
Este blog es una mirada muy personal sobre el mundo del deporte. Abierto en 2006, cuando un servidor tenía 16 años, el cuaderno es un recorrido íntimo de más de diez años: contiene desde las observaciones de un adolescente sobre sus pasiones -el fútbol, el baloncesto o la Fórmula 1- hasta las reflexiones actuales, muchas de ellas publicadas en prensa.
martes, 11 de enero de 2011
La sinrazón del Balón de Oro

martes, 9 de noviembre de 2010
La Copa

martes, 19 de octubre de 2010
Añorando

Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo. Expiraba agosto de 2005 y el Real Madrid disputaba su primer partido de Liga en Cádiz, a domicilio. A los veinte minutos de la segunda parte y con el resultado en contra (1-0), el flamante fichaje del Real de aquel verano salió en sustitución de Gravessen. Y de ahí a la grata sorpresa, el delirio y la admiración. Sensaciones que todavía hoy mantengo. Remontó el Madrid y Robinho asombró al madridismo y al mundo entero. Francamente, confieso que nunca había visto un debut de un futbolista madridista tan ilusionante. Nadie en tan poco tiempo, en el día de su estreno, me había provocado tanta fascinación. Porque, sin duda, aquel liviano futbolista procedente de Brasil poseía un talento excepcional, brutal. Desprendía calidad a raudales, mostraba un insultante repertorio de cualidades ofensivas y se amparaba además en un carácter atrevido y osado con el balón, bicicletas y gambetas, que le hacía distinto y genuino a los de su quinta. La expectación que provocó aquel día destrozó todo pronóstico optimista: Robinho estaba destinado a marcar una época en el Real Madrid, para goce y disfrute madridista.
Sin embargo, a pesar de su brillante carta de presentación, no dejaba de tener veintiún años y nula experiencia en el fútbol de alta competición. La futura estrella necesitaba crecer, formarse como futbolista. Y todo ello dependía en gran medida del club que le fichó. Lamentablemente, el Real Madrid por entonces no era el club idóneo para su instrucción en Europa. El club navegaba a la deriva en la parcela deportiva, castigado por erráticas decisiones de un modelo caduco: Robinho surgió en un equipo enfermo de muerte. Llegó al peor entorno posible para sus condiciones, todavía inmaduro. Robinho quedó desamparado, obligado a la supervivencia por su cuenta ajena, a progresar y a aprender solo. Tampoco atenuó la exigencia brutal del Madrid, que no entiende de tiempos ni de proyectos, propia de los viejos dogmas madridistas, tan inquebrantables siempre, eso del ganar siempre y como sea, la exigencia máxima por encima de todo: una presión desmedida para él.
La temporada 2005/2006 sirvió para mostrar sus brillantes credenciales. Fue una campaña intermitente e irregular, sin constancia; con fugaces destellos brillantes pero con poca firmeza. Pero en la siguiente campaña apareció Capello, su primer y verdadero instructor. El técnico italiano le colocó en la senda correcta. Sufrió mucho Robinho durante aquel año; soportó reproches internos y tuvo merecidas suplencias pero que le ayudaron a medio-largo plazo No hay nada mejor que hacer la mili futbolística a las órdenes de Fabio Capello. La formación de Robinho, que empezó con un año de retraso, dio sus esperados frutos en la campaña siguiente, con Schúster en el banquillo. Robinho completó el mejor año en el Real, y probablemente el mejor de su carrera. Fue titular indiscutible y un activo principal del juego de su equipo y en la consecución de la Liga que ganó el Madrid. Superados los obstáculos de los inicios, consolidado en la élite, el brasileño despegaba todo su talento. Todo indicaba que Robinho realizaría una brillante carrera en el Real Madrid. Estaba destinado a ello.
Y llegó el verano de 2008. Ahí acabó todo: se truncó el sueño del futbolista y del madridismo. Por entonces, las trapicherías de Ramón Calderón y sus colegas eran desconocidas a ojos de la luz pública, aunque el comportamiento de la entonces directiva blanca -o cuadrilla de patosos mafiosos sería más preciso- ya entreveía mezquinas y deleznables intenciones. El caso Robinho se convirtió en una prueba fehaciente de ello. El inexorable deseo de Ramón Calderón por contratar a Cristiano Ronaldo le trajo alarmantes quebraderos de cabeza. Las negociaciones nunca resultaron óptimas. A la desesperada, tras el enésimo intento acabado en fiasco, Calderón propuso meter en la negociación a Robinho. Dinero y el madridista por Cristiano. No se trata de una invención mía, pues todos los medios publicaron la noticia filtrada del Real -cuando todos publican lo mismo... agua lleva el río-. Apuntaron con bala mortal y por medios de otros -prensa- a un jugador fundamental del equipo. Traidores en contenido y formas, pues tampoco hubo decencia para desmentir las informaciones públicamente. El Madrid actúo y calló como una puta traicionera.
A todo ello, no ayudó en modo alguno la relación particular de Robinho con la directiva: había solicitado una renovación de contrato. El Real se aprovechó, ruin y mezquino, como el peor de los egoístas: no dudó en señalar a Robinho como el malo de la película, le colocó el estereotipo de pesetero y le puso a los aficionados en contra. Una decisión vil y despreciable de Ramón Calderón, pero eficaz para sus intereses. Voto a dios que no comparto las peripecias del mercado económico del fútbol, tan dispares a los de cualquier ámbito, mas no por ello no dejo de comprender su mecanismo: Robinho se encaminaba hacia su cuarto año en el club, cobraba una cifra baja y ridícula en comparación con otros integrantes de la plantilla y era un estandarte futbolístico del Real Madrid. Desde ese punto de vista, su petición de renovación era totalmente comprensible. En suma, Calderón y su tropa le hicieron una lamentable jugarreta. Y la prensa, leal a él en aquellos tiempos, hizo el trabajo logístico.
Todos salieron perdiendo de aquel nefasto culebrón. Perdió el propio Robinho, que se fue a un club imberbe y débil como era el City; perdió el Real Madrid que ultrajó su prestigio y perdieron los madridistas, que se privaron de unos de sus mejores futbolistas. Y perdió el fútbol. Robinho vio truncada su expectante progresión, tiró sus siguientes dos años a la basura, desubicado en Inglaterra y reencontrándose en Brasil, una Liga que le quedaba pequeña. Sólamente con la canarinha de Dunga, un conjunto bien organizado, se ha comprobado que aún sigue apto, que su potencial sigue intacto. Brasil le ha supuesto un halo de luz en dos años desperdiciados. Y tras varios flirteos con equipos europeos -temí cuando sonó para Can Barça- regresa a la élite, al AC Milan, con el que se enfrentará hoy al que debió de ser el club de su carrera.
miércoles, 28 de julio de 2010
¿No lo notan diferente?
jueves, 3 de junio de 2010
No hay tiempo
Quisiera tratar el Mundial que se nos avecina: de España y sus futbolistas, del absurdo debate de los guardametas, de su juego y del peligro de Del Bosque; así como de nuestros rivales. Quisiera también comentar la final de NBA: de los flamantes Lakers y de los siempre tenaces y orgullosos Celtics.
Quiero hablar de muchas de cosas. Pero no tengo tiempo.
Discúlpenme.
lunes, 10 de mayo de 2010
Un fin de semana completito

Liga: en la mano del Barça está. Esta temporada he roto uno de mis principios: por una vez y sin que sirviese de precedente, me convencí de que ganar un título no era una obligación ni una exigencia. Lo contrario no era sino engañarse uno mismo, desvincularse de la realidad por completo. Los propósitos y objetivos pronosticados dictaban mucho más allá de lograr trofeos. La temporada 09/10 era el año I de proyecto: el comienzo. En consecuencia, era el año de adecuación y adaptación; de crear y realizar; de conjuntar y complementar; en definitiva, de definir los cimientos sólidos de un equipo. Aun así, todo ello nunca había sido históricamente un inconveniente que impidiera la consecución final de un título y que por tanto saciase el sentir ganador de todo madridista (recuerde: "Un año en blanco son cien años en el Real", Valdano dixit). Sin embargo, la envergadura y complejidad del recién estrenado proyecto así como el gran nivel del FC Barcelona complicaba enormemente las opciones de victoria final. Por consiguiente, ahora que la competición casera alcanza a su última jornada, no me sabe mal ni me enrabieta ni me entristece que el Madrid no consiga esta Liga. De hecho, por no querer, mis miras están puestas en cuestiones más alejadas.

Comienza el acoso mediático de Pellegrini. A la campaña realizada por el diario Marca en personalización de su director, el deleznable Inda, se le une también el diario As y la Cadena Ser. O sea, Prisa. O sea, Prisa y Marca, los grupos más poderosos del periodismo deportivo, unidos por la misma causa: largar a Pellegrini y traer a Mourinho. Y ante tal afrenta, no puedo ser más que pesimista. Qué menos si quiero ser realista. Porque quisiera creer y tener fe, pero la experiencia me dice que Florentino y su grupo -Valdano y cía- claudicará. ¿Aguantará esta vez el Real Madrid la presión de la prensa? ¿O bien soy un iluso y los medios ni mienten ni son interesados? Lo cierto es que se esperan cuatro semanas de guerra mediática hasta el pistoletazo de salida del mundial, donde imagino que desviarán el punto de mira. Ya saben mi opinión: no es cuestión de que Pellegrini sea nefasto o magnífico, ni tampoco de que Mourinho sea Dios y Cristo encarnado (visto así, en criterios comparativos, es indudable: Mourinho es mejor entrenador), sino de que no tengo ganas de romper el enésimo proyecto y empezar de nuevo. No me apetece pasarme la vida animando a un equipo que se reinicia todos los años. Así es imposible.

Despedida de Guti. Anda el madridismo un tanto dividido con el hecho de que Gutiérrez cuente sus últimas horas como madridista. Los hay aliviados, felices tipos que respiran tranquilos tras conocer la salida de Guti del Madrid; y los hay -éstos son mayoría- tristes, emocionados y melancólicos por la retirada de su jugador fetiche, un grande incomprendido, uno de los suyos. Yo, fíjense, ni uno ni otro. Ni contigo ni sin ti, que diría aquél. Al margen de las suspicacias estrictamente deportivas -nunca ha sido indispensable en el Real, menos ahora con treinta y tantos años-, el adiós de Guti me deja frío, casi indiferente, intrascendente, tal y como me lo parecía el propio futbolista. Una baja más de final de curso. A lo sumo, me provoca un deje de desencanto, por la sensación de que este futbolista nunca ha sido ni la mitad de lo que pudo haber sido. Todo un talento tirado a la basura, apenas aprovechado, casi inutilizado. ¿Alguna temporada completa y regular en el Real? ¿Alguna vez decisivo y determinante más allá de dos partidos al año? En fin, que adiós, Gutiérrez.

Barça, flamante campeón de Europa. Cuando hace dos años el Regal Barça -por entonces, Winterthur- tocó fondo, nadie esperaba que la recuperación de esta laureada sección azulgrana fuese tan rápida como productiva. En menos de dos años, han pasado de la ignominia deportiva a la gloria de los grandes que otorga la consecución de la Euroliga, la Copa de Europa del basket, ése título que tanto se le ha resistido a lo largo de su historia. Y todo ello tiene un responsable: Joan Creus y su grupo. Ellos han diseñado la magnífica plantilla: Mickeal, Morris, Ndong y, sobre todo, Rubio. Incorporaciones muy acertadas que otorgaron un salto de calidad a una plantilla de buenos jugadores (Navarro, Vázquez). Asimismo, otro tanto de Creus fue su confianza plena en un novato de los banquillos. Xavi Pascual, aun sin ser un fino estilista, su labrado y eficaz trabajo ha dado sus frutos. Porque, y es muy curioso, el éxito de este Barça se explica de manera muy simple: grandes jugadores, una mayúscula defensa y un baloncesto sencillo; todo ello aplicado con mucha intensidad. Conclusión: equipo arrollador. Como así queda refrendado: la temporada del Barça es casi perfecta, inmaculada -aún falta el desenlace de la ACB-. Sus números han sido demoledores: ¡31 victorias, sólo tres derrotas! Y campeón de Copa del Rey. Una barbaridad. Enhorabuena, por tanto.

Red Bull es el rey del mambo. No se dejen engañar. La clasificación del mundial de pilotos no refleja la realidad imperante de la fórmula uno. Si bien lideran la tabla Button y Alonso, no tienen los coches más rápidos a día de hoy. Son los Red Bull, a lomos de Webber y Vettel, los principales dominadores de esta primera parte del Mundial. El mérito de esta escudería es extraordinario, y gran parte de su celebridad actual se debe a Adrian Newey, el ingeniero que ha diseñado el coche. Así pues, se puede establecer una breve conclusión a vista de las cuatro primeras carreras: muy por encima del resto, Red Bull; si McLaren y Ferrari no están alejados en puntos y rendimiento es fundamentalmente por el talento de sus pilotos. Montmeló será una pista aburrida para el espectador pero es un circuito muy clarificado: expone con fina exactitud quiénes son los mejores bólidos. Sólo hay que echar un vistazo a la estadística. Aquellos que copan el podio en el Gran Premio de España suelen ser los que acaban disputando el mundial de fórmula uno.
lunes, 12 de abril de 2010
Certezas que se (re)confirman

viernes, 12 de marzo de 2010
Regresa el gran circo
Vuelve este fin de semana la competición de mayor prestigio del mundo del automovilismo, norteamericanos aparte. Se abre este jueves la temporada 2010 de fórmula uno. Y sinceramente, tras una campaña anterior marcada por el poco lustre y brillo de los pilotos, se espera que sea más atractiva y emocionante que nunca (aun a riesgo de pecar de topicazo). Exigidos por su pésimo rendimiento en la campaña anterior, las grandes escuderías se han puesto las pilas. Todo parece indicar que pelearán por el título mundial McLaren y Ferrari, los equipos de mayor empaque y relevancia de la última década. Si les parece, les ofrezco aquí mi particularísimo análisis de los grandes favoritos del nuevo curso que se avecina. Siempre en estricta primera persona, por supuesto, y abierto al debate.miércoles, 10 de marzo de 2010
Ganar o ganar

No hay más opciones. Por esta vez ya no. No hay espacio para plantearse posibilidades trágicas; como tampoco tiene cabida el tantas veces mencionado "y qué pasaría si....". Aunque bien es sabido que el proyecto no exige la consecución inmediata e incondicional del título más importante en el ámbito profesional, también lo es que la realidad imperante dicta que el Madrid, por innumerables factores, debe ganar este partido. El trabajo realizado hasta ahora concluye un satisfactorio rendimiento de los jugadores blancos que indica la escalada ascendente del Real Madrid. ¿Hasta dónde llegará? ¿Le dará tiempo a este año? ¿Estará preparado el Real Madrid para lidiar con los colosos de la Copa de Europa? Sólo el tiempo conoce la respuesta. Sin embargo, para poder plantearnos con holgura tales cuestiones, el partido de hoy se debe ganar.
martes, 9 de febrero de 2010
Guti, la eterna mentira

En el análisis riguroso de este futbolista, se produce una simpleza de conceptos que personalmente detesto. Me explico. Los madridistas, parece ser, se dividen en dos amplios bloques: los gutistas y los anti-gutistas. Los que aman a Guti, considerándolo un jugador con mucha calidad pero infravalorado, reclamando siempre un papel activo en el Real Madrid; y los que están hasta los cojones de su actitud, pidiendo su cabeza verano tras verano. Y ya está. Ahí acaba la cosa. Es decir, a vista de las opiniones generales, el asunto es sencillo: o te gusta Guti porque es un puto genio o le odias porque es un maldito vago irresponsable. Y yo, y no estoy solo, veo en eso un análisis simplón, superfluo, vacío, que para nada disecciona minuciosamente el caso de este singular futbolista. Hay mucho más allá de la calidad y la actitud de Guti. Resulta que si tenemos en cuenta únicamente parámetros futbolísticos nos encontramos con un tipo con muchísimas lagunas. Un futbolista escasamente apto para el ejercicio del fútbol de alto rendimiento.
Las ineptitudes de Gutiérrez se focalizan desde los tres campos fundamentales que todo futbolista debe regir con holgura y eficacia: físico, táctica, técnica. Sus condiciones físicas son insuficientes. No es fuerte ni resistente; tampoco es rápido ni veloz. Un físico endeble, frágil; muy propenso a las lesiones. Y muy condicionado respecto de los poderosos jugadores del siglo XXI. Sus capacidades tácticas son excesivamente limitadas. Es un jugador tácticamente malo: pésima colocación el campo; comete muchos errores en este aspecto. No sabe leer tácticamente los partidos; es un caos en este sentido. Por consiguiente, Guti falla estrepitosamente en dos de tres, un mal porcentaje. Aunque si bien es cierto que pocos futbolistas destacan con brillantez en los tres, también lo es que todo jugador perteneciente a la élite del gremio presenta un correcto equilibrio, caso que lamentablemente no es el de Guti.
