viernes, 29 de mayo de 2009

La consagración de Leo Messi

Llevaba ya más de un lustro en la cima del fútbol: era la estrella número uno, el orgullo de toda una nación sufrida; era la imagen del fútbol mundial. Pero Menotti, su técnico en el Barça, desestimó tajantamente una verdad para muchos indiscutible: "Maradona sólo será el mejor del mundo cuando gane títulos". Y así ocurrió. No fue hasta su llegada al Napoles y su triunfo en el Mundial 86, cuando Maradona gozó de tal distinción. Caso parecido, por no decir idéntico, es el de Lionel Messi, jugador que desde su primer partido -en el Gámper, contra la Juve de Capello- estaba destinado también a ser el mejor del mundo.

Jugador singular, de técnica y velocidad envidiable, se ganó la admiración de sus aficionados vertiginosamente. La maquinaria propagandística del Barça le echó el ojo como futura estrella culé y del planeta fútbol. Sin embargo, el revelo llegó más temprano de lo que creían. Los primeros indicios de decadencia de Ronaldinho tardaron lo mismo que su hundimiento absoluto. Es decir, a ritmo de vértigo, de la noche a la mañana, Ronaldinho desapareció. Así pues, en la temporada 06-07, necesitados de cubrir el inminente vacío del Gaucho, señalaron a Messi. Regates antológicos, golazos increíbles y la adoración de su público, eran motivos suficientes y clarificientes para optar a los premios que oficializan la etiqueta del mejor jugador del mundo.

Desaparecido ya Ronaldinho y afianzado el argentino como líder de su club, la propanga culé, fiel a su intachable tradición, realizó un trabajo de diez. Ni los resultados insuficientes del Barça, el cual no logró nada e hizo una temporada ridícula, ni la intromisión de la Eurocopa y lo que ello conlleva, ni siquiera el hecho de que Messi se tirara tres meses lesionado fueron argumentos para que no optase al Balón de Oro. Al contrario, futbolista genuino como él, no merece otra distinción que el trofeo dorado del revista France Football. Aunque eso conlleve destrozar el trabajo impecable de todo un año de un portugués.

El sentido común se impuso. Cristiano Ronaldo, máximo goleador del planeta, referente de su club, ganador de Copa de Europa y Liga, fue el ganador. Porque para ser eso, el mejor del mundo, no sólo tienes que tener cualidades extraordinarias y únicas, no sólo tienes que ser un futbolista distinto del resto, sino que además tienes que ser el líder y referencia de un club ganador. El fútbol se explica fácil: sólamente los equipos campeones serán los mejores; por tanto, sus futbolistas más resplandecientes serán los mejores. Tal explicación se corresponde con el Manchester de Cristiano de la pasada temporada, con el Milán de Kaká de la temporada 06-07. Y hoy, en el presente, con el Barça de Messi.

Porque hoy no necesito ni necesitamos al entorno culé para comprender la realidad de Messi. La temporada de Messi y de su club, el Barça, ha sido cuasi perfecta en todos los sentidos. Individualmente, Messi ha rendido a un altísimo nivel, ha cosechado unos registros estratosféricos; además, ha sido decisivo e influyente en los no menos excelsos resultados del Barça. Campeón de Copa, Liga y Champions; el triplete del Barça de Messi. Con ello, Messi se consagra de modo definitivo y unánime como uno de los grandes futbolistas del mundo. El debate -ahora sí y no antaño, como nos ha querido colar la prensa culé- tiene pies y cabeza. Es Messi, la estrella del flamante campeón, es el Barça de Messi, ¿A que no suena igual que hace un año?

Por cierto; esta entrada me ha llevado a una curiosa paradoja. El Barça tiene a Messi: campeón de España y de Europa. El Manchester tiene a Ronaldo: bicampeón de la Liga inglesa y subcampeón de Europa. ¿Y nosotros? A Raúl...

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Apuntes, varios y breves, sobre la final de la Copa de Europa.



-Felicito, otra vez, al Barça y a sus aficionados. Conseguir el triplete no es ninguna trivialidad.

-El Barça fue el mejor. Por tanto, ganó con indiscutible merecimiento.

-Me decepcionó el Manchester. Me esperaba más.

-Ferguson se equivocó. Su planteamiento fue erróneo.

-Guardiola acertó. Xavi, Busquest e Iniesta, es decir, un centro del campo ofensivo, fue la clave del éxito.

-Ciertos jugadores reds no dieron la talla. Van der Sar, dubitativo; Vidic y Ferdinand fallaron en el primer y segundo gol, respectivamente; Anderson y Giggs no estuvieron en el partido, no debieron jugar (error de Ferguson); Rooney y Ronaldo muy separados, muy solos en ataque.

-Ronaldo fue el único que dio la cara.

- El Barça no acusó sus bajas. Más mérito todavía.

-Iniesta es el mejor futbolista español que ha salido desde Raúl.

-¡Raúl, jubílate! (ya sé que no viene a cuento, pero no puedo evitarlo).

-Me hubiera gustado hacerlo por nuestra cuenta, pero, de momento, agradezco al Barça que le haya ganado a Ferguson. Sí, viejo borracho; no me caes bien. Jódete.

-La mejor noticia es que se ha acabado el año. El triplete ya es historia. Ya sólo vale junio en adelante.

lunes, 18 de mayo de 2009

Felicitando al Barça

Ahora que la temporada ha finalizado, ahora que es el momento del reparto de títulos, ahora que es el momento de las conclusiones finales es cuando se debe calificar y adjetivar al Barça.Y felicitar, claro. No a mitad de temporada, cuando no había logrado nada.

Empiezo por Guardiola. Entrenador al que se le atribuye mucho mérito de la gran temporada del Barça. Para muchos su gran baza es el fútbol que su equipo ha practicado y su afinidad hacia la cantera, es decir, a lo superficial y artificial. Yo, sin embargo, me quedo con otros aspectos, los que nadie ve ni valora. A mi juicio, más que por abogar un fútbol bonito, alegre y espectacular, su gran labor reside en haber actuado como un verdadero entrenador. Es decir, ha resuelto con nota lo que se requiere para el ejercicio del entrenador de fútbol en el siglo XXI. Este año los jugadores del Barça se han encontrado con la paradoja de que había que ganarse el puesto si querían jugar domingo a domingo. Cosa que no ocurría en la era Rijkard. Eso significa ser la autoridad máxima en un vestuario, que decide y manda sin ataduras ni amiguismos. El ejemplo más claro es el de Eto'o.

Guardiola ha impuesto el orden y la disciplina; el trabajo diario y no el nombre como mérito ha hecho de los jugadores del Barça altamente competitivos durante todo el año, con muy pocas lagunas. Normalmente, los equipos campeones suelen tener bajones de juego y resultados. Miren al Madrid de Schúster en febrero y marzo del curso pasado. Este año el Barça apenas ha tenido un mal momento. De este modo, se establece una clara jerarquía vertical en el vestuario, la cual no hace sino producir grandes beneficios al club. Formenta la competitividad dentro del propio equipo lo cual equivale a un aumento del nivel de los jugadores en partido oficial; los jugadores no piensan, sino trabajan y actúan; elude que se creen grupúsculos en el vestuario. Todos van a una, todos van con Guardiola. O estás con él y su método, o estás fuera. Los que no trabajan, los desganados quedan retratados. Señalados. Ya no hay sitio para ovejas negras. Guardiola es el jefe; nadie cuestiona su autoridad.

En segundo lugar, Guardiola ha dotado de sentido táctico al equipo. Eso, en equipos que practican un fútbol ofensivo, es una rareza. Esto es clave para comprender el éxito del Barça en los momentos más importantes del año. No ceñirse y encabezonarse al sistema, dotarlo de más verticalidad le ha hecho ser un equipo menos previsible, más poderoso. El Madrid, mi Real Madrid, lo ha sufrido en sus carnes. Otro punto es el aspecto físico. Gran suspenso del antecesor de Guardiola. La mayoría de los jugadores han llegado frescos a mayo, que es cuando se da el todo por el todo. No obstante, está la excepción de Eto'o, al que creo que llega quemado a la final de Roma. Estas dos facetas del fútbol son importantísimas e imprescindibles en el fútbol de hoy en día. Y Guardiola las ha manejado muy bien. Sin ellas, no habría opción al triplete.

Así pues, son en los cimientos y creación de este equipo y no en el resultado final y la visualización del producto donde encontramos el gran mérito de Guardiola. La estructura del majestuoso edificio es suya; la pintura y la estética, es de los jugadores. Los resultados: la sincronización de ambos.

No obstante, en esta entrada también quiero dejar paso a la crítica particular. Es decir, a título mío. Y lo hago concretamente en un tema que no hago amigos, precisamente; de esos etiquetados por la realidad imperante como políticamente incorrectos. Mucho se habla del agradecimiento a Cruyff por traer esa filosofía del fútbol, ofensivo y, especialmente, bonito; el fútbol de toque con el que han disfrutado de tantos elogios y piropos. Personalmente, me es una forma de jugar al fútbol tan legítima como cualquier otra. No me hace de más mérito, de más justicia poética las victorias de los equipos que juegan de ese modo. Se está convirtiendo lo que era hasta ahora una teoría o manera de ver e interpretar el fútbol en un fundamentalismo radical. Es más, creo que en esta campaña se ha echado en falta equipos que sí valgan como vara de medir al fútbol del Barça. La única y verdadera prueba de fuego la han tenido en semifinales de la Copa de Europa. Y aunque el resultado diga lo contrario, no salió como se esperaba. Su excelso juego ofensivo no superó al brillante juego defensivo que planteó el Chelsea. Podemos decir, sin ambages, que el fútbol ofensivo no ha vencido al fútbol defensivo con contundencia.

Por último, señalar que este Barça, por mucho triplete y mucho récord que haya logrado esta temporada, no ha tocado techo. Ni muchísimo menos. Esto no ha hecho más que empezar. El Barça aún tiene un largo camino que recorrer.

Durante toda la vida, o mejor dicho, desde que Santiago Bernabéu cogió las riendas del Real Madrid, el Barcelona ha sido un equipo perdedor. El segundón de España. Siempre a la deriva de los éxitos del club blanco, con pretensiones y aspiraciones de menor calibre. Con la llegada de Cruyff, la historia azulgrana empezó a variar. Consiguió acabar con el monopolio blanco en España. Ya no hay un grande, sino dos, el Barça y el Madrid. Ellos son los amos y señores del campeonato de Liga. Poco a poco va cambiando la dinámica y la historia de este club. Cada vez es menor el pensamiento perderdor de antaño "con ganar al Madrid en el derbi nos sobra". Su camino debe acercarse al de las letras de oro de la historia del fútbol . Éste es el objetivo primordial del Barça del futuro próximo. El de Guardiola y sus futbolistas.

Esto es, les queda lo que nunca jamás -perdonen el pleonasmo- han hecho en más de cien años de existencia. Su gran laguna, su gran lunar, su gran diferencia con el Milan, el Liverpool, el Bayern, el Ajax y, sobre todo, el Real Madrid; les falta lo mismo que intenta ahora el Manchester United: plantar una hegemonía en Europa. Ganar, dominar y marcar una época en el viejo continente. He ahí la mayor grandeza del fútbol. Y no jugar como los ángeles.

jueves, 7 de mayo de 2009

Seis goles directos al corazón blanco


Seis goles nos colaron el sábado. Seis nos coló el Barça. Y en nuestra casa. Nunca un partido de fútbol resultó tan doloroso para un servidor. Creo que ha sido la mayor humillación que he recibido desde que soy madridista. Y no es porque yo haya visto precisamente pocas derrotas blancas. Ni las eliminatorias europeas perdidas durante el último lustro, ni la goleada del Valencia en la Copa del 99, ni la del Zaragoza hace tres años; ni aun el 0-3 que el Barça nos endosó en noviembre del 2005 ha sido tan doloroso como el partido del sábado. Uno contemplaba la posibilidad de un partido duro y arduo, hasta era consciente de la posibilidad de perder, pero no me esperaba esto. Nos la metieron doblada: derrota, baño y goleada. Y encima el equipo que más nos odia, el que más se alegra de nuestras miserias y cuyos aficionados soporto a diario.


Gran parte de la culpa de todo esto lo tiene el propio Madrid. Las nefastas políticas deportivas e ineptitudes de los dirigentes blancos, la demagogia y las falsas ilusiones creadas por la prensa blanca, el conformismo de una afición indolente y profundamente ignorante han propiciado la cruda realidad de este Madrid: un equipo de aspiraciones paupérrimas. No da para más. El adjetivo ridículo es constante en sus noches por Europa. Un equipo que, con su mediocre y lastimoso presente, maltrata a su glorioso pasado y a su futuro. Porque no es capaz ni de generar ilusión. Y, para remate de las penurias, tiene la desgracia de convertir a toda una leyenda viva en un auténtico lastre (Raúl). Sin todo esto, el Barça jamás se hubiera permitido el lujo de humillarnos.

No obstante, no voy a restar ningún mérito a los culés. Admito su superioridad en el clásico. Guardiola pareció aprender muy rápido la lección del Chelsea. En el partido de ida, el Barça, con el técnico culé a la cabeza, se quejó de que les pusieran el autobús. Ay, mamá, que fulano no me deja, clamaron. El catennaccio en estado puro es una forma totalmente legítima de ganar partidos de igual modo que practicar un fútbol ofensivo. Es trabajo del Barça conseguir sus objetivos por iniciativa propia, y no porque el rival se lo ponga en bandeja. Así, el Madrid de Juande supongo que intentaría jugar como los ingleses -lo supongo porque no lo vi- pero el Barça se adelantó. Fue listo Guardiola: estudió al Madrid, aprovechó sus puntos débiles e, incluso, varió el sistema para poder jugar y ganar al Real. Fue el 4-3-3 menos rígido de toda la temporada. No sé si se fijaron, pero el Barça jugó en casi la totalidad del partido sin un nueve definido y con Messi por el centro. Así sí, señor Guardiola. Así sí tienen mérito las victorias. A mayor dificultad, mayor grandeza. Felicito su victoria en el Bernabéu y mi parabién les daré cuando les toque la hora de celebrar sus títulos.

Confieso una cosa: el Barça, personalmente, me ha hecho daño. Y eso es difícil. Que el Barça me traiga dolores de cabeza es complicado. Por la sencilla razón de que no me importa sus andaduras. No me interesan ni celebro sus miserias como tampoco me enrabian sus victorias. No es mi estilo. Simplemente no me caen simpáticos, nada más. O dicho de otro modo: soy madridista, no antibarcelonista. Pero por esta vez voy a hacer una excepción. Ésta derrota no se puede pasar por alto. No se olvidará jamás. La escandalosa goleada es un ultraje en toda regla al honor madridista. No podemos tener esa mancha en nuestra historia. Quiero venganza, pido revancha. Quiero lo mismo que ocurrió hace 14 años, cuando le devolvimos la manita que ellos mismos nos endosaron. Necesito tener la conciencia tranquila.

Pero eso, la vindicta culé, no deber ser más que una batalla particular. O un capricho mío. Sólo eso. Porque nuestra gran batalla, nuestra verdadera guerra es recuperar nuestra identidad. A ver si los futuribles dirigentes blancos nos devuelven la grandeza perdida. Por ello, espero y deseo el Florentino del 2000. El mismo que cambió el rumbo del club. El mismo con el que fuimos grandes en todos los aspectos, que no todo son resultados. Y que sea cuanto antes, pues, al ritmo que vamos, me estoy convirtiendo en un jodido nostálgico. No es mi intención pasarme el resto de mi vida contando batallitas. Quiero volver a revivirlas; quiero que mi equipo recupere el lugar que históricamente le corresponde. El cetro del fútbol mundial debe ser siempre blanco.

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Actualizo la entrada:


Hoy media España futbolera celebra el pase a la final del FC Barcelona. La otra mitad refuña y maldice la potra culé y los fallos arbitrales.
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Todos lo vimos ayer. El arbitraje de ayer fue horroroso, hasta tres penaltis no pitó el árbitro ayer. El Chelsea tuvo sus ocasiones para llevarse la eliminatoria; todo lo contrario que el Barça que tan sólo tuvo una y en tiempo de descuento. Le bastó con eso. Iniesta, el futbolista con más talento del Barça -es opinable, y yo opino- la metió por toda la escuadra. Golazo. Sin embargo, realmente, la victoria del Barça fue injusta e inmerecida, porque el Chelsea dominó el encuentro.

Pero quisiera hacer una breve reflexión. No somos nadie para poder quejarnos. Lo mejor es mantener la boca cerrada. Imaginen si en en vez del Barça fuese ayer el Madrid. Todos lo hubiéramos celebrado como locos. A ningún madridista le hubiera importado si el arbitro influyó o no en su contra; como tampoco nos habría molestado que su equipo fuera inferior en el juego. Porque estos partidos son los que se ganan por lo civil o por lo criminal.

Así que, madridistas, menos quejas fútiles y más mirarse el ombligo. Que tenemos muchas cosas por hacer. Aunque nos fastidie, dejemos en paz a la gente que hace las cosas bien.

lunes, 4 de mayo de 2009

Un puñetero lapsus

Me cago en Raúl. Me cago en todo.

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Por error, y gordo, publiqué algo que no tenía que publicar. Lo escrito aquí no era una entrada.

No obstante, mantengo la entrada por respeto a aquellos que han pasado por aquí.

Eso sí, me guardo el derecho a retirar el texto. Aunque Luisi ya lo sepa, xD.

miércoles, 29 de abril de 2009

Hablemos del Barça

Dejemos las cosas claras. Y desde el principio. El Barça es un buen equipo. Posee grandes jugadores y realiza un fútbol ofensivo y bien hecho. Es, además, un equipo que expone un mínimo trabajo táctico y físico. Su entrenador, a pesar de su condición de novato, presenta como principal argumento su ejercicio de la profesión como tal. O sea. No es un colega de los jugadores, ni es un monitor ni su psicólogo. Es un entrenador de fútbol que decide y ordena sobre sus jugadores: su autoridad en el vestuario es patente. Esto es fundamental para, por un lado, facilitar el trabajo entre cuerpo técnico y jugadores y, por otro lado, para evitar posibles roturas de vestuario. Añádesele la ferviente disposición de este año de los jugadores para comprender el gran año del Fútbol Club Barcelona.

Ésa es la realidad del equipo. Que, por cierto, no digo yo que no sea nada mala. Pero no es la que nos han querido vender todos. Ni por asomo este equipo es el mejor de la historia, ni da lecciones de fútbol ni es el equipo más guay y cool del globo terráqueo. A este bueno equipo nos lo han metido como algo que, de momento, no lo es. A este Barça todavía le falta. Para empezar, no ha ganado ningún título aún. Y van tres años en blanco. Segundo, su excelso y admirado sistema de juego tiene errores. Errores asumibles a Guardiola, por supuesto. Como por ejemplo, la malinterpretación de que los rivales le van a dejar. Eso provoca que, cuando equipos como el Madrid del Nou Camp, el Getafe de la primera vuelta, el Valencia del sábado o el Chelsea de ayer mismo, el Barça en vez de buscar soluciones y enfrentar a ello se atasca y se encasquilla. Es más, retoman su papel de victimista de toda la vida acusando al rival de equipo pequeño, de antifútbol y demás sinónimos. Y no es eso. No. Los grandes equipos que han practicado un fútbol ofensivo se han sobrepuesto a los que practicaban el opuesto sistema. He ahí el mérito y la grandeza. Dígase el Ajax del setenta, que barrió al Bayern de Beckenbauer. Dígase el Brasil del setenta contra Italia. Dígase también la España de Luís Aragonés.

Así que menos lobos, caperucitas. Menos llorar y más mirarse el ombligo. Sois buenos, no lo discute nadie, pero no sois invencibles. Vuestro sistema es perfectamente válido y lo utilizáis bien. Pero no es suficiente con eso. Los elogios recibidos durante todo el año no sé si os afectarán, pero tengo muy claro que han sido desmesurados. Y demasiado baratos. Será al final de la temporada cuando se ha de valorar a este equipo. Hasta el momento y en mi opinión, lo único que sois es un buen equipo pero sobrevaloradísimo. Sin embargo, en vuestra mano está que un humilde servidor se arrepienta de esta entrada.

martes, 21 de abril de 2009

Van Gaal, un gran entrenador


Ya tenemos campeón de la Liga holandesa. Y no es el Ajax de Amsterdam ni el PSV Eindhoven. Ni siquiera el Feyenoord. Ha sido el humilde conjunto tulipán AZ Alkmaar de Louis Van Gaal. Así que hoy permítanme que le dedique una entrada a uno de los personajes más infravalorados y despreciados del mundo del fútbol. Un tipo etiquetado como non grato, de esos que no caen bien aquí. Es mentar al holandés como un buen entrenador y ya te tildan de loco o de graciosete; o qué sabrás tú de fútbol, o uno que me gustó, de cabrón, cómo se nota que eres madridista. Pues no. Déjenme que les explique que me parece un grandísimo entrenador.

Van Gaal probablemente es el único entrenador en activo que ha logrado conjuntar y combinar con éxito el arduo arte de jugar bien, de un modo ofensivo y bonito al fútbol en sus equipos. Tres calificativos peculiares, con una definición concreta y propia y difícilmente complementarios; nunca sinónimos, como erróneamente se cree. Y con resultados. No como otros vendeburras que yo me sé, dígase Víctor Fernández o similares. Lo suyo sí es tiki-taka. Los equipos de Van Gaal han practicado un fútbol muy vertical, con mucha velocidad y con mucha facilidad para crear ocasiones; pero sin descuidar otros detalles que muchos artistas se saltan: sus jugadores siempre han estado muy bien posicionados en el campo, sus equipos suelen lograr perfectamente el complicado equilibrio. Y a diferencia de los dogmáticos españoles -DRJ dixit- del joga bonito y tal, trabaja muy bien el aspecto táctico y físico, factores imprescindibles hoy día para la alta competición. Que no es sólo talento y dejarles jugar al fúrbo como dice Manolo Lama.

Conseguir esa simbiosis de fútbol ofensivo, alegre y efectivo es tremendamente complicado. Por mucho que diga MARCA y AS, muy pocos lo han hecho; de ahí el mérito que le doy a Van Gaal. Aquel Ajax de mediados de los noventa poseía todas esas cualidades. Hizo historia. Recuerden sus éxitos con el equipo más laureado de Holanda: dos finales consecutivas de la Copa de Europa -la primera ganada- y campeón de la Supercopa europea e Interconiental; con jugadores de mucha calidad pero muy jóvenes y que realizaron un futbol totalmente opuesto a la moda de la época -Milán de Sacchi y Capello, Juventus de Lippi-. Y los del Barça hasta que le dejaron: bicampeón y de forma arrolladora en la Liga Española tras tres años en blanco, más Copa del Rey y Supercopa europea. Tela. Y en un breve período de 5 años (94-96, Ajax; 97-99, Barça). Posteriormente el entorno culé hizo mella y no le dejaron trabajar. La prensa le hizo tanto daño que mancilló su nombre para la posteridad. Nadie volvió a contar con sus servicios. Sólo el AZ se atrevió. Y ahí lo tienen: en cuatro años lo ha hecho campeón. Casi nada.

Sin embargo, Van Gaal, genio como ninguno, no ha sido un santo. No es mi intención convertirle en un mártir. Su particular personalidad le ha provacado errores y numerosos enfrentamientos. La poderosa prensa blaugrana y/o el citado entorno culé hizo el resto: le hicieron la vida imposible. En mi opinión, Van Gaal posee dos graves defectos que se han convertido en una lacra para toda su vida. El primero es que no ha sabido venderse. En esta vida no sólo hay que saber hacer las cosas bien hechas sino, además, saber explicarlas. El técnico holandés expone un trabajo y un método casi perfecto que, sin embargo, no tiene idea o discurso. Van Gaal no ha sabido vender su producto. Y lo que es peor: nadie se lo ha vendido. Un relaciones públicas le hubiera venido de perlas. Si Van Gaal tuviera la retórica de Valdano hubiera entrenado a equipos grandes y ganado copas de Europa sin despeinarse.

El segundo es su carácter huraño y arisco que le ha causado dos frentes enemigos a la vez. Por un lado, con la prensa, y más la culé y española. Nunca fue su amigo ni lo intentó. Pagó factura. Los medios, que como cualquier ser humano medianamente lúcido comprende, tienen un tremendo poder. No caer simpático a tal puede costar toda una carrera deportiva. Y por otro lado, con los propios jugadores. Van Gaal es un tío de día a día. Muy detallista, no deja nada al azar. Es, en otras palabras, un pelmazo para el futbolista. Eso es muy importante para el futbolista del siglo XXI. Miren al Liverpool de Benítez. Pero sólo funciona en casos muy singulares como, por ejemplo, con gente joven, con talento y con hambre; jugadores que no han ganado nada aún y que aspiran al máximo. Futbolistas que no tienen motivos para la soberbia. Así ocurrió en la brillante generación del Ajax del 95. Pero eso no suele funcionar con futbolistas consagrados. No, ese tipo de futbolistas, con su historial, detestan que un entrenador sea tan minucioso y exigente. Que ellos prefieren la vida fácil, que para eso se lo han ganado. Así lo reconoció Figo hace poco en una entrevista en EL PAÍS.

No lo niego ni tengo vergüenza en reconocerlo. Si fuera presidente de un club de fútbol, apostaría por Van Gaal. Si fuera Florentino y me interesaría no sólo que el equipo gane sino que además dé espectáculo para dejar contentos a los palmeros de turno, llamaría a Van Gaal. Pero me temo que eso sólo puede pasar en mi remota imaginación. Y que incluso sería saludable para todos que Van Gaal no volviera a España. Me entra pavor pensar en la que se montaría. En lo jodida que le harían la vida al holandés; en las fuertes presiones que recibirían aquellos que le contrataron. Si es que ya me lo veo: dos partidos malos y portada del As a toda plana "Van Gaal en la frontera" y el editorial de Relaño, cual traidor y cínico periodista, que no falte. Así que, fíjense, prefiero seguir soñando: no es mi estilo putear a la gente que me cae bien.

viernes, 17 de abril de 2009

Tiempo de play offs


Ha finalizado la temporada regular de la mejor liga del mundo de baloncesto. Comienza uno de los períodos más hermosos del mundo del deporte. Es tiempo de play offs. Es la hora de la verdad, donde cada equipo se juega el todo por el todo. Ya no hay lugar para los errores. A diferencia del sistema europeo, en Norteamérica sólo hay un título. El formato de competición estadounidense establece un claro y rotundo ganador por encima de muchos perderdores. Sólo un equipo puede alcanzar la gloria. Así de hermoso y cruel a la vez es.

Confieso que mi final sería Cavallaliers contra Lakers. Pero un último acontecimiento me ha hecho dudar. Las mofas y burlas de los jugadores de Cleveland hacia los Celtics en su último enfrentamiento harán que éstos, jugadores muy buenos y veteranos, salgan extra motivados. Ya no veo tan fácil el este, no. Todo lo contrario que el Oeste, que lo veo clarísimo. No creo que hayan sorpresas ni novedades. Tampoco tengo fe en la extrema competividad de los Spurs y que sea año impar. No. Los Lakers son superiores a sus rivales de conferencia, como lo eran el año pasado. Con una diferencia: están más rodados, más hechos; son mejor equipo hoy día.

Pero, como siempre, prefiero ver buenos partidos a que los Lakers -mi equipo favorito- ganen el título. Todo lo contrario que en el fútbol, donde sólo me interesa la victoria y el honor del Madrid. Así pues, si los cálculos no me fallan, serán interesantísimas las semifinales de conferencia del Este. Quiero decir, será imperdonable perderse, por un lado, el duelo entre los Heats y los Cavs, o sea, entre James y Wade, y por otro, el partido de los Magics de Howard y los actuales campeones. Como también sería bonito revivir una final de conferencia entre Lakers y Spurs, como en los viejos tiempos. Por ello, espero y deseo un emocionante final de temporada. Y que gane el mejor, claro.

jueves, 2 de abril de 2009

Flases (VII)

Declaraciones de Lionel Messi tras la aplastante derrota de Argentina en Bolivia:

"Es imposible jugar en la Paz"

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Niñato. Menudo bocazas. Ya dijo unas parecidas declaraciones en la derrota contra el Espanyol: los árbitros no pueden venir al Camp Nou a hacer lo que quieran. Y ayer volvió a llorar.

Me da igual que acto seguido dijera que no lo decía como excusa. Eso no lo puede decir un tío que juega en una de las mejores selecciones del mundo. Y menos cuando el rival es el penúltimo.

Pide perdón a la afición; raja de tu equipo. Lo que quieras. Pero no infravalores al rival ni digas tonterías. Es impropio de un jugador de su nivel.

La altitud, efectivamente, puede que sea un factor importante. Pero no justifica goleadas. ¿O es que todas las selecciones que juegan en Bolivia salen humilladas?

Seamos justos: es muy bueno, probablemente el mejor, pero es un llorón.

lunes, 30 de marzo de 2009

Aún hay esperanza

Es un día feliz para los madridistas de bien. Por fin vemos la luz al final del oscuro túnel. Se ratificó a Boluda y se solucionó el viejo problema del voto por correo en una modélica y ejemplar asamblea. No es osadía si afirmo que creo que volveremos a tener unas elecciones limpias. Que ya era hora. El próximo mandatario blanco será más legítimo que nunca. Y con ello, vuelvo a tener ilusión. Vuelvo a tener fe en esa mágica fábrica de sueños que es Real Madrid y que penosos dirigentes, y malos madridistas, nos han intentado robar en los últimos años. Vuelvo a creer en el Real Madrid como una institución de relevancia mundial. Definitivamente, he superado mi particular crisis de madridismo.

Boluda se ha ganado mi beneficio de la duda que le negué cuando obtuvo el sillón presidencial por haber sido miembro de la directiva del infame Calderón. Presuntamente era conocedor y partícipe de las fechorías y trapicherías de Calderón y sus colegas. Pero ya no me importa. Ayer se mereció el sueldo y mi respeto: aguantó como un jabato la moratiniana jornada, habló y dejó hablar, fue sincero y no se fue por las ramas; mantuvo una postura señorial y respetuosa al socio que hacía años que yo no la veía. Además, escuchó a la plebe y accedió a adelantar el día de las elecciones que, aun siendo tardías, se celebrarán en una fecha más razonable. Sí, señor Buluda, tiene usted razón: hemos salido todos ganadores.

Por poner un pero que, haberlos, haylos siempre, lamento la ausencia de un alto número de socios compromisarios que no les dio la gana de asistir a la probablemente asamblea más importante de los últimos años. Y comentar también lo cutres y demagogos que fueron algunos compromisarios que pidieron el turno de palabra, los cuales no hacen más que justificar mi desencanto con la afición madridista. Patético Toñín el Torero; antónimo perfecto de elegancia y clase. Pero en fin, pedir eso sería el colmen de la felicidad. Es el peaje de la democracia. Respeto para todos; libertad de expresión sin distinción alguna. Una profesora de Historia me lo explicó magníficamente en su día: la democracia de perfecta no tiene nada, sino que es el mejor sistema inventado hasta ahora.




Como parece ser que Fernando Alonso no gana, hay gente que todavía no se ha enterado de que ha vuelto la fórmula uno. Sí, ha regresado; y se presenta, sinceramente, más abierta y apasionante que nunca. Gran fin de semana éste, en Australia. Para resumir, me quedo con tres nombres propios. El primero es alemán y se llama Sebastian Vettel. En mi opinión, es el piloto con más talento y potencial de toda la parrilla. Es muy bueno y además, los tiene bien puestos. Pudo ser ayer listo y conservador, pudo dejar pasar al veloz Kubica y asegurar el podio. Pero no. Eso no le pone a Vettel. No es lo suyo. Defendió con uñas y dientes su segunda plaza. Es talento puro. Recuerden: él no corrió con el difusor ni con el KERN, él iba con su estrenado Red Bull de motor Renaulf, sus manos y un par de huevos. Ya lo comprobarán ustedes: denle un coche bueno, y verán, verán...

Los otros dos son ingleses, para disgusto de muchos. Uno es negro, el odiado y denostado Lewis Hamilton. Su Mercedes ha sido el más perjudicado de los nuevos cambios. Es el que peor situación está respecto de los que se han beneficiado del difusor. Y ahí lo tienen al negro. Carrerón, espectacular remontada, demostrando por qué desde niño se la ha llamado a hacer grandes cosas. Que tomen nota los quejicas de turno. Y el otro, el blanco, es Jenson Button. Con todo merecimiento ganó el gran premio de Melbourne. Me alegró muchísimo de su victoria. Pasó de ser la esperanza inglesa a la oscuridad y el anonimato en menos que canta un gallo.

En fin, qué bonito deporte éste, el de la fórmula uno.

lunes, 23 de marzo de 2009

Recta final

Ya sólo quedan diez jornadas para conocer el flamante campeón de Liga. Llega el momento de la verdad. Y se presenta, sinceramente, apasionante. Aunque tengo mis propias sospechas, no sé -ni yo ni nadie- el final de esta película. Todo puede ocurrir. Por poner ejemplos dispares, desde que el Madrid gane esta liga hasta que el Athletic baje a Segunda. Nada, o casi, importa lo hecho durante los últimos meses. Sólo vale ya lo que hagas en estas jornadas. El pasado poco tiene que ver; es el duro presente quien marcará y condicionará el porvenir de los veinte clubes españoles. Ya lo dijo hace un tiempo Luis Aragonés: "Poco importa lo que haga antes, lo que vale de verdad son las diez últimas jornadas".

El Barça es el que mejor tiene que interpretar la sentencia de Aragonés. Muchos dicen que este equipo quedará para el recuerdo. Déjenme que les diga que estoy en desacuerdo total. Si este equipo sólo gana la Copa del Rey no lo recordará ni su padre. Todo culé sabe de sobra que los títulos es lo único importante. Todo se reduce a eso. Como también es igual de cierto que ningún culé lo reconocerá: de perder esta Liga mentará la excusa de su brillantísimo y excelentísimo juego y a la potra del rival. Pero en el fondo, en su soledad, estarán jodidos. Así que, considerando que la Copa de Europa la tienen difícil y la Copa del Rey no cuenta, por el bien de los culés, mas le vale que no tiren esta Liga.

Por otro lado, está el Real Madrid, vivo y coleando, para inri de otros. A diferencia del Barça, no hizo nada en verano. Se han hecho las cosas rematadamente mal. Tiene menos mimbres que el Barça, menos argumentos que ofrecer. De hecho, en comparación, no tiene casi nada. La rutina de este curso ha estado marcado por los escándalos y los despropósitos. Ha superado la dimisión de un presidente, ha salvado la destitución de su entrenador y se ha rehecho de una plaga de lesiones; ahí lo tienen, a seis puntos del Barça. Es el Real Madrid, amigo. La competividad de este equipo está fuera de dudas. Muchísimo mérito tiene que la liga aún no esté acabada. Y de elogio será, se pongan como se pongan algunos, si consiguen esta Liga.

Sin embargo, para mí la temporada ha sido un fracaso absoluto. Está en su obligación pelear por este título, pero no compensará nada. De ganar, que no haya dudas: lo celebraré; me voy a reír de lo lindo este estío y a alguno que yo me sé le voy a hacer un merecido corte de mangas. Pero, en frío, reflexionando, cigarro en mano y en este blog, seguiré maldiciendo las penurias de este Madrid que me toca vivir.