, con la prensa, y más la culé y española. Nunca fue su amigo ni lo intentó. Pagó factura. Los medios, que como cualquier ser humano medianamente lúcido comprende, tienen un tremendo poder. No caer simpático a tal puede costar toda una carrera deportiva. Y por otro lado, con los propios jugadores. Van Gaal es un tío de día a día. Muy detallista, no deja nada al azar. Es, en otras palabras, un pelmazo para el futbolista. Eso es muy importante para el futbolista del siglo XXI. Miren al Liverpool de Benítez. Pero sólo funciona en casos muy singulares como, por ejemplo, con gente joven, con talento y con hambre; jugadores que no han ganado nada aún y que aspiran al máximo. Futbolistas que no tienen motivos para la soberbia. Así ocurrió en la brillante generación del Ajax del 95. Pero eso no suele funcionar con futbolistas consagrados. No, ese tipo de futbolistas, con su historial, detestan que un entrenador sea tan minucioso y exigente. Que ellos prefieren la vida fácil, que para eso se lo han ganado. Así lo reconoció Figo hace poco en una entrevista en EL PAÍS.

No lo niego ni tengo vergüenza en reconocerlo. Si fuera presidente de un club de fútbol, apostaría por Van Gaal. Si fuera Florentino y me interesaría no sólo que el equipo gane sino que además dé espectáculo para dejar contentos a los palmeros de turno, llamaría a Van Gaal. Pero me temo que eso sólo puede pasar en mi remota imaginación. Y que incluso sería saludable para todos que Van Gaal no volviera a España. Me entra pavor pensar en la que se montaría. En lo jodida que le harían la vida al holandés; en las fuertes presiones que recibirían aquellos que le contrataron. Si es que ya me lo veo: dos partidos malos y portada del As a toda plana "Van Gaal en la frontera" y el editorial de Relaño, cual traidor y cínico periodista, que no falte. Así que, fíjense, prefiero seguir soñando: no es mi estilo putear a la gente que me cae bien.

viernes, 17 de abril de 2009

Tiempo de play offs


Ha finalizado la temporada regular de la mejor liga del mundo de baloncesto. Comienza uno de los períodos más hermosos del mundo del deporte. Es tiempo de play offs. Es la hora de la verdad, donde cada equipo se juega el todo por el todo. Ya no hay lugar para los errores. A diferencia del sistema europeo, en Norteamérica sólo hay un título. El formato de competición estadounidense establece un claro y rotundo ganador por encima de muchos perderdores. Sólo un equipo puede alcanzar la gloria. Así de hermoso y cruel a la vez es.

Confieso que mi final sería Cavallaliers contra Lakers. Pero un último acontecimiento me ha hecho dudar. Las mofas y burlas de los jugadores de Cleveland hacia los Celtics en su último enfrentamiento harán que éstos, jugadores muy buenos y veteranos, salgan extra motivados. Ya no veo tan fácil el este, no. Todo lo contrario que el Oeste, que lo veo clarísimo. No creo que hayan sorpresas ni novedades. Tampoco tengo fe en la extrema competividad de los Spurs y que sea año impar. No. Los Lakers son superiores a sus rivales de conferencia, como lo eran el año pasado. Con una diferencia: están más rodados, más hechos; son mejor equipo hoy día.

Pero, como siempre, prefiero ver buenos partidos a que los Lakers -mi equipo favorito- ganen el título. Todo lo contrario que en el fútbol, donde sólo me interesa la victoria y el honor del Madrid. Así pues, si los cálculos no me fallan, serán interesantísimas las semifinales de conferencia del Este. Quiero decir, será imperdonable perderse, por un lado, el duelo entre los Heats y los Cavs, o sea, entre James y Wade, y por otro, el partido de los Magics de Howard y los actuales campeones. Como también sería bonito revivir una final de conferencia entre Lakers y Spurs, como en los viejos tiempos. Por ello, espero y deseo un emocionante final de temporada. Y que gane el mejor, claro.

jueves, 2 de abril de 2009

Flases (VII)

Declaraciones de Lionel Messi tras la aplastante derrota de Argentina en Bolivia:

"Es imposible jugar en la Paz"

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Niñato. Menudo bocazas. Ya dijo unas parecidas declaraciones en la derrota contra el Espanyol: los árbitros no pueden venir al Camp Nou a hacer lo que quieran. Y ayer volvió a llorar.

Me da igual que acto seguido dijera que no lo decía como excusa. Eso no lo puede decir un tío que juega en una de las mejores selecciones del mundo. Y menos cuando el rival es el penúltimo.

Pide perdón a la afición; raja de tu equipo. Lo que quieras. Pero no infravalores al rival ni digas tonterías. Es impropio de un jugador de su nivel.

La altitud, efectivamente, puede que sea un factor importante. Pero no justifica goleadas. ¿O es que todas las selecciones que juegan en Bolivia salen humilladas?

Seamos justos: es muy bueno, probablemente el mejor, pero es un llorón.

lunes, 30 de marzo de 2009

Aún hay esperanza

Es un día feliz para los madridistas de bien. Por fin vemos la luz al final del oscuro túnel. Se ratificó a Boluda y se solucionó el viejo problema del voto por correo en una modélica y ejemplar asamblea. No es osadía si afirmo que creo que volveremos a tener unas elecciones limpias. Que ya era hora. El próximo mandatario blanco será más legítimo que nunca. Y con ello, vuelvo a tener ilusión. Vuelvo a tener fe en esa mágica fábrica de sueños que es Real Madrid y que penosos dirigentes, y malos madridistas, nos han intentado robar en los últimos años. Vuelvo a creer en el Real Madrid como una institución de relevancia mundial. Definitivamente, he superado mi particular crisis de madridismo.

Boluda se ha ganado mi beneficio de la duda que le negué cuando obtuvo el sillón presidencial por haber sido miembro de la directiva del infame Calderón. Presuntamente era conocedor y partícipe de las fechorías y trapicherías de Calderón y sus colegas. Pero ya no me importa. Ayer se mereció el sueldo y mi respeto: aguantó como un jabato la moratiniana jornada, habló y dejó hablar, fue sincero y no se fue por las ramas; mantuvo una postura señorial y respetuosa al socio que hacía años que yo no la veía. Además, escuchó a la plebe y accedió a adelantar el día de las elecciones que, aun siendo tardías, se celebrarán en una fecha más razonable. Sí, señor Buluda, tiene usted razón: hemos salido todos ganadores.

Por poner un pero que, haberlos, haylos siempre, lamento la ausencia de un alto número de socios compromisarios que no les dio la gana de asistir a la probablemente asamblea más importante de los últimos años. Y comentar también lo cutres y demagogos que fueron algunos compromisarios que pidieron el turno de palabra, los cuales no hacen más que justificar mi desencanto con la afición madridista. Patético Toñín el Torero; antónimo perfecto de elegancia y clase. Pero en fin, pedir eso sería el colmen de la felicidad. Es el peaje de la democracia. Respeto para todos; libertad de expresión sin distinción alguna. Una profesora de Historia me lo explicó magníficamente en su día: la democracia de perfecta no tiene nada, sino que es el mejor sistema inventado hasta ahora.




Como parece ser que Fernando Alonso no gana, hay gente que todavía no se ha enterado de que ha vuelto la fórmula uno. Sí, ha regresado; y se presenta, sinceramente, más abierta y apasionante que nunca. Gran fin de semana éste, en Australia. Para resumir, me quedo con tres nombres propios. El primero es alemán y se llama Sebastian Vettel. En mi opinión, es el piloto con más talento y potencial de toda la parrilla. Es muy bueno y además, los tiene bien puestos. Pudo ser ayer listo y conservador, pudo dejar pasar al veloz Kubica y asegurar el podio. Pero no. Eso no le pone a Vettel. No es lo suyo. Defendió con uñas y dientes su segunda plaza. Es talento puro. Recuerden: él no corrió con el difusor ni con el KERN, él iba con su estrenado Red Bull de motor Renaulf, sus manos y un par de huevos. Ya lo comprobarán ustedes: denle un coche bueno, y verán, verán...

Los otros dos son ingleses, para disgusto de muchos. Uno es negro, el odiado y denostado Lewis Hamilton. Su Mercedes ha sido el más perjudicado de los nuevos cambios. Es el que peor situación está respecto de los que se han beneficiado del difusor. Y ahí lo tienen al negro. Carrerón, espectacular remontada, demostrando por qué desde niño se la ha llamado a hacer grandes cosas. Que tomen nota los quejicas de turno. Y el otro, el blanco, es Jenson Button. Con todo merecimiento ganó el gran premio de Melbourne. Me alegró muchísimo de su victoria. Pasó de ser la esperanza inglesa a la oscuridad y el anonimato en menos que canta un gallo.

En fin, qué bonito deporte éste, el de la fórmula uno.

lunes, 23 de marzo de 2009

Recta final

Ya sólo quedan diez jornadas para conocer el flamante campeón de Liga. Llega el momento de la verdad. Y se presenta, sinceramente, apasionante. Aunque tengo mis propias sospechas, no sé -ni yo ni nadie- el final de esta película. Todo puede ocurrir. Por poner ejemplos dispares, desde que el Madrid gane esta liga hasta que el Athletic baje a Segunda. Nada, o casi, importa lo hecho durante los últimos meses. Sólo vale ya lo que hagas en estas jornadas. El pasado poco tiene que ver; es el duro presente quien marcará y condicionará el porvenir de los veinte clubes españoles. Ya lo dijo hace un tiempo Luis Aragonés: "Poco importa lo que haga antes, lo que vale de verdad son las diez últimas jornadas".

El Barça es el que mejor tiene que interpretar la sentencia de Aragonés. Muchos dicen que este equipo quedará para el recuerdo. Déjenme que les diga que estoy en desacuerdo total. Si este equipo sólo gana la Copa del Rey no lo recordará ni su padre. Todo culé sabe de sobra que los títulos es lo único importante. Todo se reduce a eso. Como también es igual de cierto que ningún culé lo reconocerá: de perder esta Liga mentará la excusa de su brillantísimo y excelentísimo juego y a la potra del rival. Pero en el fondo, en su soledad, estarán jodidos. Así que, considerando que la Copa de Europa la tienen difícil y la Copa del Rey no cuenta, por el bien de los culés, mas le vale que no tiren esta Liga.

Por otro lado, está el Real Madrid, vivo y coleando, para inri de otros. A diferencia del Barça, no hizo nada en verano. Se han hecho las cosas rematadamente mal. Tiene menos mimbres que el Barça, menos argumentos que ofrecer. De hecho, en comparación, no tiene casi nada. La rutina de este curso ha estado marcado por los escándalos y los despropósitos. Ha superado la dimisión de un presidente, ha salvado la destitución de su entrenador y se ha rehecho de una plaga de lesiones; ahí lo tienen, a seis puntos del Barça. Es el Real Madrid, amigo. La competividad de este equipo está fuera de dudas. Muchísimo mérito tiene que la liga aún no esté acabada. Y de elogio será, se pongan como se pongan algunos, si consiguen esta Liga.

Sin embargo, para mí la temporada ha sido un fracaso absoluto. Está en su obligación pelear por este título, pero no compensará nada. De ganar, que no haya dudas: lo celebraré; me voy a reír de lo lindo este estío y a alguno que yo me sé le voy a hacer un merecido corte de mangas. Pero, en frío, reflexionando, cigarro en mano y en este blog, seguiré maldiciendo las penurias de este Madrid que me toca vivir.

jueves, 12 de marzo de 2009

Fracasos incuestionables

Enésimo fracaso europeo del Madrid; enésimo ridículo del Madrid. Intolerable para el aficionado madridista. El Madrid siguió con la tónica decadente del Madrid en los últimos años: el prestigio está por los suelos, la camiseta mancillada y apenas respeto nos queda en Europa ya. Sin embargo, lo peor es que ya ni siquiera creamos ilusión. ¿Cuántos niños en el mundo se hicieron el martes del Liverpool?

El motivo de la derrota es sencillo: enfrente hubo una plantilla superior a la nuestra; presenta un modelo, un plan que se sigue desde hace cinco años, unos jugadores hechos y derechos y sabedores de su trabajo, expertos y ganadores. Los jugadores del Liverpool saben qué hacer, cuándo y dónde, y cómo hacerlo. El Real Madrid, en cambio, es un equipo cogido con pinzas, no existe plan, su política de fichajes contempla tanto fracasos como éxitos a su vez, ni tampoco son expertos ni ganadores, al menos en Europa.

El Liverpol buscó la victoria en su desarrollado método, en el trabajo racional, en la continuidad, en la coherencia a lo practicado y entrenado durante años; sabían cómo lograr el éxito porque simplemente ya lo habían hecho en anterioridad. Su victoria tenía motivos y razones. Todo lo contrario que el Madrid, que la buscó en la sorpresa, en un trabajo incorrecto e intermitente, en la inspiración de determinados jugadores y el pinchazo del rival; el posible éxito del Madrid hubiera sido inédito, nunca antes visto. De ganar, dudo de la existencia de motivos lógicos.

Fue el fracaso de dos grandes bloques. Por un lado, el de los dirigentes madridistas, los cuales son responsables de la permanente inestabilidad institucional, de su nula gestión deportiva, con sus escándalos y despropósitos acompañados de salidas de tonos inapropiadas, todo condenado y resuelto a la autogestión de los propios jugadores. Y por otro lado, fue el fracaso del raulismo. Jugador alabado hasta cotas inimaginables, señalado estrella y líder desde el hundimiento de los galácticos que, sin embargo, no ha cosechado ningún resultado en Europa. Son cinco años ya. El raulismo no sirve, no funciona; ha sido una mentira que ha perjudicado a todos. La eliminación del Madrid es también el fin del raulismo.

Ya sólo queda a los madridista refugiarse en la Liga. Un título menor que casi nunca sabe a nada; cada vez que se logra, se recuerda que nuestra mirada es más alta, que nuestra grandeza no está aquí en España, sino en Europa, donde hasta hace poco éramos los más grandes.

martes, 3 de marzo de 2009

A falta de pan...

Un plantilla tan suficiente para el título liguero como limitada para el título europeo. Ésa es la realidad del actual Real Madrid. Preparado para ganar a cualquier equipo español y a la mayoría de los europeos, pero no aún para la élite de los grandes. Liverpool, Inter, Manchester United y los excelsos equipos tácticos -Juventus, Chelsea, por ejemplo- quedan fuera del alcance real del Madrid. Al Madrid, efectivamente, le falta de una plantilla de alto nivel y, lo más importante, presentar y aplicar un modelo a seguir, un método de trabajo: un proyecto deportivo.

Así pues, el Madrid se debe a la Liga, superior en todas las facetas a sus rivales. Le basta con lo que tiene. Hace falta que un equipo haga la mejor campaña de su historia y bata registros para dudar de la consecución del campeonato por parte del Madrid. Si el Madrid gana esta liga, no sé qué demonios tendrá que hacer el Barça para vencer a su eterno rival. De fallar en Anfield y aunque siga sin depender de él mismo, no tengo dudas de que el Madrid se presentará como favorito indiscutible para revalidar el título.

Pero no nos engañemos. Las exigencias del Madrid no son éstas. Arruinar el año al equipo que más nos odia no está nada mal. Y reconozco además que es aliviante. Pero no se debe olvidar quiénes somos y qué representamos; no podemos olvidar que la grandeza del Madrid está en la Copa de Europa y que no nos vale nada más que ganarla. Fastidiar la marrana al culé no es nuestro sino.