martes, 11 de enero de 2011

La sinrazón del Balón de Oro


Todos los años se repite la misma historia. Unos claman que lo merece Mengano, otros que sería una injusticia que lo ganara Fulano; unos se amparan en estadísticas y logros; otros en sus escasas pero decisivas aportaciones; los más rebuscados se apoyan en razones históricas, que ya le toca dicen; otros en que sus equipos lo han ganado todo. Y así un largo etcétera que compone un -quizás- absurdo debate. Suele pasar en todos aquellos premios que no precisen de un método de puntuación claro y conciso. Porque antes de entrar en dimes y diretes, se debería definir qué es el Balón de Oro. ¿Qué premia el trofeo? ¿Qué se reconoce? La falta de un criterio, o la diversidad de éste -según se mire-, provoca las infinitas e irritantes discusiones; así se explican las polémicas decisiones de France Football a lo largo de su historia y que en ocasiones han desprestigiado su reluciente insignia. Verbigracia: Nedved, Owen (¿!).

Bien es cierto que este año se ha dado un acertado primer paso, no obstante, que es el de unificar el FIFA World Player con el Balón de Oro franchute. Resultaba una estupidez la presencia de dos premios similares, amén de un pretexto que conducía a más confusiones. Aglutinados los dos en uno, se soluciona más de un problema previo. Sin embargo, superadas las formalidades, falta el fondo: los requisitos por los que un futbolista es designado Balón de Oro. Tampoco son argumentos válidos -de hecho, me repatea- "el carisma, el juego limpio (flair play) y la personalidad" que indican en sus estatutos. La institución debería galardonar ante todo cuestiones estrictamente futbolísticas; es el mérito deportivo y no aspectos personales lo que debería premiar. Para así poder resolver las dudas que siempre deja el premio todos los años: ¿qué les llevar a elegir a cierto jugador como Balón de Oro?

Si el criterio a seguir es la designación del mejor jugador del mundo, entonces el debate sería Messi-Cristiano, Cristiano-Messi. Solos ellos aguantan la comparación. No hay ningún otro jugador en el mundo que se acerce al nivel de ellos. Si, por otro lado, se premia al jugador que mejor año ha hecho tanto en lo individual como en lo colectivo, los candidatos serían Xavi o Sneijder. El primero ha realizado un año formidable, ha rendido a un gran nivel en la Liga que su equipo ganó y es parte imprescindible de la selección campeona del mundo. El holandés, por su parte, ha rubricado una temporada casi perfecta, con el triplete en su bolsillo y el subcampeonato mundial. Si en cambio el criterio es la determinación y la brillantez en el torneo más importante del año, no cabe duda que el asunto estaría entre Iniesta o Casillas, futbolistas que perfilaron una temporada discreta en Liga pero que fueron absolutamente decisivos en la Copa del Mundo. Otrosí: valga el caso del italiano Cannavaro en el mundial del 2006, así como el caso de Ronaldo, el auténtico, el genuino brasileño, que ganó el galardón debido únicamente a su tremendo mundial del 2002 (al igual que Iniesta, no jugó por lesiones en su campaña liguera).

El objetivo del nuevo FIFA Balón de Oro es esclarecer de una vez por todas un criterio único a fin de fulminar los polémicos debates que siempre acarrea la designación del premiado. Sólo así podrán -podremos- saber los españoles si el resultado de ayer fue decepcionante o una gesta; sólo así sabrán qué credenciales debe presentar un español si al Balón ansía optar. También sólo así se acabarán estúpidas conspiraciones antiespañolas como las que cita hoy en su portada el diario Marca. Sólo así, en suma, quedarán claras las razones por las que Messi fue coronado como Balón de Oro del año 2010.

martes, 9 de noviembre de 2010

La Copa


Llegan días de descanso para muchos futbolistas titulares ya que regresa la Copa de España, ese torneo molesto que sorprendentemente tiene carácter oficial. La desvalorización de esta histórica competición se debe al nulo o escaso interés de aquellos que copan los estatus más poderosos del fútbol español: los equipos de la Primera División y, en mayor medida, los grandes. La Real Federación Española de Fútbol, organismo que regula la competición copera y cuya funcionalidad está bajo sospecha -conocidos son los casos de irregularidades sacados en su día por la SER-, se somete a las disposiciones de los clubes por un dame tu apoyo que yo te echaré un cable en ciertos asuntillos como la Copa. Un ejemplo claro de esta evidencia se comprobó hace unos años cuando se imitó el modelo de la Premier, magistral dicho sea al paso, donde las eliminatorias son a partido único y siempre en casa del rival débil. Aquello no gustó a quienes tienen la sartén por el mango, se cambió y el resultado es el que tenemos: una Copa fea, aburrida y totalmente desvirtuada. Y nada indica que todo vaya a cambiar.

Por ideas no será. Al margen del sistema inglés, aquí en la blogosfera, por ejemplo, abundan innumerables proposiciones viables que pueden perfectamente revitalizar la Copa. Tales como otorgar un mejor premio al campeón como es la posibilidad de acceder a la Champions; otras como la sugerente idea de copiar en la medida de lo posible el formato de Copa del baloncesto y un sinfín de etcéteras. Pero lo cierto es que son palabras que se lleva el viento, vacías; sus planteamientos son utópicos. Mientras no se produzca una renovación completa en la RFEF y un cambio drástico en sus políticas, o bien los fuertes clubes desvíen la mirada más allá de sus preciados ombligos y muestren un interés por encima de su bien personal -postura que, por cierto, no veo mal del todo-, seguiremos manteniendo esta ruinosa Copa, nada apetitosa, ausente de atractivo alguno. Otra opción es que las cadenas televisivas vean un diamante en bruto, una producto sin explotar, pero me temo que los colegas de Roures y los viejos amiguetes de Sogecable, problemas económicos aparte -malas gestiones y la crisis, ya saben, que lo impregna todo-, unifican sus anhelos junto con los de los clubes españoles.

Así pues, se presenta un torneo donde nadie muestra ambición y deseo de ganarlo, el desprecio de los clubes de la Primera División es bastante notorio. La Liga centra todos los objetivos prioritarios de los clubes, ya sea para lograr su consecución final, alcanzar puestos europeos o conseguir la permanencia. Ni siquiera agrada a aquellos caminantes habituales de la "zona tranquila" de la tabla liguera. La paradoja es que a muchos entrenadores se les llena la boca hablando de este trofeo con sus no tenemos intención de tirar la copa, este trofeo es importante también y demás topicazos por el estilo cuando la realidad es bien distinta. Si realmente presentaran un mínimo interés por la competición pondrían sus equipos titulares. ¿Si tan importante les supone la Copa, por qué no rotar a sus futbolistas en la jornada de la Liga? ¿Acaso los clubes punteros ponen a sus futbolistas suplentes en Europa? El argumento facilón de la debilidad del rival no sirve tampoco: los once de la copa, teóricos equipos inferiores, suelen jugar hasta la expiración de la misma, con la salvedad de una hipotética final.

La tónica general a seguir es clara: no hacer el ridículo, ir tirando y ver hasta dónde se llega. Nadie va poner en entredicho al entrenador por no llegar a octavos ni se va a tachar de transferible a un jugador por nulo rendimiento copero. En los grandes, el asunto es más claro aún: basta con no pifiarla. Sólo en los supuestos en los que la Copa de Europa y la Liga se fracasa, se muestra apetito por la Copa, aunque sea sólo por salvar la campaña y no quedar en blanco. Incluso el Barça de la temporada 08/09 del triplete se ajusta a esta norma no escrita, pues no fue sino hasta la recta final cuando se tomó realmente en serio la competición. Como mucho, les sirve para rubricar el año. Por otro lado, y por desgracia, los equipos débiles, los rivales de otras categorías, los únicos que dan el todo por el todo por esta Copa, con la ilusión por bandera, se les pone todo tipo de barreras. Inconvenientes para no molestar en la medida de lo posible al rico. Así que para esta jornada copera y las venideras no queda más que resignarse a contemplar una posible sorpresa de estos equipos como único aliciente; y rezar para que el club grande al que tenemos por equipo nuestro no sea el derrotado y liberémonos así de mofas ajenas. Una auténtica lástima: un bello trofeo reducido a esta horrorosa mediocridad.

martes, 19 de octubre de 2010

Añorando


Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo. Expiraba agosto de 2005 y el Real Madrid disputaba su primer partido de Liga en Cádiz, a domicilio. A los veinte minutos de la segunda parte y con el resultado en contra (1-0), el flamante fichaje del Real de aquel verano salió en sustitución de Gravessen. Y de ahí a la grata sorpresa, el delirio y la admiración. Sensaciones que todavía hoy mantengo. Remontó el Madrid y Robinho asombró al madridismo y al mundo entero. Francamente, confieso que nunca había visto un debut de un futbolista madridista tan ilusionante. Nadie en tan poco tiempo, en el día de su estreno, me había provocado tanta fascinación. Porque, sin duda, aquel liviano futbolista procedente de Brasil poseía un talento excepcional, brutal. Desprendía calidad a raudales, mostraba un insultante repertorio de cualidades ofensivas y se amparaba además en un carácter atrevido y osado con el balón, bicicletas y gambetas, que le hacía distinto y genuino a los de su quinta. La expectación que provocó aquel día destrozó todo pronóstico optimista: Robinho estaba destinado a marcar una época en el Real Madrid, para goce y disfrute madridista.

Sin embargo, a pesar de su brillante carta de presentación, no dejaba de tener veintiún años y nula experiencia en el fútbol de alta competición. La futura estrella necesitaba crecer, formarse como futbolista. Y todo ello dependía en gran medida del club que le fichó. Lamentablemente, el Real Madrid por entonces no era el club idóneo para su instrucción en Europa. El club navegaba a la deriva en la parcela deportiva, castigado por erráticas decisiones de un modelo caduco: Robinho surgió en un equipo enfermo de muerte. Llegó al peor entorno posible para sus condiciones, todavía inmaduro. Robinho quedó desamparado, obligado a la supervivencia por su cuenta ajena, a progresar y a aprender solo. Tampoco atenuó la exigencia brutal del Madrid, que no entiende de tiempos ni de proyectos, propia de los viejos dogmas madridistas, tan inquebrantables siempre, eso del ganar siempre y como sea, la exigencia máxima por encima de todo: una presión desmedida para él.

La temporada 2005/2006 sirvió para mostrar sus brillantes credenciales. Fue una campaña intermitente e irregular, sin constancia; con fugaces destellos brillantes pero con poca firmeza. Pero en la siguiente campaña apareció Capello, su primer y verdadero instructor. El técnico italiano le colocó en la senda correcta. Sufrió mucho Robinho durante aquel año; soportó reproches internos y tuvo merecidas suplencias pero que le ayudaron a medio-largo plazo No hay nada mejor que hacer la mili futbolística a las órdenes de Fabio Capello. La formación de Robinho, que empezó con un año de retraso, dio sus esperados frutos en la campaña siguiente, con Schúster en el banquillo. Robinho completó el mejor año en el Real, y probablemente el mejor de su carrera. Fue titular indiscutible y un activo principal del juego de su equipo y en la consecución de la Liga que ganó el Madrid. Superados los obstáculos de los inicios, consolidado en la élite, el brasileño despegaba todo su talento. Todo indicaba que Robinho realizaría una brillante carrera en el Real Madrid. Estaba destinado a ello.

Y llegó el verano de 2008. Ahí acabó todo: se truncó el sueño del futbolista y del madridismo. Por entonces, las trapicherías de Ramón Calderón y sus colegas eran desconocidas a ojos de la luz pública, aunque el comportamiento de la entonces directiva blanca -o cuadrilla de patosos mafiosos sería más preciso- ya entreveía mezquinas y deleznables intenciones. El caso Robinho se convirtió en una prueba fehaciente de ello. El inexorable deseo de Ramón Calderón por contratar a Cristiano Ronaldo le trajo alarmantes quebraderos de cabeza. Las negociaciones nunca resultaron óptimas. A la desesperada, tras el enésimo intento acabado en fiasco, Calderón propuso meter en la negociación a Robinho. Dinero y el madridista por Cristiano. No se trata de una invención mía, pues todos los medios publicaron la noticia filtrada del Real -cuando todos publican lo mismo... agua lleva el río-. Apuntaron con bala mortal y por medios de otros -prensa- a un jugador fundamental del equipo. Traidores en contenido y formas, pues tampoco hubo decencia para desmentir las informaciones públicamente. El Madrid actúo y calló como una puta traicionera.

A todo ello, no ayudó en modo alguno la relación particular de Robinho con la directiva: había solicitado una renovación de contrato. El Real se aprovechó, ruin y mezquino, como el peor de los egoístas: no dudó en señalar a Robinho como el malo de la película, le colocó el estereotipo de pesetero y le puso a los aficionados en contra. Una decisión vil y despreciable de Ramón Calderón, pero eficaz para sus intereses. Voto a dios que no comparto las peripecias del mercado económico del fútbol, tan dispares a los de cualquier ámbito, mas no por ello no dejo de comprender su mecanismo: Robinho se encaminaba hacia su cuarto año en el club, cobraba una cifra baja y ridícula en comparación con otros integrantes de la plantilla y era un estandarte futbolístico del Real Madrid. Desde ese punto de vista, su petición de renovación era totalmente comprensible. En suma, Calderón y su tropa le hicieron una lamentable jugarreta. Y la prensa, leal a él en aquellos tiempos, hizo el trabajo logístico.

Todos salieron perdiendo de aquel nefasto culebrón. Perdió el propio Robinho, que se fue a un club imberbe y débil como era el City; perdió el Real Madrid que ultrajó su prestigio y perdieron los madridistas, que se privaron de unos de sus mejores futbolistas. Y perdió el fútbol. Robinho vio truncada su expectante progresión, tiró sus siguientes dos años a la basura, desubicado en Inglaterra y reencontrándose en Brasil, una Liga que le quedaba pequeña. Sólamente con la canarinha de Dunga, un conjunto bien organizado, se ha comprobado que aún sigue apto, que su potencial sigue intacto. Brasil le ha supuesto un halo de luz en dos años desperdiciados. Y tras varios flirteos con equipos europeos -temí cuando sonó para Can Barça- regresa a la élite, al AC Milan, con el que se enfrentará hoy al que debió de ser el club de su carrera.

No es menos que le deseo un gran partido, que destaque y deslumbre en el Bernabéu, que rompa a la defensa blanca y hasta quiero que marque; que avergüence a aquellos que osaron mancillar su nombre en su día. Lo deseo de veras. Sin embargo, y amoldándome al rancio topicazo, quiero asimismo que pierda. Que brille él, en efecto; pero que salga su equipo derrotado. Pues, pese que el Madrid ha demostrado a lo largo de su historia que cuando le viene en gana puede ser un perfecto mezquino, una implacable trituradora de futuras promesas y pernicioso para la salud de aquellos futbolistas que no caen en gracia, sigo siendo madridista. Cosas de la vida; qué le voy a hacer.

miércoles, 28 de julio de 2010

¿No lo notan diferente?


¿No les da la sensación de que está limpio, puro, completamente rejuvenecido? Como si se hubiera quitado una enorme losa de encima.

Comienza una nueva era en el Real Madrid.

¡Hala Madrid!

jueves, 3 de junio de 2010

No hay tiempo

Quisiera escribir sobre Florentino Pérez, su gestión a todas las escalas. El fútbol es mucho más que una pelota y dos porterías, hay vida más allá de unos simples resultados. Quisiera hablar tanto de Pellegrini como de Mourinho, el nuevo técnico madridista. Quisiera, además, opinar sobre Valdano, al que muchos critican.

Quisiera tratar el Mundial que se nos avecina: de España y sus futbolistas, del absurdo debate de los guardametas, de su juego y del peligro de Del Bosque; así como de nuestros rivales. Quisiera también comentar la final de NBA: de los flamantes Lakers y de los siempre tenaces y orgullosos Celtics.

Quiero hablar de muchas de cosas. Pero no tengo tiempo.

Discúlpenme.

lunes, 10 de mayo de 2010

Un fin de semana completito


Liga: en la mano del Barça está. Esta temporada he roto uno de mis principios: por una vez y sin que sirviese de precedente, me convencí de que ganar un título no era una obligación ni una exigencia. Lo contrario no era sino engañarse uno mismo, desvincularse de la realidad por completo. Los propósitos y objetivos pronosticados dictaban mucho más allá de lograr trofeos. La temporada 09/10 era el año I de proyecto: el comienzo. En consecuencia, era el año de adecuación y adaptación; de crear y realizar; de conjuntar y complementar; en definitiva, de definir los cimientos sólidos de un equipo. Aun así, todo ello nunca había sido históricamente un inconveniente que impidiera la consecución final de un título y que por tanto saciase el sentir ganador de todo madridista (recuerde: "Un año en blanco son cien años en el Real", Valdano dixit). Sin embargo, la envergadura y complejidad del recién estrenado proyecto así como el gran nivel del FC Barcelona complicaba enormemente las opciones de victoria final. Por consiguiente, ahora que la competición casera alcanza a su última jornada, no me sabe mal ni me enrabieta ni me entristece que el Madrid no consiga esta Liga. De hecho, por no querer, mis miras están puestas en cuestiones más alejadas.




Comienza el acoso mediático de Pellegrini. A la campaña realizada por el diario Marca en personalización de su director, el deleznable Inda, se le une también el diario As y la Cadena Ser. O sea, Prisa. O sea, Prisa y Marca, los grupos más poderosos del periodismo deportivo, unidos por la misma causa: largar a Pellegrini y traer a Mourinho. Y ante tal afrenta, no puedo ser más que pesimista. Qué menos si quiero ser realista. Porque quisiera creer y tener fe, pero la experiencia me dice que Florentino y su grupo -Valdano y cía- claudicará. ¿Aguantará esta vez el Real Madrid la presión de la prensa? ¿O bien soy un iluso y los medios ni mienten ni son interesados? Lo cierto es que se esperan cuatro semanas de guerra mediática hasta el pistoletazo de salida del mundial, donde imagino que desviarán el punto de mira. Ya saben mi opinión: no es cuestión de que Pellegrini sea nefasto o magnífico, ni tampoco de que Mourinho sea Dios y Cristo encarnado (visto así, en criterios comparativos, es indudable: Mourinho es mejor entrenador), sino de que no tengo ganas de romper el enésimo proyecto y empezar de nuevo. No me apetece pasarme la vida animando a un equipo que se reinicia todos los años. Así es imposible.



Despedida de Guti. Anda el madridismo un tanto dividido con el hecho de que Gutiérrez cuente sus últimas horas como madridista. Los hay aliviados, felices tipos que respiran tranquilos tras conocer la salida de Guti del Madrid; y los hay -éstos son mayoría- tristes, emocionados y melancólicos por la retirada de su jugador fetiche, un grande incomprendido, uno de los suyos. Yo, fíjense, ni uno ni otro. Ni contigo ni sin ti, que diría aquél. Al margen de las suspicacias estrictamente deportivas -nunca ha sido indispensable en el Real, menos ahora con treinta y tantos años-, el adiós de Guti me deja frío, casi indiferente, intrascendente, tal y como me lo parecía el propio futbolista. Una baja más de final de curso. A lo sumo, me provoca un deje de desencanto, por la sensación de que este futbolista nunca ha sido ni la mitad de lo que pudo haber sido. Todo un talento tirado a la basura, apenas aprovechado, casi inutilizado. ¿Alguna temporada completa y regular en el Real? ¿Alguna vez decisivo y determinante más allá de dos partidos al año? En fin, que adiós, Gutiérrez.



Barça, flamante campeón de Europa. Cuando hace dos años el Regal Barça -por entonces, Winterthur- tocó fondo, nadie esperaba que la recuperación de esta laureada sección azulgrana fuese tan rápida como productiva. En menos de dos años, han pasado de la ignominia deportiva a la gloria de los grandes que otorga la consecución de la Euroliga, la Copa de Europa del basket, ése título que tanto se le ha resistido a lo largo de su historia. Y todo ello tiene un responsable: Joan Creus y su grupo. Ellos han diseñado la magnífica plantilla: Mickeal, Morris, Ndong y, sobre todo, Rubio. Incorporaciones muy acertadas que otorgaron un salto de calidad a una plantilla de buenos jugadores (Navarro, Vázquez). Asimismo, otro tanto de Creus fue su confianza plena en un novato de los banquillos. Xavi Pascual, aun sin ser un fino estilista, su labrado y eficaz trabajo ha dado sus frutos. Porque, y es muy curioso, el éxito de este Barça se explica de manera muy simple: grandes jugadores, una mayúscula defensa y un baloncesto sencillo; todo ello aplicado con mucha intensidad. Conclusión: equipo arrollador. Como así queda refrendado: la temporada del Barça es casi perfecta, inmaculada -aún falta el desenlace de la ACB-. Sus números han sido demoledores: ¡31 victorias, sólo tres derrotas! Y campeón de Copa del Rey. Una barbaridad. Enhorabuena, por tanto.



Red Bull es el rey del mambo. No se dejen engañar. La clasificación del mundial de pilotos no refleja la realidad imperante de la fórmula uno. Si bien lideran la tabla Button y Alonso, no tienen los coches más rápidos a día de hoy. Son los Red Bull, a lomos de Webber y Vettel, los principales dominadores de esta primera parte del Mundial. El mérito de esta escudería es extraordinario, y gran parte de su celebridad actual se debe a Adrian Newey, el ingeniero que ha diseñado el coche. Así pues, se puede establecer una breve conclusión a vista de las cuatro primeras carreras: muy por encima del resto, Red Bull; si McLaren y Ferrari no están alejados en puntos y rendimiento es fundamentalmente por el talento de sus pilotos. Montmeló será una pista aburrida para el espectador pero es un circuito muy clarificado: expone con fina exactitud quiénes son los mejores bólidos. Sólo hay que echar un vistazo a la estadística. Aquellos que copan el podio en el Gran Premio de España suelen ser los que acaban disputando el mundial de fórmula uno.

lunes, 12 de abril de 2010

Certezas que se (re)confirman


A todas luces el clásico en el Bernabéu de la presente temporada resultaba trascendental para los intereses de los dos equipos que disputan por la Liga. La victoria de uno sobre el otro, añadido de la diferencia de goles particular -existiendo traducción, desterremos, por favor, el término gol average-, conllevaba sentenciar el campeonato nacional liguero. Como así fue: aunque enfermizos optimistas o maliciosos engañabobos -como prefieran- se nieguen a admitir tan tajante aseveración, aludiendo al supuestamente desfavorable calendario culé, lo cierto es que el Barça, salvo catástrofe, conseguirá su vigésima Liga española. Sin embargo, el encuentro entre el Real y el Barça no mostró tan sólo quién sería el vencedor del clásico y consecuentemente del título; sino mucho más, el partido del sábado solventó a la perfección la auténtica realidad de ambos clubes.

Por un lado, por los de blanco, se vio a un equipo compuesto de excelsos jugadores, de celebridad y fama sobradamente reconocida, con calidad y talento a raudales y del que se subyace un amplio potencial; pero también se discierne una escuadra joven, recién nacida y conjuntada esta misma temporada, sin antecedentes, sin pasado y casi sin presente y agravada, por tanto, por tales inconvenientes y todo lo que ello suscita. Por otro lado, por los azulgrana, se vio a un conjunto brillante en su forma y su fondo, de igual o mayor notoriedad que su rival; sin embargo, en su contenido se descubre un equipo compacto y brillante, del que sin duda todo su deslumbrante virtuosismo trasluce un trabajo laborioso y largo como respuesta a sus célebres resultados.

El Real Madrid realizó un buen planteamiento, estudió al Barça; le presionó arriba y bien, juntó líneas y confió el ataque a su poderosa pegada. Pero si bien el Madrid se tomó en serio el partido, más aún si cabe se preparó a consciencia el Barça: sabedor de que cómo le iba a hacer daño el Madrid, se fraguó en altos niveles de competitividad. En el centro del campo estuvo la clave, quien lo dominase controlaba el partido. Y fue ahí, en la reñida y combatida batalla por el dominio del juego donde se demostró quién lleva más tablas: el Barça hizo valer su fútbol contrastado, tantas veces practicado y tan bien ejecutado; así como se notó la experiencia de quien ha jugado finales y partidos importantísimos. Conquistado el centro del campo y el balón pues, sólo había que esperar el despiste merengue. No era un partido para tomar riesgos innecesarios. Minuto treinta y dos, falta que saca rápido y en corto que descoloca la formación del Real, Messi, pared mediante, recibe un pase magistral de Xavi que el argentino no perdona. Primera ocasión, primer gol.

En la segunda parte el dominio culé se acentuó aún más. Con firme determinación en su idea y paciencia llegó el segundo y definitivo gol barcelonista. La indecisión de Arbeloa se pagó cara: Pedrito anota solo ante Casillas tras otra genial asistencia de Xavi. Con el cero dos en contra, el Madrid intentó desarbolarse y fruto de ello ocasiones tuvo, pero muy tímidas, sin generar un peligro constante y real. El Barça mantuvo el orden y el equilibrio, la autoridad culé no se rebajó en ningún momento, no perdieron jamás el control del encuentro, tal y como ellos plantearon: seriedad y seguridad, sin descuidos, sin errores. Piqué y Puyol estuvieron francamente bien ante las acometidas madridistas. Sólo hubo un error culé: en un fallido intento de tirar el fuera de juego, Van de Vaart se quedó solo ante Valdés, una ocasión clarísima, inapelable, que sin embargó el cancerbero culé consiguió arrebatar. No seré yo quien diga a Del Bosque cómo hacer su trabajo -error que cometí en el pasado-, pero realmente la internacionalidad sería un justísimo reconocimiento por su excelente campaña.

Al final bastó con eso, con sólo dos ocasiones finalizadas. Fue, por tanto, una victoria trabajada, luchada y peleada; desde el punto de vista del espectador puede que pareciera demasiado fácil, sin ir más lejos, al diario catalán y culé Mundo Deportivo le pareció un baño (!), sin embargo fue todo lo contrario. El Barça tuvo que imprimir un mayor repertorio de juego, ajustarse al rival. Eso habla del empaque del Real; pero también muestra que el fútbol del Barça es a ciencia exacta el mejor realizado de todo el mundo -sobre la belleza y el arte que su fútbol pueda desprender se lo dejo a los cursis-, el más eficaz, el que mejor compite hoy en día. El peleón y correoso pero imberbe Madrid perdió ante el curtido y maduro Barça.

Un clásico radicalmente distinto al disputado hace menos de un año, al dos seis. El Real nada se parece al del año pasado: jugó un partido digno, con holgura, para nada regaló a su adversario la victoria. Asimismo, este equipo es infinamente mejor que el de Juande Ramos, y no sólo jugador por jugador -caso que resulta evidente-, sino que juega mejor y que progresa conforme pasan los partidos y con una plantilla bien diseñada que llama al optimismo de cara al futuro. ¿El problema? Que aun con todas las mejoras, sigue estando por debajo del Barça. A fin de cuentas, el Real Madrid no ganó por una razón muy sencilla: el Barça es superior. ¿Por qué? Porque le saca seis años de trabajo al Real Madrid. Esto es así de fácil. Mientras el Real está en el primer año de su proyecto -y dios quiera que no se lo carguen: Pellegrini debe seguir-, el Barça está en su máximo esplendor de juego y resultados. Ésa es la realidad.

Por consiguiente, el FC Barcelona encarrila un título que difícilmente se le escapará; mantiene así el nivel competitivo y el carácter ganador y centra sus objetivos en la competición más prestigiosa del fútbol profesional: la Copa de Europa. Porque, sin duda, está en el mejor momento de su historia. Por más que determinados aficionados culés y cierta prensa perfectamente reconocible tengan tan pobres y cortas miras, siempre ancladas en su archienemigo de la meseta, lo cierto es que tutean a la historia: el Barça está en camino de dictar una hegemonía mundial -palabras mayores-. Mientras que la élite del fútbol, los Manchesteres, Ínteres, Chelseas y demás pelean por los títulos y el reconocimiento del presente, el Barça lo hace por inscribir su nombre con letras de oro en la historia, alcanzar, así pues, la gloria eterna que se le otorga a los pocos que han conseguido marca una época en el fútbol. Si se confirma la consecución de la Copa de Europa por parte del Barça, no habrá sino realizar un punto y aparte a la hora de clasificar a esta mitad de final de década que ya finaliza, mencionarla y registrarla como la época imperial del Fútbol Club Barcelona, toda suya. Tres Copas de Europa en cinco años sería una proeza digna de los grandes de la historia.

viernes, 12 de marzo de 2010

Regresa el gran circo

Vuelve este fin de semana la competición de mayor prestigio del mundo del automovilismo, norteamericanos aparte. Se abre este jueves la temporada 2010 de fórmula uno. Y sinceramente, tras una campaña anterior marcada por el poco lustre y brillo de los pilotos, se espera que sea más atractiva y emocionante que nunca (aun a riesgo de pecar de topicazo). Exigidos por su pésimo rendimiento en la campaña anterior, las grandes escuderías se han puesto las pilas. Todo parece indicar que pelearán por el título mundial McLaren y Ferrari, los equipos de mayor empaque y relevancia de la última década. Si les parece, les ofrezco aquí mi particularísimo análisis de los grandes favoritos del nuevo curso que se avecina. Siempre en estricta primera persona, por supuesto, y abierto al debate.

McLaren. Si hubo un equipo al que perjudicó en gran medida la pillería-trampa -llámenlo como prefieran- del doble difusor, ése fue el equipo de Ron Dennis, dirigido ahora por Martin Whitmarsh. Mermados y menguados por tal hecho y en clara desventaja con sus rivales, toda la temporada remaron contra corriente, luchando contra el tiempo. Su esfuerzo les llegó para acabar en una trabajada tercera posición en el mundial de contructores. Todo lo contrario se espera de ellos para este año: su objetivo es el triunfo absoluto, y eso pasa por mandar y dominar desde la primera carrera. Para ello cuentan, por un lado, con el piloto con más talento de la parrilla, el odiado y detestado aquí en España, el negro Lewis Hamilton, el principal favorito; y, por otro lado, con el actual campeón, el también británico Jensson Button, al que muchos dan como derrotado antes de tiempo. Si bien no obvio que tendrá ciertos inconvenientes como que llega a una nueva escudería -y lo que ello suscita- y que es peor piloto que su compañero, no pienso restarle ningún ápice de consideración al piloto portador del dorsal número uno.

Ferrari. Si hay una cualidad de la mítica escudería del Cavallino Rampante que destacar por encima de todas ésa es su feroz y admirable competitividad. Resulta imposible encontrar otro rival que aguante la comparación en los últimos años. Prueba de ello, les doy un dato: desde que llegó Schumacher, en el año 96, sólamente en tres ocasiones no han llegado a la última carrera con opciones de ser campeón. Una de esas tres temporadas fue exactamente la última disputada; fruto de ello se han reforzado para este año con el mejor piloto de la parrilla, Fernando Alonso -a mi juicio, no olviden-. A excepción de Schumacher, no existe piloto más compacto y completo que el asturiano. Así como siguen con el brasileño Massa, cuya aptitudes sobradamente demostradas están, por muchos detractores que lo nieguen. La exigencia marcada por su presupuesto e historia es altísima, una temporada sin la corona suprema es considerada como un fracaso; y así se lo reconocen sus aficionados. Aun así, creo más oportuno tomar en cuenta a Ferrari como un equipo potente a largo plazo. Su fin no es terminar como el mejor de los veinticuatro coches del 2010, sino plasmar una duradera hegemonía, tal y como se hizo con el Káiser. A vista de sus enemigos, Ferrari hoy da respeto, pero próximamente causará temor.

Mercedes. Cincuenta y tres años han tenido que transcurrir para que la archirreconocida marca Mercedes retorne al Mundial como escudería oficial (hasta ahora participaba como motorizador de McLaren). Aunque cuentan con el crédito que otorga tener a la dirección del equipo campeón, esto es, con Ross Brawn y su brillante equipo, a priori parten en desventaja respecto de McLaren y Ferrari. Sin embargo, el simple hecho de poseer en sus filas a uno de los grandes de la historia de la Fórmula uno les hace, por consiguiente, clarísimos favoritos. Porque, sin duda, la vuelta del heptacampeón mundial Michael Schumacher será uno de los grandes incentivos de este año. Contará claramente con las adversidades lógicas y consecuentes de su inactividad, pero no olviden quién es el Káiser: el hombre que posee los grandes récords de este deporte, perteneciente a las letras de oro de la historia y del misticismo de la fórmula uno, y considerado por muchos como el más grande. Sirva como ilustre ejemplo, la explicación que dio en su día Pedro Martínez de la Rosa acerca de la figura del alemán:

"¿Qué me parece Schumacher? Que es el mejor, y con mucho. Y no porque sea el más rápido, no. Ni siquiera porque sea el más inteligente, tampoco. Sino porque es el más completo, el que cuida todos y cada uno de los detalles. Porque es pillo, y sabe leer y planear la estrategia de cada carrera como ninguno. Porque se entrena en lo que los demás no entrenamos: por ejemplo, en las entradas y salidas de los boxes para repostar y cambiar neumáticos. En ese caminito de entrada, en esos pocos metros, en esas tres curvas, él gana segundos mientras que los demás desprecian esa maniobra y se creen que el tiempo lo ganan o pierden los mecánicos en la operación; es grande porque hace grandes los pequeños detalles, esos que marcan la diferencia".
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Ojo con aquellos que osen subestimar al gigante alemán.
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Red Bull. La temporada realizada por la escudería británica fue mayúscula, rozando el sobresaliente. No olviden las adversas circunstancias que afrontaron: ellos no contaron ni con el doble difusor ni con el KERS (aunque éste a la postre resultó ser un fracaso). Aun así, fueron los únicos que plantaron batalla a los intratables Brawn GP. Él éxito de este humilde equipo -en comparación con los colosos- tiene su explicación en el trabajo consensuado, contínuo y eficaz a lo largo de su corta trayectoria en la fórmula uno (desde el 2005). Su posición en la actualidad es la recompensa al trabajo bien hecho. Y para este año, su techo es el cielo, lo que para otros una obligación. No tienen nada que perder, corren con menos presión que sus rivales. Presentan el mejor chachis de largo, su coche es a día de hoy el mejor a una vuelta y tienen a la mejor promesa de la fórmula: uno: Sebastian Vettel, puro talento, puro potencial.

Hasta ahí mi personal punto de vista de los favoritos. Como siempre, tal y como diría el dicho, nunca se cumplirán los pronósticos. Habrá sorpresas, siempre las hay. Pero sospecho que ninguna tendrá la trascendencia suficiente: el mundial se lo disputarán los grandes. Por otra parte, no olviden tampoco los nuevos cambios del reglamento. El sistema de puntuación cambia para hacer frente a tanto bólido en la pista; así como se suprimen los repostajes. Ya no habrán fábulas y disipaciones con el peso de los monoplazas que valgan. El carburante inicial será el que deba aguantar los 300-310 km que dura una carrera; a boxes se entrará únicamente para el cambio de neumáticos. Así pues, sólo queda sentarse delante del televisor y disfrutar.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Ganar o ganar


No hay más opciones. Por esta vez ya no. No hay espacio para plantearse posibilidades trágicas; como tampoco tiene cabida el tantas veces mencionado "y qué pasaría si....". Aunque bien es sabido que el proyecto no exige la consecución inmediata e incondicional del título más importante en el ámbito profesional, también lo es que la realidad imperante dicta que el Madrid, por innumerables factores, debe ganar este partido. El trabajo realizado hasta ahora concluye un satisfactorio rendimiento de los jugadores blancos que indica la escalada ascendente del Real Madrid. ¿Hasta dónde llegará? ¿Le dará tiempo a este año? ¿Estará preparado el Real Madrid para lidiar con los colosos de la Copa de Europa? Sólo el tiempo conoce la respuesta. Sin embargo, para poder plantearnos con holgura tales cuestiones, el partido de hoy se debe ganar.

Y sin excusas. Porque este año el rival no es el Liverpool. Porque este año no remontamos un 0-1; y no jugamos fuera sino en casa. Porque este año nuestro mejor jugador y líder en el campo es Cristiano Ronaldo y no Raúl. Porque este año no tenemos una plantilla mediocre, sino una de las mejores plantillas del planeta fútbol. Porque este año se han hecho las cosas muy bien, y no a contra corriente como en la campaña pasada. Porque este año estamos jugando bien al fútbol, plantando cara al mismísimo Fútbol Club Barcelona. Y porque estamos hasta los cojones de la prensa y sus gilipolleces; con sus maldiciones -octavos- y sus bestias negras -Lyon-. Y, sobre todo, porque somos el puto Real Madrid, herido en nuestro orgullo por tanta mancillación gratuita del honor madridista, sediento de venganza por tanta injuria cometida y deseoso de recuperar nuestra gloria perdida.

Y todo eso pasa por vencer al Lyon hoy, por ganar la eliminatoria. Es la primera piedra del camino hacia el éxito. No se puede fallar.

¡¡Hala Madrid!!

martes, 9 de febrero de 2010

Guti, la eterna mentira


Valga antes un oportuno preámbulo: resultaría imposible encontrar mejor momento para escribir esta entrada. Qué menos que ahora, que mancillar el nombre de Guti queda feo, inapropiado, fuera de lugar y de contexto. Pues ahí voy yo, cansado de la misma historia de siempre. Porque, estimado lector, ¿no le parece esto el mismo cuento mil veces repetido? Me explico: entrenador nuevo que cuestiona las facultades de Guti y le envía al ostracismo; pasado un tiempo, prensa reivindica su sitio; jugador juega y hace una acción brillantísima; prensa se rinde en alabanzas hacia la figura del catorce; prensa exige titularidad inmediata e indiscutible so pena de hundir al entrenador; Guti es titular por aclamación popular; Guti la caga de nuevo; la opinión pública pide su cabeza; regreso al ostracismo; prensa esconde el bulto. Y vuelta a empezar; el ciclo se renueva otra vez. Y así por los siglos de los siglos, amén.

Todo comenzaba hace dos semanas con la enésima reclamación de Guti por parte del diario AS, siguiendo así con la tónica tradicional de todos los años. Pellegrini, ante las bajas, decidió ponerle de titular. Contra el Málaga no lo hizo mal; contra el Dépor jugó peor, sin embargo, dejó una auténtica genialidad. El resto ya lo conocen ustedes: portadas de MARCA y AS dedicadas a Guti, entrevistas y noticias sobre él, piropos y elogios al catorce, periodistas cachondos, antigutistas que se cambian de bando, y hasta una reclamación para la selección(!). El protagonista de la semana; una locura, oiga. El caso es que su asistencia de tacón fue una obra magnífica, brillante. Pero las conclusiones derivadas de tal acción son totalmente desproporcionadas y falaces. El taconazo no cambia nada. Una genialidad futbolística no es razón justificable para perder la memoria ni el sentido común. No obstante, hay que reconocer que la prensa no se cansa, es insistente hasta morir: aún siguen aupando y defendiendo a toda costa a un futbolista de treinta y tres años. ¿Hasta cuándo? A mí, el tema me resulta sumamente cansino. Me parece caer en la misma equivocación de siempre, tropezar por enésima vez en la misma piedra. A mi juicio, Guti es un caso perdido, sin solución.

En el análisis riguroso de este futbolista, se produce una simpleza de conceptos que personalmente detesto. Me explico. Los madridistas, parece ser, se dividen en dos amplios bloques: los gutistas y los anti-gutistas. Los que aman a Guti, considerándolo un jugador con mucha calidad pero infravalorado, reclamando siempre un papel activo en el Real Madrid; y los que están hasta los cojones de su actitud, pidiendo su cabeza verano tras verano. Y ya está. Ahí acaba la cosa. Es decir, a vista de las opiniones generales, el asunto es sencillo: o te gusta Guti porque es un puto genio o le odias porque es un maldito vago irresponsable. Y yo, y no estoy solo, veo en eso un análisis simplón, superfluo, vacío, que para nada disecciona minuciosamente el caso de este singular futbolista. Hay mucho más allá de la calidad y la actitud de Guti. Resulta que si tenemos en cuenta únicamente parámetros futbolísticos nos encontramos con un tipo con muchísimas lagunas. Un futbolista escasamente apto para el ejercicio del fútbol de alto rendimiento.

Las ineptitudes de Gutiérrez se focalizan desde los tres campos fundamentales que todo futbolista debe regir con holgura y eficacia: físico, táctica, técnica. Sus condiciones físicas son insuficientes. No es fuerte ni resistente; tampoco es rápido ni veloz. Un físico endeble, frágil; muy propenso a las lesiones. Y muy condicionado respecto de los poderosos jugadores del siglo XXI. Sus capacidades tácticas son excesivamente limitadas. Es un jugador tácticamente malo: pésima colocación el campo; comete muchos errores en este aspecto. No sabe leer tácticamente los partidos; es un caos en este sentido. Por consiguiente, Guti falla estrepitosamente en dos de tres, un mal porcentaje. Aunque si bien es cierto que pocos futbolistas destacan con brillantez en los tres, también lo es que todo jugador perteneciente a la élite del gremio presenta un correcto equilibrio, caso que lamentablemente no es el de Guti.

Uno de los mayores errores del Madrid en estos últimos años ha sido la persistente idea de ponerle en la posición de mecioncentro puro, "a crear fúrbol" como dice Lama. Una idea muy aceptada por la mayoría, incluso por los que aborrecen el carácter de Guti. Sin embargo, a mi modo de ver, situar a Gutiérrez en una de las posiciones más exigentes y arduas del fútbol es un desacierto total y absoluto. El mediocentro precisa de tipos de un alto dominio de la posición en el terreno de juego. Observar a Guti cuando su equipo no tiene la pelota puede resultar un martirio para el aficionado. También es una falacia creer que el talento es requisito válido y suficiente para ser un buen organizador. Amén de un futbolista que soba demasiado la bola y ralentiza mucho el juego, tiene tics o manías que le imposibilitan para su práctica en el mediocentro: le gusta arriesgar, busca siempre el pase mágico, la jugada maravilla. Tal premisa se podría pasar por alto en la posición de mediapunta o, si me apuran, de interior, pero nunca jamás -perdonen el pleonasmo - en el centro del campo. En ese puesto se descubren con más facilidad que en ningún otro los defectos de Gutiérrez.

Mentalidad: otro suspenso. Es un futbolista muy débil en ese aspecto. Es inestable, imprevisible psicológicamente. No es capaz de mantener la concentración: Guti echa a perder un partido en cualquier momento. No posee carácter competitivo, tampoco tiene una personalidad certera. En el plano futbolísticio, ojo, no me malinterpreten. Continúo. Es un futbolista tremendamente irregular, inconstante; incapaz de encadenar un trabajo contínuo. Su rendimiento es esporádico. Un pecado imperdonable si hablamos de un futbolista de máximo nivel. Por último, la evolución de Guti en toda su carrera es cero, ninguna. Sigue siendo el mismo futbolista ahora que hace diez años. No es ni ha sido un verdadero profesional: conocedor de tales defectos, no se ha molestado nunca en corregirlos. Así pues, es imposible tener paciencia: ya es demasiado tarde. Un caso perdido, como decía líneas arriba.

¿Virtudes? Mucha calidad, un guante en la pierna izquierda. Y una gran habilidad para el último pase. No lo dudo: talento tiene. ¿Pero qué es talento sin trabajo? Nada.

Una de las máximas que escenifican qué es un buen futbolista es aquella que nos indica que el trabajo del futbolista consiste simplemente en encubrir sus defectos y explotar sus virtudes. Puesto que Guti ha sido incapaz a lo largo de toda una carrera deportiva de corregir tan innumerables carencias, confiemos en el buen criterio de Pellegrini para que sepa administrar bien sus escasas cualidades. El rol de Guti en esta plantilla es mínimo: dar minutos de descanso a otros futbolistas, tales como Kaká o Van der Vaart; un instrumento de rotación, un jugador de partidos de poca trascendencia. Y siempre en un puesto ajeno al mediocentro. Su labor en este Real Madrid es meramente complementaria, nunca fundamental ni imprescindible. Un ejemplo que servirá para confirmar si Pellegrini actúa correctamente es el día de Lyon. Xabi Alonso, Lass, Granero, Van der Vaart, Mahamadu Diarrá y Marcelo -de interior- tienen una cosa en común: todos son mejores futbolistas que Guti.