domingo 11 de diciembre de 2011

Dolor, mucho dolor

Ocho de la mañana. He bebido bastante y no me noto siquiera borracho. Bebí y salí para olvidar. Y lo cierto es que por momentos de la noche lo conseguí. Pero no. Ha sido llegar a casa, inmiscuirme en mis pensamientos y el dolor ha vuelto a mí. Tampoco puedo dormir. Qué cojones. Juro que no quise, que siempre intenté controlar, pero he de reconocerlo: el fútbol me tiene cogido por los huevos. Esa mierda de deporte me ha atrapado. Estoy jodido. Otra veces fueron goleadas, malos partidos que provocaron un regusto amargo; nada más, sensaciones que superé fácilmente; pero hoy es puro dolor. Impotencia sin remedio a la vista. Pienso, rebusco, doy vueltas y nada me cuadra. Escribir es la única solución. Aun así, estoy más perdido que Robinson en su primer día en la isla.

Por qué, me digo constantemente, que diría el cabronazo de Mourinho. Intento tener un análisis racional y riguroso, intento ser minucioso y parco, todo debe de tener una explicación, me digo. Por esta vez, llegaba el Madrid a la par que el Barça; ya no había pretextos ni matices que considerar. Es el segundo año de un proyecto bien planificado y desarrollado, tercero de muchos jugadores. Hay estilo consolidado, juego mecanizado y futbolistas talentosos e implicados. Todos a lomos de Mourinho. Asimismo, hay experiencia, nos íbamos a una guerra que conocemos al dedillo, contra un enemigo muy reconocible. Todo en marcha. Todo listo. Por esta vez, reitero, no había ningún puñetero pero que señalar. Estábamos sobradamente preparados. Era la hora.

Y los mamones fallaron. Los hijos de puta. Y eso que empezó bien. Con esa presión tan característica nuestra, rápidos y mordaces. Buscaron el fallo y lo consiguieron. Valdés yerra y Benzema no perdona. Un comienzo genial. Y luego la tuvo Cristiano. La tuvo y la falló. No sigo, le dejo el resto de la crónica a Segurola, insoportablemente petulante hoy, seguro, o al cursi de Sámano. O al hijo de perra de Torres. Lo resumiré yo mejor que nadie: perdimos como idiotas. Otra vez. Y es eso lo que me duele en el alma. No los baños de juego ni los contundentes resultados. Sino acostumbrarnos a perder. Eso me jode. Somos el Atlético de Madrid para ellos. Lo somos, maldita sea.

Y no, yo por ésas no paso. Lo siento, pero no. Me niego a aceptar esa realidad. Memorizo, interiorizo. ¿Por qué me hice yo del Madrid? O más preciso: ¿Por qué juré fidelidad eterna a este club? Muy fácil: porque éramos el puto club más ganador de todos los tiempos. Ojo. Se confunden si las razones que presuponen son los títulos, récords y demás polleces. No. Me hice del Madrid por su carácter ganador. Porque era un equipo de grandes noches. Un equipo de hombres auténtica y genuinamente ganadores. Hombres, diablos. Hombres.

Y lo que yo he visto hoy, lo que estoy viendo en estos últimos años, no me identifica para nada con lo que siento yo ser del Madrid. Esos cabrones no me representan. Todo mi amor -porque yo a esos los quiero y los querré siempre- se pierde en noches como hoy. No estoy viendo hombres legendarios. No estoy viendo lo que yo espero de ellos. Seré muy exigente yo, pero esto es el Real: que se jodan si no comprenden. Los futbolistas blancos no imponen respeto, no generan temor ni nada parecido. Son, por qué no, mierda. Huy, sí. Estoy muy cabreado. Quién me lo iba a decir. Pero ese perfecto mierda, enano y retrasado llamado Messi resulta ser el mejor futbolista del mundo y que tiene más huevos que todos nosotros. Venga ya. Que ese brillante pero panoli de Iniesta se pasea en nuestra casa. Que ese mentiroso y tramposo ideólogo, pero genial futbolista, Xavi -aunque no lo crean, estoy perfectamente lúcido- los tiene cuadrados. Quién me lo iba a decir de esos. Esos. ¿Pero los han mirado realmente bien?

Qué lejos quedan las historias que me contaron y leí. Y qué lejos queda lo que yo mismo vi y comprobé con mis propios ojos. Dónde estás, Súker, Pedja, Seedorf y Capello, que le ganasteis al topoderoso Barça del mejor Ronaldo; dónde estás, Fernando Hierro, que te measte en la grandísima Juventus de Turin, dónde estás, Mijatovic, que no hiciste nada en todo el año, pero, ay, amigo, qué hombre fuiste el 20 de mayo de 1998; dónde estás, Redondo, cómo te añoro en estos partidos, maricón; dónde estás, Raúl, que nos diste una champions tú solo, y cuatromil títulos más; dónde estás, Raúl, que callaste a cien miel tíos; dónde estás, Zinedine, elegante, estético y maravilloso futbolista, pero efectivo y ganador, como debe ser, con tu gol al Barça en semifinales de Europa, con tu gol en la final; dónde estás, Ronaldo, que jamás fallaste en tu vida; Capello, que volviste y te follaste al Barça de Rijkaard. Xavi, Iniesta, Messi, Puyol, a esos mismos que hoy sonríen como capullos tú se la metiste por el culo.

¿Y qué veo hoy? ¿Qué estoy viendo? Destrozado estoy. Mi madridismo roza el suicidio.

¿Qué? ¿Qué me está diciendo usted? ¿Que estoy loco? ¿Qué por qué le doy tanta importancia al fútbol? Lo lamento, señor, pero no estoy de acuerdo con usted. Le argumentaré con suma brevedad: si no tiene pasión en la vida, ¿para qué coño vive?

Disculpen el lenguaje usado hoy. Estoy tocado y hundido. Sírveme otro brugal, Damián. No ayuda ni soluciona una mierda, lo sé, pero lo parece.

lunes 14 de noviembre de 2011

La ardua empresa de Capello


No vi entero el amistoso Inglaterra-España; puse el partido tarde, ya con el gol de los ingleses anotado en el marcador. Así que dispuse solamente de media hora de partido. Tampoco me molestó en cuantía. Mi interés por las selecciones internacionales, fuera del período veraniego, es nulo. Y tanto da que sea un partido oficial clasificatorio que un amistoso ante un rival célebre. El caso es que puse la Primera, por un fácil y rápido descarte de la programación televisiva de un sábado vespertino y -no lo voy a negar- por una mínima curiosidad futbolística. El encuentro en sí poco ayudó a mejorar el ánimo. Me aburrí como todos, hastiado de tanto toque-toque inerte de los españoles y abatido del inexistente ataque inglés.

Entre bostezo y bostezo, la realización enfocó a Fabio Capello. Camisa azul con corbata marina, ataviada en un traje clásico pero impecable y con un ramillete de solapa en mención a la boda de su hijo, Capello vociferaba órdenes como un poseso a sus jugadores. Alzaba los brazos con ímpetu, arrugaba el semblante en los desajustes ingleses y su mentón, tan característico en él, se torcía cuando señalaba indicaciones a sus jugadores en un italo-inglés rumiante. Tocaba Xabi con Cesc, y éste miraba a Villa, pero devolvía otra vez a Xabi, vuelta a empezar, rondo soporífero e interminable; pero mi atención se centraba en Fabio Capello.

En qué lío se ha metido, reflexionaba. Ahí lo tienes, me dije, don Fabio, laureado técnico, leyenda del oficio del entrenador, dirigiendo a la compleja y enrevesada selección inglesa. Pionero de intensivos métodos de entrenamiento, precursor de la profesionalidad íntegra de los futbolistas y exponente ilustre de la competitividad al más alto nivel, Fabio Capello reúne un historial repleto de triunfos y éxitos. Nueve ligas europeas en un período de quince años de carrera. Siete en Italia: cuatro con el Milan, el club de sus amores; una con el Roma y dos con el Juventus de Turín (aunque éstas fueron posteriormente desposeídas por el 'Moggigate'). Dos en España, donde revolucionó su profesión en una liga repleta de primitivos y anacrónicos métodos. Una Champions arrebatada a todo un 'dream team' culé en su apogeo, goleada incluida (4-0). Un señor que nada tiene que demostrar a nadie en el mundo del fútbol y que sin embargo, como regalo de jubilación, decide aceptar la tarea probablemente más difícil de su vida: reconducir el fútbol inglés.

Su labor no consiste básicamente en organizar, entrenar y dirigir un equipo de fútbol, al modo que hace su homólogo Del Bosque. Tampoco es suficiente con establecer un estilo y una jeraquía futbolística, asunto más complejo, como hizo en su día Aragonés. Aún hay más: debe reformar la rígida mentalidad del futbolista inglés. Desposeerlo de sus vicios. Desprender el carácter individualista y egoísta imperante; dotarle de un sentido colectivo; imponer un espíritu competitivo y efectivo. En definitiva, cambiar la idiosincrasia inglesa. Para después erigir los parámetros técnicos citados (el estilo, la cohesión, etcétera).

Un vistazo rápido a la historia reciente demuestra que el modus operandi futbolero británico no tiene efecto en el continente en los tiempos actuales. Son, en cambio, los foráneos quienes han otorgado garantías de competitividad y efectividad: los Mourinho, Benítez y Wénger; aun Ferguson, el británico, que no inglés, tampoco tira de manual anglófilo. Así como tuvo que ser la apertura del mercado internacional (tras la sentencia Bosman), que provocó la llegada de miles de jugadores extranjeros, quien impulsó a los clubes ingleses en Europa, antaño perdedores. En materia prima futbolística, el libro de estilo inglés estaba anticuado. Pero finalmente se arregló con la internacionalización de los métodos y modos. Sólo faltaba un hueco por enmendar: la selección nacional.

En ésas se las ve Capello: ardua misión que indudablemente requiere tiempo, máxime en un combinado nacional donde no existe trabajo diario. No basta tampoco con un mundial jugado. Por esa pauta, Aragonés jamás hubiese ganado una Eurocopa (los dos fueron eliminados en octavos de su primera competición oficial). Realizar toda una metamorfosis futbolística no es cuestión de un día. Los frutos tardarán en vislumbrarse. Aun así, el sábado ya dio una pincelada de lo que es capaz Fabio Capello: ganar a toda una esplendorosa selección campeona del mundo, con un equipo muy inferior. Veamos hasta dónde llega la última odisea de un tipo terriblemente ganador y que nunca ha contemplado un fracaso en su vida.

En mi caso, le deseo lo mejor. Tiene mi aprecio. Buona fortuna, don Fabio!

lunes 19 de septiembre de 2011

Grandeza en estado puro


Hay tipos que tienen un halo realmente especial. Hombres nacidos con un don extraordinario, único, que les hace triunfar en la vida. Talento se podría decir. Lo pensaba cuando veía a Gasol encestar triples como churros (hasta los cuartos, 6/7 en triples) como nunca lo había hecho antes. En la enebea tenía su tirito de cinco metros, certero y fiable, pero nunca lo intentaba desde más distancia. Ha sido cosa de este verano; entrenar, probar, ejecutar y anotar en dos meses. La facilidad y rapidez con la que Gasol ha añadido un recurso más a su amplio repertorio indica mucho del calibre del talento de Pau Gasol. Esta observación me llevó a echar la vista atrás: no es la primera vez que lo hace. En el 99, era un simple alero flaco y desgarbado que sólo le llegaba para ser reserva en la selección júnior (campeona, por cierto) y que pasó a convertirse en el cuatro titular del Barça, donde destrozó pinturas por su versatilidad y agilidad. Después, ya en la enebea, logró moldear su cuerpo y pelear con los duros jugadores afroamericanos; posteriormente, adquirió una serie de movimientos de auténtico pivot, con ese juego de espaldas tan característico y su efectivo gancho con cualquiera de las dos manos; finalmente introdujo un tiro de 4-5 metros que le alzó como uno de los mejores jugadores del mundo. Completo, difícil de parar. La excepcional velocidad para transformarse en mejor jugador a lo largo de una carrera deportiva se explica mediante el talento. Sin él, es imposible.

Hay otro señor que cuando decidió dedicarse al baloncesto posiblemente le dijeron que llegaba tarde, que su época ya había pasado, que se metía en un mundo donde el físico es exigencia innegociable. Pero resultó ser muy cabezón: Navarro era un tipo bajo que no quería ser base, que no saltaba ni tenía músculo, ni corría ni era ágil. También le costaba defender. Sólo quería tener la bola; y cómo la tenía; y cómo la enchufaba. De donde sea. Y sin embargo, con todas las mismas carencias que tenía en sus inicios y que tan desfavorables son en el baloncesto actual se convirtió en un jugador de leyenda en el basket FIBA. Llegó a obtener un palmarés brutal, colectivo e individual, a base de una importancia decisiva y crucial en sus dos equipos: el Barça y la selección. Determinante, imparable. Todo por puro talento. Todo mediante el talento. No se puede lograr tanto con tan menos.

Pero en el baloncesto, juego íntegro de equipo, no basta con el talento, la cualidad más notoria. Con sólo talento atisbaríamos a la explosión de genios individuales, cual Alemania y su Nowitzki. Se requiere más. Se necesitan fundamentos del juego, conocimiento pleno del deporte practicado, el perfeccionismo por el buen hacer en cualesquiera de las tareas. Ése es Calderón. Asimismo la inteligencia en tipos de más de 2.10 otorga un poderío único, véase Marc. Del mismo modo se precisa de la explosividad física y el ímpetu de Rudy. Como tampoco se puede dejar pasar el impagable plus que otorga la superioridad física del jugador negro, impregnada en Ibaka. También ayuda, y mucho, que tipos como Felipe hagan del rebote territorio inexpugnable (este año no; pero la aportación de Felipe a la selección ha sido fundamental). Baste, por último, criterio y sentido común en la dirección, Scariolo, pues la suma es fácil. Porque cuando todo ello se conjunta, la ecuación sale sola: un equipo invencible, ganador. Arrollador en sus mejores noches. Acompañar a la URSS y Yugoslavia en los libros de Historia, con mayúscula sagrada. Grandeza.

viernes 16 de septiembre de 2011

Una visión de la Liga


F.C. Barcelona. Mismos jugadores, mismo entrenador, mismo estilo de juego; misma dinámica ganadora. A ello se le añade la presencia de dos buenos incentivos, Cesc y Alexis, que otorgarán profundidad y desequilibrio respectivamente al juego culé. Dos futbolistas muy bien fichados a mi juicio: más recursos y salidas para un sistema imbatible a día de hoy, por mucho que los rivales sepan cómo juega el Barça. Y si todo falla, siempre quedará Messi. Por otro lado, se comenta que el punto débil se sitúa en la defensa, en el banquillo de ésta, más preciso. Minucias. Salvo posiblemente ante el Real Madrid, el Barça no perderá la Liga por no tener a Piqué y/o Puyol en el once. La superioridad sigue siendo incontestable para cualquier equipo de España, incluidos los presuntos equipos champions. El Real Madrid y nada más que el Real Madrid es su gran rival, el único que puede hacerle daño. La temporada se resumirá por tanto en mantener la regularidad de antaño y en vencer a los blancos en el enfrentamiento directo.

Real Madrid. Aunque ninguno de los cincos fichajes de este año sea finalmente titular, este Madrid es doblemente más fuerte que el del año pasado. Por vez primera en ocho años, repite el técnico y todo lo que ello implica: se refuerza el juego, con mejores y más automatismos, con más fluidez, con más compenetración entre los jugadores, más expertos ellos. Lo que todo partió con una reunión de enormes jugadores, sumando una plantilla inigualable en el mundo, tiene hoy lo que necesita todo equipo: tiempo. Aunque objetivamente para mi el favorito es el Barça, si yo tuviera que apostar mi dinero por el campeón de liga de este año lo haría por el Madrid. La receta de este año ya la tienen asimilada: escaso regalo de puntos y sumar cuatro puntos como mínimo en los duelos directos ante el Barça. Rival al que cada vez le juega mejor, cada vez le supone más factible y al que -importante- ya le hizo daño: final de la Copa. ¿Algún pero, alguna duda futbolística? El acompañante de Xabi. ¿Khedira, otrora interior todoterreno y ahora alumno aplicado del cursillo acelerado de mediocentro? ¿El caos perfecto de Lass? ¿El imberbe Granero? ¿La incógnita Sahin? Coentrao es un extremo vistoso, un buen lateral, un gran jugador polivalente pero no un centrocampista.

Valencia. Le he empezado a coger manía a Unay Émery. Y no sólo por la poca empatía que desprende el tipo, con esos cambios de humor tan histéricos, con esos tics tan raros: parece el informático loco de la tienda de ordenadores de la esquina. La persona que jamás vería llevando un grupo de futbolistas, sino como el rey del pecé fútbol. No, no sólo por eso. En lo referido al fútbol, Émery me está dejando dudas. Valoro, no obstante, muchas cosas del técnico; como por ejemplo sus dos grandes años en el Almería (ascenso y permanencia); como también que ha mantenido al Valencia en posiciones dignas, primero, en un equipo lleno de gallitos para un técnico novel (un horror enfrentarse a Albelda en un vestuario) y, después, con el desmantelamiento de sus mejores jugadores. Pero las dudas van por otro lado. No comprendo cómo, aun siendo finalmente tercero, el Valencia es tan irregular en su juego, dejándose puntos inexplicables en campos de nadie, goleadas humillantes anexas; como también, del mismo modo, aún no he visto al Valencia de Émery destacar ante los grandes (aún no ha rascado un punto ante Barça y Madrid) ni en Europa. No se puede pasar siempre desapercibido, hay que brillar, aunque sea esporádicamente. Este año tiene la oportunidad de cerrar mi enorme bocaza... o de ser un mediocre para siempre.

Villareal. Todos los que no somos Maldinis podemos concluir fácilmente que el Villareal es de los pocos equipos en el mundo, junto a Barça y Madrid -y el City ahora, ¡ojo!-, que ofrece un fútbol atractivo. No diré el siempre mal utilizado y de patente de exclusividad barcelonista término jugar bien, acción que engloba a más equipos (¿acaso ha habido un campeón de una liga europea que haya jugado mal?), sino atrayente en su concepción del fútbol ofensivo y atacante; es por ello que el Villareal es de esos escasos equipos que vale la pena perder el tiempo viendo fútbol. Garrido sabe. Asimismo, y ya podría aprender el susodicho Émery, el Villareal nos tiene acostumbrados con alguna gesta, tal como ganar en Europa al Bayer Leverkusen y al Nápoles (le faltó el Oporto), por citar las recientes. Así pues, lo extraño sería que este año no llegara a octavos en la Copa de Europa aun en el grupo de la muerte. Sin embargo, y es curioso, este Villareal, ejemplo de eficaz gestión de la última década, tiene en su haber una singular paradoja: nunca empala dos temporadas consecutivas en Liga con suficiencia. Altibajos anuales, se podría decir. Mi apuesta es clara, pues: bien en Europa, mal en España.

*lo escribí antes del Bayern Munnich y lo mantengo todavía.

Sevilla. El conjunto andaluz quiere resarcirse de los tiempos convulsos de los últimos años, resaca floreciente de la mejor etapa de su historia. Y nada mejor que la contratación de un entrenador competente como es Marcelino -pan y vino- para recuperar la estabilidad deportiva. El asturiano (Marcelino) retoma su prometedora carrera después de esa enorme equivocación que fue entrenar a un segunda (Zaragoza) por un vaya usted a saber por qué. La plantilla es un tanto más manejable, más sana, ya desterrados los Fabianos de turnos y con gente joven como puntales (Negredo). También ayudaría que Monchi recobrase sus habilidades de vidente tan admiradas en su día, van ya un par de años con sonoros fiascos; sus últimas incorporaciones son un tal Trochowski y Spahic. Efectivamente, no los conoce ni el propio Monchi ni se espera nada rutilante de ellos. Pero lo mismo se creyó de Alves y de Baptista, entre otros, creánme.

Atlético de Madrid. Los designios divinos del Atlético de Madrid son inescrutables. Un auténtico enigma indescifrable; nunca se sabe por dónde va a salir el Atleti. Igual confecciona una plantilla notoria y acaba deambulando por la competición, que lo mismo el año que casi desciende a segunda -otra vez- gana dos títulos coperos. Aventurarse a predecir su andadura es toda una osadía. Sin embargo, y esto es noticia, es la primera vez desde que volvió a primera división (2002, o sea, diez temporadas) que yo tengo buenas sensaciones con el equipo rojiblanco. Sí, me gusta lo que veo. Me gustan los fichajes. Sí, veo criterio y sentido común en la elaboración del nuevo Atleti. A riesgo de caer en pecado mortal, auguro una buena campaña atlética. Y eso que Manzano no es santo de mi devoción. Claro que todas las buenas intenciones mostradas por Caminero en la enésima reinserción colchonera en la élite se enfrentan a un cúmulo de contrariedades tan ridículamente atléticas. A saber: una afición caprichosa, impaciente e ignorante, que pide la cabeza de sus entrenadores al primer traspié. Unos directivos torpes e inútiles -Gil Marín, directivo del año 2010 (?)-. Un presidente cazurro y populista. Un entorno irascible y fatalista que resta más que suma, en resumen. Torear al Atleti no es faena fácil. Pero esta vez les deseo lo mejor. Me encantaría que esta historia saliera bien.

Eso sí: volverán a dejarse seis puntos con el Madrid. Ley de vida.

Athletic de Bilbao. Los leones vienen de un estío electoral. Unas elecciones que han dejado una conclusión rotunda que a mi parecer es totalmente sorprendente. Y paradójica. Porque resulta que el tipo que ha ganado los comicios a la presidencia ha basado su programa en la contratación de Marcelo Bielsa. Es decir, han cambiado a García Macua por Josu Urrutia debido única y exclusivamente a Bielsa. Y yo me pregunto, mente pensante tal vez ingenua la mía. ¿Cómo es posible que el equipo más limitado del planeta fútbol, que vive de los tres millones de euskal herritarrak (gentilicio de Euskal Herria) existentes en el mundo y de la rápida nacionalización de los apátridas, vaya y coloque a uno de los técnicos más exquisitos del fútbol? Paréntesis aclaratorio: Bielsa apuesta por jugar al ataque, posesión mediante. De la casa de Pep, Lillo y cía (le caerá súper bien a Segurola, ya verán). Es decir, ese fútbol requiere de una serie de futbolistas escrupulosamente aptos para la tarea. ¿De dónde piensa sacar el Athletic las exigencias del argentino? ¿Qué jugadores va a usar? ¿A los que no saben, les va a enseñar ahora? ¿Por qué supeditar los pocos efectivos existente a un sólo hombre? ¿No es más lógico al revés? Francamente, pienso que si yo fuera aficionado bilbaíno (y doy gracias por no serlo, y ellos a mí) viviría más tranquilo con entrenadores supervivientes, tipo Caparrós, que jamás será top (gracias, Mou, por el palabro) de su profesión pero cuyos equipos son siempre dignos.

Eso es todo hoy.

jueves 25 de agosto de 2011

Una de periolistos

Hoy, a eso de las ocho de la mañana, mientras tomaba el desayuno me ha dado por hojear el Marca de la cafetería. A ver con qué me vienen estos hoy, me digo. Dos puntos me han llamado la atención. El primero es la estupefacción que he sentido al leer la crónica de Santiago Segurola: todo un texto íntegro a cuatro columnas (con la excepción del último párrafo) dedicado a la suplencia de Casillas. Bien es cierto que el partido de ayer dio muy poco de sí, apenas hubo fútbol, pero no es menos que resulta inadmisible que en una crónica deportiva me encuentre una auténtica opinión personal. Segurola malgasta todo el papel para explicarnos desde la objetividad imperante que requiere la crónica de un diario por qué Mourinho obró mal, dándonos todo lujo de detalles de su decisión, con el resalto de todas las virtudes de Casillas y la desautorización del técnico portugués. Todo esto me hubiera resultado indiferente de habérmelo encontrado en la correspondiente columna de opinión, un texto que seguramente no hubiera leído por considerarlo estúpido e irrelevante; pero ése era su sitio. Sin embargo, el caso es que me importa un bledo los usos del oficio de los profesionales de Marca, es cosa suya. La reflexión que me provoca es otra. ¿Tanto les irrita Mourinho? ¿Tan desquiciados están que usan todo medio posible para la descalificación? ¿Hasta dónde van a llegar?

El segundo punto que me ha tocado los cojones lo encuentro en la contraportada, en una columna de opinión, donde sí, efectivamente, el autor tiene derecho a decir lo que le venga en gana, y yo a respetárselo. Pero no estaría de más que de vez en cuando hubiese rigor y seriedad en el ejercicio del dictamen; que el convencimiento de lo que se exponga se base en hechos y no en ideologías cocidas de casa. Porque en este caso, quedas retratado. Que lo es que le ha pasado a Roberto Palomar hoy, un tipo que la última vez que hizo un comentario alegre debió de ser en la primera comunión. El susodicho afirma hoy que la afición que acudió ayer al estadio es más falsa que un Lacost de mercadillo (sic), que no se puede tomar en consideración alguna. Dejando a un lado su escaso tacto al meterse con lo intocable (la afición, siempre la afición), no, señor Palomar, se equivoca: la de ayer puede que sea hasta la más viva expresión del madridismo, pues no hablamos de los ochenta mil abonados de siempre, los fijos al estadio, sino de miles de personas de diferentes lugares de España, con presencia de peñas incluidas; un grupo totalmente heterogéneo que sin embargo -¡sorpresa!- está con Mourinho. A muerte con Mourinho están, más preciso. Luego, señor Palomar, si le quitan la más poderosa arma de legitimación para sus cruzadas particulares, jódase; pero no mienta ni tergiverse. Que no cuela.

lunes 13 de junio de 2011

¡Dallas, al fin!




Con la victoria obtenida en la madrugada de ayer, al derrotar a los exhuberantes Heats en las finales (4-2), Dallas Mavericks se alza con el flamante título de la enebea. Culmina así una de las luchas más trabajadas y deseadas de uno de los mejores equipos de la última década; así como se destierra lo que parecía uno de los episodios más tristes de la historia reciente del baloncesto profesional estadounidense. El sistema de competición norteamericano, tan exigente, tan duro como simple en su fin, que sólo permite una única gloria y honor en todo el año, que no entiende de matices, con su único ganador por treinta perdedores, nunca había sido tan cruel con un gran equipo como ha sido Dallas. Hay, por qué no, una cierta justicia en este anillo tejano, que reconoce la consistente labor de un equipo ganador, siempre fiel a la cita de los play offs, a una gestión certera en los despachos y sobre todo a la de su flamante estrella, Nowitzki.

La historia data de comienzos de la década pasada, prinicipio de siglo, cuando en plena vorágine y esplendor del Oeste tras la resaca dominadora de los Bulls de Jordan, la franquicia tejana, sin pasado victorioso que presumir (poco hay más allá de Rolando Blackman, espléndido jugador), decide poner todo su empeño en hacer un hueco en la vasta y gloriosa historia de la enebea. Bajo la tutela del veterano Don Nelson, aquel equipo se configuró sobre jóvenes potenciales del momento, los pipiolos y prometedores Steve Nash y Michael Finley y de un por entonces desconocido Dirk Nowitzki. Muy pronto los Mavericks alcanzaron la senda de las victorias, a colarse en los play offs, tras años bailando en la nada; pero su fama obtuvo aún más celebridad por el baloncesto que llegaron a poner en práctica, uno de los más ofensivos y alegres, a la par con los Kings, en una de las épocas más prestigiosas del Oeste que se recuerdan.


En la temporada 2000/01 llegaron a las 53 victorias por 29 derrotas, conformando una línea que todavía hoy perdura: llevan once años consecutivos con un mínimo de 50 victorias en temporada regular, con varias de ellas en más de 60, lo que es un hito en la enebea. Sin embargo, y consolidado con el paso de los años, todo su buen hacer en la regular season quedaba empequeñecido por su perdedora andadura en la fase final. Tal impronta quedó retratada en la ocasión que más cerca estuvieron del suspirado anillo: las finales de 2006, de triste final para los Mavs. Infausto capítulo que se enturbió especialmente por la forma en que se perdió el anillo: le remontaron un 2-0 y el factor cancha a favor, y un tercer partido decisivo de la serie que dominó en su totalidad. La leyenda de equipo perdedor y desafortunado se agrandó por las suspicacias del formato americano, tan generoso con sus ganadores como despiadado con sus perdedores, en lo que Daimiel magistralmente definió como "el trauma de Dallas"; pero no por ello dejaba de ser lo que era: un gran equipo.

Un gran equipo que a pesar los sinsabores finales supo reciclarse y regenerarse sin perder un ápice de su constancia y regularidad, que cambió de jugadores y entrenadores sin perjuicios para el devenir del equipo y que erigió en estrella indiscutible a un alemán (MVP en 2007) que salió de la nada, de un país de poca tradición baloncestística, sin cartel de joven promesa, todo talento pulido y perfeccionado por su cuenta ajena y que tuvo en los Mavericks su recompensa, y al que los Mavs se negaron a traspasar por O'neal cuando éste era sinónimo de títulos. Un gran equipo que, aunque vapuleado y vilipendiado, sobrevivió a los Lakers de Shaq y Kobe, a los Spurs de Duncan y de nuevo a los Lakers de Kobe y Gasol. Un gran equipo al que siempre se le añadía a la vitola de favorito en las quinielas un pero insoportable. Y en ésas estaban, luchando contra lo mismo y los mismos, en esta temporada, a la enésima, cuando por fin el incansable trabajo ha encontrado su premio.

Se pone fin a años de resignación y sufrimiento; se reconoce, del mismo modo, a un equipo siempre sensato y mesurado en sus gestiones. Buena prueba de ello da la confección de su plantilla, girada en torno a un supercrack como es Nowitzki -como mandan los cánones allá, al otro lado del Atlántico-, pero muy bien rodeado: con los expertos y eficaces Jasons (Kidd y Terry) en la dirección y el perímetro, con su revulsivo Barea, con intimidación y lucha en los tableros, Chandlers y Marion, con DeShawn y Cardinal como buenos complementos, con un siempre peligroso Stojakovic (al final, prácticamente inédito). Una buena y larga plantilla, y orquestada por un entrenador muy serio: Rick Carlisle. Y todo ello al fin con crédito indiscutible con la consecución del anillo. Dallas Mavericks lo merece: ¡gloria eterna al equipo tejano!

viernes 27 de mayo de 2011

Era imposible


Cuando Florentino Pérez reapareció en mayo de 2009, arguyó su regreso en la decadencia institucional a la que estaba sujeto el Real Madrid de Calderón, la dejadez y mediocridad del proyecto deportivo, tan alejado de lo que exige su historia y porque, en una frase textual, "había aprendido de sus errores". Aquella sentencia, tan célebre como comentada en el madridismo, se atribuyó al propósito de corregir su errática política deportiva que le llevó al fracaso y posterior dimisión en su primera etapa en el club. Se advertía también que la frase era algo más que un vano intento de subsanar aquello de "Zidanes y Pavones", que supongo que es lo que interpretó en su mayoría la afición; era toda una declaración de intenciones de cambiar la estructura interna del club en su totalidad en vista de no cometer los inequívocos del pasado. Los jugadores, los flamantes fichajes y los acertados desconocidos, eran la forma del proyecto, la cara visible; la refundación íntegra del organigrama del club, su fondo, el contenido.

Así lo creyó un servidor cuando descubrió los cargos atribuidos al segundo hombre de Florentino Pérez: Jorge Valdano. El argentino retornaba al Real Madrid de la mano de Florentino, pero se le designó un cargo aparentemente distinto al que ostentaba en su primera etapa: no volvía como director deportivo, sino como director general. Este hecho supuso -o, reitero, así lo creí yo- que el ideario futbolístico de Valdano quedaba en un discreto segundo plano; al argentino se le contrataba por otros motivos. Un director deportivo es el responsable directo del proyecto deportivo, con totales funciones para la parcela deportiva; suya es la responsabilidad de la contratación del técnico y de los jugadores que se fichan así como se traspasan; es quien ejecuta un plan deportivo, un estilo. Para eso se le colocó en verano de 2000, cuyo resultado, desde el prisma del trabajo asignado a Valdano, no fue muy positivo (otra cosa fue la marcha deportiva del equipo, que vivió sus mejores éxitos). Lo cierto es que las ideas futbolísticas de Valdano siempre han sido muy discutibles.

Pero esta vez no. En esta ocasión no se le contrató por su gusto futbolístico, sino como ejecutor de un cargo que solicitaba las mejores virtudes de Valdano: director general del Real Madrid. Su trabajo se resumía en la representación institucional del Madrid; ser la voz del club. El tipo que refleja públicamente las posiciones del club; el tipo que explica y expone qué hace el club y por qué lo hace; el tipo que defiende notoriamente al club de sus detractores; en definitiva, el tipo al que lanzan a la prensa. El quehacer diario de portavoz de una gran entidad pero con un cargo consecuente (¿a quiénes se buscan cuando hay crisis si no a los más altos y gordos ejecutivos?). Todo ello requería de una imagen impecable y una retórica brillante, y Valdano era el mejor, máxime en un ámbito -el fútbol- donde la vulgaridad y la zafiedad reina en abundancia. Y es precisamente por este matiz, el del cambio de funciones, lo que me pareció acertado en su día, pues se le eximía de tomar responsabilidades deportivas en pos de sacar sus mejores cualidades al servicio del Madrid.

Y llegó Mourinho. Incoherentes me parecieron quienes señalaban la incompatibilidad de Mourinho con Valdano, pues sus cometidos trazaban por caminos diferentes. No había razón alguna para el choque entre ellos. La labor de Mourinho es el fútbol y todo cuanto le concierne, el ámbito deportivo; Valdano, apoyar y explicar públicamente la postura institucional del Madrid. Es más: radié de felicidad por la posibilidad de ver conjuntamente en mi equipo a dos genios de la comunicación trabajando codo con codo. A ver qué periodista se iba a atrever. También era un claro indicio de dominar el discurso futbolero, de arrebatárselo al Barça. Casi nada: ganar al Barça en el campo y en la imagen. Sin embargo, un año después de la llegada del técnico portugués y confirmada ya la salida de Valdano, mi gozo queda en un pozo.

Por mal que le pese a la prensa y a mí (aunque por motivos bien diferentes), quien se ha equivocado en este año ha sido Valdano. No encuentro en Mourinho motivo alguno. Me explico: muy ilusos eran quienes creían que Mourinho se iba a limitar a entrenar a su equipo; nada ni nadie iba a cambiar la personalidad del técnico y su manera de concebir el fútbol. El club tenía que tener muy claro a quién se contrataba y eso pasaba por aceptar a Mourinho en su totalidad. No hay medias tintas ni defectos que pulirle. Luego, si no querían el discurso Mourinista, no debían de haberle fichado. En caso contrario, se requiere apoyo incondicional. No hay más. Por otro lado, Valdano erró al creer que podía tener cierta autonomía en el club. Valdano se extralimitó de sus funciones. No estaba para juzgar si Mourinho hacía mal hablando de los árbitros; al contrario, estaba para respaldarle íntegramente. No lo hizo, dudó y por ahí empezaron los problemas. No se descarta tampoco (pero de eso no tengo ninguna certeza) que Valdano se entrometiese en el terreno deportivo: error más gordo aún.

Aunque tarde, Valdano rectificó: dijo que si había que tomar distancia con Mourinho, se tomaba (declaraciones textuales). Pero el daño estaba hecho. Mourinho no le perdonó y en el club se crearon dos frentes que no beneficiaba en modo alguno al Madrid. Sus razones tendrá cuando siempre se negó a dialogar con Valdano, Florentino mediante. Lo cierto es que la realidad manda, y lo que podría haber sido un gran dúo a lomos del Madrid se quedó en nada; la situación era ya irremediable. Florentino, y es el segundo verano que toma decisiones arduas, tuvo que mojarse. Ha hecho bien. Era inútil mantener una relación rota. Y de paso coloca al club estructurado sin fisuras, bajo una misma línea y congruente, en un organigrama de apariencia muy anglosajona. La elección de Jose Ángel Sánchez, hombre fuerte de Florentino y pro-Mourinho, es coherente. Aplaudo, por tanto, la resolución del presidente. Pero me pregunto si era esto lo que pensaba para su Madrid cuando volvió.

martes 17 de mayo de 2011

Reflexiones finales a vuelapluma

La temporada alcanza a su fin y toca la hora de los balances finales. De todo ha pasado este año y de mucho quería escribir, pero no ha sido así. No ha sido por falta de tiempo, precisamente. Otros motivos. Por ello, he aquí en pequeños renglones ciertas reflexiones merengues de un servidor en vista de esta temporada 10/11 futbolera que finaliza:

  • En perspectiva, tomando todas las circunstancias que han rodeado al Madrid, el año es de notable, satisfactorio. Se han cumplido los objetivos reales: se ha peleado una Liga con un ritmo de puntos muy alto (en cualquier otro país seríamos campeones), se ha logrado la Copa y se ha vuelto a la élite del fútbol continental, las semifinales de la Champions.

  • Los ilusos y engañabobos dirán que no se puede dar por bueno un año en el que se gana un título menor. Pienso que sostener tal teoría es vivir ajeno a la realidad. No olvidemos: entrenador nuevo, jugadores jóvenes en su mayoría, proyecto re-empezado. Lo que viene a ser el año I. Y ante un rival fortísimo en la Liga, como es el Barça, dominador del último lustro europeo junto con el Manchester United.

  • Sí, hay una gran inversión detrás del proyecto, jugadores de primer nivel, una gran plantilla y uno de los mejores técnicos -si no el mejor- del mundo. Pero eso no garantiza nada: se requiere trabajo y paciencia, amén de una correcta dirección del mismo. El resto es demagogia barata y palabras huecas.

  • Hemos avanzado mucho respecto del Barça. Por vez primera en tres largos años, se ha tuteado al Barça. El título de Copa da fe de ello. Sigue estando por arriba, cierto; pero ya no nos saca dos peldaños como antaño.

  • En su día dije NO al cambio de entrenador, dije sí a la continuidad de Pellegrini. No me retracto. Lo creí únicamente por razones de estabilidad y continuidad, porque consideraba que construir de nuevo era perder el tiempo, retroceder. La labor de Pellegrini se quedó inacabada; aún me faltó un año más para juzgar con propiedad. En su haber no olvidaré que fue el primer entrenador que sentó a Raúl.

  • Dicho esto, y visto el primer año de Mourinho, debo rendirme a la evidencia: ha mejorado a Pellegrini. No hemos perdido el año. Meritazo del técnico portugués. En todo caso, lamento que no se hubiera contratado hace dos años, en el primer año.

  • Decir que estoy contento con Mourinho es poco. Mourinho es una de las mejores cosas que le han ocurrido al Real Madrid desde hace mucho tiempo. No hablo sólo de su labor deportiva como técnico. Ha cambiado el club por dentro. Y lo que le queda. La estructura del Real Madrid es hoy día acorde a un club de élite.

  • Florentino Pérez ha logrado lo difícil. Ahora toca lo fácil: apoyo incondicional al técnico.

  • Por primera vez en mi vida creo que se están haciendo bien las cosas desde todos los ámbitos. Sólo falta que la pelotita entre. Y eso, reitero, es cuestión de dar tiempo; mantener lo que funciona y corregir lo que falle (que es poco, por fortuna).

  • Primer año sin Raúl: bueno para el Real. No estábamos locos quienes criticábamos el rendimiento y el estatus que tenía el siete en el Madrid. Su marcha, necesaria desde hace mucho tiempo, ha sido buena para las dos partes: para el equipo y para el futbolista. A los dos nos ha ido mejor separados.

  • No entiendo los reproches a Valdano. Es Director General, no Director Deportivo. El matiz es muy importante. Su labor es representar a la directiva en los aspectos deportivos del club (fútbol y baloncesto). El primer nexo entre directivos generales y la parcela deportiva: delegar es su trabajo y no planear y ejecutar como erróneamente se cree. Si alguna vez se entrometió en el fútbol, ya se encargó Mourinho de señalarlo. Y la reacción del argentino fue impecable.

  • Pardeza es el responsable de la dirección deportiva de la sección de fútbol. Muy poco se habla de él. Y es una pena: es el principal culpable de los fichajes de DiMaría y Ozil. O si no es así, que alguien me diga quién ficha a estos tipos. Los tiempos presidencialistas ya pasaron: de todos los fichajes (quince) que se han realizado en estas dos últimas temporadas, francamente sólo veo la mano de Florentino Pérez en Kaká. Cristiano no lo fichó él.

  • Me gusta la política de fichajes actual del Madrid. Hace años, lo normal es que Ozil hubiese triunfado en un equipo rival. Hoy no ocurre así. Con Sahin se mantiene la línea. Y me gusta. Puede que salga mal (como Canales, de momento), o puede que salga un crack (Ozil), pero joven potencial que se vislumbra en Europa, jugador que acaba en el Madrid.

  • Hablemos de futbolistas. Cristiano es un jugador brutal. Estamos ante un futbolista irrepetible. Y me temo que el madridismo no lo valora en su justa medida. Ozil me ha fascinado, como a todos. De DiMaría tenía una concepción negativa de su etapa en el Benfica y en la selección argentina, y sin embargo su temporada ha sido muy buena. Supongo que algo tendrá que ver ahí Mourinho. Y Marcelo, un lujo.

  • Benzemá está demostrando su tremendo potencial. De Higuaín y su valía no hay dudas. Adebayor fue un acierto de Mourinho. Sí: tenía razón, hacía falta otro delantero. Era necesario. Por otro lado, muchos han matado a Kaká ya, pero yo no lo traspasaría. Quiero verlo bien físicamente y con regularidad. Aún no lo he visto, es por ello que aún le espero.

  • Mahamadou Diarrá erra irrecuperable para el máximo nivel. Lass es un caos como mediocentro, así como poco fiable. Khedira es un jugador infravalorado y no sé por qué pero me lo esperaba. Yo, que no tengo ni puta idea de fútbol, sé valorar que no es mediocentro (interior puro y duro), y es ahí donde se las ha visto el alemán durante todo el año. Su trabajo y empeño es muy loable. Y su importancia en el equipo, vital: su mal partido en el Nou Camp de noviembre, explica bastante el 5-0; del mismo modo, su gran rendimiento en Copa explica la victoria madridista. De Xabi Alonso no tengo palabras. Asistimos a uno de los mejores centrocampistas del mundo.

  • Sexta temporada en el Real Madrid de Sergio Ramos y sexta temporada que no cumple con las expectativas. La irregularidad de este futbolista se me antoja alarmante, máxime cuando se le presupone un alto potencial. El Barça tiene en Alves un privilegio único en el mundo. Es el plus del Barça. Como lo fue Roberto Carlos en el Real durante años. Con Ramos no es así. El Madrid tiene en su banda derecha un jugador que no marca diferencias en ataque ni se caracteriza por su constancia en la fase defensiva. Se hace urgente una reflexión. Y la respuesta tal vez esté en que no es lateral sino central.

  • Casillas sigue teniendo lagunas inadmisibles en un portero de su nivel. Pero jamás vi un portero tan determinante como él. Otro año sin mejorar, pero fue decisivo en la Copa. Como en el Mundial. Como en la Eurocopa. Como en la Novena. Para lo bueno y la malo, Casillas apenas ha cambiado en diez años de carrera deportiva.

Al año que viene no tengo ninguna duda de que estaremos mejor. Tomo como dogma y referencia una sentencia de José Mourinho: "Mis equipos son mejores en mis segundas temporadas."

¡Hala Madrid!

miércoles 20 de abril de 2011

La Copa de Pep y Mou


Reflexionaba un servidor en una entrada pasada acerca del paupérrimo y lamentable trato dado a la Copa de España. Argüía que tanto la dejadez y la mediocridad imperante en la RFEF, organismo organizador del torneo, como el escaso y casi indiferente interés de los clubes participantes, amén de la apatía de las televisiones, conformaban, en suma, un conjunto que no hacía sino lastrar el histórico prestigio de la Copa de España. Sin embargo, tres meses después, este servidor está a punto de hacer el ridículo; pues hoy, miércoles 20 de abril, se prevé que sea la final más vista de la historia.

Nada más lejos de la realidad. Sigo creyendo lo mismo. Sigo pensando que la Copa es un trofeo muerto, defenestrada por todos; mal administrada y minusvalorada en su totalidad. En resumen: en comparación entre lo que pudo haber sido y es, esta Copa es una mierda (no encuentro definición más precisa). Y que a falta de una verdadera transformación, sólo un milagro podría cambiar el signo. Cosa que ha ocurrido. Si hoy más de diez millones de españoles se sentarán ante el televisor, si hoy Villar se vanagloriará en el palco, si mañana TVE presumirá de audiencia, si el día de mañana esta final será recordada por sus vencedores, se deberá única y exclusivamente a dos hombres: José Mourinho y Pep Guardiola. O Pep y Mou, como quieran.

Pues sólo el real interés y deseo de los técnicos del Real Madrid y el Barcelona han propiciado el fenómeno que el mundo entero verá hoy. Desde el comienzo de la competición, creyeron en ella; dieron el todo por el todo, nunca ninguneándola y gestionando sus plantillas para la victoria final. Así lo certifican varios ejemplos. En el lado azul y grana todavía colean las palabras de Guardiola ante la visita del Ceuta en una eliminatoria ya resuelta, acusadas por muchos de cursis y pasadas de frenada –entre los que me incluyo-. Pero hay un hecho que va más allá de las palabras: el día del Betis.

Aquel día vino el líder de la Segunda División al Nou Camp en el momento cumbre de juego del Barça, en un partido de apariencia fácil y sencilla; además, era la resaca post-balón de oro. El típico partido para reservar estrellas y sacar suplentes. No obstante, la sensación final, a pesar del contundente resultado (5-0), fue la de un Barça anulado en su juego. El Betis de Pepe Mel fue ante todo un ataque frontal a su sistema. ¿Saben cuál fue la alineación del Barça aquel día? La mejor posible, menos Pinto y el lateral zurdo. En efecto: Alves, Puyol, Piqué, Maxwell; Busquets, Xavi, Iniesta; Pedro, Villa y Messi. Alineación de gala. ¿Qué hubiera pasado con otro equipo en cancha? O más simplificado aún: ¿Se imaginan ese partido sin Messi, autor de tres goles?

Aquella eliminatoria confirmó que Guardiola se tomaba muy en serio la competición. En el otro lado, el merengue, también hay ejemplos significativos. Mourinho apostó siempre por un bloque en su mayoría compuesto de jugadores titulares. Cristiano Ronaldo, titular indiscutible. Por citar un partido: el día del Levante (8-0); Xabi, Ozil, DiMaría, Cristiano y Benzemá partieron de inicio. Tal fue su convicción en esta competición que no dudó ni siquiera con su portero titular. Dudek tan sólo disputó minutos en la vuelta ante el Levante. Otro punto a favor de Mou es la firmeza mostrada en eliminatorias contra Atlético y Sevilla, equipos tradicionalmente más peligrosos en este tipo de compitición y que, sin embargo, esta temporada apenas dieron sensación de poder disputar la eliminatoria.

Así que hoy, antes de que el arbitro dé el pitido de salida, antes de que mi corazón blanco me ciegue por completo y entre de lleno en el partido, animando como un becerro al Real, brindaré por Mourinho y por Guardiola. Por permitirnos disfrutar de tan glorioso espectáculo. Se lo debemos.

lunes 7 de marzo de 2011

Descalabro en el baloncesto


Algo pasa, y muy grave, cuando un entrenador al que le acompañan los resultados y no hay aparente choque público presenta su dimisión. Ettore Messina, ex técnico ya del Real Madrid, comunicó el viernes por sorpresa para todos que dimitía. Los motivos no están claros, máxime cuando el proyecto iba cogiendo forma; la hoja de ruta cumplía paulatinamente sus plazos: el trabajo del italiano estaba dando sus frutos. En su comparecencia ante los medios, Messina no señaló ningún aspecto concreto. Así que todo parece indicar que existió una ruptura entre el vestuario y el técnico, o bien éste con sus superiores. Existen indicios para ambos lados: el caso Garbajosa, algunas disensiones de los roles de ciertos jugadores en la plantilla o la particular situación de Felipe en el club, por un lado; y la destitución de Maceiras y la escasa sintonía con Florentino, por el otro lado.

Este hecho supone el primer punto negro de la segunda etapa de Florentino Pérez. La dimisión del entrenador jefe de la sección de baloncesto es un descalabro serio. Cuando el presidente llegó a la poltrona blanca, en verano del 2009, el estruendoso ruido mediático del fútbol acaparó con todo; pero de lo poco que supimos del baloncesto es que confió todo a un técnico de laureado éxito en Europa, en una fórmula parecida a la que ha optado para el fútbol en el segundo año. Aglutinar todo un proyecto en un tipo como Messina, ganador 4 Euroligas (22 títulos a lo largo de su carrera) ofrece muchas garantías. Sin embargo, visto ahora, en perspectiva, se da la sensación de que el proyecto no ha sido ejecutado con total seriedad: han habido flecos, fallos en el sistema, que tal vez expliquen la renuncia de Messina.

El más evidente, todo visto desde fuera, desde la óptica del espectador, ha sido un endeble y frágil apoyo de la directiva en la figura del entrenador. Messina no ha tenido el respaldo absoluto del presidente. Siguiendo la comparación futbolera, Florentino ha pecado de lo que ya le avisó Mourinho -y que por suerte ha corregido- en este primer tramo de temporada: los aspectos deportivos déjemelos a mí, haga lo que le pida, apóyeme. La frialdad con la que Florentino y Ettore se saludaron en la derrota de la final copera resulta cuanto menos esclarecedora. No parece que le hayan dado todo lo que el italiano le pidió.

Otro hecho que explica la trágica situación resultó ser las declaraciones de Messina en el foro Ferrándiz del diario AS, donde dijo que el madridismo debía de cambiar de mentalidad si grande quería ser de nuevo. Aquella sentencia, que fue -y es- una verdad como un templo y que no sentó nada bien a la cúpula del club, mostraba que no compartía los modos de pensar del club ante los resultados. Mientras que unos veían finales perdidas; el italiano veía un éxito alcanzar tales cuotas. Roncero, que por desgracia representa el pensamiento de gran parte de los madridistas, afirmó que la escasa cultura madridista fue su tumba. Realmente, el daño que está haciendo la propaganda de esos supuestos viejos dogmas fundamentalistas, el del ganar siempre, el de los títulos por año, el del fin por encima del medio, es irreparable; más aún cuando no hay base firme sobre la que sostenerse. A un equipo joven y bisoño no se le puede exigir lo mismo que a los cuajados y legendarios equipos de Ferrándiz. Este discurso distorsiona la realidad, engaña a la gente. Messina lo sabía y así lo avisó.

Ahondando más en los problemas de la sección, a la errónea -o no del todo acertada, si lo prefieren- dirección del proyecto (no apoyo incondicional al técnico, impaciencia ante los resultados; exigencias desmesuradas), se le une también la cuestión presupuestaria: presenta cifras menores a la de sus grandes competidores. Esto le lleva a un segundo lugar en el mercado, le impide, así pues, optar a los mejores del mundo, NBA aparte. El talonario, la cartera, esas palabras que tan feas suenan en Can Barça, resulta que son una de las claves de su éxito. Bien es cierto que la sección no es rentable para el Real Madrid, que los resultados económicos reflejan pérdidas. Pero que esta realidad no se solucione se hace un tanto incomprensible si miramos la magnitud de los números que maneja el Real Madrid como club. Florentino Pérez debe plantearse seriamente una fórmula ganadora en este aspecto, de lo contrario estará condenado a luchar por objetivos menores.

De momento, ante la crisis desatada, la única reacción del club ha sido confirmar a Emanuele Molin como técnico del baloncesto. Decisión que creo acertada. Mejor una labor continuadora, que un cambio brusco en mitad de temporada. A pesar de todo, el equipo seguirá creciendo, las opciones de estar en la Final Four siguen intactas. La defensa, virtud de Messina, es su mejor arma. Por otra parte, nombramiento del entrenador aparte, el club no ha hecho ninguna intervención pública. Valoro mucho que Florentino Pérez esté alejado de los medios de comunicación, sin declaraciones constantes y cediendo el protagonismo a otros, pero considero que en situaciones como la ocurrida debería romper su silencio y dar explicaciones ante la actual situación del club. Cosa que no ha hecho. En la rutina y en aspectos trivales, vale; pero no me sirve en momentos cruciales e importantes. Cuan lo de Pellegrini, sí lo hizo. Sí dio explicaciones, convenciera o no, dio la cara. Aquí no debe de ser menos.