martes, 19 de marzo de 2013

El reinado de James



Lebron James volvió a exhibir su aplastante hegemonía en el baloncesto mundial. Ayer aniquiló a los Celtics en el TD Garden con una demostración de superioridad incontestable, con canasta ganadora incluida. Boston dominó gran parte del duelo, siempre competitivo y orgulloso, pero cayó ante un soberbio último cuarto de Miami, que remontó una renta de 13 puntos a falta de 8 minutos. No hubo solución ante Lebron, que lideró a su equipo con 37 puntos, 12 asistencias, 7 rebotes, 2 robos y 2 tapones. El triunfo catapulta, además, a los Heat como la segunda mejor racha de la historia de la NBA: 23 victorias consecutivas, un hito que no pudo aspirar en su día Michael Jordan.

Se trata de otra muesca para su excelsa temporada regular y que pone de manifiesto la constatación real de la supremacía absoluta de Lebron James, profetizada y anhelada durante muchos años. Desde que el mundo le contempló en su segundo año en el high school, Lebron James ha estado predestinado a ser el rey de la NBA. Una presión brutal con la que ha convivido toda su carrera, insoportable para el resto de los mortales. Nunca se achantó. Asumió su destino y él mismo se proclamó como the choosen one (el elegido). A los 17 años firmó un contrato publicitario multimillonario con Nike (90 millones de dólares) y saltó directamente desde el instituto a la gran liga. Muy pronto demostró su valía, se ganó el hueco entre los mejores y batió todos los récords de precocidad existentes. Consiguió el MVP a los 24 años, el galardón individual más importante. Se obstinó en conseguir la grandeza para Cleveland, la ciudad maldita del deporte de Estados Unidos (el último título profesional se logró en 1964), y se plantó en las finales de 2007 con uno de los peores conjuntos finalistas que se recuerdan. 


Pero la brillante hoja de ruta hacia la gloria se trastabilló. El camino hacia el anillo resultó ser más duro de lo que él pudo prever. Peleó contra todos y contra todo, especialmente ante él, su peor juez. Perdió las finales y aguantó reproches despiadados, algunos humillantes. Optó por concluir el capítulo con los Cavs, que se replantearán eternamente su ineptitud para dotar a Lebron un equipo de garantías, y se lanzó al proyecto de su vida. Su decisión acarreó críticas feroces que le auguraron el desprestigio de su historial y la infravaloración de sus futuras hazañas. "Yo no llamé a Larry ni a Magic para jugar con ellos; trataba de ganarles en la cancha", sentenció Jordan. Sin embargo, James se había ganado el derecho a decidir y obró bien. Los Heat le ofrecieron un equipo confeccionado para el éxito. Y la franquicia voló durante su primer año pero el sueño se truncó en las Finales. Lebron volvía a perder.

Levantarse no era una novedad para Lebron James. La heroica capacidad de superación, tan apreciada en Estados Unidos, es otra de sus señas de identidad. Hijo de una joven madre soltera, forjó su carácter en los barrios marginales de Acron (Ohio) e hizo de la lucha una constante en su vida. Un hombre hecho a sí mismo que no cesaría jamás su empeño en alcanzar el anillo. La derrota ante los Mavs supuso un punto de inflexión en su vida. Encabritado como Jordan en el 96, Lebron realizó en 2012 el mejor baloncesto de su carrera. La estrotésferica exhibición en el sexto partido de las Finales de Conferencia (45-15-5) mostró al mundo su terrible hambre de gloria. Y los Thunder palidecieron en la gran final ante el vendaval imparable. La NBA coronaba, al fin, a su rey.

Aún hay quien le discute. Desconfíe: quien asegure tal aseveración lleva años sin ver un partido de NBA. Lebron James reina con mano de hierro. Durant le reta, pero de momento es sólo un digno rival. Igual que Kobe, ilustres adversarios que engrandecen pero no discuten la supremacía de Lebron. Sin duda, el anillo le ha liberado. Sólo hay que observar su mirada, que sigue arrogante y decidida, muy jordanesca, muy americana, pero que ha encontrado la paz. Ha domado el juego, ha mejorado sus porcentajes; toma mejores decisiones, domina los partidos. Es mejor jugador de lo que ya lo era. No hay quien le pare. Y tiene 28 años. A esa edad, Jordan ganaba su primer campeonato. Ahora es el tiempo de King James.

domingo, 27 de enero de 2013

El Elche aplasta al Hércules

                               Edu Bedia se lamenta mientras los futbolistas del Elche festejan el primer tanto del partido
                                                                               FOTO DIARIO INFORMACIÓN

No goleó porque no quiso. El Elche doblegó ayer al Hércules con una demostración aplastante de velocidad e intensidad. El conjunto blanquiazul capituló sin oponer resistencia ante la incontestable superioridad del líder de la Segunda División. Xumetra se erigió en el mejor del partido con un tanto y una asistencia a Corominas. La victoria ilicitana en el derbi es otra muesca más de una temporada feliz y exitosa de un equipo y una ciudad que ya divisa el ascenso a Primera División.

Elche era ayer una fiesta. Horas antes del pitido inicial, los aledaños del estadio Martínez Valero recibían la estruendosa y alegre llegada de los aficionados ilicitanos. El ambiente respiraba un día especial para una ciudad que vive un año de ensueño. Rostros sonrientes, cánticos y alguna que otra burla al rival, la hinchada acudía al clásico provincial más optimista de los últimos años.

El estadio no se llenó, pero registró la mejor entrada del año. 17.827 espectadores, según fuentes oficiales, propiciaron que el Martínez Valero luciera su mejor aspecto. En el anillo superior de la grada noroeste se situó la afición del Hércules. Más de 1.500 seguidores blanquiazules animaron sin cesar a su equipo durante todo el partido, incluso en los peores momentos. El comportamiento de las dos aficiones, en un encuentro declarado de alto riesgo, fue ejemplar. No hubo incidentes.

Los pronósticos esperados se cumplieron pese a las dudas que surgieron por los últimos resultados de los equipos contendientes. El Elche se asomó al derbi con dos empates mientras el Hércules lo hizo con dos triunfos consecutivos que supieron a gloria en un año nefasto, embarrado en la penúltima posición de la tabla. Pero el derbi resultó ser un reflejo de la temporada que están realizando. El conjunto franjiverde ejerció de líder indiscutible y los 33 puntos que le separan de su rival quedaron plasmados ayer en el terreno de juego.

Acierta Fran Escribà
Apoyado en los últimos encuentros, Quique Hernández, técnico herculano, repitió alineación y optó por alejar la defensa de su área y por buscar la posesión de la pelota como principales armas contra el líder de la categoría. En cambio, el técnico ilicitano, Fran Escribà, modificó su once habitual e incluyó al centrocampista Aarón Ñíguez en detrimento del nueve del Elche, Berry Powel. El Elche apostaba por un ataque veloz y dinámico para evitar que los centrales rivales tuvieran una referencia definida.

Muy pronto se comprobó que la batalla táctica se declinaría hacia el lado local. El Elche presionaba con fuerza a un Hércules que tocaba la pelota sin peligro. El equipo local dotó de una vehemente intensidad a todas sus acciones y Aarón se apropió de las primeras ocasiones. Un tiro lejano desde la media luna en el minuto 17 y otro, en el 22, y que requirió la intervención de Falcón, portero herculano, mostraron la incipiente supremacía del Elche. La movilidad y rapidez de los jugadores franjiverdes estaba haciendo daño al Hércules.

El Hércules poco a poco perdía el control del partido. El centro del centro del campo blanquiazul no encontraba el modo de conectar con sus atacantes. Fue el día en que Rivas y Mario Rosas nunca supieron qué hacer con la pelota, asfixiados por la presión ilicitana. El Elche empujaba, robaba y abría la pelota a las bandas, ocupadas por Xumetra y Fidel, que perforaban como puñales con sus internadas a la defensa herculana.

Aparece Xumetra
De nuevo en otro ataque ilicitano, en el minuto 35, Corominas buscó la pared en corto con Generelo, que ve el aclarado y le devuelve la pelota con un exquisito pase. Pero quien aparece no es Corominas, sino Xumetra, que rompe a la defensa herculana volando a velocidad de crucero, se planta solo ante el portero y define con elegancia. El gol recompensaba los méritos del Elche, claro dominador del partido.

Si la respuesta del Hércules pasaba por cambiar el rumbo tras el descanso, esta nunca tuvo oportunidad de manifestarse porque a los pocos minutos de la reanudación de la segunda parte el Elche sentenció el partido. Xumetra, el héroe de la noche, condujo un contragolpe de vértigo y cedió a placer a Corominas. El ayer nueve del Elche controló mal, pero su rapidez le permitió armar de nuevo y disparó antes de que los defensas pudieran arrebatarle la pelota. El tanto propició el atronador delirio la grada.

La clemencia del Elche
El gol dejó al Hércules contra las cuerdas. Otro galopada iniciada por Corominas puso en bandeja a Aarón el tercer tanto, pero Falcón detuvo. Y, sin embargo, el Elche paró. Aun con un Hércules rendido y abatido, el líder levantó el pie y no quiso hacer sangre. Decidió ahorrar fuerzas para futuras batallas y gestionó la media hora final con un fútbol control y prudente. En su noche perfecta de su impecable temporada y ante su odiado rival, el Elche tuvo piedad.

La compasión ilicitana no pareció molestarle a su afición, que coreaba y festejaba la victoria. Se trata del undécimo triunfo seguido en el Martínez Valero, un feudo inabordable durante todo el curso para sus rivales y que ayer tronaba de alegría con sus vítores. Sobre todo irradiaba felicidad absoluta. Queda todavía una vuelta entera, pero ya se sienten en Primera.

viernes, 21 de diciembre de 2012

"¡Árbitro, cabrón!"

La reciente muerte de un árbitro holandés a manos de tres jóvenes de 15 años pone de manifiesto un problema que afecta también al fútbol base español. Los árbitros y los entrenadores de la Región de Murcia acusan a los padres de los futbolistas de alimentar los insultos y vejaciones en las categorías inferiores



Marcos Mateo García
Francisco Valero Pertegal
SANTOMERA - MURCIA

El cronómetro del campo de fútbol de césped artificial de El Siscar marca el minuto 5 del partido. Manuel Lobo, delantero del Santomera Infantil, se interna en el área rival con la estrecha vigilancia de su adversario, Javi Huertas, capitán del Huracán Siscar. Lobo pisa la pelota, lanza el amago y Huertas cae en el engaño. El defensa del Huracán mide mal su entrada y derriba al delantero. Un silbido aterroriza a todo el estadio. El árbitro pita penalti. La grada se alza y clama con dureza: “¡Árbitro, cabrón! Desgraciado, hijo de (...)”. Apenas hay 100 espectadores, pero el árbitro recibe una lluvia de insultos.

     Los futbolistas solo tienen 12 y 13 años, pero son conscientes de la trascendencia del partido. Los equipos Huracán Siscar y Santomera disputan el primer puesto de la categoría Segunda Infantil de la Región de Murcia. Ambas entidades mantienen además una fuerte rivalidad debido a la cercanía de sus territorios (El Siscar es una pedanía de Santomera). Los aficionados agolpan la pequeña grada de El Limonar, la cancha del equipo local. Son familiares y amigos de los futbolistas, que acompañan en todos los partidos a sus chicos. Para la hinchada el evento es más que un juego: el penalti les perjudica y cargan contra el árbitro sin contemplaciones.


Un estudio muestra que en un 80% de los casos el principal culpable del ambiente de crispación son los padres

"Si mi madre me acompañara a los partidos, me obligaría a abandonar el arbitraje"

"Los padres nos pensamos que tenemos un Messi"

"Lo ideal sería que los padres no acudieran a los partidos, pero sin ellos el fútbol sería inviable"

jueves, 28 de junio de 2012

España: talento, estilo y competitividad


España disputará la final de la Eurocopa 2012. La selección se coloca a un paso de ser el primer equipo en la historia en ganar tres entorchados internacionales de manera consecutiva. La victoria ante Portugal certifica el excelente estado de salud del fútbol español, que tendrá el domingo la oportunidad de alargar su indiscutible hegemonía mundial. Quién nos lo iba a decir, a nosotros, que durante años padecimos el dolor de la derrota y la losa del fracaso. ¿Qué ha cambiado? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Es esta una reflexión muy personal y que en tiempos donde todo se analiza y opina, me resisto a no ser menos, que para algo el blog es mío. Al fin y al cabo todos los españoles tenemos un tertuliano dentro -y, por traslación, somos seleccionadores también-.

Conviene, para ello, echar un vistazo con perspectiva a nuestro pasado: conocer la historia para comprender el presente. Históricamente, las prematuras eliminaciones en Eurocopas y Mundiales se achacaron a detalles muy concretos, estereotipados en el siempre recurso fácil de la 'mala suerte'. Un penalti, un árbitro, una cantada. Un fatalismo, tan simple, tan impreciso y tan español, que ha ocultado durante toda una vida las causas reales de los fracasos españoles. Me niego a aceptar que el éxito sea fruto única y exclusivamente de la suerte que nunca que tuvimos. Esta España no gana sólo porque esta vez un futbolista sí mete el penalti, el árbitro no le perjudica y los astros no conspiran contra nosotros. Talento, estilo y competitividad; esas son las mías.

El primer factor es la abundancia de talento en los jugadores. España goza hoy de los mejores jugadores del mundo; el once titular está compuesto por futbolistas que dominan todos los registros en su posición. Casillas, Puyol, Piqué, Ramos, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Villa y Torres son los mejores en sus demarcaciones. Antaño, seamos serios y con la salvedad del combinado de Chile 62, los equipos españoles apenas contaban con un par de jugadores de talla mundial. El resto eran futbolistas de perfil medio-alto, sobrevalorados por la prensa, medianos y vulgares en su conjunto. Hace diez años, España jugaba con un Raúl y diez Capdevilas. Hoy lo hace con diez Raúles y un Capdevila. El empeño de nuestra selección a lo largo de la historia es muy loable, pero los mediocres no triunfan. España nunca tuvo una generación brillante. Hoy es una fábrica incombustible de jugadores dotados para el más alto nivel.

Pero no basta con tener futbolistas excepcionales. En Chile 62, España reunió a un elenco de estrellas que cayó en cuartos de final (Di Stéfano, Puskas, Gento y Luis Suárez, entre otros). Un estilo de juego definido es la clave del éxito en el deporte colectivo. Un plan de juego cohesionado y bien ejecutado supone la principal razón del triunfo final en el fútbol. En una liga, el factor competitivo se reduce a partidos puntuales, un Madrid-Barça, un partido complicado fuera de casa, pero la dinámica ganadora la otorga el estilo. Sin una idea clara de juego, es imposible ganar. En España hemos conjugado el pundonor y la raza de la 'furia' española de los setenta con el preciosista pero frágil y efímera de la España de Muñoz de los ochenta, pasando por el cerrojazo de Clemente de los noventa y terminando en el anacrónico fútbol de Camacho, bandas y extremos puros, con Urzaiz al remate. Los bandazos históricos en el juego español impidieron la estabilidad de un estilo: una lacra que parecía interminable. Hasta que llegó Aragonés, a quien nunca se le valorará como se merece, denostado todavía por muchos, paradigma moderno del clásico héroe español.

Luis Aragonés lo vio claro. Con suma inteligencia optó por el fútbol que mejor se adaptaba a las cualidades de los mejores futbolistas españoles. Nuestra virtud, nuestra diferencia con el resto del mundo, estaba en el fútbol de toque y posesión. Aquello de que "España no tiene condición física de base" no era ninguna tontería. Nuestra materia prima estaba en el juego combinativo y asociativo. El mérito de Aragonés es aún mayor si observamos que nunca había entrenado equipos con estas características -recuerden: el 'Sabio de Hortaleza' era famoso por su fútbol de contragolpe-. Aragonés confeccionó el equipo para ello, lo llenó de mediocentros y desterró las bandas. Erigió a un entonces intrascendente Xavi como piedra angular del proyecto. Pero aquello requería tiempo y paciencia; los equipos no se construyen en dos meses, máxime en el ámbito internacional, donde no existe el entrenamiento diario. Y, sobre todo, requería foguearse en la alta competición. La primera gran prueba de fuego llegó en Alemania 06, donde la selección dio una exhibición de buen fútbol en la primera fase, pero en octavos bastó una selección ordenada y seria como Francia para volver a pisar la lona.

Aquella eliminatoria ante los galos supuso un punto de inflexión para Luis Aragonés. Había llegado el primer examen y, por tanto, tocaba el momento del balance. Reforzó lo que funcionaba y desterró las debilidades. Futbolistas como Xavi y Villa se hicieron intocables; Raúl y Albelda no volvieron a jugar con la selección. Sin embargo, todo ello se dio en el peor de los escenarios: en una España cainita y ruin, siempre impaciente y dada a los extremos, que no perdonó el fiasco en el Mundial. Las duras críticas y fuertes presiones complicaron más aún si cabe la tarea de Aragonés. Nadie creía en él: ni aficionados, ni prensa ni siquiera la federación. Aragonés se refugió en sus jugadores, fieles y a muerte con él, en especial Casillas y Puyol, nuevos líderes del vestuario. Con portadas pidiendo la cabeza del seleccionador, con las tertulias incendiando y con una afición desilusionada y perdida en debates estériles -"Raúl, selección"-, el equipo empezó a desarrollar automatismos, a mecanizar movimientos. España tenía cada vez más claro a qué quería jugar. La culminación de todo un estilo trabajado, cuatro años de rodaje, llegó en la Eurocopa de 2008. España por fin se presentaba a una cita internacional con un idea de juego definida y mecanizada. El resto ya lo conocemos: dominio y victoria; superioridad futbolística.

Del Bosque encontró un equipo hecho al que solo debía otorgar continuidad. En un intento altivo por dejar su sello -sí, Vicente el Humilde-, el técnico salmantino casi manda al traste la herencia que recogió con aquella esperpéntica idea de jugar -otra vez- con bandas, Riera y Navas poniendo balones a la nada. Supo rectificar: la fórmula ganadora era la de Aragonés. Dejó a los extremos como recursos alternativos, volvió al plan A y ganamos el Mundial. Y con la misma idea estaremos el domingo en la final. El estilo sigue, pues, intacto hoy en día. Cambian los matices: más centrocampistas, menos delanteros; más posesión, menos profundidad. Pero España gira en torno al control y el dominio del partido a través de la pelota y la rápida recuperación del balón en defensa. Desde esta premisa podemos entender la hegemonía española en el fútbol internacional.

Sin embargo, el estilo no lo es todo. El fútbol también está sujeto a la determinación de sus futbolistas y a los caprichos del azar. Cualquier nimio detalle puede variar el signo de un partido. El factor competitivo; o el otro fútbol, que diría Camacho. Si en una Liga -decía antes- esto se reduce a dos o tres partidos concretos, en una competición internacional este factor cobra una magnitud mucho más relevante, debido al sistema de eliminatoria pura y dura. Un mal día es determinante en un Mundial. Esta era una de las asignatura pendientes. Y es aquí donde interviene la tempestividad de los españoles. La mejor generación de la historia supo aprovechar la oportunidad: estaban en el lugar y en el momento exacto. No fallaron. Sin un Casillas inspirado en una tanda de penalti, jamás hubiéramos superado los cuartos del Europeo. Sin un Torres decisivo en su primer oportunidad clara, nunca hubiéramos ganado la final a Alemania. Sin un Villa resolutivo y ultacompetitivo habríamos fallado en las fases previas. Y sin un genial Iniesta no habríamos ganado un Mundial. Ya lo dice la Historia sagrada del fútbol: las grandes selecciones de todos los tiempos contaban con espléndidos equipos, eran futbolísticamente superiores a sus rivales y tenían auténticas leyendas del fútbol.

domingo, 19 de febrero de 2012

Recuperando la gloria perdida (también en basket)


Durante diecinueve años, el Real Madrid, antaño referente de Europa y dominador implacable de su deporte, malgastó su deficitario presupuesto de baloncesto en equipos mediocres y perdedores. El Madrid que ganó la Copa de 1993 fue el último proyecto acorde a la grandeza de la sección más laureada del viejo continente. Sabonis encabezaba un proyecto dirigido por Obradovic, ahora leyenda incuestionable del oficio de entrenador, y Arlauckas decidió la final de La Coruña. La Copa fue el primer título de un plantel que hizo doblete aquel año, consiguió otra Liga (1994) y terminó dos años después con la consecución de la octava Copa de Europa (1995). Posteriormente, solo cayeron tres Ligas nacionales (2000, 2005 y 2007) y dos títulos europeos menores (1997 y 2007) en casi veinte años: un balance pésimo.

No se puede decir, claro está, que este actual equipo sea la continuación de aquel brillante conjunto de comienzo de los noventa. La plantilla carece tanto de un crack determinante como siquiera de jugadores top en su posición, así como Pablo Laso es un técnico sin recorrido en la élite. No parece que sea un equipo capaz de ganar la Euroliga. Sin embargo, si hay una virtud destacable en el Madrid de hoy esa es la juventud y el enorme potencial de sus integrantes. Tipos como Mirotic, Carroll y Tomic tienen calidad sobradamente holgada para hacer carrera en el baloncesto de máximo nivel. Y el futuro español, salvando los enebeas, lo representan Suárez y Llull. El mallorquín, hasta hace poco habituado a roles secundarios, ha dado hoy un salto de madurez significativo en su nuevo rol de comandante. Con todo, todos ellos no dejan de ser jugadores imberbes, aún faltos de consistencia y tablas en el baloncesto.

Se puede afirmar que a falta de un proyecto ambicioso y potente que dé opciones reales, el Madrid ha optado por un plan sencillo y, además, coherente, con una finalidad prevista a largo plazo. Ha armado un equipo plagado de futuras promesas muy talentosas en manos de un entrenador en consonancia. Pablo Laso no puede presumir de currículo, pero está sacando las mejores virtudes de sus jugadores, logro que no consiguió Messina. Hoy demostró que sabe ganarle a un experimentado y sólido Barça con un acertado planteamiento. El Madrid jugó rápido, intenso y ofensivo, como le gusta; pero también supo defender y competir. Su equipo dominó y ganó anotando más de noventa puntos ante la mejor defensa del baloncesto FIBA. La gloria para el Madrid, el cetro europeo, aún está lejos y tal vez requiera tiempo y retoques -¿Rudy?-; pero ganar un título así es la mejor manera de emprender un desafío mayúsculo.

viernes, 3 de febrero de 2012

Flases (X): Injurias contra la Corona.

Isaac Cuenca renovó por el Barça y portará el dorsal número veintitrés. Estas fueron sus declaraciones:

"No llegaré al talento de Jordan, pero prometo igualar su profesionalidad"

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Discúlpeme, pero no le entendí bien:

Con su breve testimonio dado ante este tribunal, ¿manifiesta usted, pues, que la vida que usted ha llevado hasta ahora desaparecerá? ¿Enuncia, ergo, que modificará radicalmente todos sus hábitos cotidianos? ¿Dice usted, por tanto, que piensa olvidar a sus amigos y a su familia y que dedicará las veinticuatro horas del día, trescientos sesenta y cinco días al año, al ejercicio del fútbol?

¿Proclama que saltará más que el resto, que correrá más que nadie? ¿Asegura usted que dominará todos los fundamentos del juego? ¿Ratifica que no dejará ningún recóndito detalle al azar? ¿Afirma usted que no dormirá, no descansará, no parará hasta ser el mejor jugador del mundo?

¿Se compromete, así pues, a mostrar odio eterno a todos sus adversarios? ¿Promete que no sonreirá en su vida hasta alcanzar la victoria eterna? ¿Garantiza que su fin único y primordial será el exterminio del rival, la aniquilación total?

¿He oído mal o usted jura, en definitiva, aquí y para todos los presentes, que se convertirá en el mayor profesional de la historia del deporte?

Sabe qué, señoría, pienso que al acusado Cuenca le sería más fácil acercarse al talento de Su Majestad.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Dolor, mucho dolor

Ocho de la mañana. He bebido bastante y no me noto siquiera borracho. Bebí y salí para olvidar. Y lo cierto es que por momentos de la noche lo conseguí. Pero no. Ha sido llegar a casa, inmiscuirme en mis pensamientos y el dolor ha vuelto a mí. Tampoco puedo dormir. Qué cojones. Juro que no quise, que siempre intenté controlar, pero he de reconocerlo: el fútbol me tiene cogido por los huevos. Esa mierda de deporte me ha atrapado. Estoy jodido. Otras veces fueron goleadas, malos partidos que provocaron un regusto amargo; nada más, sensaciones que superé fácilmente; pero hoy es puro dolor. Impotencia sin remedio a la vista. Pienso, rebusco, doy vueltas y nada me cuadra. Escribir es la única solución. Aun así, estoy más perdido que Robinson en su primer día en la isla.

Por qué, me digo constantemente, que diría el cabronazo de Mourinho. Intento tener un análisis racional y riguroso, intento ser minucioso y parco; todo debe de tener una explicación, me digo. Por esta vez llegaba el Madrid futbolísticamente a la par que el Barça; ya no había pretextos ni matices que considerar. Es el segundo año de un proyecto bien planificado y desarrollado, tercero de muchos jugadores. Hay estilo consolidado, juego mecanizado y futbolistas talentosos e implicados. Todos a lomos de Mourinho. Asimismo, hay experiencia, nos íbamos a una guerra que conocemos al dedillo, contra un enemigo muy reconocible. Todo en marcha. Todo listo. Por esta vez, reitero, no había ningún puñetero pero que señalar. Estábamos sobradamente preparados. Era la hora.

Y los mamones fallaron. Los hijos de puta. Y eso que empezó bien. Con esa presión tan característica nuestra, rápidos y mordaces. Buscaron el fallo y lo consiguieron. Valdés yerra y Benzema no perdona. Un comienzo genial. Y luego la tuvo Cristiano. La tuvo y la falló. No sigo, le dejo el resto de la crónica a Segurola, insoportablemente petulante hoy, seguro, o al cursi de Sámano. O al hijo de perra de Torres. Lo resumiré yo mejor que nadie: perdimos como idiotas. Otra vez. Y eso es lo que me duele en el alma. No los baños de juego recibidos ni los contundentes resultados (2-6, 5-0) . Sino acostumbrarnos a perder. Eso me jode. Somos el Atlético de Madrid para ellos. Lo somos, maldita sea.

Y no, yo por ésas no paso. Lo siento, pero no. Me niego a aceptar esa realidad. Memorizo, interiorizo. ¿Por qué me hice yo del Madrid? O más preciso: ¿Por qué juré fidelidad eterna a este club? Muy fácil: porque éramos el puto club más ganador de todos los tiempos. Ojo. Se confunden si las razones que presuponen son los títulos, récords y demás polleces. No. Me hice del Madrid por su carácter ganador. Porque era un equipo de grandes noches. Un equipo formado por hombres auténtica y genuinamente ganadores. Hombres, diablos. Hombres.

Y lo que yo he visto hoy, lo que estoy viendo en estos últimos años, no me identifica para nada con lo que siento yo ser del Madrid. Esos cabrones no me representan. Todo mi amor -porque yo a esos los quiero y los querré siempre- se pierde en noches como hoy. No estoy viendo hombres legendarios. No estoy viendo lo que yo espero de ellos. Seré muy exigente yo, pero esto es el Real: que se jodan si no comprenden. Los futbolistas blancos no imponen respeto, no generan temor ni nada parecido. Son, por qué no, mierda. Huy, sí. Estoy muy cabreado. Quién me lo iba a decir. Pero ese perfecto mierda, enano y retrasado llamado Messi resulta ser el mejor futbolista del mundo y que tiene más huevos que todos nosotros. Venga ya. Que ese brillante pero panoli de Iniesta se pasea en nuestra casa. Que ese mentiroso y tramposo ideólogo, pero genial futbolista, Xavi -aunque no lo crean, estoy perfectamente lúcido- los tiene cuadrados. Quién me lo iba a decir de esos. Esos. ¿Pero los han mirado realmente bien?

Qué lejos quedan las historias que me contaron y leí. Y qué lejos queda lo que yo mismo vi y comprobé con mis propios ojos. Dónde estás, Súker, Pedja, Seedorf y Capello, que le ganasteis al todopoderoso Barça del mejor Ronaldo; dónde estás, Fernando Hierro, que te measte en la grandísima Juventus de Turin; dónde estás, Mijatovic, que no hiciste nada en todo el año, pero, ay, amigo, qué hombre fuiste el 20 de mayo de 1998; dónde estás, Redondo, cómo te añoro en estos partidos, maricón; dónde estás, Raúl, que nos diste una Champions tú solo, y cuatro mil títulos más; dónde estás, Raúl, que callaste a cien mil tíos; dónde estás, Zinedine, elegante, estético y maravilloso futbolista, pero efectivo y ganador, como debe ser, con tu gol al Barça en semifinales de Europa, con tu gol en la final; dónde estás, Ronaldo, que jamás fallaste en tu vida; Capello, que volviste y te follaste al Barça de Rijkaard. Xavi, Iniesta, Messi, Puyol. A esos mismos que hoy sonríen como capullos tú se la metiste por el culo.

¿Y qué veo hoy? ¿Qué estoy viendo? Destrozado estoy. Mi madridismo roza el suicidio.

¿Qué? ¿Qué me está diciendo usted? ¿Que estoy loco? ¿Que por qué le doy tanta importancia al fútbol? Lo lamento, señor, pero no estoy de acuerdo con usted. Le argumentaré con suma brevedad: si no tiene pasión en la vida, ¿para qué coño vive?

Disculpen el lenguaje usado hoy. Estoy tocado y hundido. Sírveme otro Brugal, Damián. No ayuda ni soluciona una mierda, lo sé, pero lo parece.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La ardua empresa de Capello


No vi entero el amistoso Inglaterra-España; puse el partido tarde, ya con el gol de los ingleses anotado en el marcador. Así que dispuse solamente de media hora de partido. Tampoco me molestó demasiado. Mi interés por las selecciones internacionales, fuera del período veraniego, es nulo. Y tanto da que sea un partido oficial clasificatorio que un amistoso ante un rival célebre. El caso es que puse la Primera, por un fácil y rápido descarte de la programación televisiva de un sábado vespertino y -no lo voy a negar- por una mínima curiosidad futbolística. El encuentro en sí poco ayudó a mejorar el ánimo. Me aburrí como todos, hastiado de tanto toque-toque inerte de los españoles y abatido ante el inexistente ataque inglés.

Entre bostezo y bostezo, la realización enfocó a Fabio Capello. Camisa azul con corbata marina, ataviada en un traje clásico pero impecable y con un ramillete de solapa en mención a la boda de su hijo, Capello vociferaba órdenes como un poseso a sus jugadores. Alzaba los brazos con ímpetu, arrugaba el semblante en los desajustes ingleses y su mentón, tan característico en él, se torcía cuando señalaba indicaciones a sus jugadores en un italo-inglés rumiante. Tocaba Xabi con Cesc, y éste miraba a Villa, pero devolvía otra vez a Xabi, vuelta a empezar, rondo soporífero e interminable; pero mi atención se centraba en Fabio Capello.

En qué lío se ha metido, reflexionaba. Ahí lo tienes, me dije, don Fabio, laureado técnico, leyenda del oficio del entrenador, dirigiendo a la compleja y enrevesada selección inglesa. Pionero de intensivos métodos de entrenamiento, precursor de la profesionalidad íntegra de los futbolistas y exponente ilustre de la competitividad al más alto nivel, Fabio Capello reúne un historial repleto de triunfos y éxitos. Nueve ligas europeas en un período de quince años de carrera. Siete en Italia: cuatro con el Milan, el club de sus amores; una con el Roma y dos con el Juventus de Turín (aunque éstas fueron posteriormente desposeídas por el 'Moggigate'). Dos en España, donde revolucionó su profesión en una liga repleta de primitivos y anacrónicos métodos. Una Champions arrebatada a todo un 'dream team' culé en su apogeo, goleada incluida (4-0). Un señor que nada tiene que demostrar a nadie en el mundo del fútbol y que sin embargo, como regalo de jubilación, decide aceptar la tarea probablemente más difícil de su vida: reconducir el fútbol inglés.

Su labor no consiste básicamente en organizar, entrenar y dirigir un equipo de fútbol, al modo que hace su homólogo Del Bosque. Tampoco es suficiente con establecer un estilo y una jeraquía futbolística, asunto más complejo, como hizo en su día Aragonés. Aún hay más: debe reformar la rígida mentalidad del futbolista inglés. Desposeerlo de sus vicios. Desprender el carácter individualista y egoísta imperante; dotarle de un sentido colectivo; imponer un espíritu competitivo y efectivo. En definitiva, cambiar la idiosincrasia inglesa. Para después erigir los parámetros técnicos citados (el estilo, la cohesión, etcétera).

Un vistazo rápido a la historia reciente demuestra que el modus operandi futbolero británico no tiene efecto en el continente en los tiempos actuales. Son, en cambio, los foráneos quienes han otorgado garantías de competitividad y efectividad: los Mourinho, Benítez y Wénger; aun Ferguson, el británico, que no inglés, tampoco tira de manual anglófilo. Así como tuvo que ser la apertura del mercado internacional (tras la sentencia Bosman), que provocó la llegada de miles de jugadores extranjeros, quien impulsó a los clubes ingleses en Europa, antaño perdedores. En materia prima futbolística, el libro de estilo inglés estaba anticuado. Pero finalmente se arregló con la internacionalización de los métodos y modos. Sólo faltaba un hueco por enmendar: la selección nacional.

En ésas se las ve Capello: ardua misión que indudablemente requiere tiempo, máxime en un combinado nacional donde no existe el trabajo diario. No basta tampoco con un mundial jugado. Por esa pauta, Aragonés jamás hubiese ganado una Eurocopa (los dos fueron eliminados en octavos de su primera competición oficial). Realizar toda una metamorfosis futbolística no es cuestión de un día. Los frutos tardarán en vislumbrarse. Aun así, el sábado ya dio una pincelada de lo que es capaz Fabio Capello: ganar a toda una esplendorosa selección campeona del mundo, con un equipo muy inferior. Veamos hasta dónde llega la última odisea de un tipo terriblemente ganador y que nunca ha contemplado un fracaso en su vida.

En mi caso, le deseo lo mejor. Tiene mi aprecio. Buona fortuna, don Fabio!

lunes, 19 de septiembre de 2011

Grandeza en estado puro



Hay tipos que tienen un halo realmente especial. Hombres nacidos con un don extraordinario, único, que les hace triunfar en la vida. Talento se podría decir. Lo pensaba cuando veía a Gasol encestar triples como churros (hasta los cuartos, 6/7 en triples) como nunca lo había hecho antes. En la enebea tenía su tirito de cinco metros, certero y fiable, pero nunca lo intentaba desde más distancia. Ha sido cosa de este verano; entrenar, probar, ejecutar y anotar en dos meses. La facilidad y rapidez con la que Gasol ha añadido un recurso más a su amplio repertorio indica mucho del calibre del talento de Pau Gasol. Esta observación me llevó a echar la vista atrás: no es la primera vez que lo hace. En el 99, era un simple alero flaco y desgarbado que sólo le llegaba para ser reserva en la selección júnior (campeona, por cierto) y que pasó a convertirse en el cuatro titular del Barça, donde destrozó pinturas por su versatilidad y agilidad. Después, ya en la enebea, logró moldear su cuerpo y pelear con los duros jugadores afroamericanos; posteriormente, adquirió una serie de movimientos de auténtico pivot, con ese juego de espaldas tan característico y su efectivo gancho con cualquiera de las dos manos; finalmente introdujo un tiro de 4-5 metros que le alzó como uno de los mejores jugadores del mundo. Completo, difícil de parar. La excepcional velocidad para transformarse en mejor jugador a lo largo de una carrera deportiva se explica mediante el talento. Sin él, es imposible.

Hay otro señor que cuando decidió dedicarse al baloncesto posiblemente le dijeron que llegaba tarde, que su época ya había pasado, que se metía en un mundo donde el físico es exigencia innegociable. Pero resultó ser muy cabezón: Navarro era un tipo bajo que no quería ser base, que no saltaba ni tenía músculo, ni corría ni era ágil. También le costaba defender. Sólo quería tener la bola; y cómo la tenía; y cómo la enchufaba. De donde sea. Y sin embargo, con todas las mismas carencias que tenía en sus inicios y que tan desfavorables son en el baloncesto actual se convirtió en una leyenda del basket FIBA. Obtuvo un palmarés brutal, tanto colectivo como individual, a base de una importancia decisiva y crucial en sus dos equipos: el Barça y la Selección. Determinante, imparable. Todo por puro talento. Todo mediante el talento. No se puede lograr tanto con tan menos.

Pero en el baloncesto, juego íntegro de equipo, no basta con el talento, la cualidad más notoria. Con sólo talento atisbaríamos a la explosión de genios individuales deportados en equipos perdedores, cual Alemania y su Nowitzki. Se requiere más. Se necesitan fundamentos del juego, conocimiento pleno del deporte practicado, el perfeccionismo por el buen hacer en cualesquiera de las tareas. Ése es Calderón. Asimismo, la inteligencia en tipos de más de 2.10 otorga un poderío único, véase Marc. Del mismo modo, se precisa de la explosividad física y el ímpetu de Rudy. Como tampoco se puede dejar pasar el impagable plus que otorga la superioridad física del jugador negro, impregnada en Ibaka. También ayuda, y mucho, que tipos como Felipe hagan del rebote territorio inexpugnable (este año no; pero la aportación de Felipe a la selección ha sido fundamental). Baste, por último, sin más alardes que criterio y sentido común en la dirección, Scariolo, para que la suma resulte fácil. Porque cuando todo ello se conjunta, la ecuación sale sola: un equipo invencible, ganador. Arrollador en sus mejores noches. Acompañar a la URSS y Yugoslavia en los libros de Historia, con mayúscula sagrada. Grandeza.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Una visión de la Liga


F.C. Barcelona. Mismos jugadores, mismo entrenador, mismo estilo de juego; misma dinámica ganadora. A ello se le añade la presencia de dos buenos incentivos, Cesc y Alexis, que otorgarán profundidad y desequilibrio respectivamente al juego culé. Dos futbolistas muy bien fichados a mi juicio: más recursos y salidas para un sistema imbatible a día de hoy, por mucho que los rivales sepan cómo juega el Barça. Y si todo falla, siempre quedará Messi. Por otro lado, se comenta que el punto débil se sitúa en la defensa, en el banquillo de ésta, más preciso. Minucias. Salvo posiblemente ante el Real Madrid, el Barça no perderá la Liga por no tener a Piqué y/o Puyol en el once. La superioridad sigue siendo incontestable para cualquier equipo de España, incluidos los presuntos equipos champions. El Real Madrid y nada más que el Real Madrid es su gran rival, el único que puede hacerle daño. La temporada se resumirá por tanto en mantener la regularidad de antaño y en vencer a los blancos en el enfrentamiento directo.

Real Madrid. Aunque ninguno de los cincos fichajes de este año sea finalmente titular, este Madrid es doblemente más fuerte que el del año pasado. Por vez primera en ocho años, repite el técnico y todo lo que ello implica: se refuerza el juego, con mejores y más automatismos, con más fluidez, con más compenetración entre los jugadores, más expertos ellos. Lo que todo partió con una reunión de enormes jugadores, sumando una plantilla inigualable en el mundo, tiene hoy lo que necesita todo equipo: tiempo. Aunque objetivamente para mí el favorito es el Barça, si yo tuviera que apostar mi dinero por el campeón de liga de este año lo haría por el Madrid. La receta para esta temporada ya la tienen asimilada: escaso regalo de puntos y sumar cuatro puntos como mínimo en los duelos directos ante el Barça. Rival al que cada vez le juega mejor, cada vez le supone más factible y al que -importante- ya le hizo daño: final de la Copa. ¿Algún pero, alguna duda futbolística? El acompañante de Xabi. ¿Khedira, otrora interior todoterreno y ahora alumno aplicado del cursillo acelerado de mediocentro? ¿El caos perfecto de Lass? ¿El imberbe Granero? ¿La incógnita Sahin? Coentrao es un extremo vistoso, un buen lateral, un gran jugador polivalente pero no un centrocampista.

Valencia. Le he empezado a coger manía a Unay Émery. Y no sólo por la poca empatía que desprende el tipo, con esos cambios de humor tan histéricos, con esos tics tan raros: parece el informático loco de la tienda de ordenadores de la esquina. La persona que jamás vería llevando un grupo de futbolistas, sino como el rey del pecé fútbol. No, no sólo por eso. En lo referido al fútbol, Émery me está dejando dudas. Valoro, no obstante, muchas cosas del técnico; como por ejemplo sus dos grandes años en el Almería (ascenso y permanencia); como también que ha mantenido al Valencia en posiciones dignas, primero, en un equipo lleno de gallitos para un técnico novel (un horror enfrentarse a Albelda en un vestuario) y, después, con el desmantelamiento de sus mejores jugadores. Pero las dudas van por otro lado. No comprendo cómo, aun siendo finalmente tercero, el Valencia es tan irregular en su juego, dejándose puntos inexplicables en campos de nadie, goleadas humillantes anexas; como también, del mismo modo, aún no he visto al Valencia de Émery destacar ante los grandes (aún no ha rascado un punto ante Barça y Madrid) ni en Europa. No se puede pasar siempre desapercibido, hay que brillar, aunque sea esporádicamente. Este año tiene la oportunidad de cerrar mi enorme bocaza... o de ser un mediocre para siempre.

Villareal. Todos los que no somos Maldinis podemos concluir fácilmente que el Villareal es de los pocos equipos en el mundo, junto a Barça y Madrid -y el City ahora, ¡ojo!-, que ofrece un fútbol atractivo. No diré el siempre mal utilizado y de patente de exclusividad barcelonista término jugar bien, acción que engloba a más equipos (¿acaso ha habido un campeón de una liga europea que haya jugado mal?), sino atrayente en su concepción del fútbol ofensivo y atacante; por ello, el Villareal es de esos escasos equipos que vale la pena perder el tiempo viendo fútbol. Garrido sabe. Asimismo, y ya podría aprender el susodicho Émery, el Villareal nos tiene acostumbrados con alguna gesta, tal como ganar en Europa al Bayer Leverkusen y al Nápoles (le faltó el Oporto), por citar las recientes. Así pues, lo extraño sería que este año no llegara a octavos en la Copa de Europa aun en el grupo de la muerte. Sin embargo, y es curioso, este Villareal, ejemplo de eficaz gestión de la última década, tiene en su haber una singular paradoja: nunca empala dos temporadas consecutivas en Liga con suficiencia. Altibajos anuales, se podría decir. Mi apuesta es clara, pues: bien en Europa, mal en España.

*lo escribí antes del Bayern Munnich y lo mantengo todavía.

Sevilla. El conjunto andaluz quiere resarcirse de los tiempos convulsos de los últimos años, resaca floreciente de la mejor etapa de su historia. Y nada mejor que la contratación de un entrenador competente como es Marcelino -pan y vino- para recuperar la estabilidad deportiva. El asturiano (Marcelino) retoma su prometedora carrera después de esa enorme equivocación que fue entrenar a un segunda (Zaragoza) por un vaya usted a saber por qué. La plantilla es un tanto más manejable, más sana, ya desterrados los Fabianos de turnos y con gente joven como puntales (Negredo). También ayudaría que Monchi recobrase sus habilidades de vidente tan admiradas en su día, van ya un par de años con sonoros fiascos; sus últimas incorporaciones son un tal Trochowski y Spahic. Efectivamente, no los conoce ni el propio Monchi ni se espera nada rutilante de ellos. Pero lo mismo se creyó de Alves y de Baptista, entre otros, creánme.

Atlético de Madrid. Los designios divinos del Atlético de Madrid son inescrutables. Un auténtico enigma indescifrable; nunca se sabe por dónde va a salir el Atleti. Igual confecciona una plantilla notoria y acaba deambulando por la competición, que lo mismo el año que casi desciende a segunda -otra vez- gana dos títulos coperos. Aventurarse a predecir su andadura es toda una osadía. Sin embargo, y esto es noticia, es la primera vez desde que volvió a primera división (2002, o sea, diez temporadas) que yo tengo buenas sensaciones con el equipo rojiblanco. Sí, me gusta lo que veo. Me gustan los fichajes. Sí, veo criterio y sentido común en la elaboración del nuevo Atleti. A riesgo de caer en pecado mortal, auguro una buena campaña atlética. Y eso que Manzano no es santo de mi devoción. Claro que todas las buenas intenciones mostradas por Caminero en la enésima reinserción colchonera en la élite se enfrentan a un cúmulo de contrariedades tan ridículamente atléticas. A saber: una afición caprichosa, impaciente e ignorante, que pide la cabeza de sus entrenadores al primer traspié. Unos directivos torpes e inútiles -Gil Marín, directivo del año 2010 (?)-. Un presidente cazurro y populista. Un entorno irascible y fatalista que resta más que suma, en resumen. Torear al Atleti no es faena fácil. Pero esta vez les deseo lo mejor. Me encantaría que esta historia saliera bien.

Eso sí: volverán a dejarse seis puntos con el Madrid. Ley de vida.

Athletic de Bilbao. Los leones vienen de un estío electoral. Unas elecciones que han dejado una conclusión rotunda que a mi parecer es totalmente sorprendente. Y paradójica. Porque resulta que el tipo que ha ganado los comicios a la presidencia ha basado su programa en la contratación de Marcelo Bielsa. Es decir, han cambiado a García Macua por Josu Urrutia debido única y exclusivamente a Bielsa. Y yo me pregunto, mente pensante tal vez ingenua la mía. ¿Cómo es posible que el equipo más limitado del planeta fútbol, que vive de los tres millones de euskal herritarrak (gentilicio de Euskal Herria) existentes en el mundo y de la rápida nacionalización de los apátridas, vaya y coloque a uno de los técnicos más exquisitos del fútbol? Paréntesis aclaratorio: Bielsa apuesta por jugar al ataque, posesión mediante. De la casa de Pep, Lillo y cía (le caerá súper bien a Segurola, ya verán). Es decir, ese fútbol requiere de una serie de futbolistas escrupulosamente aptos para la tarea. ¿De dónde piensa sacar el Athletic las exigencias del argentino? ¿Qué jugadores va a usar? ¿A los que no saben, les va a enseñar ahora? ¿Por qué supeditar los pocos efectivos existente a un sólo hombre? ¿No es más lógico al revés? Francamente, pienso que si yo fuera aficionado bilbaíno (y doy gracias por no serlo, y ellos a mí) viviría más tranquilo con entrenadores supervivientes, tipo Caparrós, que jamás será top (gracias, Mou, por el palabro) de su profesión pero cuyos equipos son siempre dignos.

Eso es todo hoy.