sábado, 11 de julio de 2015

Casillas, por última vez



Yo quiero ser Jabois, he dicho más de una vez, para escribir hagiografías como las que firma ahora en 'El País'. Para hablar del portero legendario y su ocaso deportivo sin quitarme el sombrero. Para referirme con su verdad de la razón y su talento de la expresión sobre el portero madridista que aunaba cualidades extraordinarias con vicios mundanos que nunca corrigió. La fotogénica agilidad para la estirada, la habilidad para el mano a mano, sus reflejos y nada más; la parada imposible, el don para ser decisivo en el día más importante. En eso era sobresaliente.

Sí, Casillas volaba y obraba milagros, aunque tal vez su mayor mérito futbolístico fue su capacidad para ocultar sus defectos y enaltecer sus virtudes (por eso es el yerno deseado). Pues nunca enmendó su inseguridad en el juego aéreo, ni su nulidad en las salidas, ni su impotencia para ordenar a sus defensas ni su torpeza con los pies. En eso era deficiente.

Con todo, era el portero anti-manual, que no blocaba los balones porque se fiaba de su instinto; el arquero imbatible bajo los palos, pero temeroso fuera de ellos. Sin embargo, la media refleja trato de leyenda porque alcanzó el Olimpo y los cancerberos prodigiosos de la Academia consiguieron menos. Porque Casillas se la sacó a Robben, y ganamos y fuimos campeones del mundo, y punto.

Hay una cuestión que quiero resaltar en el análisis de Jabois: pone negro sobre blanco el pésimo rendimiento de Casillas en aquellos primeros seis meses de la 2012/13. Dimes y diretes con Mourinho aparte, el portero cosechó un mal rendimiento. Había argumentos deportivos que sopesar, fundamentos tal vez insuficientes ante un imberbe Adán, pero condenatorios ante un Diego López sobrado de razones, el artífice de la meritocracia.

Algo se torció ahí, en efecto, porque la equilibrada balanza que siempre cultivó Casillas se resquebrajó. Perdió toda su confianza y afloraron todas sus miserias, incluso con la solución salomónica de Ancelotti. Desbordado, la parada milagrosa y el instante salvador nunca emergieron. Fue una pena que su declive adquiriera tintes 'Kahnescos', con sonadas cantadas impropias de su categoría, inmerecidas. Pero era una leyenda en decadencia. Una caída que él nunca admitió, porque no quiso, no lo veía o no le dejaron diagnosticar. “Es que me veo bien. Soy el primero en reconocer que si las cosas no van bien me voy. Pero no es así”, dijo cuando concluyó una de sus peores temporadas: la última.

No dramaticemos llegado el momento. El Madrid rompió con Di Stéfano y hubo otras cinco Copas de Europa; el club superó a Santillana y hubo otros mitos; Raúl jubiló a Butragueño y nadie le echó de menos; la Décima llegó sin González Blanco. Y nunca añoramos su decadencia, sino que recordamos su monumento. Toca ahora con Iker Casillas: era ley de vida –futbolística-.

domingo, 18 de mayo de 2014

El Real Madrid y su última corona


Diecinueve años después, el Real Madrid puede volver a reinar en Europa. Se trata de mucho tiempo para un club que se empecina todos los años en ser el mejor de su deporte, pero cuya leyenda se había desvanecido estrepitosamente a finales del pasado siglo. Desde la consecución de la última Copa de Europa en 1995, el Madrid solamente ha disputado tres 'Final four'. En dos de ellas cayó derrotado en semifinales: en París en 1996 ante el Barça y, mucho años después, en Barcelona en 2011 ante el Maccabi, hoy rival. Entretanto, hubo una capitulación de quince años, en los que el Madrid se convirtió en un club menor, vencido e impotente. Fue un ignominioso paréntesis competitivo en el que contempló cómo la nueva élite del baloncesto continental no reunía al viejo rey de la competición. Los equipos griegos, que no habían ganado nunca en Europa, lograron nueve Euroligas entre 1996 y 2013: Panathinaikos se hizo gigante con seis entorchados y Olympiakos, vigente campeón, logró tres. También crecieron los viejos enemigos: Maccabi ganó tres y tanto Barça como CSKA se alzaron con dos trofeos.

El tercer asalto por la corona europea se produjo en la temporada pasada. El Madrid regresó a una final de la Copa de Europa con una escuadra talentosa y vigorosa, apuntalada con jugadores prestigiosos como Rudy Fernández y espoleada por el talento de Sergio Rodríguez, que por aquellas fechas destapó su versión inaudita de crack y que mantiene actualmente. Era un plantel diseñado para recuperar la hegemonía en España y y tomar el mando en la máxima competición continental. El equipo venía de reiniciar el último proyecto fracasado: se fue Messina, un plan bien intuido pero mal ejecutado, que aportó un salto significativo pero sin triunfos, y apareció Pablo Laso. Era otra propuesta, más desatada y descarada, menos controladora, más acorde con su joven e impetuosa plantilla, pero igualmente exigida por las urgencias históricas. A fuerza de evolucionar con el nuevo baloncesto, el conjunto merengue volvió a ganar los títulos con una Copa del Rey frente al sobrio y elitista Barça en el primer año, y a conquistar en la siguiente campaña la Liga nacional, pero el ascendente itinerario se truncó frente al Olympiakos.

El Real Madrid dilapidó una diferencia de 18 puntos y claudicó en la final más codiciada. Pero aquella dolorosa derrota supuso la última lección de un proyecto plenamente armado: había que ser más competitivo y fiero ante los grandes rivales. Nunca más habría fisuras ni titubeos y trazó una trayectoria impecable. Desde entonces ha ganado todos los títulos que ha jugado: Liga, Supercopa y Copa del Rey. El conjunto de Pablo Laso sembró un camino de superioridad inquebrantable, certificada en las 27 victorias consecutivas en la Liga ACB, y de admiración unánime del mundo de baloncesto, articulado en una de las mejoras temporadas que se recuerdan. Aplastó sin compasión al Barça, su última muesca, y se sitúa de nuevo en la final de la Euroliga. El último desafío para recuperar la gloria es el Maccabi, un contrincante histórico en consonancia con el mayúsculo reto del Real Madrid. La vieja copa de Europa vuelve a estar a su alcance, aunque esta vez hay mucho más en juego: se mide la excelencia de un equipo destinado a ser memorable.

sábado, 1 de febrero de 2014

Descanse en paz, Luis Aragonés



Luis Aragonés perdurará para siempre como el artífice de la etapa más dorada del fútbol español. Invirtió el rumbo de la Selección en las competiciones internacionales y transformó el ánimo de los españoles, por entonces víctimas de un fatalismo incorregible.

Gran parte de su mérito se enaltece si recordamos que su periplo como seleccionador estuvo marcado por el acoso y derribo perpetuo de la prensa. La enésima decepción que resultó la prematura eliminación contra Francia, a quien previamente se despreció (cómo olvidar esa portada de 'Marca' que instaba a jubilar a Zidane), y la decisión irrevocable de no convocar a Raúl, otrora máxima figura de nuestro fútbol, propiciaron una de las mayores campañas mediáticas que ha sufrido un entrenador en nuestro país.

Aquel Mundial de Alemania significó el germen del estilo de juego con el que España se convertiría invencible durante los tres siguientes torneos. La Selección nacional encontraba su fútbol después de años apelando a la furia de Juanito, moliendo cemento con Clemente y buscando el grial en los centros de Joaquín a Morientes. Aquel Mundial perfiló además el reclutamiento de los hombres que conducirían a su selección al éxito, un relevo generacional que necesitó del destierro de los viejos héroes. Nunca se volvió a echar en falta a Raúl.

Y con Aragonés manteado al cielo de Viena, la prensa olvidó e ignoró ignominiosamente; nadie rectificó. Incluso quienes en su día torpedearon su trabajo y pidieron su cabeza hoy titulan 'el padre de la España del tiqui-taca'. Pero no todos. Merece la pena recordar el artículo que Enric González escribió el día de la final de la Euro: "Ha resultado que sí, que él era un sabio y nosotros, los periodistas, unos capullos".

Descanse en paz, Luis Aragonés.

domingo, 19 de enero de 2014

El Madrid vence al Gipuzkoa Basket y firma el mejor inicio de la historia de la ACB


El Real Madrid cosechó un nuevo récord al vencer por 65-76 al Gipuzkoa Basket: las 16 victorias ligueras (y ninguna derrota) suponen el mejor inicio en la historia de la era ACB. Su última víctima nunca se rindió pese a un mal comienzo que le lastró durante todo el partido. El conjunto donostiarra no pudo asegurar la clasificación para la Copa del Rey, pero tendrá otra oportunidad en el próximo encuentro frente al Tuenti Móvil Estudiantes. El triunfo del Madrid certificó el honorífico título de campeón de inverno de la Liga Endesa a falta de una jornada para el final de la primera vuelta. Sergio Llull (18 puntos) tomó el mando exterior en ausencia de Carroll con cuatro triples y lideró la victoria blanca número 31 de la temporada, todas ellas conseguidas de forma consecutiva.

El primer cuarto declinó la balanza del partido. El Gizpukua Basket no hizo gala a su fama defensiva y concedió muchas facilidades al Madrid. Llull penetraba y tiraba solo; el equipo merengue, dirigido por el hoy titular Draper, jugaba fluido y cómodo; se sucedían los tiros sin oposición. Todos los integrantes del quinteto inicial anotaron; demasiado fácil para el mejor ataque de la Liga, incomprensible para la segunda mejor defensa. “No nos podemos permitir acabar el primer cuarto con una falta. Salid a por ellos”, clamaba Sito Alonso a sus jugadores en un tiempo muerto. Tampoco el ataque guipuzcoano estaba siendo fértil. Los triples no entraban y el Donostia Arena echaba de menos a su tirador, Jason Robinson, baja por lesión. El Real Madrid abría brecha con 12-23 en diez minutos.

Reaccionó el Gipuzkoa Basket y salió en el segundo cuarto decidido a frenar el avance madridista. La agresividad que exigía Sito se transformó en dos faltas en dos minutos; en menos de cinco minutos el Madrid se colocó en bonus. El juego se obstruía, los ataques se atrofiaron y el marcador aminoró su velocidad. El Gizpukua lograba uno de sus propósitos, pero faltaba el otro: anotar. El Madrid no se despegaba, pero tampoco se acercaba el equipo vasco. Solo Neto encontró ideas, ayudado en la pintura por David Doblas, pero ambos chocaron ante la respuesta de Sergio Rodríguez que, fiel a su cita con el segundo cuarto, destrozó la defensa guipuzcoana con 8 puntos y mantuvo al Real Madrid a más de diez puntos: 28-37 al descanso.

Sergio Llull entró de nuevo en escena tras la reanudación con dos canastas y una asistencia. En el otro lado, Doblas se adueñaba de los tableros. No hubo manera de contener al bravo capitán cántabro, que concluyó el encuentro con 16 puntos y 10 rebotes. Fue la única hendidura blanca, donde el Gizpukua le hizo daño. Se aproximó a siete puntos, pero un rebote en ataque de Mirotic, un triple lejano de Rudy y un contragolpe dirigido por el mariscal Llull y liquidado con un mate de Rudy desactivaron todo intento de acercamiento guipuzcoano. Tres acciones consecutivas y el Madrid obtenía la máxima distancia: 36-52. Otra vez amenazaba el Real Madrid con despachar el choque y otra vez Sito se vía obligado a pedir tiempo para recomponer a los suyos. Doblas no cedió en su empeño por perforar la zona madridista, Bourousis se cargó con cuatro faltas y el Gipuzkoa llegó vivo al último cuarto, todavía con esperanzas: 49-58.

La hinchada del Donostia Arena apretó entusiasmada cuando su equipo se puso otra vez a siete puntos y con siete minutos por jugar. Aparecieron Winchester y Hanley, inéditos durante casi todo el encuentro, y resistía el pulso el Gipuzkoa, pero fue una vana ilusión. Como si lo tuviera planificado, como si esperara paciente a su presa, como tantas veces ha hecho a lo largo de la temporada, el Madrid desplegó su artillería en el momento justo y zanjó el duelo. Esta vez ejecutó a su rival mediante Rudy Fernández: encestó tras cargar un rebote ofensivo para situar al Madrid a nueve puntos de diferencia y después masacró la zona vasca con un triple cuando restaban cuatro minutos para el pitido final. Y Reyes convirtió dos tiros libres. El Madrid había matado el partido para desolación de la afición local. El récord había caído. No hubo más incidencia más allá de maquillar el resultado en vista del pase de Copa. Octavo clasificado y con un 'basket average' de +55, el Gipuzkoa Basket depende de sí mismo para estar en Málaga.

viernes, 1 de noviembre de 2013

El reto de Lebron


Cuando Jordan ganó en 1993 las finales a los Suns de Barkley creó que ya le no quedaba nada que hacer en el baloncesto. Había ganado su tercer anillo consecutivo y era el mejor jugador del mundo. Los míticos equipos de los ochenta claudicaron ante los Bulls y tampoco perdonó a los nuevos ricos de los incipientes noventa. Los había derrotados a todos; lo había ganado todo. Jordan estaba hastiado y desmotivado. La controvertida muerte de su padre fue un pretexto para anunciar su -primera- retirada. Lo necesitaba. El mejor jugador del mundo escribía el epílogo a una brillante carrera de nueve temporadas en la NBA. Se retiró del baloncesto, desconectó y decidió embarcarse en un proyecto diferente. Sin embargo, aquel breve periplo por el béisbol le hizo comprender que su misión estaba inacabada. Todavía le faltaba por cumplir su último designio entre los mortales: debía sellar su legado en la historia. Así que regresó dos años después con el colmillo entre los dientes, se echó a su espalda una de las mejores escuadras de la historia y jugó el mejor baloncesto de su vida. Obtuvo tres anillos más, su segundo three peat y su nombre quedó inmortalizado para siempre como el mejor jugador de todos los tiempos.

Lebron sonríe ante el inicio de la temporada 2013/2014. Hace dos años que se liberó de los tormentos con el triunfo de su primer anillo. La victoria ante los Thunder de su rival Durant marcó un punto de inflexión para Lebron. Zanjó años de frustraciones, un trauma propagado con finales perdidas (2007 y 2011), las feroces críticas de la opinión pública y el estigma de perdedor. Aquella losa ha desaparecido y Lebron disfruta con su mejor juego. La pasada temporada arrasó con los Heat y se alzó con su cuarto MVP con unos números abrumadores: 26.8 - 8 - 7.3 y en las que destaca un increíble 56% en tiros de campo. San Antonio plantó una admirable batalla en las finales, que llegaron al séptimo partido; sin embargo, James, más seguro en sí mismo que nunca, impuso su autoridad en el decisivo encuentro: 37 puntos y 12 rebotes para vencer a los Spurs. Fue su segundo anillo y el mundo comprendió que es estúpido discutir que Lebron James es el mejor.

James tiene muy claro cuál su es meta: "Quiero ser el mejor baloncestista de todos los tiempos. Así de simple", asevera rotundo. Y sabe cómo lograrlo. Su principal argumento es su innata facilidad para dominar todas las estadísticas, una cualidad comparable históricamente a Oscar Robertson. Su influencia en el juego repercute en el premio individual más importante: solamente Kareem Adbul Jabbar (6), Bill Russel (5) y Michael Jordan (5) han logrado más MVP que él. Posiblemente los supere. Pero el mayor e irrefutable dictamen lo marcará su palmarés colectivo. La colección de títulos es la mejor tesis para mostrar su supremacía. Y en esta temporada se le presenta una oportunidad única: Miami Heat puede ser el cuarto equipo en conseguir tres títulos de forma consecutiva. Hasta la fecha, sólo Celtics (1959-66: el único que pasó la barrera de los tres hasta llegar a ochos entorchados seguidos, un hito insólito), Lakers (por partida doble: 1952-54 cuando la franquicia estaba en Minneápolis y 2000-02 con O'neal y Bryant al frente) y Bulls (también en dos ocasiones: 1991-93 y 1996-98). Es el three peat, el mayúsculo reto de Lebron James.

lunes, 20 de mayo de 2013

Mourinho y el Real Madrid

Con Mourinho hemos sido groseros, marrulleros y protestones; hemos despreciado los buenos modales y hemos despreciado al adversario; hemos metido el dedo en un ojo, hemos sido sancionados; hemos sido odiados por el colectivo arbitral. Hemos tirado una Liga en noviembre y hemos sido humillados contra el Barça; hemos arremetido contra empleados de nuestro club; hemos atacado a leyendas propias; hemos cargado contra todo el mundo. A diestro y siniestro.

Pero hemos sido valientes, dignos y orgullosos, hemos denunciado y puesto el grito en el cielo; hemos sido pasionales y vehementes, hemos sido racionales y coherentes; hemos dicho la verdad más dolorosa. Hemos incorporado el vocablo "top" y hemos desterrado la palabra "mito"; hemos gestionado y dirigido desde la profesionalidad absoluta; hemos instalado la meritocracia y hemos sido independientes de la prensa; hemos sido competitivos y hemos jugado un fútbol de escándalo (año 11/12). Hemos sido ofensivos, goleadores y atractivos sin ceñirnos al libro fundamentalista de la posesión.

Hemos sido temidos y respetados, hemos enterrado los periodos de la vergüenza y hemos vuelto al ring de los grandes; hemos combatido contra los mejores; hemos sido punteros. Hemos retado a uno de los mejores equipos de la historia y hemos sido capaz de herirle y ganarle. Hemos sido elitistas y lo hemos demostrado.

Hemos vuelto a pelear por todos los títulos (menos esta Liga), hemos ganado títulos y hemos caído con honor, peleando hasta el último minuto y en el último escalón. No hemos caído bien a nadie salvo a madridistas, no hemos puesto la otra mejilla, no hemos claudicado a la prensa, no nos hemos rendido nunca. Hemos sido el puto y jodido Real Madrid.

He defendido a Mourinho hasta la extenuación. Hasta las últimas consecuencias. A las duras y las maduras. No me arrepiento. Porque así lo creo. Y lo he hecho desde la razón y la pasión.

Mourinho, aun con sus fallos, es el Madrid que siempre quise.

martes, 2 de abril de 2013

La virtud del mito nunca se toca


Ha vuelto a ocurrir. "Lo que sucede con Iker Casillas es humillante y una desgracia para el Real Madrid", afirmó ayer rotundamente Santiago Segurola en su charla digital en 'marca.com'. Se repite la historia. Nuestro periodismo deportivo, esta vez mediante su estandarte más ilustre, vuelve a cubrir las espaldas al ídolo nacional cuando sufre su primer aviso de vulnerabilidad. Así sucedió exactamente durante todo el ocaso de Raúl, a quien se le defendió hasta las últimas consecuencias, aun cuando su estado -futbolístico, se entiende- distaba a años luz de la élite.

Seré claro: señalo -denuncio- la semejanza en el tratamiento dado a los dos mitos en esta etapa especial de su carrera. No quiero, para nada, establecer una comparación directa entre Casillas con Raúl, pues no procede todavía. Mientras el delantero tuvo cinco años horribles, Casillas sólo ha mostrado cinco meses de rendimiento discutible. Mourinho reaccionó y le envió al banquillo. Un mensaje contundente; opinable en las formas, verificado en razones. El resto es la embaucadora historia que ustedes conocen: Adán no fue titular porque estaba en mejor estado de forma que Iker, sino por demérito de este. El objetivo era llamar la atención al portero titular y buscar una respuesta; Adán, pese a su titularidad, no cambiaba su estatus de suplente. La desdicha tuvo que aparecer: Adán fue expulsado, Casillas regresó al once obligado por las circunstancias y, la ironía se retorció aún más, se lesionó. Pero Adán no pudo ser titular ante Diego López porque simplemente nunca existió esa posibilidad.

Alfredo Relaño atacaba a los instintos primarios del lector madridista. Imagine que el Madrid se queda sin Cristiano Ronaldo durante dos meses. Imagine que Callejón ocupa su puesto. Imagine que el canterano juega fenomenal. ¿Tendrían ustedes dudas de la reaparición de Cristiano en la alineación?, remata. Lo cierto es que su tesis, absolutamente tendenciosa, se desmonta sola. En primer término, por incompatibilidad, porque no se sitúan en igualdad de condiciones. La posición de jugador de campo de Cristiano ofrece mil variantes por la irremediable y única decisión de seleccionar a un portero. Se inventaría una fórmula que aunara a los dos futbolistas y que beneficiase al grupo. Y segundo, porque el director de 'As' obvia, o quiere obviar, que la lesión de Casillas coincidió con un flojo rédito deportivo. Si Casillas cayera en desgracia rindiendo a un nivel estratosférico (Relaño lo ha comparado con Cristiano, subrayemos eso), por supuesto que habría que preservar el derecho a recuperar la titularidad. Es más, el debate podría parecer razonable.

La oposición de la prensa deportiva española causa vergonzante estupor. 'Marca' y 'As', juntos en la misma batalla. Como en los viejos tiempos. Actúan con desmedida vehemencia y mezquino fundamentalismo; como -muy- temerosos de perder un bien preciado, como si la virtud de sus mitos fuera inviolable e imperecedera. Pero lo cierto es que el periodismo deportivo gestiona funestamente el declive de los grandes. Ese no es el camino. No se trata de minusvalorar la intachable hoja de servicios de Casillas al madridismo. Al contrario: titular o suplente, sigue siendo una leyenda del club. Nadie duda del talento, de su calidad y de su vigor. Ni siquiera de su voluntad y fe (murmuran sobre presuntos topos y sobre camas al entrenador, que no creo personalmente). Sino del nivel competitivo actual, de su estado de forma y su rendimiento. En el verbo deportivo, siempre conjugado en presente, está la diferencia: no se trata de ser el mejor, sino de estar mejor. Es el prisma en el que se basa la meritocracia, instaurado por Mourinho. El Madrid no debería permitir que sus viejas glorias se conviertan en rémoras. Verbigracia, Bernabéu no renovó a DiStéfano y a los dos años se consiguió la sexta Copa de Europa. 

martes, 19 de marzo de 2013

El reinado de James



Lebron James volvió a exhibir su aplastante hegemonía en el baloncesto mundial. Ayer aniquiló a los Celtics en el TD Garden con una demostración de superioridad incontestable, con canasta ganadora incluida. Boston dominó gran parte del duelo, siempre competitivo y orgulloso, pero cayó ante un soberbio último cuarto de Miami, que remontó una renta de 13 puntos a falta de 8 minutos. No hubo solución ante Lebron, que lideró a su equipo con 37 puntos, 12 asistencias, 7 rebotes, 2 robos y 2 tapones. El triunfo catapulta, además, a los Heat como la segunda mejor racha de la historia de la NBA: 23 victorias consecutivas, un hito que no pudo aspirar en su día Michael Jordan.

Se trata de otra muesca para su excelsa temporada regular y que pone de manifiesto la constatación real de la supremacía absoluta de Lebron James, profetizada y anhelada durante muchos años. Desde que el mundo le contempló en su segundo año en el high school, Lebron James ha estado predestinado a ser el rey de la NBA. Una presión brutal con la que ha convivido toda su carrera, insoportable para el resto de los mortales. Nunca se achantó. Asumió su destino y él mismo se proclamó como the choosen one (el elegido). A los 17 años firmó un contrato publicitario multimillonario con Nike (90 millones de dólares) y saltó directamente desde el instituto a la gran liga. Muy pronto demostró su valía, se ganó el hueco entre los mejores y batió todos los récords de precocidad existentes. Consiguió el MVP a los 24 años, el galardón individual más importante. Se obstinó en conseguir la grandeza para Cleveland, la ciudad maldita del deporte de Estados Unidos (el último título profesional se logró en 1964), y se plantó en las finales de 2007 con uno de los peores conjuntos finalistas que se recuerdan. 


Pero la brillante hoja de ruta hacia la gloria se trastabilló. El camino hacia el anillo resultó ser más duro de lo que él pudo prever. Peleó contra todos y contra todo, especialmente ante él, su peor juez. Perdió las finales y aguantó reproches despiadados, algunos humillantes. Optó por concluir el capítulo con los Cavs, que se replantearán eternamente su ineptitud para dotar a Lebron un equipo de garantías, y se lanzó al proyecto de su vida. Su decisión acarreó críticas feroces que le auguraron el desprestigio de su historial y la infravaloración de sus futuras hazañas. "Yo no llamé a Larry ni a Magic para jugar con ellos; trataba de ganarles en la cancha", sentenció Jordan. Sin embargo, James se había ganado el derecho a decidir y obró bien. Los Heat le ofrecieron un equipo confeccionado para el éxito. Y la franquicia voló durante su primer año pero el sueño se truncó en las Finales. Lebron volvía a perder.

Levantarse no era una novedad para Lebron James. La heroica capacidad de superación, tan apreciada en Estados Unidos, es otra de sus señas de identidad. Hijo de una joven madre soltera, forjó su carácter en los barrios marginales de Acron (Ohio) e hizo de la lucha una constante en su vida. Un hombre hecho a sí mismo que no cesaría jamás su empeño en alcanzar el anillo. La derrota ante los Mavs supuso un punto de inflexión en su vida. Encabritado como Jordan en el 96, Lebron realizó en 2012 el mejor baloncesto de su carrera. La estrotésferica exhibición en el sexto partido de las Finales de Conferencia (45-15-5) mostró al mundo su terrible hambre de gloria. Y los Thunder palidecieron en la gran final ante el vendaval imparable. La NBA coronaba, al fin, a su rey.

Aún hay quien le discute. Desconfíe: quien asegure tal aseveración lleva años sin ver un partido de NBA. Lebron James reina con mano de hierro. Durant le reta, pero de momento es sólo un digno rival. Igual que Kobe, ilustres adversarios que engrandecen pero no discuten la supremacía de Lebron. Sin duda, el anillo le ha liberado. Sólo hay que observar su mirada, que sigue arrogante y decidida, muy jordanesca, muy americana, pero que ha encontrado la paz. Ha domado el juego, ha mejorado sus porcentajes; toma mejores decisiones, domina los partidos. Es mejor jugador de lo que ya lo era. No hay quien le pare. Y tiene 28 años. A esa edad, Jordan ganaba su primer campeonato. Ahora es el tiempo de King James.

domingo, 27 de enero de 2013

El Elche aplasta al Hércules

                               Edu Bedia se lamenta mientras los futbolistas del Elche festejan el primer tanto del partido
                                                                               FOTO DIARIO INFORMACIÓN

No goleó porque no quiso. El Elche doblegó ayer al Hércules con una demostración aplastante de velocidad e intensidad. El conjunto blanquiazul capituló sin oponer resistencia ante la incontestable superioridad del líder de la Segunda División. Xumetra se erigió en el mejor del partido con un tanto y una asistencia a Corominas. La victoria ilicitana en el derbi es otra muesca más de una temporada feliz y exitosa de un equipo y una ciudad que ya divisa el ascenso a Primera División.

Elche era ayer una fiesta. Horas antes del pitido inicial, los aledaños del estadio Martínez Valero recibían la estruendosa y alegre llegada de los aficionados ilicitanos. El ambiente respiraba un día especial para una ciudad que vive un año de ensueño. Rostros sonrientes, cánticos y alguna que otra burla al rival, la hinchada acudía al clásico provincial más optimista de los últimos años.

El estadio no se llenó, pero registró la mejor entrada del año. 17.827 espectadores, según fuentes oficiales, propiciaron que el Martínez Valero luciera su mejor aspecto. En el anillo superior de la grada noroeste se situó la afición del Hércules. Más de 1.500 seguidores blanquiazules animaron sin cesar a su equipo durante todo el partido, incluso en los peores momentos. El comportamiento de las dos aficiones, en un encuentro declarado de alto riesgo, fue ejemplar. No hubo incidentes.

Los pronósticos esperados se cumplieron pese a las dudas que surgieron por los últimos resultados de los equipos contendientes. El Elche se asomó al derbi con dos empates mientras el Hércules lo hizo con dos triunfos consecutivos que supieron a gloria en un año nefasto, embarrado en la penúltima posición de la tabla. Pero el derbi resultó ser un reflejo de la temporada que están realizando. El conjunto franjiverde ejerció de líder indiscutible y los 33 puntos que le separan de su rival quedaron plasmados ayer en el terreno de juego.

Acierta Fran Escribà
Apoyado en los últimos encuentros, Quique Hernández, técnico herculano, repitió alineación y optó por alejar la defensa de su área y por buscar la posesión de la pelota como principales armas contra el líder de la categoría. En cambio, el técnico ilicitano, Fran Escribà, modificó su once habitual e incluyó al centrocampista Aarón Ñíguez en detrimento del nueve del Elche, Berry Powel. El Elche apostaba por un ataque veloz y dinámico para evitar que los centrales rivales tuvieran una referencia definida.

Muy pronto se comprobó que la batalla táctica se declinaría hacia el lado local. El Elche presionaba con fuerza a un Hércules que tocaba la pelota sin peligro. El equipo local dotó de una vehemente intensidad a todas sus acciones y Aarón se apropió de las primeras ocasiones. Un tiro lejano desde la media luna en el minuto 17 y otro, en el 22, y que requirió la intervención de Falcón, portero herculano, mostraron la incipiente supremacía del Elche. La movilidad y rapidez de los jugadores franjiverdes estaba haciendo daño al Hércules.

El Hércules poco a poco perdía el control del partido. El centro del centro del campo blanquiazul no encontraba el modo de conectar con sus atacantes. Fue el día en que Rivas y Mario Rosas nunca supieron qué hacer con la pelota, asfixiados por la presión ilicitana. El Elche empujaba, robaba y abría la pelota a las bandas, ocupadas por Xumetra y Fidel, que perforaban como puñales con sus internadas a la defensa herculana.

Aparece Xumetra
De nuevo en otro ataque ilicitano, en el minuto 35, Corominas buscó la pared en corto con Generelo, que ve el aclarado y le devuelve la pelota con un exquisito pase. Pero quien aparece no es Corominas, sino Xumetra, que rompe a la defensa herculana volando a velocidad de crucero, se planta solo ante el portero y define con elegancia. El gol recompensaba los méritos del Elche, claro dominador del partido.

Si la respuesta del Hércules pasaba por cambiar el rumbo tras el descanso, esta nunca tuvo oportunidad de manifestarse porque a los pocos minutos de la reanudación de la segunda parte el Elche sentenció el partido. Xumetra, el héroe de la noche, condujo un contragolpe de vértigo y cedió a placer a Corominas. El ayer nueve del Elche controló mal, pero su rapidez le permitió armar de nuevo y disparó antes de que los defensas pudieran arrebatarle la pelota. El tanto propició el atronador delirio la grada.

La clemencia del Elche
El gol dejó al Hércules contra las cuerdas. Otro galopada iniciada por Corominas puso en bandeja a Aarón el tercer tanto, pero Falcón detuvo. Y, sin embargo, el Elche paró. Aun con un Hércules rendido y abatido, el líder levantó el pie y no quiso hacer sangre. Decidió ahorrar fuerzas para futuras batallas y gestionó la media hora final con un fútbol control y prudente. En su noche perfecta de su impecable temporada y ante su odiado rival, el Elche tuvo piedad.

La compasión ilicitana no pareció molestarle a su afición, que coreaba y festejaba la victoria. Se trata del undécimo triunfo seguido en el Martínez Valero, un feudo inabordable durante todo el curso para sus rivales y que ayer tronaba de alegría con sus vítores. Sobre todo irradiaba felicidad absoluta. Queda todavía una vuelta entera, pero ya se sienten en Primera.

viernes, 21 de diciembre de 2012

"¡Árbitro, cabrón!"

La reciente muerte de un árbitro holandés a manos de tres jóvenes de 15 años pone de manifiesto un problema que afecta también al fútbol base español. Los árbitros y los entrenadores de la Región de Murcia acusan a los padres de los futbolistas de alimentar los insultos y vejaciones en las categorías inferiores



Marcos Mateo García
Francisco Valero Pertegal
SANTOMERA - MURCIA

El cronómetro del campo de fútbol de césped artificial de El Siscar marca el minuto 5 del partido. Manuel Lobo, delantero del Santomera Infantil, se interna en el área rival con la estrecha vigilancia de su adversario, Javi Huertas, capitán del Huracán Siscar. Lobo pisa la pelota, lanza el amago y Huertas cae en el engaño. El defensa del Huracán mide mal su entrada y derriba al delantero. Un silbido aterroriza a todo el estadio. El árbitro pita penalti. La grada se alza y clama con dureza: “¡Árbitro, cabrón! Desgraciado, hijo de (...)”. Apenas hay 100 espectadores, pero el árbitro recibe una lluvia de insultos.

     Los futbolistas solo tienen 12 y 13 años, pero son conscientes de la trascendencia del partido. Los equipos Huracán Siscar y Santomera disputan el primer puesto de la categoría Segunda Infantil de la Región de Murcia. Ambas entidades mantienen además una fuerte rivalidad debido a la cercanía de sus territorios (El Siscar es una pedanía de Santomera). Los aficionados agolpan la pequeña grada de El Limonar, la cancha del equipo local. Son familiares y amigos de los futbolistas, que acompañan en todos los partidos a sus chicos. Para la hinchada el evento es más que un juego: el penalti les perjudica y cargan contra el árbitro sin contemplaciones.


Un estudio muestra que en un 80% de los casos el principal culpable del ambiente de crispación son los padres

"Si mi madre me acompañara a los partidos, me obligaría a abandonar el arbitraje"

"Los padres nos pensamos que tenemos un Messi"

"Lo ideal sería que los padres no acudieran a los partidos, pero sin ellos el fútbol sería inviable"