martes, 17 de mayo de 2011

Reflexiones finales a vuelapluma

La temporada alcanza a su fin y toca la hora de los balances finales. De todo ha pasado este año y de mucho quería escribir, pero no ha sido así. No ha sido por falta de tiempo, precisamente. Otros motivos. Por ello, he aquí en pequeños renglones ciertas reflexiones merengues de un servidor en vista de esta temporada 10/11 futbolera que finaliza:

  • En perspectiva, tomando todas las circunstancias que han rodeado al Madrid, el año es de notable, satisfactorio. Se han cumplido los objetivos reales: se ha peleado una Liga con un ritmo de puntos muy alto (en cualquier otro país seríamos campeones), se ha logrado la Copa y se ha vuelto a la élite del fútbol continental, las semifinales de la Champions.

  • Los ilusos y engañabobos dirán que no se puede dar por bueno un año en el que se gana un título menor. Pienso que sostener tal teoría es vivir ajeno a la realidad. No olvidemos: entrenador nuevo, jugadores jóvenes en su mayoría, proyecto re-empezado. Lo que viene a ser el año I. Y ante un rival fortísimo en la Liga, como es el Barça, dominador del último lustro europeo junto con el Manchester United.

  • Sí, hay una gran inversión detrás del proyecto, jugadores de primer nivel, una gran plantilla y uno de los mejores técnicos -si no el mejor- del mundo. Pero eso no garantiza nada: se requiere trabajo y paciencia, amén de una correcta dirección del mismo. El resto es demagogia barata y palabras huecas.

  • Hemos avanzado mucho respecto del Barça. Por vez primera en tres largos años, se ha tuteado al Barça. El título de Copa da fe de ello. Sigue estando por arriba, cierto; pero ya no nos saca dos peldaños como antaño.

  • En su día dije NO al cambio de entrenador, dije sí a la continuidad de Pellegrini. No me retracto. Lo creí únicamente por razones de estabilidad y continuidad, porque consideraba que construir de nuevo era perder el tiempo, retroceder. La labor de Pellegrini se quedó inacabada; aún me faltó un año más para juzgar con propiedad. En su haber no olvidaré que fue el primer entrenador que sentó a Raúl.

  • Dicho esto, y visto el primer año de Mourinho, debo rendirme a la evidencia: ha mejorado a Pellegrini. No hemos perdido el año. Meritazo del técnico portugués. En todo caso, lamento que no se hubiera contratado hace dos años, en el primer año.

  • Decir que estoy contento con Mourinho es poco. Mourinho es una de las mejores cosas que le han ocurrido al Real Madrid desde hace mucho tiempo. No hablo sólo de su labor deportiva como técnico. Ha cambiado el club por dentro. Y lo que le queda. La estructura del Real Madrid es hoy día acorde a un club de élite.

  • Florentino Pérez ha logrado lo difícil. Ahora toca lo fácil: apoyo incondicional al técnico.

  • Por primera vez en mi vida creo que se están haciendo bien las cosas desde todos los ámbitos. Sólo falta que la pelotita entre. Y eso, reitero, es cuestión de dar tiempo; mantener lo que funciona y corregir lo que falle (que es poco, por fortuna).

  • Primer año sin Raúl: bueno para el Real. No estábamos locos quienes criticábamos el rendimiento y el estatus que tenía el siete en el Madrid. Su marcha, necesaria desde hace mucho tiempo, ha sido buena para las dos partes: para el equipo y para el futbolista. A los dos nos ha ido mejor separados.

  • No entiendo los reproches a Valdano. Es Director General, no Director Deportivo. El matiz es muy importante. Su labor es representar a la directiva en los aspectos deportivos del club (fútbol y baloncesto). El primer nexo entre directivos generales y la parcela deportiva: delegar es su trabajo y no planear y ejecutar como erróneamente se cree. Si alguna vez se entrometió en el fútbol, ya se encargó Mourinho de señalarlo. Y la reacción del argentino fue impecable.

  • Pardeza es el responsable de la dirección deportiva de la sección de fútbol. Muy poco se habla de él. Y es una pena: es el principal culpable de los fichajes de DiMaría y Ozil. O si no es así, que alguien me diga quién ficha a estos tipos. Los tiempos presidencialistas ya pasaron: de todos los fichajes (quince) que se han realizado en estas dos últimas temporadas, francamente sólo veo la mano de Florentino Pérez en Kaká. Cristiano no lo fichó él.

  • Me gusta la política de fichajes actual del Madrid. Hace años, lo normal es que Ozil hubiese triunfado en un equipo rival. Hoy no ocurre así. Con Sahin se mantiene la línea. Y me gusta. Puede que salga mal (como Canales, de momento), o puede que salga un crack (Ozil), pero joven potencial que se vislumbra en Europa, jugador que acaba en el Madrid.

  • Hablemos de futbolistas. Cristiano es un jugador brutal. Estamos ante un futbolista irrepetible. Y me temo que el madridismo no lo valora en su justa medida. Ozil me ha fascinado, como a todos. De DiMaría tenía una concepción negativa de su etapa en el Benfica y en la selección argentina, y sin embargo su temporada ha sido muy buena. Supongo que algo tendrá que ver ahí Mourinho. Y Marcelo, un lujo.

  • Benzemá está demostrando su tremendo potencial. De Higuaín y su valía no hay dudas. Adebayor fue un acierto de Mourinho. Sí: tenía razón, hacía falta otro delantero. Era necesario. Por otro lado, muchos han matado a Kaká ya, pero yo no lo traspasaría. Quiero verlo bien físicamente y con regularidad. Aún no lo he visto, es por ello que aún le espero.

  • Mahamadou Diarrá erra irrecuperable para el máximo nivel. Lass es un caos como mediocentro, así como poco fiable. Khedira es un jugador infravalorado y no sé por qué pero me lo esperaba. Yo, que no tengo ni puta idea de fútbol, sé valorar que no es mediocentro (interior puro y duro), y es ahí donde se las ha visto el alemán durante todo el año. Su trabajo y empeño es muy loable. Y su importancia en el equipo, vital: su mal partido en el Nou Camp de noviembre, explica bastante el 5-0; del mismo modo, su gran rendimiento en Copa explica la victoria madridista. De Xabi Alonso no tengo palabras. Asistimos a uno de los mejores centrocampistas del mundo.

  • Sexta temporada en el Real Madrid de Sergio Ramos y sexta temporada que no cumple con las expectativas. La irregularidad de este futbolista se me antoja alarmante, máxime cuando se le presupone un alto potencial. El Barça tiene en Alves un privilegio único en el mundo. Es el plus del Barça. Como lo fue Roberto Carlos en el Real durante años. Con Ramos no es así. El Madrid tiene en su banda derecha un jugador que no marca diferencias en ataque ni se caracteriza por su constancia en la fase defensiva. Se hace urgente una reflexión. Y la respuesta tal vez esté en que no es lateral sino central.

  • Casillas sigue teniendo lagunas inadmisibles en un portero de su nivel. Pero jamás vi un portero tan determinante como él. Otro año sin mejorar, pero fue decisivo en la Copa. Como en el Mundial. Como en la Eurocopa. Como en la Novena. Para lo bueno y la malo, Casillas apenas ha cambiado en diez años de carrera deportiva.

Al año que viene no tengo ninguna duda de que estaremos mejor. Tomo como dogma y referencia una sentencia de José Mourinho: "Mis equipos son mejores en mis segundas temporadas."

¡Hala Madrid!

miércoles, 20 de abril de 2011

La Copa de Pep y Mou


Reflexionaba un servidor en una entrada pasada acerca del paupérrimo y lamentable trato dado a la Copa de España. Argüía que tanto la dejadez y la mediocridad imperante en la RFEF, organismo organizador del torneo, como el escaso y casi indiferente interés de los clubes participantes, amén de la apatía de las televisiones, conformaban, en suma, un conjunto que no hacía sino lastrar el histórico prestigio de la Copa de España. Sin embargo, tres meses después, este servidor está a punto de hacer el ridículo; pues hoy, miércoles 20 de abril, se prevé que sea la final más vista de la historia.

Nada más lejos de la realidad. Sigo creyendo lo mismo. Sigo pensando que la Copa es un trofeo muerto, defenestrada por todos; mal administrada y minusvalorada en su totalidad. En resumen: en comparación entre lo que pudo haber sido y es, esta Copa es una mierda (no encuentro definición más precisa). Y que a falta de una verdadera transformación, sólo un milagro podría cambiar el signo. Cosa que ha ocurrido. Si hoy más de diez millones de españoles se sentarán ante el televisor, si hoy Villar se vanagloriará en el palco, si mañana TVE presumirá de audiencia, si el día de mañana esta final será recordada por sus vencedores, se deberá única y exclusivamente a dos hombres: José Mourinho y Pep Guardiola. O Pep y Mou, como quieran.

Pues sólo el real interés y deseo de los técnicos del Real Madrid y el Barcelona han propiciado el fenómeno que el mundo entero verá hoy. Desde el comienzo de la competición, creyeron en ella; dieron el todo por el todo, nunca ninguneándola y gestionando sus plantillas para la victoria final. Así lo certifican varios ejemplos. En el lado azul y grana todavía colean las palabras de Guardiola ante la visita del Ceuta en una eliminatoria ya resuelta, acusadas por muchos de cursis y pasadas de frenada –entre los que me incluyo-. Pero hay un hecho que va más allá de las palabras: el día del Betis.

Aquel día vino el líder de la Segunda División al Nou Camp en el momento cumbre de juego del Barça, en un partido de apariencia fácil y sencilla; además, era la resaca post-balón de oro. El típico partido para reservar estrellas y sacar suplentes. No obstante, la sensación final, a pesar del contundente resultado (5-0), fue la de un Barça anulado en su juego. El Betis de Pepe Mel fue ante todo un ataque frontal a su sistema. ¿Saben cuál fue la alineación del Barça aquel día? La mejor posible, menos Pinto y el lateral zurdo. En efecto: Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Villa y Messi. Alineación de gala. ¿Qué hubiera pasado con otro equipo en cancha? O más simplificado aún: ¿Se imaginan ese partido sin Messi, autor de tres goles?

Aquella eliminatoria confirmó que Guardiola se tomaba muy en serio la competición. En el otro lado, el merengue, también hay ejemplos significativos. Mourinho apostó siempre por un bloque en su mayoría compuesto de jugadores titulares. Cristiano Ronaldo, titular indiscutible. Por citar un partido: el día del Levante (8-0); Xabi, Ozil, DiMaría, Cristiano y Benzemá partieron de inicio. Tal fue su convicción en esta competición que no dudó ni siquiera con su portero titular. Dudek tan sólo disputó minutos en la vuelta ante el Levante. Otro punto a favor de Mou es la firmeza mostrada en eliminatorias contra Atlético y Sevilla, equipos tradicionalmente más peligrosos en este tipo de compitición y que, sin embargo, esta temporada apenas dieron sensación de poder disputar la eliminatoria.

Así que hoy, antes de que el arbitro dé el pitido de salida, antes de que mi corazón blanco me ciegue por completo y entre de lleno en el partido, animando como un becerro al Real, brindaré por Mourinho y por Guardiola. Por permitirnos disfrutar de tan glorioso espectáculo. Se lo debemos.

lunes, 7 de marzo de 2011

Descalabro en el baloncesto


Algo pasa, y muy grave, cuando un entrenador al que le acompañan los resultados y no hay aparente choque público presenta su dimisión. Ettore Messina, ex técnico ya del Real Madrid, comunicó el viernes por sorpresa para todos que dimitía. Los motivos no están claros, máxime cuando el proyecto iba cogiendo forma; la hoja de ruta cumplía paulatinamente sus plazos: el trabajo del italiano estaba dando sus frutos. En su comparecencia ante los medios, Messina no señaló ningún aspecto concreto. Así que todo parece indicar que existió una ruptura entre el vestuario y el técnico, o bien éste con sus superiores. Existen indicios para ambos lados: el caso Garbajosa, algunas disensiones de los roles de ciertos jugadores en la plantilla o la particular situación de Felipe en el club, por un lado; y la destitución de Maceiras y la escasa sintonía con Florentino, por el otro lado.

Este hecho supone el primer punto negro de la segunda etapa de Florentino Pérez. La dimisión del entrenador jefe de la sección de baloncesto es un descalabro serio. Cuando el presidente llegó a la poltrona blanca, en verano del 2009, el estruendoso ruido mediático del fútbol acaparó con todo; pero de lo poco que supimos del baloncesto es que confió todo a un técnico de laureado éxito en Europa, en una fórmula parecida a la que ha optado para el fútbol en el segundo año. Aglutinar todo un proyecto en un tipo como Messina, ganador de 4 Euroligas (22 títulos a lo largo de su carrera) ofrece muchas garantías. Sin embargo, visto ahora, en perspectiva, se da la sensación de que el proyecto no ha sido ejecutado con total seriedad: ha habido flecos, fallos en el sistema, que tal vez expliquen la renuncia de Messina.

El más evidente, todo visto desde fuera, desde la óptica del espectador, ha sido un endeble y frágil apoyo de la directiva en la figura del entrenador. Messina no ha tenido el respaldo absoluto del presidente. Siguiendo la comparación futbolera, Florentino ha pecado de lo que ya le avisó Mourinho -y que por suerte ha corregido- en este primer tramo de temporada: los aspectos deportivos déjemelos a mí, haga lo que le pida, apóyeme. La frialdad con la que Florentino y Ettore se saludaron en la derrota de la final copera resulta cuanto menos esclarecedora. No parece que le hayan dado todo lo que el italiano le pidió.

Otro hecho que explica la trágica situación resultó ser las declaraciones de Messina en el foro Ferrándiz del diario AS, donde dijo que el madridismo debía de cambiar de mentalidad si grande quería ser de nuevo. Aquella sentencia, que fue -y es- una verdad como un templo y que no sentó nada bien a la cúpula del club, mostraba que no compartía los modos de pensar del club ante los resultados. Mientras que unos veían finales perdidas; el italiano veía un éxito alcanzar tales cuotas. Roncero, que por desgracia representa el pensamiento de gran parte de los madridistas, afirmó que la escasa cultura madridista fue su tumba. Realmente, el daño que está haciendo la propaganda de esos supuestos viejos dogmas fundamentalistas, el del ganar siempre, el de los títulos por año, el del fin por encima del medio, es irreparable; más aún cuando no hay base firme sobre la que sostenerse. A un equipo joven y bisoño no se le puede exigir lo mismo que a los cuajados y legendarios equipos de Ferrándiz. Este discurso distorsiona la realidad, engaña a la gente. Messina lo sabía y así lo avisó.

Ahondando más en los problemas de la sección, a la errónea -o no del todo acertada, si lo prefieren- dirección del proyecto (no apoyo incondicional al técnico, impaciencia ante los resultados; exigencias desmesuradas), se le une también la cuestión presupuestaria: presenta cifras menores a la de sus grandes competidores. Esto le lleva a un segundo lugar en el mercado, le impide, así pues, optar a los mejores del mundo, NBA aparte. El talonario, la cartera, esas palabras que tan feas suenan en Can Barça, resulta que son una de las claves de su éxito. Bien es cierto que la sección no es rentable para el Real Madrid, que los resultados económicos reflejan pérdidas. Pero que esta realidad no se solucione se hace un tanto incomprensible si miramos la magnitud de los números que maneja el Real Madrid como club. Florentino Pérez debe plantearse seriamente una fórmula ganadora en este aspecto, de lo contrario estará condenado a luchar por objetivos menores.

De momento, ante la crisis desatada, la única reacción del club ha sido confirmar a Emanuele Molin como técnico del baloncesto. Decisión que creo acertada. Mejor una labor continuadora, que un cambio brusco en mitad de temporada. A pesar de todo, el equipo seguirá creciendo, las opciones de estar en la Final Four siguen intactas. La defensa, virtud de Messina, es su mejor arma. Por otra parte, nombramiento del entrenador aparte, el club no ha hecho ninguna intervención pública. Valoro mucho que Florentino Pérez esté alejado de los medios de comunicación, sin declaraciones constantes y cediendo el protagonismo a otros, pero considero que en situaciones como la ocurrida debería romper su silencio y dar explicaciones ante la actual situación del club. Cosa que no ha hecho. En la rutina y en aspectos trivales, vale; pero no me sirve en momentos cruciales e importantes. Cuan lo de Pellegrini, sí lo hizo. Sí dio explicaciones, convenciera o no, dio la cara. Aquí no debe de ser menos.

martes, 11 de enero de 2011

La sinrazón del Balón de Oro


Todos los años se repite la misma historia. Unos claman que lo merece Mengano, otros que sería una injusticia que lo ganara Fulano; unos se amparan en estadísticas y logros; otros en sus escasas pero decisivas aportaciones; los más rebuscados se apoyan en razones históricas, que ya le toca dicen; otros en que sus equipos lo han ganado todo. Y así un largo etcétera que compone un -quizás- absurdo debate. Suele pasar en todos aquellos premios que no precisen de un método de puntuación claro y conciso. Porque antes de entrar en dimes y diretes, se debería definir qué es el Balón de Oro. ¿Qué premia el trofeo? ¿Qué se reconoce? La falta de un criterio, o la diversidad de éste -según se mire-, provoca las infinitas e irritantes discusiones; así se explican las polémicas decisiones de France Football a lo largo de su historia y que en ocasiones han desprestigiado su reluciente insignia. Verbigracia: Nedved, Owen (¿!).

Bien es cierto que este año se ha dado un acertado primer paso, no obstante, que es el de unificar el FIFA World Player con el Balón de Oro franchute. Resultaba una estupidez la presencia de dos premios similares, amén de un pretexto que conducía a más confusiones. Aglutinados los dos en uno, se soluciona más de un problema previo. Sin embargo, superadas las formalidades, falta el fondo: los requisitos por los que un futbolista es designado Balón de Oro. Tampoco son argumentos válidos -de hecho, me repatea- "el carisma, el juego limpio (flair play) y la personalidad" que indican en sus estatutos. La institución debería galardonar ante todo cuestiones estrictamente futbolísticas; es el mérito deportivo y no aspectos personales lo que debería premiar. Para así poder resolver las dudas que siempre deja el premio todos los años: ¿qué les llevar a elegir a cierto jugador como Balón de Oro?

Si el criterio a seguir es la designación del mejor jugador del mundo, entonces el debate sería Messi-Cristiano, Cristiano-Messi. Solos ellos aguantan la comparación. No hay ningún otro jugador en el mundo que se acerce al nivel de ellos. Si, por otro lado, se premia al jugador que mejor año ha hecho tanto en lo individual como en lo colectivo, los candidatos serían Xavi o Sneijder. El primero ha realizado un año formidable, ha rendido a un gran nivel en la Liga que su equipo ganó y es parte imprescindible de la selección campeona del mundo. El holandés, por su parte, ha rubricado una temporada casi perfecta, con el triplete en su bolsillo y el subcampeonato mundial. Si en cambio el criterio es la determinación y la brillantez en el torneo más importante del año, no cabe duda que el asunto estaría entre Iniesta o Casillas, futbolistas que perfilaron una temporada discreta en Liga pero que fueron absolutamente decisivos en la Copa del Mundo. Otrosí: valga el caso del italiano Cannavaro en el mundial del 2006, así como el caso de Ronaldo, el auténtico, el genuino brasileño, que ganó el galardón debido únicamente a su tremendo mundial del 2002 (al igual que Iniesta, no jugó por lesiones en su campaña liguera).

El objetivo del nuevo FIFA Balón de Oro es esclarecer de una vez por todas un criterio único a fin de fulminar los polémicos debates que siempre acarrea la designación del premiado. Sólo así podrán -podremos- saber los españoles si el resultado de ayer fue decepcionante o una gesta; sólo así sabrán qué credenciales debe presentar un español si al Balón ansía optar. También sólo así se acabarán estúpidas conspiraciones antiespañolas como las que cita hoy en su portada el diario Marca. Sólo así, en suma, quedarán claras las razones por las que Messi fue coronado como Balón de Oro del año 2010.

martes, 9 de noviembre de 2010

La Copa


Llegan días de descanso para muchos futbolistas titulares ya que regresa la Copa de España, ese torneo molesto que sorprendentemente tiene carácter oficial. La desvalorización de esta histórica competición se debe al nulo o escaso interés de aquellos que copan los estatus más poderosos del fútbol español: los equipos de la Primera División y, en mayor medida, los grandes. La Real Federación Española de Fútbol, organismo que regula la competición copera y cuya funcionalidad está bajo sospecha -conocidos son los casos de irregularidades sacados en su día por la SER-, se somete a las disposiciones de los clubes por un dame tu apoyo que yo te echaré un cable en ciertos asuntillos como la Copa. Un ejemplo claro de esta evidencia se comprobó hace unos años cuando se imitó el modelo de la Premier, magistral dicho sea al paso, donde las eliminatorias son a partido único y siempre en casa del rival débil. Aquello no gustó a quienes tienen la sartén por el mango, se cambió y el resultado es el que tenemos: una Copa fea, aburrida y totalmente desvirtuada. Y nada indica que todo vaya a cambiar.

Por ideas no será. Al margen del sistema inglés, aquí en la blogosfera, por ejemplo, abundan innumerables proposiciones viables que pueden perfectamente revitalizar la Copa. Tales como otorgar un mejor premio al campeón como es la posibilidad de acceder a la Champions; otras como la sugerente idea de copiar en la medida de lo posible el formato de Copa del baloncesto y un sinfín de etcéteras. Pero lo cierto es que son palabras que se lleva el viento, vacías; sus planteamientos son utópicos. Mientras no se produzca una renovación completa en la RFEF y un cambio drástico en sus políticas, o bien los fuertes clubes desvíen la mirada más allá de sus preciados ombligos y muestren un interés por encima de su bien personal -postura que, por cierto, no veo mal del todo-, seguiremos manteniendo esta ruinosa Copa, nada apetitosa, ausente de atractivo alguno. Otra opción es que las cadenas televisivas vean un diamante en bruto, una producto sin explotar, pero me temo que los colegas de Roures y los viejos amiguetes de Sogecable, problemas económicos aparte -malas gestiones y la crisis, ya saben, que lo impregna todo-, unifican sus anhelos junto con los de los clubes españoles.

Así pues, se presenta un torneo donde nadie muestra ambición y deseo de ganarlo, el desprecio de los clubes de la Primera División es bastante notorio. La Liga centra todos los objetivos prioritarios de los clubes, ya sea para lograr su consecución final, alcanzar puestos europeos o conseguir la permanencia. Ni siquiera agrada a aquellos caminantes habituales de la "zona tranquila" de la tabla liguera. La paradoja es que a muchos entrenadores se les llena la boca hablando de este trofeo con sus no tenemos intención de tirar la copa, este trofeo es importante también y demás topicazos por el estilo cuando la realidad es bien distinta. Si realmente presentaran un mínimo interés por la competición pondrían sus equipos titulares. ¿Si tan importante les supone la Copa, por qué no rotar a sus futbolistas en la jornada de la Liga? ¿Acaso los clubes punteros ponen a sus futbolistas suplentes en Europa? El argumento facilón de la debilidad del rival no sirve tampoco: los once de la copa, teóricos equipos inferiores, suelen jugar hasta la expiración de la misma, con la salvedad de una hipotética final.

La tónica general a seguir es clara: no hacer el ridículo, ir tirando y ver hasta dónde se llega. Nadie va poner en entredicho al entrenador por no llegar a octavos ni se va a tachar de transferible a un jugador por nulo rendimiento copero. En los grandes, el asunto es más claro aún: basta con no pifiarla. Sólo en los supuestos en los que la Copa de Europa y la Liga se fracasa, se muestra apetito por la Copa, aunque sea sólo por salvar la campaña y no quedar en blanco. Incluso el Barça de la temporada 08/09 del triplete se ajusta a esta norma no escrita, pues no fue sino hasta la recta final cuando se tomó realmente en serio la competición. Como mucho, les sirve para rubricar el año. Por otro lado, y por desgracia, los equipos débiles, los rivales de otras categorías, los únicos que dan el todo por el todo por esta Copa, con la ilusión por bandera, se les pone todo tipo de barreras. Inconvenientes para no molestar en la medida de lo posible al rico. Así que para esta jornada copera y las venideras no queda más que resignarse a contemplar una posible sorpresa de estos equipos como único aliciente; y rezar para que el club grande al que tenemos por equipo nuestro no sea el derrotado y liberémonos así de mofas ajenas. Una auténtica lástima: un bello trofeo reducido a esta horrorosa mediocridad.

martes, 19 de octubre de 2010

Añorando


Lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer mismo. Expiraba agosto de 2005 y el Real Madrid disputaba su primer partido de Liga en Cádiz, a domicilio. A los veinte minutos de la segunda parte y con el resultado en contra (1-0), el flamante fichaje del Real de aquel verano salió en sustitución de Gravessen. Y de ahí a la grata sorpresa, el delirio y la admiración. Sensaciones que todavía hoy mantengo. Remontó el Madrid y Robinho asombró al madridismo y al mundo entero. Francamente, confieso que nunca había visto un debut de un futbolista madridista tan ilusionante. Nadie en tan poco tiempo, en el día de su estreno, me había provocado tanta fascinación. Porque, sin duda, aquel liviano futbolista procedente de Brasil poseía un talento excepcional, brutal. Desprendía calidad a raudales, mostraba un insultante repertorio de cualidades ofensivas y se amparaba además en un carácter atrevido y osado con el balón, bicicletas y gambetas, que le hacía distinto y genuino a los de su quinta. La expectación que provocó aquel día destrozó todo pronóstico optimista: Robinho estaba destinado a marcar una época en el Real Madrid, para goce y disfrute madridista.

Sin embargo, a pesar de su brillante carta de presentación, no dejaba de tener veintiún años y nula experiencia en el fútbol de alta competición. La futura estrella necesitaba crecer, formarse como futbolista. Y todo ello dependía en gran medida del club que le fichó. Lamentablemente, el Real Madrid por entonces no era el club idóneo para su instrucción en Europa. El club navegaba a la deriva en la parcela deportiva, castigado por erráticas decisiones de un modelo caduco: Robinho surgió en un equipo enfermo de muerte. Llegó al peor entorno posible para sus condiciones, todavía inmaduro. Robinho quedó desamparado, obligado a la supervivencia por su cuenta ajena, a progresar y a aprender solo. Tampoco atenuó la exigencia brutal del Madrid, que no entiende de tiempos ni de proyectos, propia de los viejos dogmas madridistas, tan inquebrantables siempre, eso del ganar siempre y como sea, la exigencia máxima por encima de todo: una presión desmedida para él.

La temporada 2005/2006 sirvió para mostrar sus brillantes credenciales. Fue una campaña intermitente e irregular, sin constancia; con fugaces destellos brillantes pero con poca firmeza. Pero en la siguiente campaña apareció Capello, su primer y verdadero instructor. El técnico italiano le colocó en la senda correcta. Sufrió mucho Robinho durante aquel año; soportó reproches internos y tuvo merecidas suplencias pero que le ayudaron a medio-largo plazo No hay nada mejor que hacer la mili futbolística a las órdenes de Fabio Capello. La formación de Robinho, que empezó con un año de retraso, dio sus esperados frutos en la campaña siguiente, con Schúster en el banquillo. Robinho completó el mejor año en el Real, y probablemente el mejor de su carrera. Fue titular indiscutible y un activo principal del juego de su equipo y en la consecución de la Liga que ganó el Madrid. Superados los obstáculos de los inicios, consolidado en la élite, el brasileño despegaba todo su talento. Todo indicaba que Robinho realizaría una brillante carrera en el Real Madrid. Estaba destinado a ello.

Y llegó el verano de 2008. Ahí acabó todo: se truncó el sueño del futbolista y del madridismo. Por entonces, las trapicherías de Ramón Calderón y sus colegas eran desconocidas a ojos de la luz pública, aunque el comportamiento de la entonces directiva blanca -o cuadrilla de patosos mafiosos sería más preciso- ya entreveía mezquinas y deleznables intenciones. El caso Robinho se convirtió en una prueba fehaciente de ello. El inexorable deseo de Ramón Calderón por contratar a Cristiano Ronaldo le trajo alarmantes quebraderos de cabeza. Las negociaciones nunca resultaron óptimas. A la desesperada, tras el enésimo intento acabado en fiasco, Calderón propuso meter en la negociación a Robinho. Dinero y el madridista por Cristiano. No se trata de una invención mía, pues todos los medios publicaron la noticia filtrada del Real -cuando todos publican lo mismo... agua lleva el río-. Apuntaron con bala mortal y por medios de otros -prensa- a un jugador fundamental del equipo. Traidores en contenido y formas, pues tampoco hubo decencia para desmentir las informaciones públicamente. El Madrid actúo y calló como una puta traicionera.

A todo ello, no ayudó en modo alguno la relación particular de Robinho con la directiva: había solicitado una renovación de contrato. El Real se aprovechó, ruin y mezquino, como el peor de los egoístas: no dudó en señalar a Robinho como el malo de la película, le colocó el estereotipo de pesetero y le puso a los aficionados en contra. Una decisión vil y despreciable de Ramón Calderón, pero eficaz para sus intereses. Voto a dios que no comparto las peripecias del mercado económico del fútbol, tan dispares a los de cualquier ámbito, mas no por ello no dejo de comprender su mecanismo: Robinho se encaminaba hacia su cuarto año en el club, cobraba una cifra baja y ridícula en comparación con otros integrantes de la plantilla y era un estandarte futbolístico del Real Madrid. Desde ese punto de vista, su petición de renovación era totalmente comprensible. En suma, Calderón y su tropa le hicieron una lamentable jugarreta. Y la prensa, leal a él en aquellos tiempos, hizo el trabajo logístico.

Todos salieron perdiendo de aquel nefasto culebrón. Perdió el propio Robinho, que se fue a un club imberbe y débil como era el City; perdió el Real Madrid que ultrajó su prestigio y perdieron los madridistas, que se privaron de unos de sus mejores futbolistas. Y perdió el fútbol. Robinho vio truncada su expectante progresión, tiró sus siguientes dos años a la basura, desubicado en Inglaterra y reencontrándose en Brasil, una Liga que le quedaba pequeña. Sólamente con la canarinha de Dunga, un conjunto bien organizado, se ha comprobado que aún sigue apto, que su potencial sigue intacto. Brasil le ha supuesto un halo de luz en dos años desperdiciados. Y tras varios flirteos con equipos europeos -temí cuando sonó para Can Barça- regresa a la élite, al AC Milan, con el que se enfrentará hoy al que debió de ser el club de su carrera.

No es menos que le deseo un gran partido, que destaque y deslumbre en el Bernabéu, que rompa a la defensa blanca y hasta quiero que marque; que avergüence a aquellos que osaron mancillar su nombre en su día. Lo deseo de veras. Sin embargo, y amoldándome al rancio topicazo, quiero asimismo que pierda. Que brille él, en efecto; pero que salga su equipo derrotado. Pues, pese que el Madrid ha demostrado a lo largo de su historia que cuando le viene en gana puede ser un perfecto mezquino, una implacable trituradora de futuras promesas y pernicioso para la salud de aquellos futbolistas que no caen en gracia, sigo siendo madridista. Cosas de la vida; qué le voy a hacer.

miércoles, 28 de julio de 2010

¿No lo notan diferente?


¿No les da la sensación de que está limpio, puro, completamente rejuvenecido? Como si se hubiera quitado una enorme losa de encima.

Comienza una nueva era en el Real Madrid.

¡Hala Madrid!

jueves, 3 de junio de 2010

No hay tiempo

Quisiera escribir sobre Florentino Pérez, su gestión a todas las escalas. El fútbol es mucho más que una pelota y dos porterías, hay vida más allá de unos simples resultados. Quisiera hablar tanto de Pellegrini como de Mourinho, el nuevo técnico madridista. Quisiera, además, opinar sobre Valdano, al que muchos critican.

Quisiera tratar el Mundial que se nos avecina: de España y sus futbolistas, del absurdo debate de los guardametas, de su juego y del peligro de Del Bosque; así como de nuestros rivales. Quisiera también comentar la final de NBA: de los flamantes Lakers y de los siempre tenaces y orgullosos Celtics.

Quiero hablar de muchas de cosas. Pero no tengo tiempo.

Discúlpenme.

lunes, 10 de mayo de 2010

Un fin de semana completito


Liga: en la mano del Barça está. Esta temporada he roto uno de mis principios: por una vez y sin que sirviese de precedente, me convencí de que ganar un título no era una obligación ni una exigencia. Lo contrario no era sino engañarse uno mismo, desvincularse de la realidad por completo. Los propósitos y objetivos pronosticados dictaban mucho más allá de lograr trofeos. La temporada 09/10 era el año I de proyecto: el comienzo. En consecuencia, era el año de adecuación y adaptación; de crear y realizar; de conjuntar y complementar; en definitiva, de definir los cimientos sólidos de un equipo. Aun así, todo ello nunca había sido históricamente un inconveniente que impidiera la consecución final de un título y que por tanto saciase el sentir ganador de todo madridista (recuerde: "Un año en blanco son cien años en el Real", Valdano dixit). Sin embargo, la envergadura y complejidad del recién estrenado proyecto así como el gran nivel del FC Barcelona complicaba enormemente las opciones de victoria final. Por consiguiente, ahora que la competición casera alcanza a su última jornada, no me sabe mal ni me enrabieta ni me entristece que el Madrid no consiga esta Liga. De hecho, por no querer, mis miras están puestas en cuestiones más alejadas.




Comienza el acoso mediático de Pellegrini. A la campaña realizada por el diario Marca en personalización de su director, el deleznable Inda, se le une también el diario As y la Cadena Ser. O sea, Prisa. O sea, Prisa y Marca, los grupos más poderosos del periodismo deportivo, unidos por la misma causa: largar a Pellegrini y traer a Mourinho. Y ante tal afrenta, no puedo ser más que pesimista. Qué menos si quiero ser realista. Porque quisiera creer y tener fe, pero la experiencia me dice que Florentino y su grupo -Valdano y cía- claudicará. ¿Aguantará esta vez el Real Madrid la presión de la prensa? ¿O bien soy un iluso y los medios ni mienten ni son interesados? Lo cierto es que se esperan cuatro semanas de guerra mediática hasta el pistoletazo de salida del mundial, donde imagino que desviarán el punto de mira. Ya saben mi opinión: no es cuestión de que Pellegrini sea nefasto o magnífico, ni tampoco de que Mourinho sea Dios y Cristo encarnado (visto así, en criterios comparativos, es indudable: Mourinho es mejor entrenador), sino de que no tengo ganas de romper el enésimo proyecto y empezar de nuevo. No me apetece pasarme la vida animando a un equipo que se reinicia todos los años. Así es imposible.



Despedida de Guti. Anda el madridismo un tanto dividido con el hecho de que Gutiérrez cuente sus últimas horas como madridista. Los hay aliviados, felices tipos que respiran tranquilos tras conocer la salida de Guti del Madrid; y los hay -éstos son mayoría- tristes, emocionados y melancólicos por la retirada de su jugador fetiche, un grande incomprendido, uno de los suyos. Yo, fíjense, ni uno ni otro. Ni contigo ni sin ti, que diría aquél. Al margen de las suspicacias estrictamente deportivas -nunca ha sido indispensable en el Real, menos ahora con treinta y tantos años-, el adiós de Guti me deja frío, casi indiferente, intrascendente, tal y como me lo parecía el propio futbolista. Una baja más de final de curso. A lo sumo, me provoca un deje de desencanto, por la sensación de que este futbolista nunca ha sido ni la mitad de lo que pudo haber sido. Todo un talento tirado a la basura, apenas aprovechado, casi inutilizado. ¿Alguna temporada completa y regular en el Real? ¿Alguna vez decisivo y determinante más allá de dos partidos al año? En fin, que adiós, Gutiérrez.



Barça, flamante campeón de Europa. Cuando hace dos años el Regal Barça -por entonces, Winterthur- tocó fondo, nadie esperaba que la recuperación de esta laureada sección azulgrana fuese tan rápida como productiva. En menos de dos años, han pasado de la ignominia deportiva a la gloria de los grandes que otorga la consecución de la Euroliga, la Copa de Europa del basket, ése título que tanto se le ha resistido a lo largo de su historia. Y todo ello tiene un responsable: Joan Creus y su grupo. Ellos han diseñado la magnífica plantilla: Mickeal, Morris, Ndong y, sobre todo, Rubio. Incorporaciones muy acertadas que otorgaron un salto de calidad a una plantilla de buenos jugadores (Navarro, Vázquez). Asimismo, otro tanto de Creus fue su confianza plena en un novato de los banquillos. Xavi Pascual, aun sin ser un fino estilista, su labrado y eficaz trabajo ha dado sus frutos. Porque, y es muy curioso, el éxito de este Barça se explica de manera muy simple: grandes jugadores, una mayúscula defensa y un baloncesto sencillo; todo ello aplicado con mucha intensidad. Conclusión: equipo arrollador. Como así queda refrendado: la temporada del Barça es casi perfecta, inmaculada -aún falta el desenlace de la ACB-. Sus números han sido demoledores: ¡31 victorias, sólo tres derrotas! Y campeón de Copa del Rey. Una barbaridad. Enhorabuena, por tanto.



Red Bull es el rey del mambo. No se dejen engañar. La clasificación del mundial de pilotos no refleja la realidad imperante de la fórmula uno. Si bien lideran la tabla Button y Alonso, no tienen los coches más rápidos a día de hoy. Son los Red Bull, a lomos de Webber y Vettel, los principales dominadores de esta primera parte del Mundial. El mérito de esta escudería es extraordinario, y gran parte de su celebridad actual se debe a Adrian Newey, el ingeniero que ha diseñado el coche. Así pues, se puede establecer una breve conclusión a vista de las cuatro primeras carreras: muy por encima del resto, Red Bull; si McLaren y Ferrari no están alejados en puntos y rendimiento es fundamentalmente por el talento de sus pilotos. Montmeló será una pista aburrida para el espectador pero es un circuito muy clarificado: expone con fina exactitud quiénes son los mejores bólidos. Sólo hay que echar un vistazo a la estadística. Aquellos que copan el podio en el Gran Premio de España suelen ser los que acaban disputando el mundial de fórmula uno.

lunes, 12 de abril de 2010

Certezas que se (re)confirman


A todas luces el clásico en el Bernabéu de la presente temporada resultaba trascendental para los intereses de los dos equipos que disputan por la Liga. La victoria de uno sobre el otro, añadido de la diferencia de goles particular -existiendo traducción, desterremos, por favor, el término gol average-, conllevaba sentenciar el campeonato nacional liguero. Como así fue: aunque enfermizos optimistas o maliciosos engañabobos -como prefieran- se nieguen a admitir tan tajante aseveración, aludiendo al supuestamente desfavorable calendario culé, lo cierto es que el Barça, salvo catástrofe, conseguirá su vigésima Liga española. Sin embargo, el encuentro entre el Real y el Barça no mostró tan sólo quién sería el vencedor del clásico y consecuentemente del título; sino mucho más, el partido del sábado solventó a la perfección la auténtica realidad de ambos clubes.

Por un lado, por los de blanco, se vio a un equipo compuesto de excelsos jugadores, de celebridad y fama sobradamente reconocida, con calidad y talento a raudales y del que se subyace un amplio potencial; pero también se discierne una escuadra joven, recién nacida y conjuntada esta misma temporada, sin antecedentes, sin pasado y casi sin presente y agravada, por tanto, por tales inconvenientes y todo lo que ello suscita. Por otro lado, por los azulgrana, se vio a un conjunto brillante en su forma y su fondo, de igual o mayor notoriedad que su rival; sin embargo, en su contenido se descubre un equipo compacto y brillante, del que sin duda todo su deslumbrante virtuosismo trasluce un trabajo laborioso y largo como respuesta a sus célebres resultados.

El Real Madrid realizó un buen planteamiento, estudió al Barça; le presionó arriba y bien, juntó líneas y confió el ataque a su poderosa pegada. Pero si bien el Madrid se tomó en serio el partido, más aún si cabe se preparó a consciencia el Barça: sabedor de que cómo le iba a hacer daño el Madrid, se fraguó en altos niveles de competitividad. En el centro del campo estuvo la clave, quien lo dominase controlaba el partido. Y fue ahí, en la reñida y combatida batalla por el dominio del juego donde se demostró quién lleva más tablas: el Barça hizo valer su fútbol contrastado, tantas veces practicado y tan bien ejecutado; así como se notó la experiencia de quien ha jugado finales y partidos importantísimos. Conquistado el centro del campo y el balón pues, sólo había que esperar el despiste merengue. No era un partido para tomar riesgos innecesarios. Minuto treinta y dos, falta que saca rápido y en corto que descoloca la formación del Real, Messi, pared mediante, recibe un pase magistral de Xavi que el argentino no perdona. Primera ocasión, primer gol.

En la segunda parte el dominio culé se acentuó aún más. Con firme determinación en su idea y paciencia llegó el segundo y definitivo gol barcelonista. La indecisión de Arbeloa se pagó cara: Pedrito anota solo ante Casillas tras otra genial asistencia de Xavi. Con el cero dos en contra, el Madrid intentó desarbolarse y fruto de ello ocasiones tuvo, pero muy tímidas, sin generar un peligro constante y real. El Barça mantuvo el orden y el equilibrio, la autoridad culé no se rebajó en ningún momento, no perdieron jamás el control del encuentro, tal y como ellos plantearon: seriedad y seguridad, sin descuidos, sin errores. Piqué y Puyol estuvieron francamente bien ante las acometidas madridistas. Sólo hubo un error culé: en un fallido intento de tirar el fuera de juego, Van de Vaart se quedó solo ante Valdés, una ocasión clarísima, inapelable, que sin embargó el cancerbero culé consiguió arrebatar. No seré yo quien diga a Del Bosque cómo hacer su trabajo -error que cometí en el pasado-, pero realmente la internacionalidad sería un justísimo reconocimiento por su excelente campaña.

Al final bastó con eso, con sólo dos ocasiones finalizadas. Fue, por tanto, una victoria trabajada, luchada y peleada; desde el punto de vista del espectador puede que pareciera demasiado fácil, sin ir más lejos, al diario catalán y culé Mundo Deportivo le pareció un baño (!), sin embargo fue todo lo contrario. El Barça tuvo que imprimir un mayor repertorio de juego, ajustarse al rival. Eso habla del empaque del Real; pero también muestra que el fútbol del Barça es a ciencia exacta el mejor realizado de todo el mundo -sobre la belleza y el arte que su fútbol pueda desprender se lo dejo a los cursis-, el más eficaz, el que mejor compite hoy en día. El peleón y correoso pero imberbe Madrid perdió ante el curtido y maduro Barça.

Un clásico radicalmente distinto al disputado hace menos de un año, al dos seis. El Real nada se parece al del año pasado: jugó un partido digno, con holgura, para nada regaló a su adversario la victoria. Asimismo, este equipo es infinamente mejor que el de Juande Ramos, y no sólo jugador por jugador -caso que resulta evidente-, sino que juega mejor y que progresa conforme pasan los partidos y con una plantilla bien diseñada que llama al optimismo de cara al futuro. ¿El problema? Que aun con todas las mejoras, sigue estando por debajo del Barça. A fin de cuentas, el Real Madrid no ganó por una razón muy sencilla: el Barça es superior. ¿Por qué? Porque le saca seis años de trabajo al Real Madrid. Esto es así de fácil. Mientras el Real está en el primer año de su proyecto -y dios quiera que no se lo carguen: Pellegrini debe seguir-, el Barça está en su máximo esplendor de juego y resultados. Ésa es la realidad.

Por consiguiente, el FC Barcelona encarrila un título que difícilmente se le escapará; mantiene así el nivel competitivo y el carácter ganador y centra sus objetivos en la competición más prestigiosa del fútbol profesional: la Copa de Europa. Porque, sin duda, está en el mejor momento de su historia. Por más que determinados aficionados culés y cierta prensa perfectamente reconocible tengan tan pobres y cortas miras, siempre ancladas en su archienemigo de la meseta, lo cierto es que tutean a la historia: el Barça está en camino de dictar una hegemonía mundial -palabras mayores-. Mientras que la élite del fútbol, los Manchesteres, Ínteres, Chelseas y demás pelean por los títulos y el reconocimiento del presente, el Barça lo hace por inscribir su nombre con letras de oro en la historia, alcanzar, así pues, la gloria eterna que se le otorga a los pocos que han conseguido marca una época en el fútbol. Si se confirma la consecución de la Copa de Europa por parte del Barça, no habrá sino realizar un punto y aparte a la hora de clasificar a esta mitad de final de década que ya finaliza, mencionarla y registrarla como la época imperial del Fútbol Club Barcelona, toda suya. Tres Copas de Europa en cinco años sería una proeza digna de los grandes de la historia.